La pena de muerte en retroceso


Las ejecuciones por pena de muerte disminuyeron un tercio en todo el mundo durante 2018, informó en su reporte global Amnistía Internacional (AI) en el que se detalló que la cifra global pasó de 993 ejecuciones en 2017 a 690 en 2018, lo que representa el número más bajo en los últimos diez años.
De acuerdo al informe, China es el país con mayor cantidad de ejecuciones aunque no están precisadas ya que siguen clasificadas como “secreto de Estado”. En ese marco, AI estimó que las ejecuciones allí son “miles” por año.
A China lo siguen Irán, con más de 253; Arabia Saudita, con 149; Vietnam, con más de 85 e Irak, con más de 53.
Sin embargo, tanto Irán como Irak registraron descensos, al igual que Pakistán y Somalia.
Por otro lado, AI detectó un amento en Bielorrusia, Estados Unidos, Japón, Singapur y Sudán del Sur.
En tanto, Tailandia llevó a cabo su primera ejecución desde 2009 y Sri Lanka manifestó su intención de reanudar las ejecuciones tras una pausa de más de 40 años.
 “A pesar de que en algunos lugares las ejecuciones aumentaron, el fuerte descenso general da cuenta que la gran mayoría de los países es consciente que la pena de muerte no es la solución y esto es una señal esperanzadora”, señaló Mariela Belski, directora ejecutiva de AI Argentina.
A su vez, lo que preocupa a esta organización es el aumento del número de condenas a pena de muerte en Irak -la cifra se cuadruplicó de 2017 a 2018- y Egipto, donde se incrementaron un 75%.
“La pena de muerte es el exponente máximo de pena cruel, inhumana y degradante. Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos sin excepción, independientemente de quién sea la persona acusada, de la naturaleza o las circunstancias del delito, de su culpabilidad o inocencia y del método de ejecución”, señaló el informe.
Por último, el reporte remarcó que al terminar 2018, 106 países habían abolido por ley la pena de muerte para todos los delitos y 142 la habían abolido en la ley o en la práctica.

Informe Completo


AA
Abril 2019


En la cima III


1974-1984: ¿La segunda mejor era del tenis?
Los reinados de Borg, Connors y McEnroe.

-Australia
1974 Connors
1975 Newcombe
1976 Edmondson
1977 Tanner
1977 Gerulaitis
1978 Vilas
1979 Vilas
1980 Teacher
1981 Kriek
1982 Kriek
1983 Wilander
1984 Wilander
(Connors 1)

-Roland Garros
1974 Borg
1975 Borg
1976 Panatta
1977 Vilas
1978 Borg
1979 Borg
1980 Borg
1981 Borg
1982 Wilander
1983 Noah
1984 Lendl
(Borg 6)

-Wimbledon
1974 Connors
1975 Ashe
1976 Borg
1977 Borg
1978 Borg
1979 Borg
1980 Borg
1981 McEnroe
1982 Connors
1983 McEnroe
1984 McEnroe
(Borg 5, McEnroe 3 y Connors 2)

US Open
1974 Connors
1975 Orantes
1976 Connors
1977 Vilas
1978 Connors
1979 McEnroe
1980 McEnroe
1981 McEnroe
1982 Connors
1983 Connors
1984 McEnroe
(Connors 5 y McEnroe 4)

Borg obtuvo 11 (en dos superficies), Connors 8 (en tres superficies) y McEnroe 7 (en dos superficies)
Total: 26 Grand Slams sobre 44 (59%) desde el primer título grande de Connors (74´) hasta el prematuro retiro de Borg (84´).
Por su parte, Connors y McEnroe jugaron hasta los 90´, aunque nunca volvieron a ganar uno de estos torneos.
En tanto, Vilas obtuvo 4 (en tres superficies distintas) y Wilander 3 (en dos superficies distintas). Ambos triunfaron en Australia más que Borg, Connors y McEnroe juntos.


1985-2003: La tercera era podría decirse que comenzó con los duelos entre Wilander y Lendl, y luego entre Becker y Edberg; en tanto que el inicio de una cuarta era se superpuso con el final de la anterior con la irrupción de Sampras y Agassi, y concluyó con la aparición de Federer.

-Australia
1985 Edberg
1986 No se disputó.
1987 Edberg
1988 Wilander
1989 Lendl
1990 Lendl
1991 Becker
1992 Courier
1993 Courier
1994 Sampras
1995 Agassi
1996 Becker
1997 Sampras
1998 Korda
1999 Kafelnikov
2000 Agassi
2001 Agassi
2002 Johansson
2003 Agassi
(Agassi 4, Edberg, Lendl, Becker y Sampras 2; Wilander 1)

Roland Garros
1985 Wilander
1986 Lendl
1987 Lendl
1988 Wilander
1989 Chang
1990 Gómez
1991 Courier
1992 Courier
1993 Bruguera
1994 Bruguera
1995 Muster
1996 Káfelnikov
1997 Kuerten
1998 Moyá
1999 Agassi
2000 Kuerten
2001 Kuerten
2002 Costa
2003 Ferrero
(Lendl  y Wilander 2; Agassi 1).

Wimbledon
1985 Becker
1986 Becker
1987 Cash
1988 Edberg
1989 Becker
1990 Edberg
1991 Stich
1992 Agassi
1993 Sampras
1994 Sampras
1995 Sampras
1996 Krajicek
1997 Sampras
1998 Sampras
1999 Sampras
2000 Sampras
2001 Ivanišević
2002 Hewitt
2003 Federer
(Sampras 7, Becker 3, Edberg 2 y Agassi 1)

US Open
1985 Lendl
1986 Lendl
1987 Lendl
1988 Wilander
1989 Becker
1990 Sampras
1991 Edberg
1992 Edberg
1993 Sampras
1994 Agassi
1995 Sampras
1996 Sampras
1997 Rafter
1998 Rafter
1999 Agassi
2000 Safin
2001 Hewitt
2002 Sampras
2003 Roddick
(Sampras 5, Lendl 3, Agassi y Edberg 2, Becker y Wilander 1)

Wilander obtuvo 4 de sus 7 Grand Slams en este período, aunque cabe aclarar que su carrera comenzó en 1981, en el tramo final de los reinados de Borg, Connors y McEnroe, y se retiró en 1996.
Algo similar ocurrió con Lendl, quien inició su carrera en 1978 y la culminó en 1994. En total, ganó 8 torneos grandes, 1 de ellos en la era Borg-Connors-McEnroe.
Mientras que la paridad entre Edberg y Becker es asombrosa: ambos ganaron 6 Grand Slams cada uno entre 1985 y 1996.
Por último, Sampras 14 torneos grandes en tres superficies distintas; al tiempo que Agassi 8 en las 4 superficies, siendo el primer tenista de la era abierta en lograrlo en 1999.
Sampras 14; Agassi 8; Lendl 7, Edberg y Becker 6; y Wilander 4. Total: 45 sobre 75 (60%)

Desde 1974 hasta 2003, todos los tenistas destacados fueron número 1 del mundo, excepto por Vilas, quien debió haberlo sido en 1977, cuando ganó 2 de sus 4 títulos.


AA
Enero 2019

En la cima II


2004-2018: La era de Federer, Nadal y Djokovic, ¿la mejor de la historia del tenis?

Australia
2004 Federer
2005 Safin
2006 Federer
2007 Federer
2008 Djokovic
2009 Nadal
2010 Federer
2011 Djokovic
2012 Djokovic
2013 Djokovic
2014 Wawrinka
2015 Djokovic
2016 Djokovic
2017 Federer
2018 Federer
(Federer y Djokovic 6, Nadal, Wawrinka y Safin 1)

Roland Garros
2004 Gaudio
2005 Nadal
2006 Nadal
2007 Nadal
2008 Nadal
2009 Federer
2010 Nadal
2011 Nadal
2012 Nadal
2013 Nadal
2014 Nadal
2015 Wawrinka
2016 Djokovic
2017 Nadal
2018 Nadal
(Nadal 11, Federer, Djokovic, Wawrinka y Gaudio 1)

Wimbledon
2004 Federer
2005 Federer
2006 Federer
2007 Federer
2008 Nadal
2009 Federer
2010 Nadal
2011 Djokovic
2012 Federer
2013 Murray
2014 Djokovic
2015 Djokovic
2016 Murray
2017 Federer
2018 Djokovic
(Federer 8 -1 en 2003-, Djokovic 4, Nadal y Murray 2)

US OPEN
2004 Federer
2005 Federer
2006 Federer
2007 Federer
2008 Federer
2009 Del Potro
2010 Nadal
2011 Djokovic
2012 Murray
2013 Nadal
2014 Čilić
2015 Djokovic
2016 Wawrinka
2017 Nadal
2018 Djokovic
(Federer 5, Nadal y Djokovic 3, Wawrinka, Murray, Cilic, Del Potro 1)

Federer, Nadal y Djokovic ganaron 50 de los últimos 60 Grand Slams (83%). De los restantes 10, Murray y Wawrinka ganaron 6; y Del Potro, Gaudio, Cilic y Safin ganaron 1 cada uno, aunque el ruso había ganado su primero en 2000.
A estos habría que sumarles los otros grandes títulos que puede obtener un tenista como el Torneo de Maestros, la Copa Davis y los Juegos Olímpicos. [1]
Salvo Gaudio, todos los tenistas destacados ganaron esos torneos.
En tanto, cabe destacar que tanto Murray como Safin llegaron a ser número 1 del mundo como Federer, Nadal y Djokovic.

¿Se podría decir que los primeros tres jugadores son de otra Galaxia, que Murray y Wawrinka fueron los mejores entre los tenistas de la Tierra y que los otros cuatro lograron una proeza al poder entrar a este selecto grupo de ganadores?

Personalmente, respondo SÍ a las dos preguntas planteadas.


En la cima


El 2018 fue un año mundialista y como ocurre cada cuatro años, en Argentina esto encendió la pasión por el fútbol. Y a esto se le sumó, ni más ni menos, una accidentada, polémica e histórica final de Copa Libertadores en la que River derrotó a Boca, por lo que los sentimientos en torno al deporte más popular de dicho país volaron por el aire, casi literalmente.

Ya un poco más baja la espuma de semejante efervescencia, y mientras los más fanáticos todavía protagonizan encendidos debates considerados por ellos mismos como parte del “folclore”, ¿por qué no referirse a aquellos profesionales que pertenecen al selecto grupo de jugadores que en un mismo calendario se consagraron campeones del mundo tanto con su selección nacional como su club?

Se podría comenzar por el caso más reciente pero mejor hacerlo como en los libros de historia: de atrás hacia adelante.

La primera referencia nos transporta a 1962, cuando el 17 de junio se disputó la final de la Copa del Mundo de Chile en el Estadio Nacional de la capital de ese país sudamericano entre Brasil y Checoslovaquia, dos equipos que ya habían empatado 0-0 en la fase de grupos.

Brasil era el gran favorito y formó con Gilmar; Djalma Santos, el capitán Mauro Ramos, Zózimo y Nilton Santos; Garrincha, Zito y Didí; Amarildo, Vavá y Zagallo; mientras que el entrenador fue Aymoré Moreira.

El gran ausente fue, sin dudas, Pelé, quien se había lesionado en el segundo cotejo del torneo, justamente antes los checoslovacos.

Por entonces, Pelé era la figura del Santos, equipo paulista que también integraban sus compañeros de selección Gilmar, Mauro Ramos y Zito, y que tras el Mundial se consagraría campeón de la Copa Libertadores ante Peñarol de Uruguay.

A pesar de la falta de O´Rei, Brasil se impuso 3-1 ante Checoslovaquia –el 2-1 lo marcó Zito- y conquistó su segundo título mundial.

Casi tres meses después de esa consagración, con Pelé ya recuperado, el Santos disputó la Final Intercontinental ante el Benfica de Portugal, que contaba con Eusebio como figura: fue 3-2 en Brasil y 5-2 en Lisboa, con cinco tantos en total de O´Rei.

En esos encuentros también jugaron Gilmar, Mauro Ramos y Zito, quienes junto a Pelé fueron los primeros profesionales en obtener en un mismo año los dos títulos más importantes a los que puede acceder un futbolista. Además, cabe incluir en esta lista a Coutinho, Pepe y Mengalvio, otros tres jugadores de Santos que vencieron a Peñarol y Benfica pero no disputaron minutos en Chile, el segundo de ellos por lesión, aunque formaron parte del plantel campeón.

Estos tres últimos fueron indiscutidas figuras del denominado “Santos de Pelé” y, de hecho, Coutinho y Pepe marcaron goles tanto ante los uruguayos como los portugueses, por lo que podría decirse que este grupo de jugadores de Brasil fue una verdadera constelación de estrellas.

Pasaron 20 temporadas para que un nuevo grupo de jugadores de un mismo club coincidieran en una selección nacional campeona del mundo. El 29 de junio de 1986, el arquero Nery Pumpido, el defensor Oscar Ruggeri y el volante Héctor Enrique levantaron el trofeo FIFA en el Estadio Azteca de México DF luego de que la Argentina del inigualable Diego Maradona, y con ellos en cancha, venció 3-2 a Alemania Federal en la final del mundial.

Estos tres jugadores pertenecían a River, que en octubre de aquel año obtendría su primera Libertadores ante América de Cali, de Colombia. Y tanto Pumpido como Ruggeri y Enrique jugaron los dos cotejos definitorios: 2-1 de visitante y 1-0 en Argentina.

Y en diciembre del ´86 repitieron un triunfo por 1-0 ante el Steaua Bucarest, de Rumania, en Tokio, por la Copa Intercontinental, emulando la doble hazaña de los jugadores del Santos del 62´. 

Recién se volvió a repetir este tremendo logro en 2002, cuando el defensor Roberto Carlos y el delantero Ronaldo levantaron el 30 de junio la Copa del Mundo luego de que la selección de Brasil venció 2-0 a Alemania en el Estadio Nacional de Yokohama, en Japón, con el aporte de ellos dos y otros cracks como Rivaldo, Ronaldinho y el capitán Cafú, entre tantos otros que formaron parte de aquel equipo que obtuvo el quinto campeonato para su país.

Mientras que el 3 de diciembre del mismo año, tanto el lateral izquierdo como el enorme goleador volvieron a consagrarse como los mejores del mundo, esta vez, cuando su Real Madrid español le ganó 2-0 a Olimpia de Paraguay en el mismo estadio japonés, donde Ronaldo –quien no había disputado la Copa de Campeones de esa temporada- se despachó con dos goles a los germanos y uno ante los paraguayos.

Pasaron dos mundiales (2006 y 2010) y hubo que esperar hasta el 2014 para que un futbolista llegase a la cima del fútbol dos veces en la misma temporada y fue el caso de los volantes alemanes Toni Kroos y Sami Khedira.

El primero de ellos había arrancado el año en el Bayern Munich de su país y luego pasó al Real Madrid en el que ya jugaba Khedira, quien había sido titular en la final de la Copa de Campeones de Europa en el triunfo 4-1 ante Atlético de la misma ciudad.

Ambos disputaron el Mundial de Brasil y mientras que Kroos jugó el 13 de julio la final en la que Alemania venció a la Argentina de Lionel Messi por 1-0, Khedira tuvo que ver el cotejo definitorio desde el banco, aunque en ese torneo había jugado cuatro partidos y convertido un gol.

Y lo mismo ocurrió el 20 de diciembre cuando Real Madrid venció 2-0 a San Lorenzo de Argentina en la final del Mundial de Clubes que se disputó en Marruecos y lo hizo con Kroos en cancha y Khedira –quien sí había jugado la semifinal del certamen- en el banco de suplentes, lo que no impidió, claro está, que se colgase la medalla dorada y alzase el trofeo de campeón junto al resto de sus compañeros.

Ahora sí veamos el caso más reciente, el del defensor francés Raphael Varane, quien llegó al Mundial de Rusia 2018 como titular en el Real Madrid y en la selección de su país.

En el campeonato mundial disputó los 7 partidos e hizo un gol, mientras que en el torneo internacional de clubes jugó tanto la semifinal como el cotejo decisivo –ya lo había hecho en 2016 y 2017 como el alemán Kroos- y se alzó con los dos trofeos.

Sería demasiado extenso repasar el palmarés de cada una de las figuras citadas y si bien algunos pueden discutir quién sería el más grande de la historia, estos dos títulos, el Mundial selecciones nacionales, por un lado, y el de equipos, por el otro, demuestran claramente quiénes son los mejores.

Cualquiera puede salir campeón una vez, pero sólo los elegidos lo repiten en un mismo período y en distintas circunstancias, aunque absolutamente nadie lo puede lograr solo, sino que debe estar siempre rodeado de un buen equipo como en todo deporte de conjunto, ya sea profesional o amateur. 


AA
Diciembre 2018

Por siempre II


Hablamos personalmente por primera vez hace casi 14 años, una tarde de diciembre como en la que te fuiste: soleada y calurosa. Previamente habíamos charlado por teléfono en varias oportunidades y yo escuchado tu prestigioso nombre en otras redacciones porque tu reputación era como una marea que bañaba los distintos medios de nuestra querida profesión, el periodismo gráfico. También me sabía tus iniciales –GGS- pero no tenía la menor de idea de que detrás de esas tres simples letras se encontraba un hombre que iba a marcar el resto de mi vida, tanto en lo laboral como en lo personal.

Desde un comienzo confiaste ciegamente en mí y yo traté de no defraudarte. Así fue trabajar a tu lado cada día: un desafío permanente. Me enseñaste la pasión casi obsesiva por alcanzar la excelencia en cada nota, en cada título, en cada palabra; y a pesar de que intenté aprender todas tus lecciones, muchas veces te hice gruñir y poner los pelos de punta porque, como como todo genio, tenías un carácter especial. “Vos haceme caso que vas a llegar lejos”, me repetías y enseguida se te pasaba el enojo, y a mí también.

Y así convivimos las tardes y las noches, incluso los sábados cuando en tu día franco me acompañaste durante varios meses cuando me quedé sin editor a cargo del turno, lo que me demostró no sólo tu devoción por el trabajo y responsabilidad como jefe de la sección, sino también tu enorme generosidad y compañerismo extremo.

El lazo entre los dos se forjó rápidamente, incluso fuera de nuestro lugar de trabajo, como cuando la empresa no me renovó el contrato a fines de nuestro primer invierno y en una gélida noche de viernes me llevaste a tomar algo para olvidar el mal trago porque el brindis era una de tus formas de zanjar cualquier diferencia. Así de directo, sin vueltas.

Fuiste un líder noble y carismático que no dudó en llamarme poco tiempo después –otra vez en una tarde agobiante de diciembre- para decirme que habías logrado que me reincorporasen al trabajo. Una gran noticia que vino de la mano de una advertencia: “Praparate para ser explotado. ¡Jajá!”.

Dicho y hecho ya que los siguientes años fueron realmente fuertes, con viajes y coberturas que parecían eternas e incluso cuando no trabajábamos, como en aquellos 38 días de paro en el que, entre cervezas, pamplonas y ese maldito cigarrillo, me diste una cátedra de cómo actuar ante ese tipo de situaciones críticas.

Yo me sentía como en la escuela y vos actuabas como lo que eras: un verdadero maestro. Con clases permanentes de periodismo, historia, política, arte, ciencia, lo que fuere. “¡Cómo te petetié!”, bromeabas cada vez que me dabas un dato o información que yo desconocía y vos sacabas de la galera, como un libro gordo, abierto e inagotable.

No faltaron las anécdotas y los chistes, y con el paso del tiempo se multiplicaron los momentos para reír aunque también para pelear y putear porque vivías a pura intensidad, sin guardarte nada, dejando todo en la cancha.

Tus exigencias eran justas y tus consejos se convirtieron en un pilar fundamental para mi vida personal, especialmente en mis épocas de crisis, cuando más lo necesitaba.

Te convertiste en un amigo fiel y más aún, en una figura paternal que predicó con el ejemplo. Y por eso te admiraba y emulaba, al punto que poco a poco me empecé a parecer a vos, o al menos eso solían decirnos.

Pero se equivocan porque no te llego ni a los talones. Ojalá fuese como vos, no habría mayor orgullo para mí, porque nunca me negaste nada y me los diste todo, tal vez sin darte cuenta de ello. Y por eso estos últimos seis meses en los que estuvimos separados por esa inescrupulosa enfermedad fueron tan duros de soportar.

Charlamos poco, aunque creo que lo justo y necesario para no interferir en tu tratamiento, y cuando nos vimos por última vez acordamos que habría una próxima, que sólo había que tener paciencia.

Durante ese tiempo giraba hacia mi derecha y al ver tu silla vacía me decía, esperanzado, que faltaba cada vez menos para que la ocuparas nuevamente, como en nuestros viejos tiempos, uno al lado del otro. Ahora la miro y sé que no vas a volver y que ese vacío no se va a rellenar nunca más con nada. “Él lo llenaba todo”, me dijo tu leal compañera cuando te fui a despedir y vaya que estaba en lo cierto.

En estos momentos siento una tristeza infinita pero cuando pase el shock sé que te voy a recordar con alegría. Me quedaré con todo lo que me dejaste, que es inmensamente superior al dolor que provoca tu ausencia. Es lo menos que te merecés y lo que habrías querido.

Gracias por tanto. Te voy a extrañar por siempre.


AA
Diciembre 2018

English for jounalist II

The Ciy of Buenos Aires celebrates “The Coffee Shop Day”

Buenos Aires, Wednesday 24 of October.- The City of Buenos Aires will celebrate next Friday “The Coffee Shop Day” with a series of activities and free musical shows, the local Government informed today.
According to the official report, this celebration takes place since 2000, based on a Legislature resolution, and in this new edition will be commemorated the 160 years of “Café Tortorni”, the oldest and most emblematic of the 92 “Bares Notables” in the country, that was inaugurated in 1858 at its store of Avenida de Mayo 825.
The activities will begin on Friday at 20.30, when Buenos Aires government officials will deliver “a diploma to those responsible for the establishment in recognition of being an icon of the City of Buenos Aires”.
This act will end with a concert by the tango musical group “Quinteto Cinco Esquinas”, formed in 2005 in Argentina.
This group had has as its goal “to achieve the highest interpretive quality, understanding the tango not only as a genre to be danced, but also to be heard”, they said from the organization.
The quintets repertoire covers a variety of styles and has given numerous shows in “milongas” of Buenos Aires and the rest of the country, as well as in theaters and auditoriums.
The group is integrated by Nicolás Chamorro in bass, David Coudenhove on violin, Andrés Rosconi on piano, Nicolás Pardo on guitar and Josué Benítez in bandoneón.
In addition, the celebrations for “The Coffee Shop Day” will continue on Saturday 27 from 18 until dawn with various music and dance shows in others “Bares Notables” of Buenos such as “Café García”, located in Sanabria 3302; “El Progreso”, in Montes de Oca 1700: “Bárbaro”, in Tres Sargentos 415; “El Viejo Buzón”, in Neuquén 1100; and “El Símbolo”, in Avenida Corrientes 3787.
In these “Cafés” will perform the tango singer Hermán “Cucuza” Castiello, “Coco Romero and El Bando Murgo” with their Carnival song, “Beltaine” with its “world music” show, “Mistura y Manda” with their repertoire of Brazilian choro, and “Los Muchachos Errantes” with their swing style.
Finally, the City clarified that although the shows are for free, the entrance to the public will depends ont the “capacity of the place”.

"Café Tortoni"

"Cinco Esquinas" quintet

"Beltaine"

"Cucuza" Castiello


"Mistura y Manda"


"Los Muchachos Errantes"

English for journalists

The press-conference

Reporter 1: Mr. Auden, you have written a long serie of essays about originality, how to be a good reader and what it really menas to be a scholar. So, I would like to konw what is you opinion about a work of art and how this is affected by de mass media.

Mr. Auden: Before the phenomenon of the Public appeared in society, there existed naïve art and sophisticated art which were different from each other but only in the way that two brothers are different. The Athenian court may smile at the mechanics’ play of Pyramus and Thisbe, but they recognize it as a play. Court poetry and Folk poetry were bound by the common tie that both were made by hand and both were intended to last; the crudest ballad was as custom-built as the most esoteric sonnet. The appearance of the Public and the mass media which cater to it have destroyed naïve popular art. The sophisticated “highbrow” artist survives and can still work as he did a thousand years ago, because his audience is too small to interest the mass media. But the audience of the popular artist is the majority and this the mass media must steal from him if they are not to go bankrupt. Consequently, aside from a few comedians, the only art today is “highbrow.” What the mass media offer is not popular art, but entertainment which is intended to be consumed like food, forgotten, and replaced by a new dish. This is bad for everyone; the majority lose all genuine taste of their own, and the minority become cultural snobs.

Reporter: And can you describe, briefly, how the work of an artist was before this phenomenom of the Public and the mass media appeared in society.

Auden: In our age, the mere making of a work of art is itself a political act. So long as artists exist, making what they please and think they ought to make, even if it is not terribly good, even if it appeals to only a handful of people, they remind the Management of something managers need to be reminded of, namely, that the managed are people with faces, not anonymous numbers, that Homo Laborans is also Homo Ludens.

Reporter: You have just linked art with politics, but politics can be a extremely wide issue. It's possible to circunscribe this topic?

Auden: There are two kinds of political issues, Party issues and Revolutionary issues. In a party issue, all parties are agreed as to the nature and justice of the social goal to be reached, but differ in their policies for reaching it. The existence of different parties is justified, firstly, because no party can offer irrefutable proof that its policy is the only one which will achieve the commonly desired goal and, secondly, because no social goal can be achieved without some sacrifice of individual or group interest and it is natural for each individual and social group to seek a policy which will keep its sacrifice to a minimum, to hope that, if sacrifices must be made, it would be more just if someone else made them. In a party issue, each party seeks to convince the members of its society, primarily by appealing to their reason; it marshals facts and arguments to convince others that its policy is more likely to achieve the desired goal than that of its opponents. On a party issue it is essential that passions be kept at a low temperature: effective oratory requires, of course, some appeal to the emotions of the audience, but in party politics orators should display the mock-passion of prosecuting and defending attorneys, not really lose their tempers. Outside the Chamber, the rival deputies should be able to dine in each other’s houses; fanatics have no place in party politics.
A revolutionary issue is one in which different groups within a society hold different views as to what is just. When this is the case, argument and compromise are out of the question; each group is bound to regard the other as wicked or mad or both. Every revolutionary issue is potentially a casus belli. On a revolutionary issue, an orator cannot convince his audience by appealing to their reason; he may convert some of them by awakening and appealing to their conscience, but his principal function, whether he represent the revolutionary or the counterrevolutionary group, is to abuse its passion to the point where it will give all its energies to achieving total victory for itself and total defeat for its opponents. When an issue is revolutionary, fanatics are essential.


Fuente: https://www.brainpickings.org/2018/01/11/auden-art-politics/