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POR SIEMPRE

 


“Él está acá”, me dijo mi madre, mientras ambos nos hallábamos en uno de los pasillos de un convulsionado hospital, aunque yo no le creí en ese momento. Es imposible, pensé. Entonces, al ver mi gesto de incredulidad, ella señaló:

–Estaba con ella. Le vi la espalda.

–¿A quién?

–A ella –mi mamá torció la boca, disgustada.

Ante esa situación comencé a subir las escaleras frenéticamente y a revisar piso por piso, habitación por habitación, y en ese camino me fui encontrando con personas conocidas que se mostraban angustiadas y, sobre todo, enojadas. Muchas de ellas peleaban entre sí, ya que pude oír sus gritos detrás de las puertas cerradas. Quedaba claro que algo sumamente extraño estaba ocurriendo con todos los que nos encontrábamos en aquel hospital.

Llegué al extremo norte del pasillo del tercer piso -los números de las habitaciones iniciaban con el número 3- y en la pieza más alejada noté la puerta entreabierta y que sólo silencio provenía de su interior.

Me asomé y allí estaba él. ¡Increíble! Acostado en la cama, cubierto con una sábana blanca hasta las tetillas y con la manguera del respirador artificial en las fosas nasales.

Apenas me vio reaccionó. Estaba perfectamente consciente. ¡¿Cómo puede ser?!, me pregunté, al tiempo que mi corazón latía con tanta fuerza que temí que saliera despedido de mi pecho...

Asustado, permanecí inmóvil en el umbral. La última vez que lo había visto internado, ella casi me impidió verlo y él, para no suscitar ningún tipo de problema, me pidió que me fuera y me dijo que no me preocupara, que estaba “todo bien”. Pero ambos sabíamos qué hacía años estaba todo mal.

Sin embargo, en esta ocasión, ella no se encontraba pegado a él, acechándolo como una sombra maligna.

Y junto a él había un anciano, también acostado en una cama.

Él me sonrió, ante lo cual, me acerqué lentamente. Esta es mi oportunidad, tal vez la última, la única, evalué.  Y cuando estuve parado al lado de la cama, me incliné y lo besé en la frente.

La anterior vez que yo había tocado su piel fue en un día desgarrador, lluvioso y solitario, cuando los poros estaban cerrados, fríos e inertes. En cambio, ahora lo sentí tibio, como un abrigo en medio una noche del invierno más largo de la historia.

“Hola hijo”, me saludó, risueño, pero yo no respondí ya que, evidentemente, seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo.

Miré hacia el anciano acostado a su lado y no lo reconocí. Quizás sea alguien del trabajo, supuse.

“Ella cree que fue todo culpa de él”, me explicó mi papá y se contuvo de largar una carcajada para racionar sus escasas fuerzas.

–¿Cómo puede ser que estés acá, así? –pregunté asombrado.

–No sé. Me desperté después de cuatro meses de cirugías en los que me hicieron más de cien intervenciones.

–Pero, ¿vas a estar bien después de tanto tiempo internado?

–Viene un masajista todos los días para rehabilitar mis músculos.

En ése instante invadieron mi cuerpo dolorido y mi alma en pena una infinidad de sensaciones difíciles de describir. Había que estar allí para entenderlo.

Me senté en los pies de la cama, abracé sus piernas y no quería soltarlo. Ya lo había dejado ir aquella vez. De nuevo, no.

“Cuando me fui, me dije: ‘Justo a él no quiero dejar de ver´”, señaló mirándome a los ojos y haciéndome sentir especial. Tal vez, por ello haya vuelto: para vernos una vez más.

Desde su partida hubo otra especie de encuentros borrosos entre ambos, pero no así de emotivo al punto que desperté llorando y, por primera vez en cuatro meses, mis lágrimas no fueron de dolor o resentimiento, sino de amor, de extrañarlo como nunca antes.

Y esa madrugada no pude volver a dormir pensando en cuándo nos volveríamos a encontrar de esta manera.

Al final era cierto: él está "acá", acá en nuestros corazones. Para bien o para mal. Por siempre.

Fin.

AA
2025

DESPEDIDA DEL AÑO - BOSQUE GRIS -

Ya se acercan Navidad y Año Nuevo, y el 2023 llega a su fin.

Y para despedirnos de este año, Novelas a la Carta publica una edición especial de "BOSQUE GRIS", la segunda obra de la serie policial "Roca Negra", luego de "Alemandia".


























Esta nueva lectura se puede descargar de la página web en forma libre y gratuita, como todos los otros títulos de la misma autoría.



LO NUEVO DE 2023 - GAMBA RUSA





¿De qué se trata de la nueva obra de Novelas a la Carta?

La muerte violenta de una vecina sacude la habitual tranquilidad de una pequeña y pintoresca localidad turística ubicada entre las sierras y una enorme laguna; y en la que todos aparentemente se conocen. Sin embargo, la investigación para determinar si el caso de esta mujer se trató de un suicidio o un femicidio revelará oscuros secretos de miembros importantes de la comunidad en la que Milo, recién llegado desde la gran ciudad, necesita insertarse para rehacer su vida. Y para ello contará con Sara, quien, a su vez, encuentra en él una inesperada ayuda para enfrentar la traumática situación que atraviesa su querida villa, agitada también por la misteriosa desaparición de un joven policía.

Esta historia comenzó a gestarse tras unas vacaciones de verano en 2019, al aire libre y en contacto directo con la naturaleza; y se terminó en mayo de 2020, en plena cuarentena por la pandemia de coronavirus, durante largos períodos de encierro, en los que convivimos con el temor, la angustia, el dolor y la incertidumbre.

Se trata, principalmente, de un caso policial; aunque tiene unas dosis de drama, romance e historia. Un poco de todo, como la vida misma.

Ya se la puede descargar haciendo click AQUÍ y en la página web hay otros once títulos a los que también se puede acceder en forma libre y gratuita.




Juego de frases

"Estoy yendo de la cama al living, demoliendo hoteles y haciendo promesas sobre el bidet, pero yo no quiero volverme tan loco.
Solo quiero transitar la ruta del tentempié, escuchar música funky, sentirme chipi chipi bombón y estar más cerca de la revolución.
Mientras tanto, rezo por vos, para que no seas una pasajera en trance ni termines como los dinosaurios.
Say no more."


¡Gracias Genio!

NOVEDADES 2022

Ya podés descargar en forma libre y gratuita la "Edición Especial" de "ALEMANDIA" dede la página www.novelasalacarta.com.ar o haciendo clik en la imagen:


"El trabajo del joven periodista Federico Alem se ve marcado a fuego por la cobertura de una seguidilla de secuestros extorsivos seguidos de muerte, en especial, un caso cuyo desarrollo lo acompañará durante gran parte de su carrera profesional."

Esta es la primera novela de una serie que tiene como escenario la ficticia provincia de Roca Negra, que rodea la capital del país, El Rosedal, creando un mundo prácticamente aparte.




NO FUERON LOS CANGREJOS VIII


VIII

“Muerte violenta producto de una asfixia por sumersión”, fue la conclusión del informe de la autopsia al cuerpo de Fernando que se conoció oficialmente el 1 de octubre a través de un comunicado de prensa de los fiscales Albert y Hurt.

De acuerdo a los peritos forenses, el joven falleció más de treinta días antes del hallazgo y no sufrió heridas vitales por golpes, arma de fuego o arma blanca. También se hallaron microalgas en la médula ósea del cadáver que se correspondían con las que se obtuvieron en el cangrejal, pero debido al avanzado deterioro de los restos (dañados post mortem por los animales de la zona y las mareas) no se pudo acreditar que allí se produjo el deceso, aunque tampoco había indicios de que haya estado en otro ambiente.

A su vez, los expertos en antropología, medicina, odontología y genética tampoco podían confirmar si existió participación de terceros o si fue producto de un asesinato, accidente o un suicidio a raíz del mencionado estado del cuerpo.

El único perito que se manifestó en disidencia al resto fue el del particular damnificado, que remarcó que en el cadáver detectó el fenómeno de “pink teeth” (dientes rosados en Inglés, aunque faltaban algunas piezas dentarias por la depredación animal y al exposición medioambiental), el cual era compatible con un traumatismo “antemortem”, es decir, en vida; por lo tanto, no podía descartarse la hipótesis de participación de terceras personas.

Además, este experto recordó el testimonio que indicó que Fernando se fue caminando por las vías que cruzaban el estuario en el que se situaba el cangrejal y que las mismas nunca son alcanzadas por el agua porque están en un terreno más alto. Entonces, ¿cómo se ahogó solo, en el caso de que no se haya apartado de ese trayecto?

Para Catalina, la respuesta era una sola: su hijo no se había suicidado y tenido un accidente, sino que lo habían asesinado policías provinciales.

Según la firme convicción de la mujer, avalada por otros testigos, Fernando no contaba con antecedentes suicidas sino que tenía proyectos de vida, lazos con la comunidad y luchaba por los derechos humanos. Y tampoco presentaba lesiones corporales que indicaran un accidente.

Por ello es que el abogado Pietravallo insistió con solicitar más medidas de prueba que fueron acompañadas por los fiscales Albert y Hurt, pero rechazadas por la jueza Marrone, quien a fines de octubre consideró que las partes acusadoras no buscaban la verdad sino “compeler la responsabilidad policial”.

Ante esta situación, dichos fiscales pidieron la recusación de la magistrada por “parcialidad”; sin embargo, la Cámara Federal la descartó a fines de diciembre, por lo que la investigación entró en un profundo letargo del que ni siquiera despertó cuandoa los dos meses, el cuestionado fiscal Menéndez finalmente decidió apartase de la causa.

Sólo una semana después del apartamiento de este instructor judicial, la Cámara autorizó algunas de las medidas de prueba solicitadas por los fiscales como el secuestro de dos patrulleros que habrían transitado por Bleriot en el horario en el que Fernando se encontraba en la zona, un nuevo allanamiento al puesto de vigilancia de esa localidad y el secuestro de los celulares de todos los policías investigados.

Sin embargo, estos peritajes no arrojaron luz a una investigación que nunca pudo escapar a la oscuridad con la que se manejó en un principio y, en definitiva, lo único que queda en claro hasta el momento es que en el caso de Fernando se violó la Convención Americana por los Derechos Humanos suscrita por nuestro Estado en 1969 en San José de Costa Rica.

Y esta convenció afirma, entre otras cuestiones esenciales, que “toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales”, y que “nadie puede ser sometido a detención o encarcelamiento arbitrarios”.

También sostiene que “toda persona detenida o retenida debe ser informada de las razones de su detención y notificada, sin demora, del cargo o cargos formulados contra ella”, y “debe ser llevada, sin demora, ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para ejercer funciones judiciales y tendrá derecho a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que continúe el proceso”.

Y, además, establece que “toda persona privada de libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin de que éste decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto o la detención fueran ilegales”.


AA
Julio 2021

NO FUERON LOS CANGREJOS VII


VII

Debido al estado en el que se hallaron los restos presuntamente de Fernando, los mismos fueron trasladados a la Capital Federal para posteriormente ser sometidos a una autopsia a cargo de los peritos más reconocidos del país y bajo procedimientos sumamente avanzados.
Por ello, la diligencia recién comenzó diez días después del hallazgo, con 15 expertos que analizaron los restos durante doce horas, al cabo de las cuáles informaron que los resultados iban a estar listos dentro de un mes, aproximadamente.
Mientras tanto, los investigadores tomaron muestras de material genético para cotejarlo con el ADN de Catalina y así confirmar la identidad de la víctima lo antes posible.
A comienzos de septiembre, la cuestionada jueza Marrone emitió un escueto comunicado de prensa en el que confirmó que los peritajes genéticos a cargo de los expertos en Antropología Forense confirmaban que los restos encontrados en el cangrejal pertenecían a Fernando.
Recién entonces, la familia del joven organizó una inhumación en el cementerio municipal del Fortín, en el que se llevó a cabo una breve ceremonia de la que participaron sólo los parientes más cercanos y amigos de Fernando, que prefirieron no realizar ninguna declaración pública y despedirlo en silencio.
Ya habría tiempo para retomar el reclamo de justicia y fue Catalina quien una semana después de la inhumación de su hijo viajó a la Capital para declarar como testigo ante los fiscales Albert y Hurt, ante quienes hizo un relato pormenorizado de lo ocurrido desde el momento en que denunció la desaparición de Fernando hasta que encontró el cadáver, y también reiteró sus críticas contra el accionar de la Policía provincial y el fiscal Menéndez.
La clave para esclarecer el caso pasaba por entonces en los resultados de la autopsia, los cuales iban a establecer la data y la mecánica de la muerte, entre otras cuestiones.
Sin embargo, la pesquisa no se centraba solamente en ese peritaje sino que continuó con distintas diligencias dispuestas por los nuevos fiscales, aunque en reiteradas ocasiones chocaron con la postura de la magistrada que seguía a cargo del expediente.
Casi un mes después del hallazgo del cadáver de Fernando, otro pescador de Cuatreros que recorría el cangrejal encontró una mochila a pocos metros del sitio en el que había sido localizados los restos de la víctima y al advertir que en el interior de la misma estaba la licencia de conducir de la víctima la entregó inmediatamente a la Policía Nacional.
Además de esa licencia, los investigadores hallaron dos teléfonos celulares deteriorados y sin chip, y una muda de ropa que presentaba daños, por lo que estos elementos fueron sometidos a distintos peritajes para determinar si se correspondían con la biodiversidad del lugar, las condiciones climáticas y/o la acción de otras personas.
Y entre esa ropa, los investigadores identificaron el mismo pantalón oscuro que vestía Fernando al momento de ser fotografiado de espaldas y junto al patrullero en Jakov, cuando había sido interceptado por Suárez y Contreras. 
Todos estos objetos fueron reconocidos por Catalina, mientras que los pesquisas continuaban buscando el DNI de Fernando, el cual, curiosamente, había sido utilizado días después de su desaparición de dar de alta dos líneas de telefonía celular.
Por ello, los expertos del Cuerpo de Investigaciones Judiciales de la Procuración iniciaron un estudio mediante la técnica “chip-off” para extraer la mayor información posible de los celulares encontrados adentro de la mochila y determinar si, a su vez, habían sido utilizados con esas dos líneas abiertas vaya a saber por quién, dado que en ese momento el titular del documento estaba supuestamente desaparecido.

NO FUERON LOS CANGREJOS VI


VI

El fin de semana largo de mediados de agosto comenzó con una “cuarentena” menos estricta en el Área Metropolitana, mientras que en el Interior aumentaba la circulación del Covid-19. A nivel nacional se registraban cerca de 6500 nuevos contagios en un día, y el comisario general Piedrabuena se convertía en uno de los nuevos enfermos de coronavirus, aunque su cuadro era leve y permanecía en reposo y aislado en su casa.
Y si bien se mantenía el ASPO, cada vez más ciudadanos se sentían hartos del encierro y ya no lo respetaban como en los primeros meses, aunque gran parte de ellos, sobre todos los trabajadores informales, no tenían otra opción que salir a buscar algún empleo o changa para poder comer ya que los subsidios del Estado para los afectados por las restricciones no alcanzaban.
También estaban aquellas personas que salían a pasear o esparcirse, como los tres hombres que el sábado 15 fueron a pescar al cangrejal contiguo a Cuatreros, en la zona vieja de San Basilio, un partido con casi 12 mil kilómetros cuadrados que había sido fundado en honor a un piloto naval de finales del Siglo XVIII, reconocido explorador y un aficionado investigador de la fauna de la costa de la región, en la que se destacaban los crustáceos.
Los cangrejos de mar como los de ese estuario suelen comer peces, otros crustáceos más pequeños, crías de tortuga, algas, plancton, gusanos y cadáveres de aves acuáticas, así como cualquier resto de animal muerto. 
Pero normalmente no atacan a los seres humanos y si lo hacen sólo provocan heridas menores, unos pinchazos apenas imperceptibles. 
San Basilio era la cabeza del partido al que pertenecían todas las demás localidades en las que Fernando había sido buscado, excepto por la Ciudad de la bahía, que tenía su propia autonomía y, a su vez, albergaba la sede de la Jefatura Departamental de Policía Local intervenida. 
Y fue uno de esos pescadores el que observó un cuerpo esqueletizado semienterrado en la arena y quien alertó inmediatamente al 911, por lo que rápidamente los policías nacionales, bomberos y autoridades judiciales se trasladaron hasta el lugar, el cual era de muy difícil acceso y al que ingresaron cuando ya había anochecido, por lo que el operativo se tornó extremadamente dificultoso, incluso para los expertos en Antropología Forense de la Procuración que habían viajado especialmente para sumarse a la búsqueda de Fernando.
Recién por la mañana, Catalina y el abogado Pietravallo pudieron acceder al sitio del hallazgo, donde los peritos encontraron restos óseos humanos imposibles de reconocer a simple vista.
Sin embargo, a unos 30 metros de distancia, los expertos secuestraron una zapatilla que la mujer reconoció como de su hijo, lo que constituyó un claro indicio de que el cuerpo semienterrado era el de Fernando, aunque nadie podía asegurarlo en ese momento.
Pero fue la madre del joven quien al retirarse del cangrejal dijo a la prensa que ella estaba convencida de que se trataba de su hijo muerto y que creía que el cuerpo había sido “plantado” en ese lugar, el cual ya había sido rastrillado en un comienzo de la investigación.
No sólo eso, según ella, la zapatilla encontrada cerca de los restos óseos estaba “intacta”, lo que reforzaba su hipótesis.
A su vez, la mujer se mostró muy molesta porque cuando ella llegó al lugar del hallazgo advirtió que el fiscal Menéndez hablaba con el comisario general Piedrabuena cuando no tenía por qué hacerlo ya que la Policía provincial estaba apartada de la causa.
Por su parte, el jefe de la fuerza, desde el aislamiento que cumplía en su propia casa, se encargó de desmentir esa supuesta conversación con el magistrado en declaraciones a distintos medios de comunicación, al tiempo que reiteró que el personal a su cargo no era responsable de lo sucedido y que si bien ya se había iniciado una investigación de Asuntos Internos, por el momento no había ningún elemento que justificase una sanción para los efectivos.
“Queremos que el caso se esclarezca lo más rápido posible. Lo más importante es llegar a la verdad”, afirmó el comisario general.

NO FUERON LO CANGREJOS V


V

Luego de las denuncias por amenazas, el allanamiento al puesto de vigilancia de Bleriot, la intervención de la Jefatura Departamental de la Policía Local y la separación del jefe de calle de Jakov, distintos organismos, nacionales e internacionales, por los Derechos Humanos instaron públicamente al Estado a tomar medidas para no sólo hallar a Fernando sino también para proteger a los testigos de la causa.

En tanto, la Procuración General de la Nación dispuso que dos fiscales federales especialistas en violencia institucional, Albert y Hurt, se sumaran a la investigación del fiscal Menéndez y este nuevo equipo, con base en territorio porteño, es decir, a unos 700 kilómetros de distancia del lugar del hecho; se enfocó en recabar más información sobre otros móviles policiales que podrían haber tenido contacto con Fernando o permanecido en la zona al momento de la desaparición.

Esas diligencias arrojaron rápidamente que el 8 de mayo un móvil de la Policía Local, perteneciente a una dependencia de la Ciudad en la bahía, estuvo ubicado en cercanías al estuario contiguo a Cuatreros. Y llamó la atención que no estuvo de paso, sino que se quedó varios minutos en el mismo sitio.

Al secuestrar ese móvil, los peritos hallaron un trozo de piedra turmalina de color negro entre un montoncito de tierra que había en el interior del baúl, el cual fue reconocido por Catalina como parte de un colgante que ella le había regalado a su hijo. 

Estos avances en la pesquisa llevaron a Pietravallo a reiterar ante la Cámara de Apelaciones su pedido para imputar y detener a los policías involucrados, pero el requerimiento volvió a ser rechazado por los mismos argumentos que había expuesto anteriormente la jueza Marrone.

Pero a diferencia de aquella ocasión, ahora, el abogado de Catalina contaba con el dictamen favorable de los nuevos fiscales, aunque ni esto fue suficiente para torcer el rumbo de la investigación.

Ya habían pasado casi cien días desde la desaparición de Fernando, cuando la oficial Ferrara fue citada por Albert y Hurt para ampliar su declaración testimonial y en esta oportunidad, a preguntas de los instructores judiciales, aportó más detalles y brindó algunas apreciaciones personales.

Si bien no pudo precisar el horario de su encuentro con el joven -lo estimó entre las 12.30 y las 13- la efectivo recreó el diálogo que mantuvo con él, quien, según ella, le explicó que estaba yendo a la Ciudad a buscar trabajo ya que debido a la pandemia había perdido su puesto en una cervecería del Fortín y que ya no podía seguir viviendo con su madre.

“Como su la mamá se oponía a que se fuera, él me dijo que prefirió no comentarle sus planes”, declaró Ferrara, quien remarcó que ella estaba preocupada por la desaparición de Fernando y que le molestaba que las sospechas recayeran sobre el personal policial.

“No saben lo mal que me siento porque fui una de las últimas personas que lo vio. Quiero que aparezca sano y salvo para no sentirme culpable”, afirmó.

Ferrara también manifestó que se sentía “hostigada” por el abogado Pietravallo, quien cada vez que cruzaba con ella le exigía que contara la verdad y dejara de “encubrir” a sus compañeros.

Y en el día 100, el letrado recibió un llamado anónimo con una supuesta pista que apuntaba a unos restos óseos que yacían en un desagüe de un camino de tierra cercano a la ruta, unos kilómetros más adelante del puente ferroviario, por lo que alertó de esta situación a los fiscales, quienes solicitaron una inmediata inspección en el lugar, adonde se dirigió Catalina para ver si podía reconocer aquello que pudiera ser encontrado allí.

Efectivamente, los restos óseos –presumiblemente humanos- estaban dentro del caño del desagüe, por lo que los peritos los secuestraron y enviaron a analizar a los laboratorios, y mientras se aguardaban los resultados, a unos 400 metros de distancia de ese sitio se hallaron prendas de vestir y zapatillas, pero estas no fueron identificadas por la madre de Fernando.


NO FUERON LOS CANGREJOS IV


IV

La madre de Fernando no se conformó con el apartamiento de la Policía provincial de la investigación del caso y, tras constituirse como particular damnificado a través del abogado Pietravallo, solicitó a la Justicia de Garantías que la causa pasase de la Fiscalía de Instrucción al Fuero Federal y que, a su vez, se la caratulara como una “desaparición forzada de persona” ya que había una fuerza de seguridad estatal involucrada.

Y una vez que el expediente quedó bajo la órbita del Juzgado Federal de la jurisdicción, con asiento en la Ciudad de la bahía y que abarcaba una vasta región de cientos de kilómetros a la redonda, y la Policía Nacional se abocó al operativo de búsqueda, entre otras tareas de campo, la pesquisa avanzó, lentamente, pero lo hizo.

Más allá de ampliar las declaraciones de los policías, el fiscal federal Menéndez dispuso el análisis de los teléfonos móviles de todos ellos y así se pudo recuperar la fotografía de Fernando junto al patrullero en Jakov tomada la mañana del 1 de Mayo por Contreras y con un celular de Suárez.

Pero esta imagen no se halló en ese aparato ya que el oficial dijo que lo había perdido y como tenía dos no lo repuso, sino que se obtuvo a través de la compañía telefónica.

La mencionada foto fue una pista que permitió a los investigadores determinar cómo estaba vestido Fernando, quiénes lo interceptaron, el horario y la identificación del móvil policial.

Mientras que del celular de Contreras sí se secuestró el audio con las indicaciones de Domínguez y que también resultó de gran relevancia para la pesquisa ya que en la jerga policial, “bajar” significaba trasladar a la dependencia. 

Mientras que el sistema de georreferenciación instalado en el patrullero de Jakov involucrado indicó que el móvil se dirigió hacia la dependencia de esa localidad tras la interceptación de Fernando, lo mismo que sucedió con el móvil del Galvagni.

En base a todos estos elementos, Pietravallo solicitó la imputación y detención de los policías investigados, pero la jueza federal Marrone, que debía velar por el debido proceso de instrucción a cargo del fiscal Menéndez, rechazó ese pedido por falta de pruebas, por lo que el abogado recurrió esa decisión ante la Cámara de Apelaciones del mismo fuero, que tampoco hizo lugar a su planteo.

Además, el letrado pidió ante la Cámara la recusación del fiscal y de la jueza, lo que también fue rechazado. 

En tanto, los operativos de rastrillaje a cargo policías nacionales y bomberos; con perros adiestrados, móviles terrestres y aéreos, y hasta un dron; se sucedían en toda la zona aledaña a la bahía, Cuatreros, el estuario, las vías, Bleriot, Jakov y El Fortín.

Y ante cada hallazgo de algún elemento sospechoso se encendían alarmas de todo tipo: de la familia, por un lado; y de la Policía provincial, por el otro; que mantuvieron distintos contrapuntos. Uno de ellos cuando Pietravallo denunció al jefe de calle Gamarra por amenazas luego de que le cuestionó el haber estado presente en un procedimiento del que sólo podían participar los policías nacionales.

Es más, la novia de Fernando denunció que otros efectivos provinciales la habían interceptado cerca de su casa, en la Ciudad, y advertido, también con tono amenazante, que dejara “de tirarle mierda” a la fuerza.

El clima tenso entre ambas partes aumentó aún más cuando el 31 de julio se allanó el puesto de vigilancia de Bleriot y en un montículo de basura se encontró un amuleto de madera, el cual fue identificado por Catalina como propiedad de Fernando.

“Se lo regaló mi mamá y es igual a los que también tienen los dos hermanos de Fer. Es para la suerte y de un gran valor afectivo. Por eso siempre lo llevaba en su mochila”, declaró la mujer.

Además, en el libro de guardia de dicha dependencia figuraban los datos de Fernando: nombre y apellido, DNI, y domicilio al cual se dirigía en la Ciudad.

Y a raíz de estos últimos episodios, el comisario general Piedrabuena decidió intervenir la Jefatura Departamental a la que pertenecían las dependencias de la región y separar a Gamarra de su cargo.


NO FUERON LOS CANGREJOS III

 


III

El hombre conducía su automóvil por la ruta desierta y en dirección a la bahía. Sólo lo acompañaba una voz en la radio que no lograba quitarle el aburrimiento, el cual se potenciaba con la monotonía del paisaje que lo rodeada. Por ello, apenas vio a Fernando haciendo dedo sobre la banquina, a la altura de Bleriot, decidió llevarlo.

-¿Hacia dónde vas? –preguntó el conductor.

-A la ciudad –respondió el joven.

-Yo también. Te puedo dejar ahí.

-No hace falta. Además, prefiero bajarme antes del puesto de control del kilómetro 714. Dónde está el puente ferroviario. ¿Puede ser?

-Sí, no hay problema. Pero, ¿para qué te querés bajar ahí?

-Porque quiero pasar primero por lo de un amigo.

-Ok. Como quieras.

Así fue que unos treinta kilómetros más adelante Fernando descendió del auto y comenzó a caminar por las vías del ferrocarril que se extendían al Este de la ruta y a medida que se adentraba en el estuario se alejaba de la misma hasta llegar a la estación de Cuatreros, localidad en la que vivía su amigo Javier y que se ubicaba cerca del puerto.

Toda esa zona que recorría el tren era un terreno que cambiaba al ritmo de las mareas pero, al mismo tiempo, trazaba una diagonal que permitía acortar las distancias con la Ciudad ya que la ruta debía extenderse por más kilómetros para bordear la costa en forma de herradura.

Además, las vías eran un camino supuestamente seguro ya que estaban bastante por encima del nivel del mar y no se inundaban prácticamente nunca.

Por su parte, Javier recibió esa misma tarde un mensaje de texto a su celular desde la línea de Fernando en el que éste le comentó que estaba sin señal y con poca batería, y que en un rato lo llamaría, pero esto no ocurrió.

Y como su amigo tampoco llegó a su casa, al anochecer le envió un mensaje para saber dónde estaba, pero la línea de Fernando no acusó recibo.

“Algo está pasando. El último mensaje que me mandó fue raro. Fer no escribe de esa forma”, le dijo Javier a sus padres, quienes alertaron de lo ocurrido a Catalina, la madre de Fernando que, a su vez, decidió esperar hasta la mañana siguiente para ir a denunciar la desaparición de su hijo en la comisaría del Fortín, donde iniciaron actuaciones por “averiguación de paradero” y dieron intervención a la Fiscalía de Instrucción en turno.

Tanto en sede policial como judicial, la mujer declaró que el último contacto que ella había tenido con su hijo había sido a las 13.30 del feriado, cuando lo llamó para preguntarle dónde estaba, aunque él no quiso decírselo y cortó.

Catalina dijo que también se comunicó con Lucía porque sospechaba que Fernando se dirigía a la Ciudad; sin embargo, la joven le explicó que él nunca había llegado allí.

Pero a pesar de lo extraño que resultaba esta situación, los policías de la zona evidenciaron poco interés en la búsqueda del joven, por lo que la madre y los amigos de éste iniciaron una campaña a través de las redes sociales para difundir el caso y pedir a toda aquella persona que hubiera visto a Fernando o supiera algo de él se presentara a declarar como testigo.

Entonces, los policías Gamarra, Suárez, Contreras, Domínguez y Galvagni debieron dejar asentado oficialmente cuál había sido la supuesta intervención de cada uno de ellos y al hacerlo negaron rotundamente haber llevado al joven detenido hasta alguna de las dependencias de la jurisdicción y aseguraron que le indicaron que regresara a su domicilio porque no estaba autorizado para circular en “cuarentena”.

Al mismo tiempo se descubrió que la automovilista que había llevado a Fernando desde Jakov a Bleriot, de apellido Ferrara, era también policía provincial y que cuando se encontró con el joven estaba de franco y vestida de civil.

Además, se supo que esta efectivo era la actual pareja de Suárez y prima de Contreras.

“En el viaje charlamos y me di cuenta que yo conocía a la madre del chico, pero cuando se lo comenté a él, me dijo que no le contara a nadie, especialmente a Catalina, a dónde se dirigía”, explicó Ferrara en la fiscalía.

Mientras que Galvagni agregó que él, antes de regresar su puesto de vigilancia, alcanzó a ver a la distancia que Fernando subía a un auto particular que transitaba por la ruta en dirección a la Ciudad aunque, aclaró, que no podía identificar al vehículo ni a su conductor porque se encontraba demasiado lejos.

En tanto, otro automovilista declararía luego que alrededor de las 16 de aquel 1 de Mayo, él regresaba a Jakov y a la altura del puente ferroviario se cruzó con una camioneta policial, perteneciente al destacamento de su pueblo y con varios efectivos uniformados a bordo.

De todos modos, la búsqueda de Fernando recién cobró impulso un mes después de su desaparición, cuando el caso llegó a los medios masivos de comunicación. Y fue la presión mediática la que colocó a la Policía provincial bajo la lupa, al punto que en pocas semanas terminó siendo apartada definitivamente de la investigación, a pesar de que el jefe de la fuerza, comisario general Piedrabuena, afirmaba públicamente que ningún efectivo era responsable de lo sucedido con el joven.


NO FUERON LOS CANGREJOS II


II

Después de caminar bajo un agradable sol un par de kilómetros desde la primera a la segunda entrada de Jakov, Fernando, quien vestía una campera deportiva azul con capucha y unos pantalones del mismo tono oscuro que su mochila, fue interceptado por dos oficiales de la Policía Provincial, Suárez y Contreras; quienes patrullaban ese tramo de la ruta a bordo de un móvil del destacamento local.
Los efectivos procedieron a identificarlo mediante su DNI, pero como el joven no tenía autorización para circular en el marco del ASPO lo demoraron, mientras consultaban vía telefónica con sus superiores de turno qué medida adoptar con él.
En el destacamento se encontraban aquella mañana del Día del Trabajador la oficial Domínguez y el jefe de calle Gamarra.
-¿Qué hacemos con este pibe? –preguntó Contreras desde su propio celular.
-Gamarra dice que le saques una foto a él y a su DNI y que me las mandes, así yo labro el sumario acá –respondió Domínguez-. Ah, y dice el jefe que si el pibe se hace el piola que lo bajen.
Tras esa conversación, Contreras tomó el celular de Suárez y con ese dispositivo lo fotografió a su compañero junto a Fernando de espaldas junto al patrullero.
Y si bien el procedimiento indicaba que la Policía debía dar intervención al Juzgado Federal de turno por el incumplimiento de la “cuarentena”, ninguno de estos efectivos lo hizo.
Por su parte, Fernando siguió su marcha a pie por la ruta, haciendo dedo, hasta que una automovilista lo llevó unos 25 kilómetros hasta el ingreso al siguiente pueblo, una comuna de apenas 150 habitantes que se había establecido a principios del Siglo XX alrededor de una estación de trenes y que debía su nombre a una aeronave militar que durante una expedición se había estrellado en ese diminuto territorio: Blériot.
Además de un puñado de empleados ferroviarios, allí sólo había una escuela, un jardín de infantes, un club social y deportivo, dos comercios y un puesto de vigilancia policial, los cuales estaban rodeados por calles de tierra y unos pocos árboles.
Pero Fernando no entró al pueblo sino que se recostó entre los amarillentos pastizales de la banquina de la ruta nacional para descansar ya que habían pasado diez horas de su partida de la casa de su amigo en El Fortín.
Desde esa posición, el joven pudo apreciar unas vacas pastando detrás de un alambrado de púas, pero no advirtió detrás suyo y de la mano contraria a dos muchachos que habían salido a caminar, aprovechando el clima diáfano del feriado, y entraban a Blériot por un sendero de ripio.
-¿Y ése quién es? –preguntó uno de estos chicos, que tenía una edad aproximada a la de Fernando, aunque éste aparentaba ser menor por su delgadez, baja estatura y menuda contextura física.
-No sé. Parece un nene perdido –contestó el otro muchacho.
-Voy a avisarle a mi viejo para que llamé al puesto de vigilancia, por las dudas.
Estos dos chicos continuaron por su camino y minutos después el teniente primero Galvagni, del puesto de vigilancia, se acercó hasta dónde se encontraba Fernando, quien ya había reanudado su marcha y caminado unos seis kilómetros más.
En esas circunstancias, el policía identificó al joven, quien le mostró su carnet de conducir, y se comunicó con la comisaría más cercana para consultar cómo proceder y desde allí le indicaron que debía dejarlo continuar.
Antes de hacerlo, el efectivo fotografió el carnet de conducir de Fernando con su celular y dejó asentado lo actuado en su libreta. Ya eran alrededor de las 15.45 y al joven aun le faltaban recorrer unos 70 kilómetros hasta la Ciudad. 

NO FUERON LOS CANGREJOS

Un joven desaparece misteriosamente en pleno aislamiento durante la pandemia de coronavirus, en una zona despoblada, de difícil acceso y con un clima adverso; tras lo cual, la Policía queda bajo sospecha.


I

El Fortín era una localidad de 9.500 habitantes ubicada en el extremo sudeste de la provincia, cercana a las costas del océano Atlántico, donde los pueblos originarios fueron desplazados de allí por el Ejército durante la segunda mitad del Siglo XIX y justo antes del inicio de la Primera Guerra Mundial se produjo la fundación “oficial” de la comuna, la cual estuvo a cargo de unos hermanos vasco franceses.
Y como tantos otros pueblos de esa región, éste pasó a estar habitado en un comienzo por inmigrantes de distintas partes del mundo, como sus fundadores: alemanes del Volga, yugoslavos, húngaros, italianos, españoles, checoslovacos, sirios y libaneses, que establecieron sus predios rurales en una zona que luego sería declarada como “desfavorable”, como la vecina Patagonia, con vastas extensiones territoriales, enormes distancias entre una localidad y otra, y un clima riguroso, sobre todo en otoño e invierno.
Por su parte, Fernando, de 22 años, había nacido y vivido toda su vida junto a su familia en dicha localidad, aunque su novia, Lucía, residía en la Ciudad ubicada unos 120 kilómetros al norte, en la bahía que albergaba uno de los principales puertos del país.
De todos modos, no fue esa considerable distancia lo que provocó que la pareja entrara en una especie de impasse, sino la maldita pandemia por coronavirus, la cual alteró todos los aspectos de la vida cotidiana. 
A fines de abril de 2020, tras más de un mes de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) decretado por el Gobierno Nacional para tratar de frenar el avance del Covid-19, Fernando extrañaba a Lucía y estaba decidido a ir a verla, aunque esta “cuarentena” estricta le prohibía salir del Fortín. De hecho, sólo se permitía salir del hogar para tareas esenciales.
En ese marco, sin poder estudiar ni trabajar en forma presencial, Fernando pasó la noche del 30 de ese mes en la casa de un amigo, que vivía en su mismo barrio. Y alrededor de las 5 de la mañana siguiente se armó de suficiente valor para iniciar el extenso recorrido hasta el domicilio de su novia.
Y lo hizo a pie, ya que no tenía ningún vehículo propio ni funcionaba medio de transporte público alguno, excepto para quiénes estaban autorizados, lo que no ocurría en su caso.
“Me cansé de esperar. Me voy”, le dijo a su amigo al despedirse, tras lo cual, se dirigió hasta la ruta, cargando una mochila con una muda de ropa y otras pertenencias.
Y caminando a oscuras y con frío por la banquina, y en ocasiones por la propia traza de la ruta aprovechando el casi nulo tránsito vehicular, recorrió los primeros 17 kilómetros, cruzado los cauces de varios cursos de agua que terminaban desembocando en el mar, el cual, a medida que él avanzaba se iba acercando al horizonte a su derecha, aunque no lo alcanzaba a divisar aún.
Claro que no era un paseo, ya que el ASPO, además de prohibir la circulación en la vía pública, establecía la intervención de las fuerzas de seguridad para que hicieran cesar la acción de quien la violara, por lo que Fernando debía estar muy atento para pasar inadvertido.
Y alrededor de las 8.30, cuando ya había comenzado a clarear, se detuvo a descansar detrás de una estación de servicios situada a la vera del camino y luego de un rato comenzó a hacer “dedo”.
Fue entonces cuando un automovilista particular aceptó llevarlo y lo condujo otros 16 kilómetros hasta el ingreso a la localidad de Jakov, un pueblo aún más pequeño que el Fortín, fundado por constructores de origen croata que habían participado de la obra en el famoso Canal de Suez, en Egipto, y que luego formaron parte de la denominada "Conquista del Desierto".
El automovilista residía allí, por lo que dejó a Fernando al costado de la ruta y siguió su camino hacia el casco urbano; mientras que el joven reanudó su marcha a pie, a la espera de que algún otro conductor se solidarizara con él. Sin embargo, no fue un vehículo particular con el que se cruzó a continuación, cerca de las 10.

Diario de un crimen: 86


La investigación por el crimen de Francis avanzó rápidamente, realmente como pocas; hasta que su marcha frenó en forma abrupta al toparse de frente con la pandemia por coronavirus, la cual derivó en un aislamiento de la sociedad a nivel mundial y, sobre todo, en Argentina, donde la cuarentena fue más estricta y prolongada.
A raíz de esta situación, el Poder Judicial entró en una feria extraordinaria indefinida, por lo que la audiencia oral que se iba a llevar ante la Cámara de Apelaciones de la Costa se suspendió primero provisoriamente y luego, con el correr de las semanas en forma definitiva.
De todos modos, los camaristas debían resolver la apelación de la defensa de los rugbiers, quienes al igual que el resto de la población carcelaria del país decidieron no aceptar visitas en el penal para respetar el protocolo sanitario.
A su vez, los presos pasaron a tener teléfonos celulares para poder comunicarse con sus seres queridos sin utilizar el mismo aparato que el resto.
Paralelamente, los detenidos con enfermedades de base respiratorias y cardiovasculares, y los que tenían más de 60 años, pasaron a formar parte de los grupos de riegos ante el avance del Covid-19, por lo que comenzaron a solicitar excarcelaciones y arrestos domiciliarios para salir del encierro en las prisiones.
Sin embargo, nada de esto ocurrió con los ocho acusados del crimen de Francis, quienes no padecían ningún problema de salud y estaban lejos de la edad de riesgo; por ende, siguieron alojados en sus mismos calabozos. Tampoco tuvieron que aislarse del resto de la población ya que en esa condición habían ingresado al pabellón y así continuaban.
Por su parte, Leopoldo Demarco, uno de los integrantes de la Sala I de la Cámara que debía resolver la apelación de la defensa de los rugbiers, sí formaba parte del grupo de riesgo, por lo que pidió una licencia.
A raíz de ello debió sortearse una nueva composición de la sala pero cuando parecía que el fallo se iba a tratar con el nuevo juez designado, la Cámara decidió que ya que no se iba a realizar una audiencia oral y el tratamiento de la cuestión podía efectuarse respetando el aislamiento, por lo que Demarco volvió a asumir su rol inicial.
Todo esto derivó en un largo impasse ya que cada decisión judicial se llevaba a cabo de manera electrónica y no presencial, lo que demandó semanas. Y esto motivó que el fiscal general Estévez emitiera un dictamen solicitando celeridad en el trámite.
Finalmente, el fallo de la Sala I de la Cámara se conoció 86 días después de cometido el crimen, 50 más tarde de que el juez Martínez dictó el procesamiento con prisión preventiva de los imputados.

En tanto, uno de los cuestionamientos de la defensa fue la incorporación del testigo Lisandro en las ruedas de reconocimiento. Al respecto, el abogado Torelli sostuvo que en su declaración testimonial este amigo de Francis dijo que no estaba seguro de poder reconocer a los tres supuestos agresores que él llegó a ver y que sólo describió vagamente a dos de ellos. Sin embargo, este joven se comunicó posteriormente con la fiscalía y afirmó que sí podía hacerlo, por lo que se lo citó a las ruedas sin volver a tomarle declaración bajo juramento.
La defensa cuestionó este procedimiento y agregó que hubo una “desmesurada saturación informativa que implicó la constate difusión de las imágenes de los imputados en una suerte de cadena nacional espontánea que se encargó del resto”.
Sin embargo, el juez Demarco sostuvo que “no hubo violación a norma legal alguna” y aclaró que la diligencia en rueda de reconocimientos se realizó “bajo juramento de ley” y que “nada impidió que, en esa oportunidad, la defensa interrogara o preguntara sobre su aparente cambio”.
Torelli también cuestionó la validez de la declaración de Tommy que el acta de la testimonial no fue firmada por la fiscal Zambrano sino por un auxiliar letrado, aunque ella figuraba como presente en la audiencia, lo que fue rechazado por Demarco, quien consideró que la defensa no demostró, “ni siquiera mínimamente, cuál fue el perjuicio que le ocasionó la falta de firma” de la funcionaria.
Otro punto criticado fue que la fiscalía supuestamente no se tomó más de cinco minutos en realizar cada una de las diez indagatorias y que de esa forma resultó imposible “comunicar derechos; hacer saber la intimación; informar detalladamente los hechos; la prueba; explicar el derecho a excarcelación; anotación de los datos personales; dar lectura a viva voz y luego firmar todos los presentes las actas respectivas”.
Además, según Torelli, quien no participó de las indagatorias porque él asumió la defensa a posteriori, las actas no contaban con las firmas de todos los funcionarios que nombraba, por lo que se trataba de un delito de “falsedad ideológica”.
“La defensora oficial estuvo presente, mantuvo entrevista previa, puso en conocimiento de los imputados las prueba y los hechos, fue quién les aconsejó que no declaren, ejerció su mandato y estampó su firma en cada una de las declaraciones”; por lo que estas últimas fueron recibidas “conforme a derecho, sin violación a garantía constitucional alguna”, abundó el Demarco, con quien coincidieron luego en sus respectivos votos los otros dos camaristas de la misma sala.
Luego la defensa pidió un cambio de calificación legal al sostener que “extraer el dolo de causar la muerte sólo de una situación particular parece en principio discutible”, y afirmó que los testigos que declararon días después del crimen, tras “escuchar y ver las noticias”, modificaron sus dichos de manera “sospechosa e inquietante”.
También dijo que los acusados se comportaron de manera “tranquila” y “pueril” tras el hecho, lo que implicaba que no habían organizado “para matar”.
Por su parte, Demarco destacó que el defensor no especificaba una calificación alternativa, por lo que la inicial llegaba a esa instancia “firme”;  al tiempo que opinó que “esa falta de nerviosismo, de normal actitud” cuando a los rugbiers los abordó el personal policial demostró que se trataba de “personas frías y calculadoras”.
Y añadió en referencia a esa actitud el mensaje de voz en el grupo de Whatsapp en el que se dijo “caduco”, que en este caso “significa murió”.
Por último, el camarista entendió que dado que la calificación legal estaba firme y la pena en expectativa era la de prisión perpetua, existían “riesgos procesales” que justificaban la prisión preventiva dictada en primera instancia.
“No puede dejar de señalarse la cantidad de intervinientes contra una sola persona, la brutalidad de la golpiza ejercida contra la víctima, el motivo fútil que llevó al accionar de los imputados a darle muerte, el desprecio total por la vida ajena. Fue, simplemente, una cacería humana”, sostuvo Demarco.
Y concluyó citando una frase del escritor Joseph Conrad que decía “la creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria, los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”.

Casualidad o causalidad, lo cierto es que apenas unas horas después que el fallo de la Cámara se difundió públicamente, también llegó a las redacciones de los principales medios periodísticos los resultados preliminares de las pruebas de ADN realizadas por la Policía Científica sobre los rastros levantados del cuerpo de la víctimas, la ropa y el calzado, entre otros elementos, secuestrados en la casa alquilada por los rugbiers y las muestras tomadas de los propios acusados.
En total, los peritos oficiales y de parte analizaron 116 muestras y determinaron que había sangre de Francis en “una camisa blanca floreada” de Marcos; y que debajo del meñique izquierdo de la víctima se halló el perfil genético del imputado Bruno; lo que comprometía aún más a estos dos rugbiers.


Salir a cortar - Parte II


Mientras la 16 de la azzurra se perdía entre la gran cantidad de peatones que iban y venían por la plaza, llegó a la carrera hasta la vereda del Ministerio donde Madwich se encontraba sentada en las escalinatas del mismo, en silencio y bajo la atenta y culposa mirada de Wesley quien, a su vez, se mantenía de pie, firme, junto a la mujer, un hooligan con la camiseta del Fulham que corría con un vaso de cerveza plástico en la mano.

<< ¡¿What have you done, mate?!>>, le dijo el barra brava británico al árbitro. << ¿¡Don´t you see he is a fucking rock star?!>>, agregó con su rostro enrojecido por los efectos del alcohol excesivo y señalando con su mano libre hacia Agostinelli, quien continuaba su marcha sin mirar hacia atrás.

Pero Wesley no respondió y callado observó como el hooligan corría detrás del futbolista procurando alcanzarlo antes de perderlo definitivamente de vista y arrojando por el aire el vaso con lo que poco de cerveza que quedaba en él, mojando a algunas personas que lo insultaron al pasar.

Y a los pocos minutos, los médicos del servicio de emergencias arribaron al lugar en ambulancia y cargaron a Madwich en una camilla ya que temían que la paciente había sufrido una rotura de tibia y peroné, una lesión típica en casos de infracciones como las de Agostinelli, sobre todo, cuando el jugador se tensiona a partir de una falsa pero abrumadora sensación de que el partido está partido antes de que finalice.

AA-AB
Julio 2012

Salir a cortar - Parte I


Era un día invernal, pero la temperatura se presentaba más acorde a una jornada de primavera. El sol de la tarde bañaba la plaza frente a la Casa de Gobierno y en cuyos alrededores se ubicaban la Catedral, el Ministerio de Economía y la casa central del Banco de la Nación. << Un lindo viernes para salir temprano de la oficina y regresar temprano a casa>>, pensó Pilar Madwich cuando abandonó el estudio jurídico para el que trabajaba a tan sólo dos cuadras de la plaza, donde tenía previsto tomar el subte para volver a su domicilio.

La joven caminaba ligero por la vereda del Ministerio en dirección a la estación subterránea, cuando del otro lado de la calle, en la esquina noreste de la plaza, Fabio Agostinelli la vio pasar. Entonces, el muchacho no dudó un instante y apenas el semáforo se puso en rojo, cruzó la calle a la carrera, de frente hacia Madwich, quien seguía caminando con la mente ocupada en otras cuestiones que nada tenían que ver con lo que ella estaba haciendo ene se momento ni con el lugar.

La noche anterior, durante un 2x1 de whisky en un bar cercano a su departamento en el que festejaba el Día del Amigo, Agostinelli había llegado a la conclusión de que tenía que cortar por lo sano y como buen defensor prometió << salir a cortar de una, para no darle tiempo al rival>>. Así fue que por la soleada tarde capitalina, vestido con la número 16 de la azurra, pantaloncillos blancos, medias azules y canilleras negras que hacían juego con los botines del mismo color, Agostinelli se lanzó con la pierna derecha extendida hacia adelante y la izquierda flexionada hacia una Madwich desprevenida, a quien le aplicó un tackle deslizante a la altura de la canilla. <<¡¡¡Aaahhhh!!!!>> gritó la muchacha presa del dolor y de la confusión ya que entre tantos transeúntes vestidos de traje y llevando portafolios no pudo distinguir quien había sido ese jugador que la había derribado apenas unos metros antes de llegar a la escalera que la descendería hasta el andén del subte.

Instantes después, arribó al lugar Tim Wesley, vestido con el uniforme titular de la Escuela de Árbitro de la Liga de Fútbol de Gran Bretaña, quien se paró frente a Agostinelli y, sin mediar palabra, le mostró la tarjeta roja; mientras Madwich seguía en el piso, adolorida y sin que ningún otro peatón se animara a intervenir. La joven estaba dejando escapar sus primeras lágrimas y sin atinar a levantarse trató inútilmente de alcanzar los pañuelos descartables del interior de su cartera, la misma que el jugador le había regalado para su último cumpleaños.

Por su parte, Agostinelli no ensayó ninguna protesta ante el hombre de negro y luego, en silencio y de brazos cruzados, vio como éste ayudó a levantarse a la joven golpeada que no pudo apoyar su pierna izquierda en el suelo porque tenía la tibia muy inflamada.

<< ¡¿Qué hacés loco de mierda!?>>, exclamó Madwich apenas reconoció a Agostinelli, quien se esforzaba para no sonreír. Después, el jugador levantó sus brazos hasta la altura de los hombros sin decir absolutamente nada más que un << ¡Ma´fangulo!>>, tras lo cual, dio media vuelta y se fue caminando despacio por la plaza. << ¿Y vos? ¡¿Le hacés caso a tu amigo?! ¡Son dos enfermos!>>, le dijo la joven a Wesley, quien no acusó recibo y aguardó junto a ella la llegada de los médicos ya alertados de la agresión.

Códigos

 Nacho ingresó a la Facultad de Abogacía para seguir los pasos, no todos, de su padre y algún día llegar a trabajar en su estudio. Al comenzar la carrera, el joven tuvo entre sus compañeros de clase a Pedro, un muchacho menos dedicado al estudio y más enfocado en conquistar chicas aprovechando que su bella apariencia.

 Al promediar el primer cuatrimestre, Nacho ya integraba el grupo de Pedro en el que había varias mujeres atractivas, entre ellas, Milagros, una rubia voluptuosa, con las que salían a bailar los fines de semana. Al cabo de unas pocas salidas, la chica logró que Pedro se fijara en ella y tuvieran algunos encuentros íntimos, aunque él no estaba dispuesto a ponerse de novio ya que prefería la libertad de compromiso.

 La pareja tuvo su espacio pero en la mayoría de los casos compartía las salidas con el resto del grupo de compañeros de la Facultad. Pero Milagros no pudo evitar engancharse con Pedro, quien, al notar que la joven empezaba a darle cada vez más seriedad al asunto, se fue apartando hasta romper la relación. Lo hizo en buenos términos para proteger el buen clima grupal.

 De hecho, el grupo siguió saliendo todos los fines de semana, oportunidad en que Pedro y Nacho hacían dúo para conocer nuevas chicas en los boliches, al igual que Milagros, que se unió fuertemente a su compañera Elizabeth, que tenía ojos claros pero no era más bonita que ella, aunque si era más accesible y, por ende, conservaba una larga lista de pretendientes.

 Durante meses, Pedro se acostó con distintas jovencitas que no eran de la Facultad ni conocidas de un conocido/a o compañero/a, Milagros tuvo algún amante golondrina y Elizabeth eligió tener un novio. En tanto, Nacho continuó con su bajo perfil, extrañando a su ex novia que lo había dejado a principios de año. Era tan fuerte el dolor que aún sentía que lo mantenía paralizado ante las demás chicas.

 Por todo esto, la actividad del grupo mermó y prevalecieron las acciones individuales y encuentros cada vez más esporádicos.

 Cuando llegó la primavera, Milagros estaba sola y Elizabeth atravesaba una profunda crisis en su noviazgo producto de las permanentes salidas nocturnas de su chico. Ante esa situación, la joven recurrió a su amiga solitaria para equiparar la balanza.

 Así fue que ambas chicas volvieron las salidas grupales con sus compañeros y en una de ellas, que coincidió con la fiesta de cumpleaños de Nacho, Milagros le confesó a Arturo, el mejor amigo del agasajado, que estaba enganchada con aquel pero que no sabía como abordarlo.

 Arturo, quien ya había visto a Milagros en otras salidas a las que Nacho lo invitaba para que conociera a sus “copados” compañeros de la Facultad, le contó que su amigo seguía algo deprimido por su ruptura con su ex, pero le prometió que iba a hablar con él para tratar de saber que pensaba de ella.

 Cuando Arturo encontró el momento oportuno para charlar con Nacho, varias semanas después de la fiesta, su amigo se mostró sorprendido por el hecho de que una mujer como Milagros estuviera interesada en él. Si bien se sintió halagado, el joven le dijo a su amigo que, más allá de que la chica le resultaba más que atractiva, no creía correcto relacionarse con ella por el pasado que ésta tenía con Pedro, a quien él apreciaba muchísimo.

 Arturo también mantenía una buena relación con Pedro y previendo la postura adoptada por Nacho ya había dialogado con el ex de Milagros para saber si aún sentía algo por ella. Y la respuesta fue clara y concisa: no. Es más, en los últimos días, luego de que Elizabeth rompiera con su novio, Pedro se había acostado con ella.

 Pero por más que Arturo reveló luego esa información clave a Nacho, éste se mantuvo en su posición de que no iba a dejar que pasara absolutamente nada con Milagros.

 Al año siguiente, Pedro se cambió de carrera, Nacho pasó a estudiar en el turno noche para poder trabajar durante el día en el estudio de su padre y Milagros abandonó la Facultad, por lo que el grupo se desarmó.

 Los que si mantuvieron un contacto fluido fueron Pedro y Arturo, quien se convirtió en el copiloto de sus vuelos nocturnos aprovechando que ambos seguían solteros. En cambio, Nacho se reconcilió con su ex novia con la que estuvo seis años más.

 En la séptima temporada del amor, cuando todo parecía encaminarse a la convivencia, ella lo volvió a dejar y esta vez fue definitivo. A Nacho le costó aceptarlo aunque lo entendió rápidamente y se apoyó en sus viejos amigos para volver a salir de cacería. Pero ahora Pedro y Arturo estaban de novios y, lógicamente, con menos disponibilidad para salir de noche.

 De todos modos, Arturo sumó a su compinche al grupo de amigas de su pareja, algunas de las cuáles estaban solteras, como Victoria, que apenas pasaba los 25 años pero se sentía muy sola sin una pareja estable y formal.

 Rápidamente, Victoria entabló una simpática relación con Nacho, a quien Arturo trató durante meses de convencer para que se animara a romper con el círculo platónico que los rodeaba.

 Mientras tanto, Pedro, quien vivía solo, no quiso que su novia fuera a vivir con él, y la relación encontró un final abrupto, por lo que él, sin perder el tiempo, retomó sus salidas con amigos de los fines de semana. Y apenas lo participó a Arturo, éste también le abrió una vacante en el grupo de las amigas de su novia.

 Para Nacho, Pedro y Arturo fue como volver a la Facultad, pero con casi ocho años encima. Los tres jóvenes no tan jóvenes organizaron reuniones en sus respectivas casas y encuentros en bares, ya lejos de las pistas de baile. Y en esos escenarios fue que Pedro posó sus ojos en Victoria, quien con su rostro bonito los provocó desde la primera vez que los vio.

 En una salida en la que Nacho no participó, Pedro se acostó con Victoria y al día siguiente, en la fiesta de cumpleaños de su ex compañero de Facultad, Pedro se lo confesó a éste para que no se enterara a través de un tercero.

 Fue la única vez que Pedro y Victoria estuvieron juntos y Arturo, quien se había enterado del encuentro antes que cualquiera, nunca escuchó un comentario al respecto de boca de Nacho.

 Hoy Pedro y Nacho siguen solteros, pero no se ven casi nunca. Hablan de vez en cuando a través de las redes sociales ya que el abogado se mudó al Interior, donde maneja su propio estudio.

AA
Febrero 2012

El Síndrome de Gourcúff: VI

 La fiesta concluyó con el arribo de los subordinados del Cap. Klinec que iniciaron las actuaciones por “homicidio” y se llevaron detenido a Anëlcka a los calabozos de la seccional 3ra. de Quilmes Oeste. Su compañero Kareem lo acompañó hasta la comisaría y le prometió ayudarlo, testificando que se había tratado de una riña iniciada por Dómenech.

 Al regresar de la seccional, en la casona de la calle Corrientes ya no quedaba nadie, excepto Milos, quien se mostraba animado a pesar de la tragedia que acaba de ocurrir.

 - ¿Estás bien mi amigo?

 - ¡Yes, yes, my пријатељ!- respondió el volante serbio quien había dejado de sufrir del Síndrome de Gourcúff.

 Así que no les importó a nuestros héroes que Dómenech terminó siendo repatriado a Francia donde depositaron su cadáver en una tumba cubierta por cartas, que el MIG-29 nunca apareció, ni que nada más supieron del embarazo del “Gusano” ni del encarcelamiento del “Puma”.

 Por su parte, Kareem volvió a Madrid y Milos a Kiev, para apoyar a su hermano, pero ninguno de los dos regresó a su país natal, aunque cada año van juntos de vacaciones a la Argentina, donde alquilan la casona de la calle Corrientes, pasean por la 9 de Julio y se reúnen a comer y beber en el café de la esquina sur….

AB-AA
Julio 2010

El Síndrome de Gourcúff: V

 Las chicas llegaron temprano y se sentaron alrededor de la mesa principal, en el living comedor que se conectaba con el balcón a través de una puerta ventana de dos hojas. Sobre la estructura de madera de pino estaban desplegados los vasos con fernet-cola, las copas de vino y los platos con los canapés de salmón ahumado, los quesos y los arenques. Anëlcka se convirtió rápidamente en el centro de atención paras el “Gusano” y los “Matambritos”, ansiosas de conocer a este nuevo personaje, por lo que este invitado se sintió bien cómodo, por lo que Milos y Kareem no tuvieron que preocuparse por que descubriera antes de tiempo que Dómenech estaba en una habitación contigua.

 Pasaron los tragos uno tras otro y los platos se vaciaron enseguida, al tiempo que de fondo sonaba la música de la Radio de la Mer. El grupo se trasladó entonces hacia el balcón que daba a la calle Corrientes, excepto por el “Puma” y el “Gusano” que se retiraron al dormitorio principal donde se acostaron.

 Después de tener relaciones sexuales durante más de una hora, Anëlcka y su joven acompañante salieron del dormitorio en momentos en que Dómenech, cansado de estar solo y encerrado, salía de su habitación para sumarse a la fiesta. El encuentro en el pasillo que conectaba las piezas con el living comedor fue tremendo. El “Puma” y el entrenador se quedaron estáticos por unos instantes, sin entender pero sin sacar la mirada el uno del otro, mientras que el “Gusano”, temerosa, se dirigió al balcón donde estaba el resto de sus amigos.

 “¡Traitre!”, gritó el delantero francés, tras lo cuál, empezó a empujar a Dómenech hacia el living comedor, donde se presentaron Milos y Kareem, alertados por el insulto.

 En un primer momento, los anfitriones intercedieron para calmar los ánimos y propusieron un diálogo, a lo que los dos enemistados accedieron, aunque de mala gana. Así fue que todos los hombres se sentaron a la mesa mientras las chicas permanecieron en el balcón, de festejo.

 Una vez sentado, Dómenech sacó su mazo de cartas y las desplegó, por enésima vea en la noche, sobre la mesa para buscar respuesta y soluciones para aquella situación incómoda. Después de tirar los primeros naipes, ante la mirada expectante de Anëlcka, Kareem y Milos, el entrenador, con sus ojos ocultos detrás de sus lentes de armazón grueso y de color negro, le dijo al “Puma” que debía dejar de preocuparse por lo ocurrido en el Mundial ya que ahora tenía una nueva y mayor responsabilidad: hacerse cargo del niño que iba a tener con el “Gusano”, que acaba de quedar embarazada.

 El “Puma”, desencajado, se puso de pie, tomó las cartas de Dómenech y las arrojó por el aire. “¡Va te faire enculer, sale fils de pute!”, insultó el atacante francés a su ex técnico que, asustado, comenzó a retroceder sobre sus pasos hasta quedar parado en el balcón, entre su enemigo y el barandal.

 “¡Excusez moi!”, fue lo último que dijo Dómenech antes de caer al vacío empujado por el "Puma” desenfrenado y delante de todos los participantes de la fiesta…

El Síndrome de Gourcúff: IV

 Al arribar a la casona de la calle Corrientes, Kareem y Anëlcka ya no se encontraban en el lugar. Es que habían ido al supermercado a comprar unos buenos tintos para acompañar los exquisitos quesos que el “Puma” había traído de Francia. También compraron salmón ahumado y arenque para comer durante la fiesta.

 Por su parte, Dómenech se retiró de inmediato a descansar a la habitación que le habían reservado sus anfitriones y donde pudo distenderse del largo viaje “tirando” un rato las cartas sobre la cama, a la espera de la llegada de Kareem, a quien le debía una disculpa por haberlo dejado fuera del Mundial. El entrenador había puesto todas sus fichas en Anëlcka para ocupar la misma posición que el delantero del "merengue" pero el “Puma” lo había defraudado.

 Apenas nuestro amigo francés llegó a la casona se aseguró de que Milos entretuviera a Anëlcka hasta que llegaran las chicas mientras que él fue verlo a Dómenech a la habitación. Allí, encontró a su ex entrenador sentado en un rincón del dormitorio junto a un escritorio donde desplegaba su mazo, lo recogía, mezclaba y volvía a “tirar”. Al ver aquella situación no quiso molestarlo, por lo que lo dejó solo y fue al encuentro del “puma”, Milos y el recién llegado Cap. Klinec, quien estaba ansioso de que llegaran los “Matambritos”…