IV


 El peronismo redujo la extranjerización de la industria pero ello no implicó una disminución del control foráneo en la producción local porque estos agentes externos dominaban los sectores más importantes, una tendencia que había comenzado a principios del Siglo XX.

 En 1909 ya existían en el país las empresas extranjeras y si bien representaban el 1,3% del capital radicado en Argentina, controlaban sectores claves en el modelo agro exportador como la frigorífica, a través de la firma Swift, la producción de tanino y los talleres ferroviarios.

 Luego, en la década del 20´, se incrementó la radicación de empresas extranjeras, filiales de sus casas matrices, cuyos bienes producidos estuvieron destinados al abastecimiento del mercado interno. Este fue el caso de empresas como Bayer, Ducilo y Chiclets Adams, entre otras.

 Ya en los 30´, hubo un nuevo contexto marcado por la protección arancelaria y restricciones al mercado cambiario que impulsaron la industrialización sustentada en la sustitución de importaciones. En aquel entonces,  el capital extranjero controlaba el 50% del capital industrial, aunque empezaron a surgir las medianas y pequeñas industrias locales que quedaban subordinadas a las otras.

 Durante los primeros años peronistas, la burguesía nacional se expresó, principalmente, en la industria textil y metalúrgica, y terminó por constituir la Confederación General Económica (CGE) que generalmente se opuso a las reivindicaciones de la Unión Industrial Argentina UIA).

 En este puso, cabe mencionar que dentro de la división entre firmas extranjeras y nacionales, hubo una subdivisión. Por un lado, las empresas extranjeras que se radicaron en Argentina a fines del Siglo XIX y que se integraron con la clase local en términos sociales y económicos. Fueron grupos familiares, como Bunge & Born, que tuvieron una presencia destacada en la propiedad y producción agropecuaria pampeana y extra pampeana. Este grupo se destacó por su diversidad de actividades.

 Por el otro lado, dentro de los capitales locales se constituyó un sector vinculado a la oligarquía pampeana y que también tuvo una fuerte diversidad de actividades y una estrecha relación con el poder político.

 En un tercer lugar, se encontraron algunos capitales locales estrechamente enlazados a capitales extranjeros de carácter financiero o de antigua data en Argentina como Alpargatas, relacionada con el grupo Roberts. Estos conformaron la oligarquía diversificada.

 En los 30´, esta fracción tuvo una significativa influencia dentro de las grandes firmas industriales de la época. Y en los 40´, fue este sector de la oligarquía, ante el agotamiento del modelo agro exportador, la alternativa industrial exportadora que planteó el Plan Pinedo en 1938. A diferencia de Perón que luego impulsó una industrialización volcada a abastecer el mercado interno, no la exportación.

 Las políticas del primer gobierno peronista derivaron también en una histórica desconcentración de la propiedad pampeana y, por ende, en un resentimiento de los terratenientes de ese sector a raíz de la misma..

 "Todo parece indicar que la expansión de empresas de capital local se acentuó durante los primeros años del gobierno peronista pero el fenómeno central es que muchas de ellas devinieron en grandes firmas oligopólicas que disputaron el control de diversas producciones con las otras fracciones empresariales", sostiene Basualdo.

III

 En los primeros años del peronismo, la Argentina exhibía una holgada posición acreedora con el resto del mundo pero una parte significativa no estaba disponible por la insolvencia del principal deudor, Inglaterra, golpeada por la Segunda Guerra Mundial. Así, la abrupta reducción del activo entre 1946 y 1948 se dio por una disminución de las reservas más que por el incremento de la deuda, por lo que la nacionalización de los ferrocarriles estuvo encaminada a solucionar la diferencia económica con los ingleses.

 Desde 1948 en adelante, decreció el saldo entre los activos y pasivos del Banco Central, por la deuda contraída por el sector público con los países centrales, a lo que se sumó el saldo negativo de la balanza comercial por el estancamiento de las exportaciones agropecuarias, principalmente, y la importación de insumos para la industrial local.

 Se trató de un “típico estrangulamiento” en la balanza de pagos de esta “etapa de industrialización sustentada en la sustitución de importaciones”.

 Para algunos autores, el error mayor fue cometido en los años 46-48 al no utilizar las reservas de divisas iniciales y los ingresos adicionales de exportación para renovar y aumentar el capital de los sectores de transporte, energía, acero e industrias pesadas, para evitar ese “estrangulamiento”.

 Entonces, el gobierno peronista trató de solucionar el problema de la profundización de la industrialización en los 50´, mediante la Ley sobre las inversiones extranjeras y la negociación con capitales extranjeros para la explotación petrolífera.

II

El proceso que terminó abrupta y violentamente en 1955 tuvo como eje central el desarrollo económico interno,principalmente, a través del fortalecimiento de la industria en detrimento de la agro exportación. De esta manera, aumentó la participación de los trabajadores en el ingreso generado anualmente.

 Específicamente entre el 45´ y 48´, se cuadruplicaron las importaciones y el Producto bruto Interno (PBI) creció un 28%. A esto se le sumó que las exportaciones, la disponibilidad real de bienes y servicios creció un 45% en esos tres años.

 En 1945 se creó el Banco Industrial y se constituyeron y fortalecieron las empresas estatales como Fabricaciones Militares (FM), la siderúrgica Somisa, entre otras.También en ese mismo año se sancionó la Ley de Asociaciones Profesionales, lo que permitió la expansión y fortalecimiento de los sindicatos en la sociedad argentina.

 Se incrementó no sólo el salario real sino también la ocupación de mano de obra. Y algunos autores consideraron que un factor que impidió el salto cualitativo de la producción industrial y la modernización de la infraestructura fue la Segunda Guerra Mundial.

 Durante la posguerra, dada la fuerte demanda extranjera, cualquier aumento del consumo implicaba una reducción idéntica de los ingresos de divisas. Aún así, en 1945 el PBI era un 16% más que en 1948.

 Además, dentro de la composición industrial, hubo un notorio avance en la metalmecánica, como la producción de heladeras. En ese marco, se duplicaron los establecimientos del rubro que superó a la industria alimentaria y textil.

 A esto se le sumó una profunda intervención del Estado, lo que permitió concretar una significativa redistribución de la renta agropecuaria. Esta acentuación se expresó en el sector financiero a partir de la nacionalización de los depósitos bancarios por parte del Banco Central, la asignación de créditos con descuentos la creación del Banco Hipotecario, etc. Y se dio en el comercio exterior con la creación del Instituto Argentino para la promoción del Intercambio (IAPI).

Los primeros gobiernos peronistas y el país industrial*


I

 La irrupción del Peronismo en 1945 puso fin al modelo agroexportador que se había desarrollado en la denominada "Década infame” de los 30´. Este movimiento modificó las relaciones sociales con un Estado que impulsó la industrialización, a partir de la cuál surgió una burguesía nacional. En esta nueva matriz social se va a dar un enfrentamiento de la clase trabajadora y el empresariado nacional con el capital extranjero y una facción de la oligarquía agroexportadora.

 En se sentido, cabe recordar que los colapsos económicos y sociales en el país fueron el resultado de treinta años de dictaduras militares que interrumpieron ese proceso de industrialización, basándose en la acumulación de capital y la internacionalización financiera en beneficio de acreedores externos y una fracción de la oligarquía pampeana. Pero una vez llegada la restauración constitucional, a partir de 1983, este proceso fue convalidado por los gobiernos radicales y peronistas.

 Para revertir esta situación se necesita de un estado que impulse la redistribución de la riqueza y la re industrialización del país.

*Basado en un texto de Eduardo Basualdo

XII

 Pasaron 33 días desde que se hizo contacto con los 33 mineros atrapados a 700 metros de profundidad y cuatro partidos en los que el albinaranja cosechó dos triunfos, un empate y una sola derrota. También hubo de por medio un fin de semana largo por el feriado del Día de la Raza, por lo que el martes que arrancó el rescate final, Franklin estaba descansado y relajado.

 En cambio, el estado de ánimo de Don Manuel era bastante distinto, ya que si bien inspiraba confianza y seguridad, por dentro estaba tenso y con algo de miedo. Es que con Lucho fueron los primeros en poner a prueba el plan maestro: bajar en una especie de jaula capaz de ser resistir al especio exterior por el túnel que se había perforado en poco más de un mes.

 Ese compartimiento diseñado por los ingenieros más brillantes de la NASA era más pequeño que una cabina telefónica por lo que Don Manuel casi ni se podía mover más que para abrir y cerrar la puerta del mismo, en cuya base y techo tenía una cámara de video que registraba el paso a paso por el túnel y lo re transmitía a todo el mundo a través de los canales de televisión.

 En la superficie, donde las luces de las cámaras de los reporteros convertían una noche cerrada en un día brillante, Franklin y su amigo del Deportes vieron, junto a las cientos de personas que estaban en la mina y el campamento, cómo el primer rescatista desapareció lentamente dentro de la Tierra.

- ¿Sabías que Manuel jugó contra El Mortero?- inquirió Franklin en voz baja para no romper la tensión del silencio que reinaba en el lugar, donde el Presidente de la nación había llevado a su esposa a presenciar el milagro, a pesar del frío seco.

- Si, sabía. Creo que hoy salió en todos los diarios. Fue hace como 25 años.
- ¡Cómo pasa el tiempo!- expresó Franklin con mucha razón, ya el tiempo fue la esencia de toda la jornada que tuvieron por delante, ya que El Mortero recién salió a la superficie a las 19.18 del día siguiente, en el orden 27.

 “¡Fue el partido más difícil de mi vida”, sostuvo la ex estrella del fútbol local luego de abrazarse con su hija, que le había llevado la plaqueta que le habían entregado en el partido entre el albinarajas y Los Azules y una pelota de fútbol con la que pateó unos momentos junto al presidente, ante la aclamación del público.

 En esa ocasión, Franklin no pudo ni acercarse a su ídolo pero no le importó. Se secó las lágrimas y esa misma noche regresó a su casa. Al día siguiente volvió a entrenar y el domingo rindió su homenaje al Mortero, jugando un partidazo en la victoria de su equipo, del equipo de toda la ciudad, ante Los Estudiantiles. Fue un triunfo redondo, absoluto.

AA
diciembre 2010

XI

El lunes el proceso de hidratación y alimentación de los mineros funcionaba a pleno ya que durante la noche del domingo los rescatistas se habían dedicado a entubar el hoyo de tan sólo 8 centímetros de diámetro por el que iba y venía la sonda a través de la cuál se enviaban las dosis de agua con glucosa para mantener a los 33 con vida hasta poder finalmente sacarlos de la profundidad de la piedra que ahora no parecía tan inexpugnable como antes a pesar de seguir cerrada. Es que la tecnología permitía a los mineros contactarse por medio de una pequeña cámara de video y audio, y luego los medios de comunicación lo difundían por todo el mundo.

 Las imágenes de los mineros con el torso desnudo, debido a la temperatura del refugio, de entre 32 y 36 grados, recorrieron el planeta y llenaron los portales en Internet, los diarios, revistas, pantallas y frecuencias de radio.

 Por su parte, Franklin había permanecido en el campamento hasta que en la madrugada se agotaron las bebidas para brindar y junto a su amigo del Deportes regresaron al pueblo para seguir de festejo en las calles, que parecían un carnaval. De todos modos, tanto los chicos como el resto de los ciudadanos sabían muy bien que el rescate final se iba a demorar unos meses más.

- Estaría bueno no quedarse al terminar el cuarto medio y tratar de llegar a la Universidad, ¿no? – dijo el Caquito a su amigo, mientras ambos seguían sentados en un banco de la plaza principal bañada por la primera luz de la mañana pero desierta porque casi toda la gente se había retirado para prepararse y retomar la actividad cotidiana de la semana.

- Sería ideal. Así no terminamos como El Mortero- respondió el muchacho con lágrimas en sus ojos, un poco por la emoción de las buenas noticias, otro por el alcohol que aún permanecía en su cuerpo y acentuaba el cansancio.

- ¿Contra quién juegan el fin de semana que viene?

- Ni idea, ¿y ustedes?

- El sábado nos tocan Los Cruzados, pero en El Cobre. Así que va a ser una fiesta.

 Y Franklin tuvo razón, aquel domingo, mientras los centenares de expertos nacionales e internacionales avanzaban en el rescate final de los mineros, los albinaranjas obtuvieron un notable triunfo por 3-1 y se lo dedicaron al Mortero. Pero el club homenajeó oficialmente a su ídolo la semana siguiente, cuando en el entretiempo ante Los Azules entregó una plaqueta a su hija mayor. “Estoy muy agradecida. En la mina esta mi hermana y yo podría haber estado en la conversación con él, pero preferí estar acá porque todo esto va a ser mostrado a mi papá, las notas y saludos que se están grabando”, expresó la joven, hincha de la visita de turno, al igual que el resto de la familia. Y para redondear la jornada, Los Azules terminaron ganando 2-1. Aunque el ídolo siempre había tenido el corazón dividido.

X

La tarde del domingo era un cuadro vivo. El sol brillaba con fuerza y el cielo estaba totalmente despejado. No había mucho viento, también, por lo que la jornada se prestaba de manera ideal para jugar al fútbol ante Los Tigres y en El teniente. Cerca de las 15, cuando los jugadores albinaranajas estaban llegando al estadio se enteraron por radio que la sonda más avanzada había llegado al refugio y que un operario había retirado la perforadora que tenía adherida un trozo de papel y una carta. Además, el rescatista había escuchado gritos.

 Si la ansiedad atravesó los cuerpos entrenados de los futbolistas, incluso el de Franklin, en el campamento la histeria fue decididamente colectiva, pero unos tenían que afrontar el partido y los otros aguardan la versión oficial sobre lo descubierto, por lo que no podían dejarse asaltar por la emoción.

 Pero a los 10 minutos de confirmada esa noticia, la radio informó: “El Presidente se reunió con los familiares y ahora realizaría una conferencia de prensa en compañía del ministro del Interior y del ministro de Minería”.

 Franklin, ya sentado en el vestuario junto a sus compañeros, no había alcanzado a vendarse un tobillo cuando desde el radiotransmisor portátil del utilero se escuchó la confirmación de boca del presidente: “Esto salió de lo más profundo de nuestra mina y nos dice que los mineros están esperando volver a ver la luz del sol y abrazar a los familiares”.

 En ese momento, el locutor precisó que en las imágenes de televisión se veía en ese preciso momento al mandatario sostener un trozo de papel escrito en rojo que decía: “Estamos bien en el refugio, los 33”. Eran las 15.17.

 Los jugadores explotaron de júbilo, como si ya hubieran ganado el torneo, y eso que todavía faltaba casi una hora para que la pelota empezara a rodar. Mientras tanto, en las calles del país la gente salió a festejar la noticia, cantó el himno, hizo sonar las bocinas de sus autos y se reunión en las plazas, donde hicieron flamear la bandera patria.

 Minutos después, el plantel se reorganizó y comenzó la entrada en calor, al tiempo que los funcionarios informaban que ya habían bajado una cámara de video al refugio para tener contacto visual con los mineros y que luego comenzarían con el rescate final, que demoraría entre tres y cuatro meses.

 “Ya está. Lo peor ya pasó. Ahora hay que ganar el partido”, le decía el entrenador a sus dirigidos que salieron a la cancha revitalizados por el milagro de los mineros y de entrada se pusieron 1-0.

 A los 37 minutos de juego, pero a cientos de kilómetros de allí, el Presidente entregaba a Liliana la carta de su marido que había sido extraída del refugio. “Estoy bien, gracias a Dios. Espero salir pronto, paciencia y fe. Dios es grande y con la ayuda de mi Dios vamos a lograr salir con vida de esta mina, aunque tengamos que esperar meses para la comunicación”, señaló la misiva.

 Los festejos de los albinaranjas por el triunfo final se mezcló con el de todos los habitantes del país que durante toda la tarde y hasta muy entrada la noche siguieron pegados a sus televisores viendo cómo la sonda había bajado la cámara de video y los mineros se mostraban enteros y en buen estado de salud y anímico.

IX

Franklin no se movió del campamento en toda la semana salvo para ir a entrenar de cara al partido frente a Los Tigres, una peligrosa visita, sobre todo, a partir de la extrema necesidad de volver a sumar puntos. Sus padres le habían sugerido que debía descansar mejor y para ello, lo ideal era quedarse en su cama, en vez de dormir todas las noches en un campamento en medio del desierto en donde lo único que abundaba era la angustia. Pero él quiso estar junto a los familiares de los atrapados, quienes, por entonces, se reunían diariamente con el ministro de Minería para que éste les diera personalmente las novedades.

 Pero ese viernes, el funcionario los invitó a pasar el cordón de seguridad y ver de cerca cómo trabajaban las máquinas. Había una razón fundamental para aquel cambio en el trato: una de las nueve sondas había avanzado hasta los 670 metros de profundidad y quedado a sólo 30 de donde supuestamente se encontraba el refugio en el que se esperaba que lo mineros estuviesen a resguardo. Esta noticia renovó las esperanzas de los parientes, que aplaudieron y se abrazaron con alegría, aunque el ministro nunca perdió su cautela y aclaró que podrían tardar más de un día en llegar a los 700 metros, debido a potenciales inconvenientes con la dura topografía del yacimiento.

 Al regresar del campamento, Franklin se topó con los rostros contentos de los familiares y le preguntó a su amigo del Deportes que había pasado.

- Estamos a un día de llegar al refugio, Caquito.

- ¡Qué bueno!- expresó el joven del albinaranja abrazando a su colega que seguía temblando de la emoción.

 Mientras tanto, los médicos, paramédicos, enfermeros, nutricionistas, sicólogos y otros expertos afinaban sus instrumentos esperando el momento de comunicarse con los mineros. Ya estaban listos los tubos de oxígeno, con capacidad para 20 inhalaciones; el alimento, que se basaba en un gel regenerador de tejidos e hidratante; y las fichas clínicas de cada uno de los 33.

 Tras escuchar las buenas noticias, Franklin se fue al entrenamiento vespertino, ya que ese día el cuerpo técnico había decidido hacer doble turno para llegar de la mejor forma al choque del domingo. La esperanza que el joven llevaba consigo también se percibió entre todos los presentes en el predio del Cobre.

 Al finalizar la práctica, el muchacho regresó a su casa para dejar el bolso y luego dirigirse al yacimiento pero como ya era de noche, su padre le ordenó que por esta vez se quedara en su habitación, descansando. Pero el hijo quería volver a la mina porque no quería perderse el momento en que se contactaran con el refugio subterráneo.

 Pero la discusión quedó trunca cuando el Presidente de la Nación hablo por televisión y con sumo pesar anunció que la sonda más avanzada había fracasado en su intento por llegar a los mineros.

 Franklin y sus padres permanecieron mudos delante del televisor escuchando como la perforadora se había desviado y llegado a 730 metros de profundidad sin dar en el blanco ya que cada grado de desviación de la máquina era entre 10 y 14 metros de diferencia.

 Sin embargo, los funcionarios del gobierno trataron de ver el lado positivo de la citación resaltando que las sondas estaban funcionando y que sólo necesitaban un pequeño ajuste. Por el otro lado, culparon a la empresa explotadora del yacimiento de haber aportado mapas imprecisos.

 “¡Y claro! Si esa mina tiene 120 años de antigüedad- señaló el padre de Franklin apagando el televisor y luego dejó caer su encorvado cuerpo sobre el sillón, mientras su esposa ya se había retirado a su habitación y su hijo permanecía parado, a su lado. “Va a ser mejor que vayas a dormir. Ya no hay más nada que esperar por hoy. El domingo es un día muy importante”, concluyó.

VIII

El recuerdo de la derrota del domingo aún estaba fresco en su memoria. Franklin recordaba como El Cobre se había vuelto un hierro frío y oscuro tras el 0-1 ante Los Zorros del Desierto cuando el lunes decidió viajar hacia la mina, ya que desde hacía varios días que no lo hacía y quería tener noticias sobre el rescate. Luego del partido había escuchado que las perforadoras traídas desde los estados Unidos y Australia ya habían cavado hasta los 400 y 500 metros.

“El contacto con los mineros podría ser hoy o mañana”, pensó el joven, entusiasmado, antes de salir hacia el yacimiento donde ya sumaban casi 1.000 los voluntarios dedicados a las tareas de rescate y de asistencia a las máquinas, más utilizadas en los pozos de petróleo pero altamente precisas y capaces de calibrar y corregir el rumbo de la perforación en el mismo momento en que se produce.

Al arribar al yacimiento, “el caquito” primero pasó por el campamento para verse con su amigo del Deportes que le indicó que mejor iba a ser ir hasta el perímetro y esperar a Lucho, que iba a llevarles información más precisa. Pero Luís no apareció ya que estaba ocupado, por lo que el encargado de saltar el cordón de seguridad para hablar con los familiares y periodistas fue el ministro de Minería.

El funcionario tuvo que ser el canal de comunicación de la última mala noticia: una roca de 135 metros de largo y 700 mil toneladas estaba obstaculizando el sondaje por lo que los técnicos, ante el temor de nuevos derrumbes, decidieron suspender las perforaciones hasta corregir definitivamente el rumbo que debían tomar las máquinas. D esta manera, el contacto con los mineros iba a demorar más días.

- ¡La geología del cerro y la conchetumadre!- expresó Franklin luego de escuchar al ministro y mientras regresaba junto a su amigo hasta el campamento.

- No te sale una caquito: ayer perdieron, hoy venís y se suspende el rescate. Mejor quedate en tu casa.

- Y va a ser mejor, ¿no?- respondió el joven futbolista, sumándose a la broma de su amigo, acostumbrado a perder más seguido.

En cambio, otros familiares en el campamento ya empezaban a llorar desconsoladamente porque los días pasaban y no había noticias sobre las víctimas. “Aunque sea queremos saber si están vivos”, se le alcanzó a escuchar a una mujer, entre lágrimas, y con la voz casi quebrada.

VII

Franklin no lo podía creer. No podía salir de su asombro. Es que el empresario multimillonario devenido poco meses atrás a Presidente de la Nación se encontraba ese martes por segunda vez desde producido el derrumbe en la “ciudad de la copa de oro”. Mientras las perforadoras seguían descendiendo por el durísimo suelo de la mina en procura de hacer contacto con las víctimas, el primer mandatario se volvió a reunir con los familiares de los mineros.

 “Esperamos resultado en tres días, como mínimo”, señaló el presidente en una conferencia de prensa a la que asistió todo el pueblo, incluido el joven Franklin, que ni siquiera se había bañado tras el entrenamiento para poder llegar a tiempo. Sólo faltaron los más estoicos de los parientes de los mineros, que no se movían del campamento levantado junto al yacimiento de cobre.

 ¡¿Cómo iba este joven a pensar en el compromiso del fin de semana ante los zorros del desierto en El Cobre si el presidente estaba hablando de pedir ayuda a los países del primer Mundo y llevar a la mina a los máximos expertos en la materia?!

 “Estamos haciendo todo lo humanamente posible pero también está en manos de Dios”, aseguró la máxima autoridad del gobierno al concluir con la conferencia, tras la cuál partió junto a los familiares hacia el yacimiento, para seguir de cerca las tareas de rescate.

 Fue una larga caravana vehicular la que es tarde partió desde el centro del pueblo hasta la mina y el joven Franklin, a pesar del cansancio, no se la perdió. Además, ya no trabajaba como repositor en el mercado porque su dueña le había dicho que hasta que no se solucionara esta crisis no podía pagarle. El muchacho se quejó poco porque entendió la situación de aquella pobre mujer tenía a un primo bajo tierra y que pasaba muchas horas yendo y viniendo de la mina.

 Al llegar al campamento, entre la muchedumbre que recibió al presidente, Franklin se encontró con su amigo del Deportes, que estaba acompañado por Lucho, que se había tomado un recreo en las tareas de rescate.

- ¿Alguna novedad?- preguntó el recién llegado.

- Seguimos trabajando caquito. Hay que tener paciencia- respondió el bombero, en cuyo rostro comenzaba a dibujarse el cansancio y la frustración.

 Los tres se sentaron sobre las piedras para escuchar a lo lejos nuevas declaraciones del presidente, acompañado por el ministro de Minería, que le había comentado las últimas novedades sobre el avance en la sonda y la recuperación de la rampa de ingreso a la mina.

 - Me vuelvo con vos Lucho- dijo Franklin apenas la comitiva gubernamental se despidió del yacimiento prometiendo quintuplicar el presupuesto del año siguiente destinado a minería, en la que se empleaban más de 12 mil personas en todo el país.

- No caquito. Hoy no me vuelvo. Me quedo porque mañana es el Día del Minero.

- Es cierto. Me había olvidado. Entonces yo también me quedo.

 Y así fue que los tres pasaron la noche en el campamento, junto a los familiares de los mineros y los más de 200 rescatistas que continuaban con sus tareas contrarreloj.

VI

El pueblo estaba consternado, demasiado para levantarse para ir a trabajar. Por lo que el lunes, Franklin, en su día libre de entrenamiento, se dirigió a la mina, para seguir de cerca las tareas de rescate. Su amigo del Deportes había pasado la noche allí, una vez más, y cuando se lo encontró, éste se lavaba la cara en una palangana a un costado de la carpa. De fondo, se escuchaban discusiones y grupos de gente reunida en distintos puntos del campamento.

- ¡Qué es lo que pasa?

- Pasa que hay muchas personas enojadas, sobre todos los familiares, Caquito- respondió el amigo secándose el rostro mal dormido y arrugado por el frío de la oscuridad con una vieja toalla.

- ¿Pero por qué están tan enojados?

- Porque los dueños de la mina casi no dan información sobre lo que va pasando y, encima, ni siquiera se hacen cargos de los viáticos. Y hay mucha gente que viene desde lejos.

- Claro. Yo, por suerte, hoy me vine gratis. Me trajo Lucho.

- ¿El bombero?

- Si, ése mismo. Lo convocaron como rescatista.

 Franklin le dijo a su amigo que Lucho le había contado que el rescate estaba en su “Plan B”, en el que formaban terrazas para luego hacer perforaciones de entre cuatro y cinco centímetros de diámetro por las que enviaban la sonda para tratar de comunicarse con las víctimas. Además, el rescatista le comentó que el sábado había bajado a la mina y confirmó que el derrumbe se había producido en la parte sur y no en la norte, donde estaba el refugio donde estarían los mineros. Y lo más importante, le precisó que en ese sector hay un depósito de 5.000 litros de agua.

 Mientras los amigos charlaban, otros familiares estaban reunidos con funcionarios gubernamentales que eran extremadamente cautos y hablaban de plazos muy largos, aunque los rescatistas esperaban poder contactarse con los mineros atrapados mediante el sondaje en las siguientes 48 horas, demasiado optimistas

V

Franklin volvía la noche del domingo masticando bronca por el pobre empate pero más dolido aún por las palabras del presidente de la Nación que, mientras ellos jugaban, se había reunido con un grupo de familiares de los mineros en la ciudad cabecera del departamento norte, a unos 800 kilómetros de la capital del país. Mientras tanto, otros 200 parientes directos de las víctimas seguían agrandando el campamento de la esperanza, junto al yacimiento. “No es fácil”, había asegurado el primer mandatario al pueblo. “No los vamos a dejar solos. Estaremos junto a ellos y vamos a hacer todo lo humanamente posible para rescatarlos o intentar rescatarlos con vida”, afirmó.

 Por otro lado, el presidente y el ministro de Minería adelantaron que, tras el fracaso de acceder por el conducto principal de ventilación de la mina, se iniciaban las tareas de “sondaje”, que consistía en una perforación en la tierra apenas ancha para que pase una sonda y permita bajar hasta donde estaban atrapados los mineros y tratar de comunicarse con ellos.

 - ¿Y eso cuánto puede tardar?- preguntó Franklin a un compañero que escuchaba las noticias en la radio, a través de su reproductor de MP3 y le comentaba la novedad.

 - Dicen que varios días, hasta semanas, así que el rescate va a durar mucho más- respondió el muchacho sacándose los auriculares y apoyando la cabeza en el respaldo del asiento del micro que los regresaba a la ciudad de la Copa de Oro.- Lo importante aquí es que el presidente está diciendo que se van a hacer todas las investigaciones necesarias.

 - Y ahí puede quedar comprometida la empresa minera…

 - Esperemos.

 Cuando el plantel albinaranja llegó a la sede del club, en el yacimiento ya trabajan en el sondaje cuatro de las siete máquinas con capacidad para perforar entre 50 y 100 metros por día, dependiendo del tipo de roca que encontraran en el camino. Apenas los hierros penetraron el duro suelo, los familiares aplaudieron para liberar parte de su enorme angustia. “Es peor no saber nada que tener que enfrentar la mala noticia que todos esperamos”, dijo el padre de Franklin a su hijo recién llegado al hogar. Sentado frente al televisor, mirando el noticiero, el hombre i siquiera le preguntó por los detalles del partido. A esas alturas ya no importaba otra cosa.

IV

Los familiares de los mineros atrapados siguieron llegando al yacimiento durante toda la noche, en la que nadie durmió. Estos desahuciados montaron sus carpas en las proximidades con la clara intención de quedarse hasta las últimas consecuencias, sin negociar su esperanza. Franklin, por su parte, permaneció en la tienda de su amigo del Deportes, siguiendo de cerca las tareas de los rescatistas, que iba y venía de un sector a otro, con distintas herramientas y equipos.

 Durante casi todo el sábado, los expertos trataron de llegar hasta los mineros a través de la chimenea principal del conducto de ventilación. Cuando parecía que ese plan comenzaba a funcionar, el rescate volvió a fojas cero. Por la tarde, cuando había empezado a oscurecer, apenas después de que “El Caquito” emprendiera el regreso a su casa para poder descansar para el partido del día siguiente, se escucharon gritos y una nube de polvo se elevó desde la entrada de la mina, sembrando más sombras: un nuevo derrumbe acaba de obstruir por completo el ducto. “Tenemos la ruta más fácil y más lógica, bloqueada. El ingreso por la chimenea ya no es una opción. Tenemos alternativas técnicas, pero son mucho más complejas. Las probabilidades hoy día son más escasas de las que eran ayer”, reconoció entonces el ministro de Minería.

 Mientras Franklin llegaba a su domicilio donde su padre se encargó de darles las malas nuevas, el presidente de la Nación arribaba desde el país vecino donde había participado de una cumbre regional y, a través de la Cadena Nacional, envió el siguiente mensaje: “Hemos hecho lo humanamente posible para rescatarlos con vida. Pero a estas alturas ya no es solamente un tema de los hombres, estamos en las manos de Dios. He decidido regresar para estar cerca de ellos y de sus familias”.

 - Lo bueno, hijo, es que hasta el propio presidente está tomando cartas en el asunto- expresó el padre de Franklin, mientras el chico seguía con su vista clavada en el televisor.

 - No sé, papá. Esto parece una misión imposible.

 - Bueno, tranquilo. Mejor, andá a descansar que mañana hay que salir temprano para ir a jugar.

 El padre de Franklin tenía razón, el chico debía viajar el domingo hasta la Capital para defender a Los Legionarios de Los Bohemios.

III

El “Caquito” no podía quedarse en su casa, sin hacer nada, mientras su ídolo peleaba por su vida y los vecinos del barrio se solidarizaban con el resto de los 32 mineros que también habían quedado atrapados tras el derrumbe. Así que le dijo a su padre que no se quedaba a cenar y que iba a ir a buscar a su amigo del “Deportes” para ir juntos hasta el yacimiento y ver de cerca lo sucedido. Y, de ser posible, ayudar en lo que fuere.

 La madre del chico se opuso débilmente, por lo que Franklin abandonó su casa, sin importar el cansancio que pesaba sobre sus piernas y la mirada de su papá, que mezclaba desacuerdo y complicidad casi en porciones iguales.

 Nuestro héroe corrió hasta la casa de su amigo, donde la madre de éste le dijo que ya se había ido a la parada de colectivos, porque la línea había dispuesto un micro gratis para ir hasta la mina. Así que corrió lo más rápido que pudo hasta la terminal donde casi se tuvo que colgar de la puerta para poder abordar el transporte, que ya había arrancado.

 El destartalado colectivo recorrió los 30 kilómetros entre caminos de tierra que subían y bajaban, rodeados por grandes piedras que apenas se veían por la espesa nube de polvo que se levantaba con el paso de la gran cantidad de vehículos que se dirigían hacia el mismo destino. Había autos importados, último modelo, por lo que Franklin sospechó que se trataba de un hecho grave y que había mucha gente importante interesada.

 Al llegar a la mina, la oscuridad de la noche dominaba la escena, en la que actuaban cientos de personas entre rescatistas, bomberos, policías, médicos, funcionarios de distintas áreas de Gobierno, etc. También estaban los primeros periodistas, de los medios locales, que entrevistaban a la intendenta de la región. “El derrumbe se generó en un sector en que hay un refugio que cuenta con los elementos básicos y necesarios para que la gente pueda estar durante un tiempo”, sostuvo la mandataria regional.

 “No podemos hablar de víctimas todavía, la información que tenemos es que están atrapados, pero no tenemos ninguna información concreta del estado en que se encuentran. Esperamos que estén bien porque debieran estar en el refugio”, agregó la intendenta, al tiempo que Franklin y su amigo permanecían parados detrás de los reporteros, tratando de escuchar para tratara de entender semejante despliegue.

 Mientras tanto, del otro lado del cordón de seguridad, lejos de los curiosos, los organismos técnicos, en especial, los de Minería, ya se encontraban efectuando las tareas para rescatar a los 33 mineros que permanecían a unos 7 kilómetros de la superficie, entre ellos, “El Caqui”.

 La rampa principal a la mina estaba totalmente obstruida, por lo que los rescatistas habían ingresado por los ductos de ventilación sanos para reparar los dañados y tratar de lograr algún contacto con el refugio. Los expertos ya consideraban que el trabajo iba a ser largo y duro, por lo que habían dispuesto un equipo de psicólogos para asistir y contener a los familiares de las víctimas que no paraban de llegar al lugar, mucho de ellos, conocidos de Franklin.

 "Ahí escuché a uno de Minería que decía que el refugio es de unos cincuenta metros cuadrados y tiene comida, agua, ropa para más de 35 personas durante dos o tres días, como mínimo. Así que van a estar bien. Quédese tranquila”, le dijo el joven a una señora que vivía a unas cuadras de su casa y todos los días atendía con suma tranquilidad su ferretería pero que ahora estaba completamente angustiada porque su marido estaba atrapado, vaya a saber por cuánto tiempo, ya que los expertos comenzaban a hablar de un rescate que iba a ser largo y difícil.

II

La ciudad de la “Copa de Oro” se desplegaba de norte a sur, en medio de un valle transversal, Históricamente había estado delimitada por los cerros y el río, pero el escenario había cambiado en los últimos años ya que cada vez más gente se asentaba del otro lado de las aguas. La terminal estaba ubicada en los sectores altos, cerca del centro histórico.

 Apenas bajó del micro, Franklin se encontró con un amigo que jugaba al fútbol en “El Deportes”, que a diferencia de su equipo, militaba en la Primera B y su máximo logro había sido ocho años antes, con la obtención del torneo de tercera.

- ¡Ey, Caquito!- le gritó el muchacho al pasarle corriendo por al lado.

- ¡¿Qué pasa?!- preguntó Franklin corriendo detrás pero sin poder alcanzarlo.

- ¡Hubo un derrumbe en la mina!- exclamó el otro muchacho a la distancia y luego siguió su camino.

 Franklin se quedó preocupado porque si bien era habitual que la mina se pusiera a “llorar”, no lo era esta reacción desenfrenada de la gente del pueblo, por lo que emprendió rápidamente la caminata hasta su casa, en El Alto, para preguntarle a sus padres qué había sucedido exactamente.

 Él y su familia siempre habían vivido en ese barrio nombrado no por la altura del terreno que, de hecho, era todo lo opuesto, al igual que el status de sus habitantes. En el trayecto hasta allí, Franklin recordó cuando a principios de año, los más de 125 mil habitantes de todo el pueblo habían vibrado con el paso del Rally Dakar, pero ahora eran las entrañas de la tierra las que se habían movido violentamente y sacudido la tranquilidad invernal de la población.

 El yacimiento minero en cuestión estaba ubicado unos 30 kilómetros al noroeste de la ciudad y poseía más de 100 años de antigüedad. Ya había registrado otros accidentes, por lo cual estuvo clausurada desde marzo de 2007 hasta mayo de 2008. Desde entonces, el incidente más grave había ocurrido hacía poco más de un mes, cuando el desprendimiento de varias toneladas de roca provocó que le amputaran una pierna a uno de los mineros.

 Al llegar a su casa, el padre de Franklin le dijo a su hijo que cerca de las 14.05 se había producido un derrumbe en el interior de la mina y que su querido “Caquí” estaba en ese momento trabajando, por lo que estaba muy preocupado. “Hay que rezarle a San Lorenzo”, dijo el hombre, consternado.

Una mina de vida

I
El joven Franklin salió del vestuario local con el pelo aún mojado y cargando su bolso, en el que guardaba la ropa sucia y los botines, caminó rápido hasta el estacionamiento del estadio, donde lo esperaba un compañero que lo iba a alcanzar en auto hasta la parada de micros para regresar a su casa, en un poblado ubicado a unos 200 kilómetros del Cobre.

Mientras el compañero conducía por las calles de aquella ciudad con forma de anfiteatro pero que hacía casi 40 años había surgido de un campamento minero, Franklin ojeaba la revista del club, que no era más que un puñado de hojas impresas en blanco y negro y que se distribuía mensualmente entre los socios del Albinaranja.

- ¿Qué lees?- preguntó el conductor.

- Una entrevista al Caqui- respondió Franklin, sin levantar la mirada de las hojas.

El automovilista vio que su joven compañero estaba muy concentrado en aquella lectura, por lo que sólo le habló cuando le indicó que ya habían llegado a la terminal. Franklin guardó la revista en el bolso, se despidió y abordó el micro de regreso a casa, tal y como lo hacía diariamente, excepto, cuando no entrenaba con "Los Legionarios”.

Una vez en su asiento, el muchacho sacó la revista y retomó la lectura, pero como había perdido el hilo conductor y quería leer todas y cada una de las frases de su ídolo, comenzó de nuevo: 


- Entrevistador (E): ¿Cómo estaba conformada aquella selección Pre olímpica de 1984 de la que fue parte? 
- EL Caqui (C): La base de ese equipo era de Legionarios. Fue una experiencia bonita, era la primera selección que clasificó para ir a una olimpiada y para nosotros que veníamos del norte fue muy importante. 
- E: ¿Qué paso después de la clasificación? 
- C: El entrenador nos prometió a todos que ese grupo iría a las Olimpiadas, pero al final cambio a todos los jugadores por los de Primera División. Pedí explicaciones, pero nunca tuve una respuesta clara, nos sentimos traicionados porque nos había dado su palabra. 
- E: ¿Qué opina de los dirigentes que estaban en la Asociación en ese tiempo? 
- C: Nos prometían sueldos que nunca llegaban, teníamos problemas y nos queríamos devolvernos a nuestro país pero estaba el gobierno militar y nos dijeron que si volvíamos seríamos tildados de anti patriotas, por lo que nos sentimos amenazados. 
- E: ¿Cómo sintió la gente de la ciudad la clasificación a las Olimpiadas? 
- C: El cariño lo sentíamos a la distancia, el entrenador nos llamaba y nos contaba que la gente mandaba cariños, ese mismo que sentíamos todos los domingos. Imagínate, que estábamos representando a los mineros en la Selección, hecho que nos incentivaba aún más. Si bien, no éramos un gran equipo, teníamos un corazón enorme. 
- E: En ese mismo año, el equipo local logró el ascenso con 29 partidos invictos, ¿cómo vivió ese momento, estando en la Selección? 
- C: Lamentablemente los partidos más importantes no los jugamos pero nos sentimos felices cuando supimos que se había logrado el ascenso. Cuando regresamos, el entrenador nos permitió jugar de titulares enseguida y ahí si sentimos el apoyo. 
- E: En el tiro libre, ¿Cuál era la receta? 
- C: No se, creo que uno nace con la virtud de pegarle bien a la pelota, con tiempo y entrenamiento se va puliendo. Nosotros practicábamos mucho porque sabíamos que a veces no andábamos bien y con un tiro libre podíamos salvar el partido y en eso trabajábamos mucho con el entrenador. 
- E: ¿Sintió el reconocimiento por esa virtud en el fútbol? 
- C: Considero que sí, pero no todo lo que corresponde. Yo debería estar en la historia del fútbol de nuestro país, creo que debo ser uno de los tres o cuatro mejores y de los pocos que hizo más goles de tiro libre. 
- E: ¿El albinaranja marcó una etapa muy importante en su carrera futbolística? 
- C: Una de las etapas más grande de mi carrera la viví en Legionarios. Le estoy agradecido, pero a la vez dolido, porque a veces uno espera una llamada para estar en el campeonato del minero representando a algún equipo.
- E: ¿Cómo ve al equipo, sigue la campaña, tiene la posibilidad de estar al tanto de lo que está sucediendo en el club? 
- C: Sigo la campaña, el problema es que no conozco a los jugadores. Yo me retiré del fútbol y deje de ir a los estadios, leo los diarios, pero como aparecen muchos jugadores nuevos no los ubico. En mi tiempo, cuando jugaba en El Cobre, era casi imposible ganarle. 
- De hecho los rivales con un empate se iban felices. 
- E: ¿Le da cierta nostalgia ver que hoy al estadio no asisten más de 700 personas, cuando antes se llenaba?
- C: Si, duele ver eso. El otro día estaba viendo un partido y no había más de 450 personas. Sinceramente no sé como es el plantel actual, pero nosotros éramos muy unidos a la gente, convivíamos con los mineros y jamás nos creímos estrellas; sino que éramos parte de la comunidad. Yo, personalmente, pasaba metido en el bowling y creo que eso atraía a la gente, para apoyarnos. No cualquier club hace que toda una ciudad los vaya a buscar al aeropuerto y haga un carnaval en la Plaza. 
- E: ¿Qué expectativas tiene de la calidad de vida del club ¿Cómo lo ven ustedes desde afuera? 
- C: Yo veo un momento difícil. A veces pienso en la idea de que se mude la sede, pero en verdad es un equipo que no tiene nada que hacer en otro lado, porque es de los mineros. El entrenador siempre nos decía primero tenemos que respondernos a nosotros y después a los mineros, porque son ellos los que nos están dando el trabajo. Yo estuve 4 años a en una mina y ahora sé lo que es lo que es llenarte los pulmones de tierra y de humo, para pagar la cuota y ver jugar a tu equipo. 

Franklin terminó de leer y en sus ojos sintió una húmeda emoción, que duró poco porque estaba tan cansado que se durmió enseguida, con su cabeza apoyada contra el frío vidrio de la ventanilla. Un par de horas después, cuando se despertó, vio que atardecía y ya empezaban a verse sobre el asfalto de la ruta las sombras de las tremendas rocas que adornaban de manera muy minimalista su pueblo natal. No veía la hora de llegar a casa y empezar con su único día franco antes del partido del domingo pero esa ansiedad pronto se transformó en inquietud ya que a medida que se acercaba a la parada, veía más y más gente nerviosa, yendo y viniendo por las calles, envueltas en pequeñas nubes de polvo.

X

Las sierras fueron el refugio elegido por “El Gordo” Emiliano y Santino apenas concluida la misión. Nada mejor que regresar al pueblo que los había visto nacer y crecer, y lejos del estruendo que había provocado el hallazgo del cadáver del comisario general Aranguren. Pero los policías ya estaban tras sus pasos y los buscaban en todo el país, por tierra y cielo. Hasta que a fines de julio, los detectives de civil localizaron a ambos sospechosos y los persiguieron a campo traviesa. Se produjo un enfrentamiento armado que terminó cuando Emiliano cayó muerto y su compinche herido de bala y preso. Santino pasó los próximos tres años detenido y luego fue liberado por falta de pruebas, aunque en su casa se hallaron pistas sobre el resto de los compañeros…

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Dos meses después de descubierto el crimen, el resto del grupo asaltó un banco en el oeste del conurbano para obtener el dinero que necesitaban para “comprar” su salida del país, ya que por entonces vivían en la más hermética clandestinidad. Las intenciones de Nora y “El Flaco” de no vivir como “chorros” no se habían podido cumplir, claramente. Luego del atraco, los compañeros huyeron en distintas direcciones pero el plan era reunirse a la noche en un bar de la zona sur para repartirse el botín y ahí sí, tratar de desaparecer. Los primeros en llegar al lugar fueron Avalos y Sabia en un auto, y minutos después lo hicieron Ramos, Martín y Rodríguez, en otro vehículo. “El Flaco” fue de los cuatro el primero en entrar al local mientras que los otros permanecieron afuera. En momentos en que Avalos inspeccionaba el interior del bar, dos policías uniformados entraron detrás suyo par identificarlos. El joven les entregó documentos falsos y los efectivos no sospecharon por lo que se dispusieron a abandonar el comercio. Pero al llegar a la puerta, otros dos agentes encubiertos comenzaron a tirotearse con Ramos, quien quedó muerto dentro del auto. Ante esta situación, se originó un feroz enfrentamiento en el que Avalos recibió un tiro en el pecho. Sabia y Martín alcanzaron a huir a la carrera, pero “El Flaco” falleció en la puerta del bar. Por su parte, Rodríguez fue detenido ileso. Media hora después de los hechos, Marito y Nora pasaron por el frente del bar en otro auto y al ver lo que había ocurrido siguieron su camino…

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 Rodríguez fue detenido ileso y recuperó la libertad tres años más tarde por una amnistía. Nunca le probaron su participación en el "Caso Aranguren" y luego de salir de prisión se dedicó al periodismo, profesión a través de la cuál escribió un libro sobre su disidencia con aquel grupo.

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La fuga de Sabia y Martín fue a partir del tiroteo en el bar una actividad diaria para evitar la muerte casi segura, aunque ésta parecía ser inevitable. Primero, en al primavera siguiente a la misión, “El Negro” se enfrentó con policías en el noroeste del GBA y mató a dos de ellos, tras lo cuál huyó solo hacia las sierras. Al siguiente año, junto a otro prófugo robó dos autos y fue perseguido durante días a través de los montes. Decenas de policías en helicóptero, a caballo o a pie los tenían rodeados y se produjeron varios tiroteos, en uno de los cuáles Sabia recibió un balazo en el hombro. Herido siguió con la fuga hasta que le dijo a su compañero que siguiera solo, que él prefería morir antes que caer preso. Tras dos semanas de intensa búsqueda, la policía lo encontró muerto dentro de uan cueva, rodeado de piedras y desangrado. Con el tiempo, seguidores del comando "San Pablo" le pusieron el nombre de Sabia a una de la columnas de la agrupación.
Mientras que casi un año después de la muerte de su compañero, Martín fue cercado en la Capital y falleció en combate. Cada vez quedaban menos…

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La muerte de Avalos sacudió las más sólidas bases de Nora, quien al quedar viuda decidió quedarse sola, alejada de Marito, quien abandonó el país. Ella, en cambio, adoptó una nueva identidad, cambió su aspecto y se internó en lo más profundo de la villa, donde pudo protegerse. Es más, allí se convirtió en la encargada de un comedor donde daba clases de distintas materias para los jóvenes. Pasaron seis años de ese estilo de vida casi secreto hasta que la policía informó que la sospechosa tan buscada había muerto en un enfrentamiento. Pero luego se comprobó que el cuerpo de esa fallecida no era el de Nora, aunque una testigo del hecho aseguró esa mujer había gritado en medio de las balas que no pensaba rendirse…

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 El cuñado de Nora, Cosme, fue el único que fue a prisión por el ajusticiamiento de Aranguren. En el mismo juicio que él fue condenado, su esposa resultó absuelta. El dueño de la casa donde se planeó la operación recibió una pena de 8 años pero a los tres salió por la misma amnistía que Rodríguez, tras lo cuál se distanció del grupo por entonces conducido por Marito. Se exilió en Perú y siete años después del ocurrido el secuestro del comisario desapareció.

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 ¿Por qué Marito nunca sufrió ni un rasguño ni estuvo en ningún enfrentamiento a pesar de que fue tan buscado por al policía como el resto de sus compañeros? Algunos sostienen que se debió a que era muy inteligente, brillante. Otros, en cambio, que tenía demasiada maldad. Lo cierto es que actualmente vive en Europa, donde es reconocido en su trabajo como docente universitario…


AA
Julio 2010

IX

Al día siguiente, el grupo abandonó la casa quinta por etapas y en distintas direcciones. Los primeros salieron en medio de la oscuridad, Ramos y Marito, en cambio, lo hicieron con las primeras luces de la mañana, luego de pasar a saludar al casero y agradecerle las atenciones.
Pueblo chico, infierno grande. Así fue que tras conocerse el secuestro del comisario general Aranguren en todos los medios periodísticos del país, en los alrededores de la estancia de los Ramos, comenzó a correr el rumor de que la víctima había estado cautiva en la zona.
Ante esta situación, el jefe de calle del destacamento local, el principal Romero, inició una serie de entrevista con algunos de los 500 habitantes de aquel pequeño pueblo agropecuario en busca de alguna pista cierta.
Cuando habló con el cura, éste le comentó que había visto en los días previos a una mujer a la que no conocía pasear por con un carro tirado por caballos y que esos animales se parecían muchos a los de Don Ramos.
Luego, el principal se entrevistó con el gerente del Banco, que le indicó que una semana atrás un joven con tono refinado y que hablaba muy bien se presentó en la sucursal y dialogó un largo rato con otros efectivos del destacamento que estaban en la sede por aquella famosa alerta sobre un posible robo que finalmente nunca se concretó.
Hasta que los nombres de los principales sospechosos no fueron difundidos por las distintas dependencias policiales de la jurisdicción, el principal Romero no pudo poner los nombres de Nora y Marito a aquellas dos personas que habían llamado la atención del cura y el gerente bancario.
El pesquisa estableció rápidamente la conexión comercial entre los Ramos y la familia de Marito, que también se dedicaba a la ganadería, por lo que a las 2 de la madrugada se dirigió a la estancia de los primeros, bajo una intensa lluvia. Ya había pasado un mes y medio del secuestro.
Romero fue acompañado de su ayudante y tras recibir el permiso del casero, fueron directamente al sótano, donde advirtieron que había levantado los mosaicos del piso. Cavaron un rato y hallaron el cuerpo de Aranguren envuelto en una manta. Aún llevaba una corbata oscura con una traba, camisa, pantalón, saco y zapatos negros, con cordones. Y el anillo de casado. “Está intacto”, le dijo el principal a su subordinado, que no salía de su asombro. “Mirá bien, pibe, que estos es lo más resonante que va a pasar en nuestras carreras”, agrego Romero.
Alrededor de las 8, cuando ya todo el pueblo era un hervidero de comentarios, llegó el ministro y la plana mayor de la policía, que se hicieron cargo del traslado del cuerpo a la ciudad.

VIII

La mañana posterior al interrogatorio, la primera de su cautiverio, el comisario general Aranguren se despertó muy temprano, cuando todavía estaba oscuro y pidió a sus captores que lo dejaran ir al baño, solicitud que fue aceptada. Cuando terminó de hacer sus necesidades y lavarse las manos, en la casa quinta ya estaban todos los miembros del grupo, decidiendo los pasos a seguir.
Al volver a la habitación, lo esperaban Marito, Avalos y Nora, a quiénes les ofreció un trato.
- Si me dejan ir, les puedo facilitar el acceso a los resultados de los peritajes balísticos del caso Vallejos. Los tengo bajo llave.
- ¿Y qué dicen los peritos? ¿Fue un accidente?- preguntó Marito, curioso.
- Más no les puedo decir. Lo lamento, pero mi honor me lo impide.
Marito y sus compañeros hicieron gestos de rechazo con muecas de sus bocas y ligeros movimientos de cabeza, se miraron unos instantes y luego los tres salieron del dormitorio y se reunieron con el resto para tomar la decisión final.
Al cabo de uno minutos, los jóvenes volvieron y le comunicaron que lo iban a matar, por lo que el comisario pidió afeitarse y ponerse el uniforme completo. Luego, lo sentaron en la cama, le ataron las manos por la espalda y le vendaron los ojos. En ese momento, Aranguren pidió que le ataran los cordones y que le llevaran un cura, pero lo segundo fue imposible. Finalmente, mientras Ramos se iba a la casa del sereno a distraerlo, los demás condujeron al cautivo al sótano.
Allí, “el flaco” miró a Marito y le dijo que se iba a encargar de la ejecución. “Como uno de los jefes tengo que asumir la mayor responsabilidad”, le explicó a su compañero, que sintió que le quitaban un gran peso de sus hombros. En el sótano quedaba ellos dos y “el gordo” Emiliano. Entonces Avalos disparó con la pistola 9 milímetros al pecho de Aranguren, quien cayó sobre frío piso de mosaicos. Después lo remataron de dos tiros más, uno con la misma arma y uno con la 45 que llevaba Emiliano. Por último, Marito cubrió el cadáver con una manta que no fue retirada en ningún momento mientras cavaban el pozo para enterrarlo. Y para evitar que el cuerpo diera olor levantara las sospechas del casero, lo cubrieron con cal. Además, con este procedimiento buscaban que la carne y los huesos se consumieran hasta desaparecer por completo. Aunque eso llevaría tiempo.

VII

Gran parte del grupo llegó a la estancia de los Ramos ya entrada la noche. La oscuridad era el refugio ideal para introducir al cautivo al casco sin problemas. Sin embargo, el sereno, que habitaba junto a su familia una pequeña vivienda lindera, salió a ver qué pasaba luego de escuchar la llegada de la camioneta y el auto. Al verlo salir caminando liego, Ramos descendió del vehículo y fue a su encuentro para distraerlo, mientras que sus compañeros aprovecharon para llevar al comisario Aranguren rápidamente hacia el interior del casco.
La víctima fue llevada a uno de los dormitorios donde sus captores lo sentaron en la cama y le quitaron la frazada que le cubría la cabeza para poder hablar cara a cara. Al hacerlo, el jefe policial entendió que era el momento de hablar.
- ¿Quiénes son ustedes y qué quieren de mi?- preguntó con tono sereno.
- Usted va a ser ajusticiado por la desaparición del padre Pablo y el crimen de su subordinado Vallejos- respondió “El flaco” Avalos.
- Bueno.
- ¿Por qué mataron al padre?- preguntó Marito, al tiempo que tomaba una silla y se sentaba frente a la cama donde Aranguren seguía sentado, con las manos atadas pro la espalda.
- No sé de qué me habla.
Ante esa evasiva, Avalos tomó su ametralladora y apuntó a la cabeza del jefe policial que, luego de una pausa, intentó argumentar que la mujer había adquirido muchos enemigos cuando realizó aquella “falsa denuncia pública” de que los efectivos de su comisaría “reclutaban” a los chicos de la villa para “salir a robar”.
- ¿Y por qué eliminaron al subcomisario Vallejos? ¿Por qué fue el único que quiso investigar lo que realmente había pasado con Pablo?- continuó Marito.
- Sobre eso no puedo hablar, por una cuestión de honor.
Los captores decidieron suspender el interrogatorio en aquel momento ya que pensaban que Aranguren no iba a decir ni una palabra que les sirviera para aclarar las muertes de sus referentes. Antes de que los compañeros se retiraran de la habitación, el comisario les pidió lapiz y papel. Marito accedió y luego de entregarle lo solicitado le aclaró que a la mañana volverían a charlar.

VI

La puerta de roble laqueado se abrió y apareció la empelada doméstica del comisario Aranguren. Los “policías” saludaron formalmente a la mujer, que se quedó unos instantes parada en el umbral y luego les indicó:”Pasen, pasen, por favor”. Ante la invitación, los nuevos custodios del jefe policial ingresaron a paso lento, en especial, Avalos, quien llevaba una ametralladora debajo de su piloto.
- El señor está terminándose de bañar. Tomen asiento- indicó la doméstica.
- ¿La señora se encuentra?- preguntó “El flaco”, haciéndose el distraído, al tiempo que se sentaba con cautela en el sillón de dos plazas del living comedor, al lado de Emiliano, en tanto que Santino hizo lo propio pero en uno individual, ubicado al costado de la mesa ratona.
- No, salió.
La doméstica luego se retiró a la cocina y a los pocos minutos reapareció con tres tasas de café para los invitados. Después, la mujer volvió a retirarse de la habitación. Al rato, el comisario Aranguren entró sonriendo y agradeció la nueva custodia. Se sentó en el otro sillón individual, situado en frente de dos plazas y quedó cara a cara con Emiliano.
- Usted es el Interior, ¿verdad? Digo, por el tono de su voz- indicó el jefe policial.
- Si, así es señor.
En ese momento, la empelada doméstica anunció que se iba a realizar las compras, tras lo cuál, cruzó la puerta de entrada y salió del departamento. Minutos después, Avalos se puso de pie, sacó su arma y le apuntó al dueño de casa: “Comisario, usted viene con nosotros”. En aquel instante, “El flaco” recordó lo que le habían dicho Marito y Nora: “Si se resisten, lo matan ahí mismo”. Pero Aranguren no dijo ni una palabra y siguió todas las indicaciones de sus captores al pie de la letra.
El comisario salió del edificio con Avalos y Emiliano tomándolo del brazo uno de cada lado y luego lo subieron al auto de Martín y todo el grupo abandonó rápidamente el lugar. Al llegar a la Facultad de Derecho, la víctima fue pasada a la caja de la camioneta donde lo taparon con una manta y quedó bajo la custodia de Marito y el “cura”. Mientras tanto, Nora se pasó al auto de Martín y ambos se fueron a la casa de Sabia en el conurbano a dejar sus armas y los disfraces.
El resto del grupo partió entonces en la camioneta y con la víctima hacia la estancia de la familia de Ramos, en el límite de la provincia. “No paremos para comer ni a cargar nafta”, indicó Avalos a sus compañeros, mientras que Aranguren no habló en todo el viaje, que duró unas ocho horas, entre caminos de tierra y alternativos que pocos conocían.

V

La mañana siguiente, “El gordo” y Avalos se subieron disfrazados de policías al auto de Martín, quien iba con ropas de civil. Salieron de Villa Urquiza con tiempo hacia el coqueto barrio del comisario Aranguren. Detrás, a varios vehículos de distancia, los siguió la camioneta robada, conducida por Ramos, quien iba acompañado en la parte delantera por Norma, con una peluca corta y rubia, mientras que en el asiento trasero estaban Santino y Marito, como el efectivo de mayor rango, y otro compañero cordobés, Lucas Rodríguez, quien se había sumado al grupo en la recta final del grupo, disfrazado de cura. Al llegar al lugar indicado, cada uno se colocó en posición, el auto estacionado en el garage del colegio y la camioneta en al esquina. Por su parte, “El negro” Sabia había pedido médico para no ir a trabajar y aguardar en su casa del conurbano.
Marito descendió de la camioneta cuando el efectivo de consiga se alejó para hincar su rondín por el resto de la manzana. El joven empezó a caminar hacia la entrada del edificio cuando, de repente, un automóvil se detuvo imprevistamente a la par de él.
- Disculpe, oficial ¿Podría estacionar en esta cuadra?- preguntó el hombre que conducía el desconocido vehículo.
- No señor. Está prohibido- respondió Marito, con un tono solemne.
- Pero aquel auto está parado en la puerta del colegio- continuó el conductor al tiempo que señalaba el vehículo donde estaba parte del grupo del falso policía.
- ¡Circule, por favor!- indicó el supuesto oficial tajante, tras lo cuál, el automovilista, algo asustado, abandonó el lugar.
Marito intentó seguir caminando tranquilamente hacia su posición pero antes de llegar a la puerta del edificio se le heló la sangre cuando un patrullero pasó muy lentamente por su lado. Pero los dos efectivos que lo ocupaban lo saludaron formalmente, él les respondió con naturalidad, y ellos continuaron su marcha.
Finalmente, sin moros en la costa, Marito se quedó de custodia en la entrada del edificio y les dio la señal a sus compañeros para que procedieran. Entonces, los policías Emiliano, Avalos y Santino ingresaron al lugar. Los primeros dos se bajaron en el piso del comisario, mientras que el tercero aguardó una planta más abajo, con la puerta del ascensor abierta.

IV

Avalos tomó el teléfono que su pareja había puesto en una mesita de madera color campo ubicada junto a la biblioteca que hacía juego en medio del living comedor de la casa de Villa Urquiza y marcó rápido, mostrando que se sabía el número de memoria.
- Hola- respondió un hombre del otro lado de la línea.
- Buenas noches. Hablo con la casa de la familia Aranguren.
- Si ¿Pero quién habla?
- Disculpe las molestias pero lo llamaba para ofrecerle una colección de enciclopedias- mintió “El Flaco”, impostando la voz.
- Es tarde y no me interesa- cortó el comisario general abruptamente.
Avalos colgó y miró a Nora y sus compañeros con un gesto de satisfacción.
“Está en el departamento. Lo hacemos mañana”, les indicó y los demás asintieron en medio de una mezcla de nervios y ansiedad. Luego, el grupo se dispuso a repasar punto por punto el plan a seguir ya que en el proceso previo se habían discutido varias alternativas.
Primero, la idea había sido de capturarlo en la calle, cuando saliera del edificio hacia el garage para buscar su auto. Pero eso implicaba llamar la atención y atraer no sólo al policía que estaba siempre de consigna en la esquina, sino a potenciales testigos. Entonces, se terminó por acordar que había que llevárselo del interior del departamento.
Claro que para entrar, el grupo iba a necesitar de un ardid y así fue que a Marito y Nora se les ocurrió hacerse pasar por policías que iban a custodiarlo por “una nueva decisión del ministro” que no quería que siguiera sin protección.
Como “El gordo” Emiliano y Santino habían ido a un Colegio Militar en sus pueblos natales y conocían el comportamiento que se requería, los movimientos, el modo de hablar y el aspecto, se pusieron a practicarlo con Avalos y Marito.
Para ello también contaban con los uniformes robados en los destacamentos policiales pero estas prendas de vestir les quedaban muy grandes a estos jóvenes, por lo que Nora tuvo que poner a trabajar sus dotes de costurera. Mientras que luego compraron otros disfraces en una tienda de alquiler del microcentro.
Hasta ese punto, el plan había marchado perfecto, pero dos días antes, un grupo de obreros municipales habían comenzado unas tareas de bacheo justo en la puerta del edificio de Aranguren, por lo que decidieron colocar el auto robado en la entrada del garage del colegio, cruzando la calle. Era la única forma de recorrer la distancia más corta posible con la víctima reducida en al vía pública. Mientras que la camioneta sustraída iba a quedar estacionada en la esquina, de apoyo.
Luego de capturar a la víctima, el grupo había decidido hacer unas postas con los otros dos vehículos legales y con ellos salir de la ciudad.
“Quéndense tranquilos que no sospecha absolutamente nada”, les indicó Avalos al resto luego de terminar el repaso. Afuera estaba oscuro y hacía frío, y los jóvenes decidieron que iban a pasar el resto de la noche todos juntos y en el mismo lugar.

III

Ramos rápidamente surgió con la idea de utilizar la estancia de sus padres, ubicada en el límite provincial de Buenos Aires, para consumar el acto de Justicia que tanto buscaban. Como sus familiares habitualmente viajaban a Santa Fe por cuestiones comerciales, sólo había que estar atentos a la agenda que ellos llevaban y aprovechar esos días en que el casco iba a estar desocupado. Generalmente, los viajes de negocios de los Ramos duraban casi toda una semana, lo que le daba al grupo cierto margen temporal para actuar sin ser descubiertos.
Con la llegada del otoño, las reuniones en la casa de Villa Urquiza se hicieron más frecuentes y, en ocasiones, más concurridas, ya que de las mismas llegaron a participar Nancy y Cosme.
 A fines de marzo, en medio de unos de esos encuentros, el grupo decidió salir en ese mismo momento hacia General Paz, donde había varios puestos de control de la policía que a esa hora no tenían una fuerte custodia.
La idea se les había ocurrido a Marito y Martín, quienes vivían en una casa de Vicente López, y siempre utilizaban esa avenida para entrar a la Capital, por lo que conocían aquellos puestos, ahora fijados como sus objetivos más próximos.
El grupo finalmente asaltó el destacamento sobre General Paz, en momentos en que había un solo efectivo de custodia y se apoderaron de una ametralladora y una pistola, y sí consiguieron sus primeras armas para su misión.
- Flaco, nosotros no somos chorros. No podemos seguir haciendo todo esto- le indicó Nora a su pareja cuando regresaban del destacamento a la casa “centro de operaciones”.
- Ya lo sé. No pretendo empezar a vivir como un delincuente. Pero debemos prepararnos. Mientras nos cuidemos y movamos rápido vamos a estar bien. Tenemos una única misión y eso es lo que nos tiene que importar.
- En este caso, el fin justifica los medios- intervino Marito, quien expresaba una intención de estar dispuesto a todo.
Al ver que fue fácil su primer paso, los jóvenes, al mes siguiente, coparon otro destacamento y esta vez robaron cuatro pistolas y uniformes policiales completos.
Faltaba poco para reunir todo lo necesario y en mayo, robaron un auto y una camioneta de un garage porteño.
En cada una de sus incursiones, los jóvenes utilizaban guantes y disfraces para no dejar rastros ni ser vistos por sus víctimas y testigos. Y utilizaron los autos de Marito y Martín, aunque trataban de no dejarlos estacionados cerca de los objetivos porque no querían “quemarlos” antes de tiempo.

II

Días después de conocida la noticia del ascenso del comisario Aranguren, ahora comisario general, por haber llegado al máximo rango dentro de la Policía, Nora y Avalos recibieron una noche en su casa a sus compañeros y amigos, Marito, Ramos, Martín, “El Gordo” Emiliano, “El Negro” Sabia y Santino, porque todos habían coincidido en que “algo hay que hacer”.
Martín era otro jovencito cristiano y nacionalista de la Capital Federal que había mutado de una derecha pasiva a un militante más zurdo. Mientras que los otros tres eran oriundos del Interior y siempre estuvieron más alejados del catolicismo y más cercanos al movimiento obrero.
“El Gordo” y Santino habían nacido y crecido en Córdoba, donde a partir del secundario habían comenzado a realizar una actividad social y comunitaria bastante intensa ya que en la capital de aquella provincia los problemas eran bastante parecidos a los de Buenos Aires.
Al concluir los estudios, los amigos decidieron viajar a la capital del país a estudiar en la UBA, desde donde recayeron en las tareas solidarias realizadas en la villa 3 y compartidas con el grupo encabezado por Marito, el más culto y brillante del grupo, de acuerdo a los resultados de su etapa de instrucción.
Por su parte, “El Negro”, un par de años mayor que el resto, había recalado en Buenos Aires luego de haber surgido del seno de una familia muy peronista, en Corrientes. Primero había trabajado en una textil, donde conoció a su esposa y madre de sus hijos, y ahora lo hacía en una automotriz.
- Creo que tenemos que hacer Justicia por mano propia- arrancó “El Flaco”, cada vez más volcado a la utilización de la violencia para luchar contra la violencia reinante en todos los ámbitos de la sociedad.
- Estoy de acuerdo. Esta situación es insostenible. La gente tiene que saber quién es este tipo y qué fue lo que hizo- indicó Marito, para quien el ajusticiamiento de Aranguren era un viejo sueño.
Emiliano, el que habitualmente discutía con los dos líderes, esta vez expresó su concordancia, mientras que los demás hombres estuvieron de acuerdo en silencio. Al igual que Nora, quien tenía una fuerte ascendencia sobre Avalos y Marito.
“Bueno, entonces, ya está decidido. Ahora hay que conseguir todo lo que vamos a necesitar para cumplir con nuestra misión”, explicó “El Flaco” y luego todos se quedaron sentados alrededor de la mesa en la que habían compartido la cena, haciendo planes. Y así nació el comando "San Pablo".

MONTONCITOS, un invento en la historia

I

Nora estaba terminando de lavar los platos en la cocina, luego de cenar, aunque eso no le impedía seguir elegantemente vestida. Llevaba su larga melena morocha toda arreglada y estaba de espaldas al living comedor donde “El flaco” Avalos miraba la televisión, tirado en un sillón.
La pareja se había juntado hacía tres años y habitaba una sencilla pero amplia vivienda en el barrio porteño de Villa Urquiza, que estaba a nombre de la hermana de Nora, Nancy, y el marido de ésta, Cosme Miguez, un productor radial y aficionado a la fotografía. La nueva ama de la casa era docente y él, siete veranos más joven, estudiaba y hacía algunos trabajos para un estudio de abogados de La Matanza y en una revista que estaba a cargo de su hermano.
Por esas vueltas del amor, se habían unido una mujer de familia de clase media-baja y no practicante, con un muchacho de un seno bien acomodado, nacionalista y cristiano.
Ella había estado casada con un comunista y él, delgado, alto y con rostro anguloso, había pasado más tiempo con sus compañeros del Colegio Nacional, Marito y Ramos, a los que aún seguían frecuentando.
Pero lo más curioso es que el pasado de ambos los había llevado al mismo lugar, la villa 3, donde en medio de las tareas comunitarias y de ayuda social, se conocieron y enamoraron.
 Mantenían una relación profunda en la que compartían muchas otras cosas, como, por ejemplo, el laboratorio fotográfico que había montado Cosme en el sótano de la vivienda y que ellos mantuvieron activo.
“¡Qué hijo de mil puta!”, exclamó Avalos al ver las imágenes que estaba emitiendo en noticiero de las ocho. Al escuchar aquel insulto, Nora dejó sus quehaceres y fue a ver que le ocurría a su novio.
- Mira Nora, ese asesino es ahora el jefe de la Policía ¿A vos te parece?
La mujer miró detenidamente la pantalla en blanco y negro y reconoció rápidamente al comisario Aranguren, con su impecable bigote finito que adornaba esa boca siempre cerrada.
- ¡No te lo puedo creer! Con todos los gorilas que hay, van a poner al peor de todos al frente de la policía- expresó Nora, al tiempo que se sentaba en el apoya brazos del sillón, del que Avalos se había levantado de un salto.
- Algo hay que hacer, Nora. Este tipo no puede seguir haciendo lo que se le canta sin que nadie le diga nada.
- Y, encima, seguro que ahora, que maneja toda la fuerza, nos va a mandar a su gente a molestarnos en la villa. Como hizo en su momento con el padre Pablo.
- Tal cual. Y no te olvides lo que hizo después con Vallejos, su propio subcomisario.
En aquel momento, presa del calor del verano pero aún más de la bronca y la impotencia, Nora recordó una de las frases que más le había gustado escuchar de la boca de Pablo, cuando lo conoció hacía más de 15 años, en la villa. “En mi corazón hay un sentimiento que domina desde allí mi espíritu y toda mi vida: Es mi indignación frente a la injusticia”. Los mismo les había repetido este padre tercermundista a Avalos, Marito y Ramos, a quienes supo tener como alumnos de catequésis.

XIV

Tenés que confiar en mi”, dijo Agustín, sentado en el cuarto de radio. “Confío en vos, pero tenés que acordarte de ese número”, le respondió Sergio, quien seguía conectado el teléfono inalámbrico con las baterías de una lámpara portátil, que había encontrado de casualidad, y los cables pelados de los equipos dañados.
- 02322 430120, 02322 430120, 02322 430120. Es un número de Buenos Aires.
- Excelente- dijo el provinciano, mientras marcaba el número. -El parche está hecho, pero no sé cuánto durará la batería. Esperó que esté.
- Yo también lo espero- respondió Agus, quien luego tomó el teléfono y apoyó el auricular en su oído, al tiempo que del otro lado de la línea sonaba y sonaba, pero nadie atendía.
Mientras esperaba ansioso, nuestro viajero recordó que al marcharse del departamento de Victoria, ella lo había visto desde la ventana del primer piso que daba a la calle. Cuando él se volteó y la vio, ella cerró las cortinas. Entonces el siguió caminando despacio, triste pero con una extraña sonrisa dibujada en su rostro. Cerró su campera de cuero y atravesó aquella callecita de adoquines adornaba con antiguos faroles que alumbraba la noche que acaba de arribar.
- ¿Hola?- se escuchó decir a una mujer del otro lado de la línea.
- ¿Victoria?- preguntó Agus con los ojos bien abiertos y con los rastros de sangre aún en su nariz.
- ¿Agustín?
- Vicky, Vicky, contestaste.
- Agus, ¿dónde estás?- preguntó ella mientras caminaba de un lado al otro de su living, en el mismo departamento dónde habían hablado por última vez, ocho años antes, y ahora se veía un amplio y brillante árbol de Navidad.
- Estoy, estoy, estoy en un barco. Estuve en una isla, Vicky. Dios mío, Vicky, ¿Sos realmente vos?
- ¡Si, soy yo!- dijo ella llorando.
- Me creíste. Todavía te preocupas por mí.
- Agus, estuve buscándote los últimos tres años. Sé sobre la isla. Estuve investigando y luego cuando hablé con tu amigo Carlitos, entonces supe que estabas con vida. Ahí me di cuenta que no estaba loca.
Agustín sonrió lleno de felicidad y con lágrimas en sus ojos cansados, y luego la conexión empezó a llenarse de interferencia.
- Agus, ¿estás ahí?
- ¡Si, si, sigo acá! ¿Podés escucharme?
- Si, si, ahora te escucho mejor.
- Te amo, Vicky. Siempre te amé. Lo siento mucho. Te amo.
- Yo también te amo- dijo ella con la voz entrecortada.
- No sé dónde estoy, pero…
- Te encontraré, Agus…
- Te prometo…
- No importa qué…
- Regresaré contigo…
- No me rendiré…
- Lo prometo…
- Lo prometo…
- ¡Te amo!
- ¡Te amo!- dijeron él casi al mismo tiempo que ella, tras lo cuál, se cortó definitivamente la comunicación.
Luego, nuestro viajero se quitó el auricular del oído y Sergio, quien había permanecido toda la charla parado a su lado, le dijo: “Lo siento, la fuente de poder se murió. Es todo lo que teníamos”. Agustín entonces se volteó y se acercó hasta su amigo y le estrechó la mano.
- Gracias, Serg. Fue suficiente.
- ¿Ahora estás bien?
- Si. Estoy perfecto.

AA
Marzo 2010

XIII

Agustín se despertó en el suelo del baño, mientras caía agua de la desbordada pileta ya que la canilla seguía abierta. Algunas gotas cayeron sobre su frente; entonces se paró, cerró la canilla y secó su rostro. Luego recogió del suelo la tarjeta que le había dado el señor Williams y salió a buscar a Victoria, quien vivía en un departamento en el primer piso de un barrio tranquilo de la periferia de Pilar.
Cuando llegó, golpeó a la puerta repetidamente hasta que ella abrió. - - ¿Agustín?- preguntó la mujer sorprendida, parada en el umbral. - ¿Qué hacés acá?
- Intenté llamarte pero tu número está fuera de servicio. Y tampoco figura en la guía- explicó él, agitado por verla.
- Si, porque me mudé.
Nuestro se quedó callado, pensativo, buscando las palabras justas para que su ex novia le creyera lo que estaba por decir.
- No sé si captaste la señal, Agustín, pero intento terminar contigo. Así que si no te importa… -dijo Vicky, al tiempo que quiso cerrar la puerta pero él no la dejó.
- Esperá, esperá, esperá, por favor. Lo único que necesito es que me des tu nuevo número de teléfono ¿Está bien?
-¿Y por qué te lo daría?
- Porque me equivoqué. No tendría que haberte dejado, nunca. Y ahora lo sé y me arrepiento. Te pido perdón.
- No lo hagas.
- Te entiendo y sé que es muy tarde para cambiar las cosas. Pero necesito decirte algo, que me escuches, y sé que sonará ridículo. Vicky, por favor - dijo nuestro desesperado y mirándola a los ojos. - Necesito que me escuches.
Victoria vio la urgencia de la que Agustín estaba preso y lo dejó pasar. “Decime lo que tenés que decirme y después te vas”, le pidió ella, que se quedó parada en el living, mientras él cerró la puerta y permaneció junto a la misma.
- Esto no tiene mucho sentido para vos porque tampoco lo tiene para mi, pero dentro de ocho años voy a necesitar llamarte y no podré hacerlo si no tengo tu número.
-¿Qué?
- Escuchame Vicky, sólo dame tu número- dijo él, cada vez más irritado. - Sé que arruiné las cosas, que pensás que todo terminó entre nosotros, pero no es así. Si hay una parte de vos que todavía cree en nosotros, dame tu número.
- ¿Y qué me garantiza que no me vas a llamar esta noche o mañana?
- No te voy a llamar durante ocho años, hasta el 24 de diciembre de 2004. Nochebuena. Lo prometo.
Los ojos de Victoria comenzaron a ponerse vidriosos, al igual que los de Agustín, quien le volvió a pedir “por favor” que le diera su número de teléfono.
- Si te doy el número, ¿te vas?
- Si.
- 02322 430120.
- 02322 430120, 02322 430120, 02322… - repitió Agus con sus ojos cerrados y frunciendo el ceño, tratando de memorizar esos números.
- ¿No vas a escribirlo?
- No me serviría de nada. Tenés que conservar ese número. No podés cambiarlo por ocho años.
- ¡Andate!- gritó ella mientras empujaba a su ex novio hacia la puerta.
- Acordate: el 24 de diciembre de 2004. Escuchame Vicky, si todavía te intereso, tenés que contestar- dijo nuestro viajero que terminó de hacer ese pedido cuando ya estaba parado en la vereda y ella del otro lado de la puerta cerrada. -¡No estoy loco, Vicky! ¡Tenés que creerme!- exclamó él, al tiempo que golpeaba la puerta.

XII

Nuestro viajero llegó a tomarse del barandal de la cama donde había estado acostado Jorge, quien vio lo contrariado que estaba y le dijo: “Lo sé, cada vez se hace más difícil. Todo empieza a ser más rápido”. Luego, Sergio les indicó que era el momento adecuado para salir de la enfermería, así que los tres hombres se dirigieron al cuarto de radio.
-¿Cómo te pasó a vos?- preguntó Agustín a Jorge, al tiempo que recorrían sigilosamente los pasillos del carguero.
- Estábamos anclados aquí, esperando nuestras órdenes, aburridos. Bruno, un tripulante, y yo nos llevamos un bote. Sólo queríamos ver la isla. Pero Bruno empezó a actuar como loco, así que tuvimos que volver.
- ¿Dónde está él?
- En una bolsa para cadáveres- respondió Jorge, quien en ese momento abrió la puerta del cuarto de radio y le indicó a Sergio donde estaban los equipos para reparar.
- ¿Quién hizo esto?- preguntó el provinciano mientras observaba la maraña de cables que salían de los equipos.
- No sé, cuando el capitán se entere… - dijo el enfermo pero no pudo terminar la frase ya que se desmayó.
Agus lo revisó y advirtió que Jorge estaba inconsciente. “Cuando terminés tu llamada, alguien va a tener que decirme está pasando”, expresó un desconcertado Sergio.
- ¿Podés arreglarlo, hermano?
- Necesito un minuto- respondió Serg, quien luego tomó un teléfono inalámbrico que había en el cuarto- ¿Tenés el número al que llamar?
- No.
- Será mejor que te acuerdes lo antes posible.
Jorge empezó a tener convulsiones y cayó al suelo, pero Agustín alcanzó a atajarlo antes de que se golpeara. Pero el enfermo seguía inconciente. Nuestro viajero vio entonces un almanaque colgado de una de las paredes del cuarto. “Es 2004”, dijo sorprendido.
-No sabía que casi era Navidad- explicó Sergio, quien advirtió que Agus tenía sangre en la nariz, por lo que le indicó a su amigo que se limpiara.
“¡No! No puedo volver”, exclamó Jorge en ese momento, al tiempo que se retorcía en el suelo. Segundos después de esa frase y nuevas convulsiones, el enfermo murió en los brazos de Agus.
-¿Qué le pasó?- preguntó Sergio.
- Lo mismo que me va a pasar a mi.

XI

Agustín despertó sentado en el piso, contra la pared, en un descanso de las escaleras a la salida de la oficina de Daniel. Se paró con más esfuerzo que antes y abandonó la UBA rápidamente. Luego, se dirigió a una subasta de arte en una coqueta galería de Pilar. Llegó en momentos en que se escuchaban ofertas por una antigua bitácora de un legendario capitán de mar y guerra de origen británico.
Nuestro viajero vio a Roberto Williams sentado en una de las primeras filas y quiso acercarse, pero un hombre de seguridad, no quedó claro si era guardaespaldas o trabajaba para la subasta, se lo impidió. “Necesito hablar con ese señor”, le pidió Agus, pero el custodio le dijo que lo sentía pero que no podía dejarlo pasar.
Instantes después, se cerró la subasta de aquella bitácora que fue vendida a Williams por 380 mil dólares. Seguidamente, tras escuchar el martillazo final y recibir las felicitaciones formales, el comprador se paró y se dirigió a la salida, donde se encontró con Agustín.
- Señor Williams.
-¿Agustín?
- ¿Podemos hablar, señor?
- Acompañame- dijo Williams y luego ambos hombres salieron de la habitación donde se desarrollaba la subasta y se dirigieron al baño del edificio.
- Querías hablar, hablemos- dijo el coleccionista de arte mientras orinaba parado.
- Necesito ponerme en contacto con Victoria. No sé como encontrarla y su número no corresponde aun abonado en servicio.
- Hubo un tiempo en el que si le hubieras propuesto matrimonio ella hubiera aceptado. Afortunadamente, tu cobardía ganó- indicó Williams, mientras se lavaba las manos - Supongo que te arrepentiste y ahora queres que ella te de una segunda oportunidad.
- ¿Por qué me odia tanto?
- No soy yo quien te odia- dijo el empresario y luego sacó una tarjeta personal de cartón y con una pluma escribió en ella -Esta es su dirección. Dejaré que ella te lo diga- continuó y le entregó la tarjeta a Agustín.
Luego, Williams abandonó el baño y nuestro viajero se quedó leyendo la tarjeta. Vio que el padre de su ex novia había dejado el agua corriendo, por lo que se acercó hasta el lavamanos para cerrar la canilla pero antes de hacerlo volvió al futuro.

X

Cuando pudo sostenerse y volver a hacer pie, Agustín estaba nuevamente en el carguero, junto a Sergio, quien lo ayudó a pararse derecho.
- ¿Estás bien?- preguntó el provinciano, mientras que nuestro viajero recién llegado permaneció unos instantes mirándose a un espejo donde se reflejaba una imagen muy distinta a la que él tenía 1996.
- Ahora te ves mucho más viejo, ¿no?- inquirió Jorge desde la cama, donde seguía atado a la misma - Bienvenido, Agustín.
- Necesito llamar a Victoria.
- Me parece que en este momento llamar a tu novia no es nuestra prioridad- respondió Sergio.
- Escuchame hermano, no te conozco, pero vos parece que sí, entonces si somos amigos, necesito que me ayudés. Necesito llamar a Victoria ahora.
- Ustedes se están adelantando demasiado. Hace dos días, alguien saboteó todo el equipo- intervino Jorge -Perdimos toda comunicación con tierra firme. Probablemente, podría haberlo arreglado, pero entonces… me volví loco.
- ¿Dónde está el cuarto de radio?
- Es una cubierta arriba. Los llevaré hasta ahí- propuso el paciente, por lo que Sergio y Agustín lo desataron.
-¿Pero cómo salimos de acá?
-Por la puerta- respondió Jorge a Sergio, quien se volteó hacia el ingreso y vio que estaba abierto -Parecen que ustedes tiene a un amigo en este barco.
El provinciano se dirigió hasta la puerta y miró hacia el pasillo para asegurarse que nadie estaba por allí, mientras que Agustín ayudó a Jorge a ponerse de pie y también le alcanzó un pañuelo de papel para que se limpiar la sangre que le emanaba de la nariz. “Está despejado. Vamos”, les indicó Serg. Pero nuestro viajero volvió a quedarse catatónico.

IX

Nuestro viajero volvió a despertarse bruscamente. Esta vez estaba tirado en un sillón de cuero marrón dentro de la oficina de Daniel, en la UBA, mientras el científico seguía escribiendo frenéticamente en su pizarrón.
- ¿Qué pasó?- preguntó Agustín.
- Te desvaneciste durante 75 minutos- respondió Danny.
-¿Desvanecí?
- Si, si, si. Te volviste catatónico en el medio de una frase. Tuve que cargarte hasta el sillón ¿Supongo que volviste al futuro?
- Si.
- ¿Por cuánto tiempo?
- No lo sé ¿Cinco minutos?
Agus se quedó sentado en el sillón, algo aturdido y tomándose el rostro con las manos. Mientras que Daniel cargaba papeles de un lado al otro de la oficina.
- ¿Por qué me está pasando esto?
- En tu caso, creo que la progresión es exponencial. Cada vez que tu conciencia salta, te es más difícil regresar. Tendría cuidado al cruzar la calle si estaría en tu lugar.
Nuestro viajero hizo un gesto de negación con ligeros movimientos laterales de su cabeza y así alcanzó a ver la jaula donde estaba la rata blanca, inmóvil.
- ¿Qué le pasó?
- Murió.
- Si, lo puedo ver. Pero ¿cómo?
- Aneurisma cerebral, supongo. Más tarde le haré la autopsia.
- ¿Eso me pasará a mi?
- Los efectos parecen variar de caso en caso, pero….
- ¡Contestame!- ordenó Agus mientras de un salto tomó a Danny de las solapas de su ambo blanco y lo empujó contra el pizarrón - Si esto me sigue pasando ¿voy a morir?
- No lo sé- respondió un sereno pero tembloroso Daniel, tras lo cuál Agustín lo soltó y caminó unos pasos hacia atrás -Creo que el cerebro de Estelita entró en corto circuito. En los saltos entre el presente y el futuro, no pudo diferenciar uno del otro. No tenía algo para sujetarse.
-¿Qué querés decir con sujetarse?
- Algo familiar en ambos tiempos. Todo esto ¿Ves?-dijo el científico señalando el pizarrón- Son variables. Son el azar. Caóticas. Cada ecuación necesita estabilidad, algo conocido. Se llama constante. Vos no tenés una constante. Cuando vas al futuro, nada allí es familiar. Así que si querés detener esto, cuando estés ahí tenés que encontrar algo que realmente te importe y que también exista aquí, en 1996.
Agus quedó callado, pensativo, tratando de entender.
- Esta constante, ¿puede ser una persona?
- Si, puede ser. Pero tenés que hacer algún tipo de contacto ¿No dijiste que estabas en un barco en el medio de la nada?
Nuestro viajero no le respondió enseguida y en vez tomó el teléfono y comenzó a marcar un número.
- ¿A quién llamás?
- Estoy llamando a mi maldita constante.
“El número que ha marcado está actualmente desconectado”, se escuchó decir a la operadora telefónica, tras lo cuál, Agus salió corriendo de la oficina pero apenas bajó unos escalones trastabilló y se cayó.

VIII

Agustín despertó y aún sostenía el teléfono satelital mientras Enrique trataba de sacárselo. “Dame el teléfono”, le ordenó el jefe militar y luego le arrebató el aparato. Ante esa situación, Sergio empujó a Oscar, pero Francisco intervino: “¡Cálmense todos! Escuchame Enrique, Daniel sólo quería hablar con él (por Agus) y le traje el teléfono”.
-¿Dejaste que Daniel hablara con él?
- Dijo que podía ayudar.
- Daniel ni siquiera puede ayudarse a sí mismo- intercedió el médico del barco.
- Afuera, ahora- ordenó Oscar a Agus, que seguía en silencio, aturdido, a pesar de que la alarma ya había terminado de sonar -El capitán quiere hablar con vos.
- Y yo quiero hablar con el capitán- sostuvo Sergio.
- Me voy a asegurar de decírselo. Mientras tanto, sentate.
Luego, Enrique, Omar y el médico salieron del camarote y cerraron con llave la puerta. Nuestro viajero, en tanto, miró que en su palma tenía escritas las cifras que Daniel le había dicho por teléfono y él luego contado al científico en la UBA, y buscó la linterna con la que lo habían revisado los ojos.”Necesito regresar”, indicó, mientras se iluminaba la vista.
-¿Regresar a dónde? ¿A la isla?- preguntó Sergio.
- Dijo que me podía ayudar. Me dijo lo que tenía que hacer.
- Agus, explicame qué pasa.
- ¿Agustín? ¿Vos sos Agustín?- inquirió el enfermo.
- ¿Te conozco?- dijo Agus.
- Soy Jorge Méndez. Soy el oficial de comunicaciones. Antes de que me ataran acá, todas las llamadas hacia y desde el barco pasaban por mí. Y cada tanto tenía esta luz titilando en mi consola. Una llamada entrante. Pero teníamos órdenes de nunca atenderla.
-¿Y? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
- Esas llamadas provenían de tu novia, Victoria Williams.
Agustín lo miró sorprendido y luego se volvió a desmayar.

VII

Agustín recuperó la conciencia dentro de la cabina telefónica, donde se halló sentado en el piso de aquel pequeño habitáculo y sosteniendo con fuerza el tubo del intercomunicador. Soltó el teléfono y miró la palma de su mano, pero las cifras que creía haber anotado allí no estaban. Entonces se paró de inmediato y se fue directo a la Facultad, en la Capital Federal.
Al llegar a la estación subterránea de la Línea “D”, se dirigió a la sede de la UBA cruzando por la plaza, donde los jóvenes estudiantes caminaban de un lado al otro, entre jardines descuidados. Nuestro viajero estaba vestido con una camisa, un pantalón de jean azul oscuro, botas, campera de cuero marrón y una bufanda gris plomo. Llegando a la entrada de la Facultad vio a Daniel hablando con uno de sus alumnos al que le reclamaba mayor “originalidad” en su trabajo. El científico tenía el pelo mucho más largo pero su barba estaba igual de tupida que cuando se habían visto en la isla.
- Disculpá, ¿vos sos Daniel?
- ¿Y vos sos?- repreguntó el científico desconfiado.
- Perdón, soy Agustín Albiol y me dijeron que te encontraría acá- respondió el visitante que hizo una breve pausa -Creo que acabo de estar en el futuro.
- ¿El futuro?- preguntó Daniel sorprendido.
- Hablé con vos en el futuro y me dijiste que viniera a la UBA a buscarte. Dijiste que me ibas a ayudar.
- ¿Y por qué no te ayudé en el futuro?
- ¿Qué decís?
- ¿Por qué te daría el dolor de cabeza de viajar en el tiempo? ¿Entendés lo que digo? Parece un poco innecesario.
Agus se quedó callado, sin saber cómo convencer al científico, que seguía diciéndole que todo aquello le resultaba falso.
- ¿Y no creés que mis colegas podrían salir con algo más creíble? ¿Qué broma es esta?- continuó Daniel y luego comenzó a caminar alejándose de Agustín y dando por terminada la charla -Paradoja temporal, tan poca imaginación.
- Fijá el dispositivo a 2,342 y hacé que oscile a 11- indicó Agus a espaldas del científico, que en ese momento se detuvo y se volvió.
- Bueno, ahora me vas a decir quién te dijo esos números.
- Vos me los dijiste.
- No, esto es ridículo.
- Yo sé sobre Estelita.
Daniel quedó pasmado y luego guió a Agustín hacia su oficina, donde había montado una especie de laboratorio encubierto, donde reinaba el desorden de papeles y tubos de ensayo.
- ¿Qué es todo esto?
- Acá es donde hago las cosas que la Facultad no aprueba- dijo el científico, al tiempo que comenzó a caminar de un lado al otro, frenético y consultaba una pequeña libreta -Esta versión mía del futuro, ha referenciado esta reunión, ¿no? Entonces te recordaría viniendo a la UBA, recordaría esto, aquí, justo ahora.
- En realidad, no.
- ¿No?
- No. Tal vez se te olvidó.
- Si, claro, ¿Cómo iba a pasar eso?- dijo un Danny irónico y luego se colocó un sobretodo extraño, ya que se parecía más a una camisa de fuerza o un delantal industrial.
- Entonces, ¿esto cambia el futuro?
- No se puede cambiar el futuro.
- ¿Para qué es eso?- preguntó Agus señalando la prenda que el científico acababa de colocarse.
- Es para la radiación.
- ¿No me vas a dar uno?
- No lo necesitás. Es para una exposición prolongada. Hago esto veinte veces al día- dijo el científico mientras activaba una serie de botones, perillas y palancas, delante de una amplia mesa en la que se apoyaba un laberinto de madera.
- ¿Y qué te ponés en la cabeza?
- Bueno…
Daniel colocó las cifras que Agustín le había dicho en un ordenador y luego fue hasta una jaula ubicada en un costado y tomó una rata blanca. “Esta es Estelita”, le indicó a su visitante y colocó al roedor dentro del laberinto. Una vez allí, puso una lámpara sobre el animal.
-¿Para qué es eso?
- Si los números que me diste son correctos, esto, lo que hará es despegar a Estelita del tiempo, igual que vos- respondió el científico, al tiempo que encendió la lámpara, de la que salió una luz blanca, poderosa.
Esa energía recayó sobre el diminuto cuerpo de la rata, que se quedó inmóvil, pero respirando aceleradamente. Luego de unos segundos, en los que Daniel y Agustín observaron detenidamente y en silencio, la lámpara se apagó. El científico se sacó la protección contra la radiación y miró a Estelita.
-¿Qué pasó?- preguntó Agus.
- Shhh, todavía no regresó.
Instantes después, la rata comenzó a moverse, en clara señal de que había recobrado la conciencia.
- Ahí está. Bueno, a ver…- dijo Daniel y luego levantó la pequeña puerta que obstruía el paso del roedor dentro del laberinto, tras lo cuál, el animal empezó a recorrer los pasillos. “Vamos, vamos. Eso es”, le decía el científico que seguía los pasos de Estelita caminando alrededor de la mesa.
“¡Funcionó!”, exclamó Daniel cuando la rata llegó rápidamente a la salida del laberinto. “Esto es increíble”, añadió.
- Disculpame, ¿pero qué tiene de increíble que una rata atraviese un laberinto?
- Lo que es increíble es que terminé el laberinto esta mañana y no iba a enseñarle cómo atravesarlo hasta dentro de una hora.
- ¿Entonces la enviaste al futuro?- preguntó Agus sin entender lo que ocurría.
- No, no, no. Fue su conciencia, su mente la que viajó- respondió Daniel y luego corrió hasta un pizarrón donde borró lo que estaba escrito.
- ¿Y esto cómo me ayuda a mi?
- ¿A vos? ¿Ayudarte? No entiendo ¿No te envié para ayudarme?
-No sé por qué me enviaste acá. Todo lo que sé de vos es que terminaste en una maldita isla.
- ¿Una isla? ¿Qué isla? ¿Por qué iría yo a una isla?- repreguntó el científico pero Agus no le respondió porque se desmayó en el mismo momento.