El crimen del militante XI

El comisario Héctor González, titular de la seccional 1ra. de Florencio Varela, declaró el martes 11 de septiembre que conocía al acusado Favale como integrante de la barra brava de Defensa y Justicia porque aquel solía concurrir a la dependencia a su cargo parea coordinar los operativos de seguridad de los partidos de dicho club.

Este testigo contó que los efectivos de la Policía Federal le solicitaron colaboración para detener a Favale por el crimen de Mariano Ferreyra y que participó del allanamiento al domicilio del imputado y a la remisería en la que trabajaba, ambos con resultado negativo.

El comisario González declaró que luego de esos procedimientos recibió un llamado del Favale, a quien le dijo que era buscado por el homicidio del joven militante, a lo que el acusado le aseguró que él no tenía nada que ver con el crimen.

“Le dije que si no tenía nada que ver se presentara, pero me dijo que no lo haría porque estaba viajando a Chascomús”, recordó el jefe policial.[1]

Pero la situación de Favale quedó aún más comprometida cuando el jueves 13 de septiembre, un nuevo testigo, el militante del PO, Néstor Miño, lo identificó como uno de los tiradores durante los incidentes que terminaron con el crimen de Ferreyra.

“El tirador tiraba en medio de la calle, disparando a media altura, al cuerpo, no hacia abajo o arriba y yo les dije a mis compañeros que si volvía a verlo lo reconocía. Y lo vi en la televisión, era Cristian Favale”, Miño.[2]

Este testigo recordó que antes del crimen hubo un primer “enfrentamiento cuando los compañeros quisieron subir a las vías” y el grupo de los ferroviarios se los impidió.

Miño dijo que en ese enfrentamiento escuchó “algunas detonaciones” pero que pensó que eran de la policía y señaló que los ferroviarios “tiraban piedras” mientras que algunos de los manifestantes se defendían con “gomeras”.

El declarante indicó que cuando se trasladaron a Barracas y luego de la asamblea en la que los manifestantes decidieron desconcentrar, se produjo el segundo enfrentamiento con nuevos disparos de arma de fuego.

“La policía no hizo nada en ningún momento, los que bajaban por el terraplén pasan por entre dos patrulleros cruzados en la calle y se van a atacar, era un malón que venía gritando y metía miedo, parecía que nos iban a pasar por encima por la forma de gritar. Nosotros éramos pocos, estábamos desconcentrando, todos venían de arriba de la vía”, recordó.[3]

En similar sentido se expresó en la audiencia del lunes 17 de septiembre, Edgardo Mani, uno de los manifestantes del grupo de Ferreyra, al declarar que los policías presentes en el lugar de los hechos “no hicieron nada para evitar el ataque de la patota” y aseguró que uno de los dos patrulleros que se habían cruzado sobre la calle “se corrió para que pasen los ferroviarios”.[4]

Este testigo contó que los de haber escuchado “seis o siete detonaciones seguidas” se acercó al patrullero junto a una de las víctimas heridas de bala y les recriminó a los efectivos su “inactividad”.

Mani dijo que en el grupo agresor reconoció al acusado Uño porque vivía a “dos cuadras” de su casa y que tiene “tiene relaciones con la barra de Defensa y Justicia”.

El declarante admitió haber utilizado una gomera para repeler la agresión y que su grupo llevó palos pero para “hacer cordón” y defenderse, algo habitual en las marchas.

“En la foto de Clarín lo reconocí, era Favale, no me voy a olvidar nunca”, aseguró Norberto Rosetto, militante felpo, al declarar el martes 18 de septiembre como testigo en el juicio y respecto del tirador agregó: “Nos tiraba agachado con los brazos extendidos moviéndolos de uno lado a otro”.[5]

Este testigo reiteró el reconocimiento de Favale durante la exhibición en la sala de audiencias de un video en el que se ve a un grupo de ferroviarios caminando sobre las vías del ferrocarril Roca el día del crimen.

Sobre la actuación de la policía, Rosetto, dijo: “Vi un par de patrulleros que nos estaban siguiendo con policías de a pie y armaron una fila pero cuando la patota empezó a agredirnos se corrieron para que pasaran”.[6]

Por su parte, José Eduardo Sotelo, un psicólogo que pasaba por el lugar de los hechos y era un testigo protegido, declaró que uno de los tiradores gritó: “Negro, le dimos a uno”, tras lo cual, un tercer integrante del grupo agresor recogió las armas de fuego.[7]

“En ningún momento vi policías, ni ambulancias, ni nada”, añadió Sotelo.[8]

El crimen del militante X

Dos días después de haber sido comprometido por el testigo protegido, el imputado Díaz recibió otro revés judicial cuando la Corte Suprema de Justicia rechazó por inadmisible el pedido de su defensa para ser excarcelado por el crimen de Ferreyra.

Y en esa misma jornada, otro testigo protegido apuntó contra el acusado Sánchez al asegurar que éste concurrió armado a la convocatoria de los ferroviarios para evitar el corte de vías de los mercerizados apoyados por el grupo de manifestantes del joven militante asesinado.

“Traje el muñeco”, recordó el testigo que le dijo Sánchez cuando ambos iban rumbo al lugar de los hechos a bordo del mismo auto y el acusado le mostró un revólver que guardaba en la guantera.[1]

El declarante también reconoció que había sido convocado por el acusado Díaz a quien conoció tras haberse afiliado a la Unión Ferroviaria.

“A los delegados, como Pablo Díaz en el Roca, no los elegimos nosotros sino que los pone el gremio, que maneja todos los puestos de trabajo”, señaló el testigo.[2]

Respecto de los hechos que derivaron en el crimen de Ferreyra, el declarante contó que al escuchar los disparos comenzó a correr y que recibió un tuercazo en la cabeza, por lo que el acusado González lo llevó en auto al Hospital Argerich para ser asistido.

Según el testigo, camino al hospital, González que “no dijera nada porque se pudrió todo”.[3]

Por su parte, el imputado Sánchez decidió declarar para tratar de derribar la versión del testigo protegido que lo ubicó armado en la escena del crimen. “Él (por el testigo) puso en el torpedo del auto una riñonera, no sé si con un arma, con la picadora de boletos o qué, fue Claudio Díaz, que ahora me acusa pero era mi amigo”, indicó el acusado que sí reconoció que el auto en el que se movilizaban era el suyo.[4]

El acusado, cuya defensa solicitó una carea con el testigo protegido pero el tribunal rechazó el pedido, negó apodarse “Payaso” y ser barra brava de Racing.

El lunes 10 de septiembre, se escuchó a la agente de Asuntos Internos Mariela Redin, quien contó que, como parte de una investigación paralela a la del homicidio, entre las tareas que realizó estuvo vigilar en su domicilio y seguir al por entonces agente de inteligencia, Juan José Riquelme, quien, según el testigo, en al menos dos oportunidades fue a la sede de la Unión Ferroviaria y al menos una de esas visitas coincidió con la presencia de Pedraza en el edificio.

El caso de este ex espía de la Secretaria de Inteligencia consta en una causa conexa a la del crimen de Ferreyra y en la que se investiga el presunto pago de un soborno de 50 mil dólares a la Cámara Nacional de Casación Penal para lograr la excarcelación de los detenidos por el homicidio, entre ellos, el imputado Uño.

En ese marco, los investigadores sospechan que el agente fue el intermediario para efectivizar el pago de ese supuesto soborno y por eso fue detenido por orden de la jueza López.

De hecho, mientras se desarrollaba el juicio, el juez de Instrucción porteño Luis Rodríguez dictó el procesamiento de Riquelme, Pedraza, el ex magistrado Octavio Aráoz de Lamadrid por el delito de “tráfico de influencias”, el secretario judicial Luis Ameghino Escobar y el contador de la Unión Ferroviaria Angel Stafforini.

Según las escuchas telefónicas de la jueza López, Aráoz de Lamadrid habría ofrecido a los camaristas el dinero de Pedraza a través del contador Stafforini; mientras que Escobar, empleado de la Cámara Nacional de Casación Penal, se encargaría de que la causa sea tratada por la Sala III de dicho cuerpo.

De acuerdo a los pesquisas, en el estudio jurídico de Aráoz de Lamadrid se secuestraron 50.000 dólares en cinco fajos de billetes, tal como habían sido retirados de un banco por Stafforini.

Por otro lado, declaró en el debate el comisario mayor retirado Eduardo Innamorato, quien al momento del crimen de Ferreyra era el jefe de la Dirección General de Seguridad e Investigaciones en los Medios de Transporte de la Policía Federal

Este testigo contó que él se enteró un día antes del homicidio de la marcha que iban a realizar los mercerizados, por lo que ordenó realizar un operativo “preventivo” en la estación de trenes de Avellaneda, y entre los que recibieron dicha directiva se encontraba, según el testigo, el comisario Lompizano, uno de los policías acusados de abandono de persona.

El ex jefe policial recordó que el día del crimen estaba en su oficina y cerca de las 13.30 escuchó a uno de los jefes del operativo en Barracas, el enjuiciado comisario inspector Mansilla, que “modulaba para que se informe a la comisaría 30 que bajaban los de la Unión Ferroviaria”.[5]

Luego se produjeron los incidentes que derivaron en el homicidio y, de acuerdo al testigo, cuando Mansilla regresó a su oficina le informó que todo se había desarrollado con “normalidad”.

El crimen del militante IX

Al momento del crimen de Ferreyra, el sargento Alejandro Tocalino prestaba servicios en la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) Quilmes de la policía bonaerense y, según declaró en el juicio el jueves 30 de agosto, poco después del homicidio del joven militante del PO, el imputado Favale lo llamó y le contó que había estado en el lugar de los hechos. El efectivo también contó que conocía al acusado desde 2009 y que se lo había presentado un compañero de la fuerza de nombre “Mauricio”.

“Por la época de lo ocurrido me llama a mi Nextel y me dijo que había estado en el problema de Capital, que si sabía algo que le avise, me llamó reiteradas veces y a Mauricio también”, señaló Tocalino. [1]

El sargento contó que en un primer momento no supo a qué se refería Favale con “el problema de Capital” pero cuando se enteró le comunicó la novedad a su superior inmediato.

El testigo señaló que conocía al acusado por el nombre de “Cristian” ya que no sabía su apellido, aunque sí estaba al tanto de que Favale tenía un Chevrolet Corsa, trabajaba como remisero en Florencio Varela y era hincha del club de esa localidad, Defensa y Justicia.

Ante una pregunta de la defensa de Favale, Tocalino admitió que para noviembre de 2010 él sabía que el personal de la DDI Lomas de Zamora realizaba tareas de inteligencia para localizar el domicilio del acusado y que se contactó con esos efectivos antes de que realizaran el allanamiento para ofrecerse como “mediador” con el sospechoso.

En la misma audiencia también declaró el principal Ángel Castro, quien estuvo a cargo de tareas de inteligencia para localizar al imputado Díaz. “Buscábamos por Internet los datos y teníamos el NOSIS”, dijo en referencia a una empresa privada que entrega datos personales y crediticios. “Lo teníamos hasta que no se pagó más, alguien lo pagaba para trabajar porque no tenemos acceso a grandes bases de datos y si no, no llegamos nunca a nada”, agregó el testigo.[2]

Luego, en la jornada del lunes 3 de septiembre, declaró Víctor Apaza, subinspector de Asuntos Internos la Policía Federal, que contó que el imputado Pedraza fue detenido el 22 de febrero de 2011 en su departamento del barrio porteño de Puerto Madero y que el acusado no ofreció resistencia.

Este testigo también se refirió a un allanamiento previo en la sede de la Unión Ferroviaria y una cooperativa de donde secuestraron el contenido de una caja fuerte y de los discos de las computadoras del que luego se obtuvo la prueba para conformar la acusación

Un día después declaró un testigo protegido que admitió haber sido parte del grupo agresor y que la pelea con los manifestantes la empezaron ellos, al tiempo que complicó puntualmente la situación de los imputados Favale, Díaz y Fernández.

Este testigo, que trabajaba como guarda ferroviario desde 1995, contó que recibió un llamado telefónico de Díaz para “evitar que los zurdos corten las vías” y que accedió a ir porque había sacado un crédito y buscaba que un familiar obtuviera un puesto en la empresa.

Contó que al llegar a la estación Avellaneda vio en el lugar a los acusados Sánchez, Pérez, Pipito, Uño, Díaz y González, y también a otro grupo que él no reconoció como ferroviarios y que le dijeron que a esas personas las había convocado “Pablo”, por Díaz.

“Nosotros nos separamos en dos grupos y vi a uno del otro flanco que disparó cuatro y cinco veces hasta que se trabó el arma y empezó a gritar. Pablo Díaz le dijo que sacara los otros fierros pero el tipo decía que no había llevado más”, declaró el testigo que identificó al tirador como Favale. “Este le decía a los gritos a Díaz que ´al gil ese de la gomera le agujeree la panza´”, agregó en referencia a Ferreyra.[3]

El testigo recordó que luego vio a Díaz hablar por celular con alguien y que tras esa comunicación le indicó al grupo de los ferroviarios retirarse del lugar. “Dice el Gallego que nos vayamos rápido de acá”, señaló.[4]

El declarante reconoció que se decidió a contar lo que él sabía porque un amigo suyo, contratista de la Municipalidad de Quilmes, le recomendó al día siguiente del crimen que lo hiciera porque sino “iba a terminar preso” por algo que no había hecho, y así fue que lo llevaron hasta el intendente de ese partido, Francisco Gutiérrez, quien tras escuchar lo que tenía para contar lo condujo al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

Allí, el ministro Julio Alak lo llevó hasta la fiscal de la causa, Graciela Caamaño para que prestara declaración formal ante la Justicia.

El crimen del militante VIII

El lunes 27 de agosto declaró como testigo María Wenceslada Villaba, una militante del PO que estaba junto a su compañera Elsa Rodríguez cuando la balearon a ésta y también vio a Ferreyra cuando agonizaba.

La mujer contó que ella caminaba junto a Rodríguez por una calle lindera a las vías del tren en Barracas de donde habían decidido retirarse tras los primeros incidentes en los que, según la testigo, su compañera ya había recibido una pedrada en el brazo.

“Iba con Elsa volviendo para el local, no íbamos ordenados, no miré para atrás ni Elsa tampoco. Se sentía griterío, lío, íbamos conversando por la vereda, en la esquinita había agua y barro, yo salto y sigo derecho pero Elsa no, hice tres pasos y escuché ´se resbaló Elsa´, la vi caer, me vuelvo para atrás y le digo:´Che te pegaron en la mano, no es para que te desmayes´, pensando que se había resbalado”, relató Villalba.[1]

Y agregó: “No me da la mano cuando le di la mía, la miro a los ojos y estaban cerrados, la agarro de la pera para darle una bofetada y le veo en el costado de la frente que le cuelga, un agujero hondo en la sien. La dejé despacito, era una bala, y grité: ´escóndanse que nos quieren matar´”.[2]

La testigo contó que en ese momento dejó a su compañera en el piso y comenzó a correr y pedir auxilio para que alguien llamara a una ambulancia. “Corría y gritaba, seguí corriendo y en la esquina todos gritaban, ahí les dije mataron a Elsa de un tiro en la cabeza y que quería un celular. Ahí miré para el costado y vi a Mariano, tirado contra una pared y ya no me acordé de más nada, ni de los números para llamar”, relató.[3]

Con lágrimas en los ojos, Villaba señaló que se acercó hasta Mariano. “Lo revisé, le subí la remera y le encontré un hueco como el de Elsa”, describió.[4]

“(El joven baleado) Tenía una pierna arrollada, otra estaba estirada, se había hecho pis, traté de bajarle la cabeza, pero él no hablaba, tenía los ojos abiertos, grandes, pero él no tenía fuerza. Alguien me dijo `no lo toques`, le dije que quería sacarle la mochila y acostarlo, lo acostamos y yo le decía que ya habíamos pedido ayuda y venía la ambulancia. Le mentí, porque realmente no sabía”, añadió la testigo, cuya declaración debió ser interrumpida porque no podía parar de llorar al recordar los hechos.[5]

Mientras que en la jornada del martes 28 de agosto, el sargento José Alberto Ortigoza contó que había al operativo de seguridad donde se desarrollaba la marcha de los manifestantes del PO ido vestido de civil y que debía informarle al subcomisario Rolando Garay, de la seccional 30ra. -en referencia a uno de los policías imputados-, qué decisiones iban tomando los que protestaban. El testigo también dijo que conocía a Belliboni como referente del PO ya que lo había tratado en otras protestas.

Ortigoza explicó que primero vio que los manifestantes hicieron una asamblea y luego decidieron retirarse del lugar. “Veo gente que venía corriendo desde el lado de las vías (…). Iban en persecución detrás de los manifestantes (...) caían piedras grandes”, relató el testigo.[6]

El sargento contó que en ese momento observó a los periodistas de C5N que estaban en el lugar y les gritó que se corrieran y pusieran a resguardo. También dijo que cerca de él había otros policías de la División Roca vestidos de civil a los que los agresores se les abalanzaban al grito de “¡estos están con ellos, vamos a darles!”,[7] aunque uno de los efectivos los convenció de que eran policías.

A su turno, el suboficial escribiente Luis Humberto Coronel ofreció un testimonio en el que fue cambiando su descripción de los hechos, por ejemplo, cuando se refirió a quiénes tiraban piedras, en qué dirección iban y a qué distancia estaba él. “Diez, veinte metros, pongamos veinte, bueno, lo que usted quiera”, le contestó al juez Díaz.[8]

Este testigo dijo que en realidad no vio si un grupo alcanzó al otro, por lo que el juez Barroetaveña le indicó: “Es que dice cosas distintas según quién le pregunta”.[9]

Coronel si afirmó que él no tenía instrucciones para buscar una negociación y evitar los hechos de violencia, y que el grupo agresor desbordó. Y agregó que luego de enterarse de que había personas baleadas no recibió órdenes de rastrear las armas.

Por último, el inspector Sergio Domínguez explicó que no pudieron impedir el paso de los agresores y que la orden que recibió fue cuidar de que a ellos mismos no les pasara nada.

El crimen del militante VII

Federico Lugo, quien integraba el mismo grupo de manifestantes que Ferreyra, declaró el 23 de agosto que el día del crimen no hubo un enfrentamiento con la patota ferroviaria sino que hubo un ataque contra los que protestaban.

El testigo indicó durante el debate que los agresores bajaron de las vías del ferrocarril Roca en Barracas y que ante esa situación, él junto a otras 10 o 15 personas formaron un cordón humano para proteger a los manifestantes.

“El cordón es atacado y nosotros devolvemos algunos piedrazas”, relató Lugo quien admitió que “para la defensa” se habían distribuido palos entre los integrantes de su grupo.[1]

El testigo dijo que en ese momento vio en en medio de la calle, entre los que conformaban el grupo de los “atacantes” a una persona con “un arma de fuego” que los “estaba apuntando” y que luego escuchó a Nelson Aguirre que se agarraba la pierna y gritaba: “Son balas de plomo”.[2]

“Fue un ataque, no fue un enfrentamiento”, aseguró Lugo, quien describió a la persona armada como “robusta”, que se encontraba “agazapada” y con el arma “en la mano derecha”.[3]

Por su parte, la defensa del acusado Pedraza pidió la nulidad de todo el proceso y su excarcelación por considerar que se habían producido “contradicciones” entre los primeros ocho testigos y presentado “pruebas viciadas”.

El defensor Carlos Froment también solicitó nuevamente la excarcelación de Pedraza y el tribunal le indicó que lo iba a resolver al día siguiente, aunque el requerimiento de nulidad lo iba a definir al finalizar el debate.

El día después, el tribunal finalmente rechazó el pedido de excarcelación de Pedraza y también de los acusados Fernández, Alcorcel, Uño y Sánchez, cuyos defensores se habían sumado al requerimiento del abogado Froment.

Es que los defensores sostenían la versión del enfrentamiento, de que “los militantes querían pelea y a tuvieron” –tal como lo describió el abogado Alejandro Freeland, defensor de Fernández- y que los ferroviarios dispararon para defenderse. Y para ello, se basaron en los dichos de un testigos presencial, Miguel Angel Espeche, quien declaró que antes de los incidentes ya había utilizado “una o dos veces” la gomera.[4]


El crimen del militante VI

En la jornada del 21 de agosto, el imputado Favale fue identificado por un testigo del juicio por el crimen de Ferreyra como quien disparó un arma de fuego contra los manifestantes entre los que se hallaba la víctima.

Eduardo “Chiquito” Beliboni, quien también formaba parte de la protesta del PO, aseguró ante el tribunal que Favale integraba el grupo agresor, aunque solo después supo cómo se llamaba.

“Vi una persona que disparaba, se agazapaba y tiraba” y que lo hacía con la mano derecha y “buscando el ángulo de tiro” desde una distancia que el testigo ubicó “entre 15 o 20 metros” de donde él estaba.[1]

Beliboni aclaró que cuando declaró ante la juez de instrucción López no sabía cuál era el nombre del tirador y que recién lo supo días después a través de los canales de televisión y los diarios que publicaron imágenes del acusado.

El testigo señaló que él “estaba en la línea de fuego” del agresor armado y que detrás suyo, “a unos 100 metros” se hallaba Elsa Rodríguez.[2]

Además, Beliboni sostuvo que “la policía fue funcional al ataque” que sufrieron los manifestantes ya que la bonaerense “comenzó a disparar contra” con ellos y que una vez que llegaron a la Capital Federal el personal de la Policía Federal “desapareció del lugar” y “volvió después” de la agresión.[3]

Según Beliboni, el testigo Aguirre fue quien le avisó que les estaban “tirando con plomo” y contó que luego de escuchar “cuatro y cinco” disparos vio a Ferreyra tirado en el piso, aunque en un primer momento creyó que se había descompuesto o desmayado.[4]

El testigo estimó que el grupo agresor lo formaban entre 80 y 110 personas al tiempo que negó que hubiera manifestantes con armas de fuego. Aunque, del mismo modo que Aguirre, declaró que algunos se defendieron con piedras y palos.

En esta jornada también declaró el militante del PO Lisandro Martínez, quien también aseguró haber visto a un hombre disparar un arma de fuego durante los hechos. “Vi a un gordito, agazapado, que tiraba poniendo las manos como en la película ´Los profesionales´, las dos manos en el arma y me pareció un revólver”, relató.[5]

A diferencia de Beliboni, este testigo dijo que no pudo ver la cara del tirador porque “no estaba quieto, estaba en acción, vestía chomba azul oscura, creo que vaqueros, era robusto, tenía las piernas abiertas y estaba semiagachado”.

Martínez agregó que cuando intentaron perseguir a los agresores, estos “salieron corriendo” pero “la policía” les “cerró el paso con patrulleros” y señaló que habló en dos ocasiones con un oficial “vestido de seda y corbata rosa” pero no logró ningún tipo de ayuda.[6]

El crimen del militante V

Nelson Aguirre, miembro del comité Almirante Brown del PO fue uno de los compañeros de Ferreyra que resultó herido en el mismo hecho y el 16 de agosto declaró como el primer testigo del juicio.

“Había dos patrulleros de la (Policía) Federal (estacionados) en 45 grados, pero cuando comenzó la agresión y nosotros intentábamos desconcentrarnos, ya no estaban”, indicó.[1]

Respecto del momento en que fue herido de un tiro en la pierna derecha y otro en el glúteo izquierdo, el testigo señaló: “Alcancé a ver que avanzaba agazapado un hombre con un arma (de puño) al que no conozco pero era de mi misma contextura física, de pelo corto y vestía una chomba o una camisa de mangas cortas, celeste o gris”.[2]

Aguirre contó que a pesar de haber sido baleado alcanzó a auxiliar a su compañera Elsa Rodríguez que presentaba un tiro en la cabeza. “Estaba tirada con mucha sangre y parecía muerta, por eso la cargamos primero en la ambulancia} que también me cargó a mí y a Mariano”, añadió.[3]

Luego, con la ayuda de una maqueta, Aguirre detalló que la guardia de Infantería de la Policía Bonaerense que seguía la marcha de los tercerizados cruzó el Puente Bosch -que separa Avellaneda de la Capital Federal- y que “en vez de impedir que los ferroviarios apostados sobre las vías” les “tiraran piedras” cuando ellos caminaban “por abajo”, les dispararon “balas de goma”.[4]

“Formamos un cordón de seguridad para que se alejaran hacia avenida Vélez Sarsfield los más viejos y muchas mujeres con chicos y nos defendimos con lo que pudimos”, explicó Aguirre y en ese sentido precisó que utilizaron “las piedras” que les arrojaban y las que “había en el suelo”, y “palos” que habían “llevado en una bolsa”.[5]

Por su parte, el defensor de Uño, Oscar Igounet, opinó ante el tribunal que él consideraba que no se había tratado de una agresión sino de “una gigantesca gresca en la que hubo un aparato desplegado por el PO y otras organizaciones para provocar, y una defensa, acaso excesiva”.[6]

A raíz de este comentario, Claudia Ferrero, una de las abogadas de la querella, discutió con el letrado defensor, por lo que el presidente del tribunal, Horacio Díaz, obligó a ambos a retirarse del recinto.