El entrenador de River, Leonardo Asorda, fue quien desde un principio dejó en claro cuál era la postura de su equipo ante el inminente choque con Boca. Sin rodeos y de manera contundente, el técnico expresó que el objetivo era ganar la copa pero también el torneo local.
“Hoy no firmo perder el campeonato local a cambio de ganar la Libertadores como no lo hubiera firmado cuando me hice cargo del equipo. Siempre tuve mucha confianza en el plantel y sabía que podíamos pelear las dos cosas como lo estamos haciendo", expresó luego de la práctica del viernes 29.
Astrada sabía que si bien River llegaba en un mejor nivel futbolístico, Boca venía de ganar todo con Bianchi y eso era para respetar, aunque el propio entrenador xeneize había dicho en los días previos que su equipo llegaba de punto a los partidos por las semifinales.
El presidente de River, José María Aguilar, era consciente de que su plantel estaba frente a una oportunidad única. Contaban con las chances de ganar ambas cosas y así superar los logros del Boca de Bianchi versión 2003 que había obtenido la triple corona pero no el torneo local y la copa en el mismo semestre.
Aguilar no podía ocultar su ánimo cargado de ansiedad, nervios y tensión, propio de cuando se está frente a un momento histórico. "Estamos a ocho partidos de ser un gran emperador de Roma o de ser el último de los mohicanos”, dijo.
En la mente de los hinchas millonarios estaba la imagen de uno de los ciclos más exitosos de la historia del club: el de Ramón Díaz. El riojano había ganado en 1997 el Apertura y la Supercopa en cuestión de días. Desde entonces, ningún equipo había logrado repetir semejante hazaña. Ni siquiera el Boca de Bianchi.
River estaba motivado porque en la recta final del torneo Clausura estaba puntero con 36 unidades mientras que Boca lo escoltaba a dos unidades. No era mucha la diferencia pero a tres fechas del final podía ser determinante.
En el camino hacia aquella potencial consagración, River debía enfrentar a Lanús en el Monumental, a Talleres en Córdoba y a Atlético Rafaela en Núñez. Boca, en tanto, debía visitar a Olimpo en Bahía Blanca, luego recibir a Colón y en la última fecha enfrentar de visitante a San Lorenzo.
El equipo de Bianchi necesitaba ganar los tres partidos y esperar que el de Astrada perdiera al menos uno para soñar con el bicampeonato. Algo que antes de los supeclásicos coperos era fácil de imaginar pero casi imposible de conseguir.
Problemas en azul y oro
Las cosas no funcionaban de la mejor manera en Boca. El primer entrenamiento del plantel de Carlos Bianchi con miras a los choques contra River fue bastante perturbador a partir de la denuncia de un preso que había asegurado que planeaban secuestrar al Virrey y a varios jugadores. Ante esa situación, arribó a la Casa Amarilla una gran cantidad de periodistas que no necesariamente se especializaban en los temas deportivos.
La inseguridad se había colado de lleno en la vida de un plantel y cuerpo técnico a los que le fueron asignadas custodias policiales personales aunque rápidamente los propios jugadores y el entrenador reclamaron que se las saquen para poder trabajar de manera más tranquila y bajar la sensación de angustia y miedo que habían generado los medios.
Pero los problemas no eran sólo extra futbolísticos, el mediocampista y capitán Diego Cagna padeció durante ese extraño entrenamiento un esguince de rodilla en una práctica de fútbol informal y distendida y quedó descartado para el primer clásico más clásico contra River.
El clima de Boca no era tan festivo como el millonario pero a la hora de enfrentar a los periodistas los jugadores xeneizes mostraban un discurso muy similar al de sus rivales, en el que la primera regla era pensar en los compromisos por el torneo local y después en los clásicos.
“Todos hablan de los superclásicos que se vienen, pero para nosotros es importantísimo ganarle a Arsenal. De ninguna manera queremos resignar las chances que tenemos en el campeonato local", dijo el mediocampista Javier Villarreal al abandonar la práctica.
La inseguridad se había colado de lleno en la vida de un plantel y cuerpo técnico a los que le fueron asignadas custodias policiales personales aunque rápidamente los propios jugadores y el entrenador reclamaron que se las saquen para poder trabajar de manera más tranquila y bajar la sensación de angustia y miedo que habían generado los medios.
Pero los problemas no eran sólo extra futbolísticos, el mediocampista y capitán Diego Cagna padeció durante ese extraño entrenamiento un esguince de rodilla en una práctica de fútbol informal y distendida y quedó descartado para el primer clásico más clásico contra River.
El clima de Boca no era tan festivo como el millonario pero a la hora de enfrentar a los periodistas los jugadores xeneizes mostraban un discurso muy similar al de sus rivales, en el que la primera regla era pensar en los compromisos por el torneo local y después en los clásicos.
“Todos hablan de los superclásicos que se vienen, pero para nosotros es importantísimo ganarle a Arsenal. De ninguna manera queremos resignar las chances que tenemos en el campeonato local", dijo el mediocampista Javier Villarreal al abandonar la práctica.
Los árbitros
Un día después de que River consiguiera su clasificación, la Confederación Sudamericana de Fútbol (C.S.F) comenzó a darle forma al gran duelo con la designación de los árbitros: Claudio Martín iba a ser el juez en la primera semifinal en la Bombonera y Héctor Baldassi en la segunda en el Monumental.
No fue relativo el papel de Martín. Es más, como se describirá en el desarrollo, el desempeño del árbitro en el primer encuentro fue muy discutido y motivó duras polémicas durante varios de los días posteriores.
Los últimos superclásicos dirigidos por Martín habían sido el disputado el 17 de mayo de 2000, con victoria de River por 2-1 en el Monumental, y el primer choque por los cuartos de final de la Copa Libertadores de ese mismo año en el que los millonarios se impusieron sobre sus primos también por 2-1 y en condición de local.
Es decir, que Martín había sido árbitro en dos de las últimas victorias de River, un dato anecdótico para muchos, pero no para los hinchas y jugadores boquenses que iban a recordar esa información a la hora de criticar los fallos del árbitro.
Por su lado, el último superclásico de Baldassi había sido el 1 de junio de 2003, en el empate 2-2 en la Bombonera por el Torneo Clausura.
No fue relativo el papel de Martín. Es más, como se describirá en el desarrollo, el desempeño del árbitro en el primer encuentro fue muy discutido y motivó duras polémicas durante varios de los días posteriores.
Los últimos superclásicos dirigidos por Martín habían sido el disputado el 17 de mayo de 2000, con victoria de River por 2-1 en el Monumental, y el primer choque por los cuartos de final de la Copa Libertadores de ese mismo año en el que los millonarios se impusieron sobre sus primos también por 2-1 y en condición de local.
Es decir, que Martín había sido árbitro en dos de las últimas victorias de River, un dato anecdótico para muchos, pero no para los hinchas y jugadores boquenses que iban a recordar esa información a la hora de criticar los fallos del árbitro.
Por su lado, el último superclásico de Baldassi había sido el 1 de junio de 2003, en el empate 2-2 en la Bombonera por el Torneo Clausura.
Los caminos de la copa
Los caminos que recorrieron tanto River como de Boca para llegar al decisivo enfrentamiento por las semifinales de la copa fueron, tal como había ocurrido en las anteriores ediciones de este certamen, bastante accesibles en la primera fase pero mucho más difíciles a partir de los octavos de final.
El equipo millonario formó parte del Grupo 6 junto a Libertad de Paraguay, Deportes Tolima de Colombia y el Deportivo Táchira de Venezuela. Debutó el 11 de febrero con un empate sin goles en territorio venezolano pero luego tuvo una racha de tres victorias consecutivas: 4-1 frente a los paraguayos en Núñez; y 3-2 y 1-0 contra los colombianos.
Con esa seguidilla de triunfos, los dirigidos por Leonardo Astrada se aseguraron prácticamente la clasificación para la siguiente ronda de la copa, por lo que en los dos partidos restantes se vio a un equipo mucho más relajado que terminó regalando puntos: perdió 0-1 contra el Libertad en Paraguay y cerró su participación el 14 de abril con un pobre empate 2-2 contra el Táchira ante su público.
Sin embargo, River no tuvo problemas para asegurarse el primer puesto del grupo con 11 puntos, uno más que el equipo venezolano, que fue una revelación ya que terminó la primera fase de manera invicta.
Por el otro lado, Boca tuvo un comienzo dubitativo en su participación del Grupo 8 al perder el 18 de febrero 1-3 en la altura de La Paz, en Bolivia, frente al Bolívar.
Pero el equipo de Bianchi se recuperó rápidamente al vencer en la Bombonera al Colo Colo chileno por 2-0 y al Deportivo Cali colombiano, de visitante por 1-0 y luego de local por un contundente 3-0.
Luego, los xeneizes perdieron 0-1 en la siguiente fecha en Santiago de Chile y pasaron a compartir la punta de la tabla con el equipo boliviano.
Sin embargo, el 21 de abril Boca recibió al Bolívar en el cierre del grupo y terminó triunfando con un 3-0 que le permitió ser el primero en la clasificación.
Boca quedó en la cima de la tabla de posiciones del grupo al cosechar 12 puntos, tres unidades más que los colombianos, el otro clasificado para la siguiente ronda.
Los octavos de final parecieron ser más accesibles que de costumbre luego de que en los encuentros de ida, Boca y River triunfaran en condición de visitante.
Los millonarios ganaron 1-0 con gol de Cristian Tula al Santos Laguna de México, mientras que los xeneizes derrotaron al Sporting Cristal de Perú, en Lima, por 3-2, tras ir perdiendo 1-2.
River parecía tener casi resuelta la llave frente a los mexicanos pero en el Monumental, el rival se despachó con una victoria por 2-1 y llevó la definición a los penales.
En esa oportunidad, luego de una dudosa tarea del árbitro paraguayo Carlos Torres, quien hizo volver a tirar un penal a favor de River por un supuesto adelantamiento del arquero del Santos que había atajado el remate en la primera instancia, los locales se impusieron por 4-2 y pasaron a los cuartos de final.
En esa etapa lo esperaba el Deportivo Cali, que había eliminado al Cruzeiro de Brasil también por la vía de los penales.
Mientras tanto, el entonces último campeón de la copa, se despachó con un 2-1 en la Bombonera y no sufrió sobresaltos para eliminar al equipo peruano. Una tranquilidad que no se iba a volver a repetir en el resto de la participación en la copa.
En cuartos de final, el equipo de Bianchi enfrentó al Sao Caetano de Brasil, subcampeón de la edición 2002 y que venía de dejar a fuera al América de Cali colombiano con un 2-1 y un 1-1.
En el partido de ida, disputado en la ciudad brasileña de San Pablo, Boca consiguió un valioso empate 0-0 que lo dejaba con buenas chances de conseguir la clasificación para las semifinales.
River, en cambio, disputó el partido de ida de los cuartos de final en su cancha y consiguió un triunfo ante los colombianos por 1-0 que lo dejó algo intranquilo, ya que la diferencia de gol no era definitiva y más teniendo en cuenta que la revancha se iba a disputar en el difícil estadio Pascual Guerrero de Cali, donde los millonarios habían sido eliminados en 2003.
En tanto, los xeneizes debieron sufrir y mucho para obtener la clasificación tan deseada. Frente a los brasileños comenzaron perdiendo por 0-1 pero el equipo logró un agónico empate y definió por la vía que más resultados le daba: la de los penales.
El arquero de Boca, Roberto Abbondanzieri, contuvo dos remates y le dio la clasificación a su equipo en una definición que terminó 4-3 a favor.
Los de la Ribera ya estaban en las semifinales y ahora debían esperar al ganador de River-Deportivo Cali para saber cual sería su rival en esa instancia.
A pesar del exiguo 1-0 de la ida, los dirigidos por Astrada no se metieron atrás cuando fueron a Colombia y dieron una demostración de buen fútbol.
Los de Núñez obtuvieron una victoria categórica por 3-1, luego de dar vuelta el 0-1 inicial con dos goles de Fernando Cavenaghi y uno Marcelo Gallardo y pasaron de ronda.
Ya estaba todo dicho, Boca y River, River y Boca, eternos rivales, archienemigos, primos y todo calificativo que se le ocurra, debían enfrentarse por las semifinales de la Copa Libertadores 2004.
Nunca antes se habían enfrentado en una instancia tan definitoria como la antesala de la gran final. Era un partido de 180 minutos para alquilar balcones, ya que el campeón del mundo estaba dispuesto a mantener su corona y los millonarios no tenían otro objetivo que alzar la copa después de 8 años de frustraciones.
El equipo millonario formó parte del Grupo 6 junto a Libertad de Paraguay, Deportes Tolima de Colombia y el Deportivo Táchira de Venezuela. Debutó el 11 de febrero con un empate sin goles en territorio venezolano pero luego tuvo una racha de tres victorias consecutivas: 4-1 frente a los paraguayos en Núñez; y 3-2 y 1-0 contra los colombianos.
Con esa seguidilla de triunfos, los dirigidos por Leonardo Astrada se aseguraron prácticamente la clasificación para la siguiente ronda de la copa, por lo que en los dos partidos restantes se vio a un equipo mucho más relajado que terminó regalando puntos: perdió 0-1 contra el Libertad en Paraguay y cerró su participación el 14 de abril con un pobre empate 2-2 contra el Táchira ante su público.
Sin embargo, River no tuvo problemas para asegurarse el primer puesto del grupo con 11 puntos, uno más que el equipo venezolano, que fue una revelación ya que terminó la primera fase de manera invicta.
Por el otro lado, Boca tuvo un comienzo dubitativo en su participación del Grupo 8 al perder el 18 de febrero 1-3 en la altura de La Paz, en Bolivia, frente al Bolívar.
Pero el equipo de Bianchi se recuperó rápidamente al vencer en la Bombonera al Colo Colo chileno por 2-0 y al Deportivo Cali colombiano, de visitante por 1-0 y luego de local por un contundente 3-0.
Luego, los xeneizes perdieron 0-1 en la siguiente fecha en Santiago de Chile y pasaron a compartir la punta de la tabla con el equipo boliviano.
Sin embargo, el 21 de abril Boca recibió al Bolívar en el cierre del grupo y terminó triunfando con un 3-0 que le permitió ser el primero en la clasificación.
Boca quedó en la cima de la tabla de posiciones del grupo al cosechar 12 puntos, tres unidades más que los colombianos, el otro clasificado para la siguiente ronda.
Los octavos de final parecieron ser más accesibles que de costumbre luego de que en los encuentros de ida, Boca y River triunfaran en condición de visitante.
Los millonarios ganaron 1-0 con gol de Cristian Tula al Santos Laguna de México, mientras que los xeneizes derrotaron al Sporting Cristal de Perú, en Lima, por 3-2, tras ir perdiendo 1-2.
River parecía tener casi resuelta la llave frente a los mexicanos pero en el Monumental, el rival se despachó con una victoria por 2-1 y llevó la definición a los penales.
En esa oportunidad, luego de una dudosa tarea del árbitro paraguayo Carlos Torres, quien hizo volver a tirar un penal a favor de River por un supuesto adelantamiento del arquero del Santos que había atajado el remate en la primera instancia, los locales se impusieron por 4-2 y pasaron a los cuartos de final.
En esa etapa lo esperaba el Deportivo Cali, que había eliminado al Cruzeiro de Brasil también por la vía de los penales.
Mientras tanto, el entonces último campeón de la copa, se despachó con un 2-1 en la Bombonera y no sufrió sobresaltos para eliminar al equipo peruano. Una tranquilidad que no se iba a volver a repetir en el resto de la participación en la copa.
En cuartos de final, el equipo de Bianchi enfrentó al Sao Caetano de Brasil, subcampeón de la edición 2002 y que venía de dejar a fuera al América de Cali colombiano con un 2-1 y un 1-1.
En el partido de ida, disputado en la ciudad brasileña de San Pablo, Boca consiguió un valioso empate 0-0 que lo dejaba con buenas chances de conseguir la clasificación para las semifinales.
River, en cambio, disputó el partido de ida de los cuartos de final en su cancha y consiguió un triunfo ante los colombianos por 1-0 que lo dejó algo intranquilo, ya que la diferencia de gol no era definitiva y más teniendo en cuenta que la revancha se iba a disputar en el difícil estadio Pascual Guerrero de Cali, donde los millonarios habían sido eliminados en 2003.
En tanto, los xeneizes debieron sufrir y mucho para obtener la clasificación tan deseada. Frente a los brasileños comenzaron perdiendo por 0-1 pero el equipo logró un agónico empate y definió por la vía que más resultados le daba: la de los penales.
El arquero de Boca, Roberto Abbondanzieri, contuvo dos remates y le dio la clasificación a su equipo en una definición que terminó 4-3 a favor.
Los de la Ribera ya estaban en las semifinales y ahora debían esperar al ganador de River-Deportivo Cali para saber cual sería su rival en esa instancia.
A pesar del exiguo 1-0 de la ida, los dirigidos por Astrada no se metieron atrás cuando fueron a Colombia y dieron una demostración de buen fútbol.
Los de Núñez obtuvieron una victoria categórica por 3-1, luego de dar vuelta el 0-1 inicial con dos goles de Fernando Cavenaghi y uno Marcelo Gallardo y pasaron de ronda.
Ya estaba todo dicho, Boca y River, River y Boca, eternos rivales, archienemigos, primos y todo calificativo que se le ocurra, debían enfrentarse por las semifinales de la Copa Libertadores 2004.
Nunca antes se habían enfrentado en una instancia tan definitoria como la antesala de la gran final. Era un partido de 180 minutos para alquilar balcones, ya que el campeón del mundo estaba dispuesto a mantener su corona y los millonarios no tenían otro objetivo que alzar la copa después de 8 años de frustraciones.
La previa
El jueves 27 de mayo de 2004 River Plate le ganó al Deportivo Cali de Colombia por 3 a 1 y se clasificó para las semifinales de la Copa Libertadores donde lo esperaba nada más y nada menos que su clásico rival: Boca Juniors.
Atrás había dejado el complicado Pascual Guerrero de Cali y la presión que significó para el plantel y los hinchas millonarios que los bosteros hayan entrado entre los mejores cuatro del continente un par de días antes.
Cuando el triunfo de River finalmente se concretó comenzó oficialmente la previa del superclásico más increíble de la historia del fútbol argentino y latinoamericano.
Los hinchas ya se lo imaginaban y la ansiedad ya se palpaba en las calles. Los de Boca querían revancha del partido por el Clausura del 16 de mayo, en el que habían caído por 1 a 0 y quedado malheridos.
Los de River también andaban con sed de venganza. Pero en sus mentes había un recuerdo un poco más viejo. El partido de los cuartos de final de la Copa Libertadores 2000, cuando en cancha de Boca perdieron 3 a 0 y Palermo, en casi una pierna, les hizo un gol de película y los eliminó del certamen.
En Hotel Internacional de Cali el plantel de River armó una fiesta llena de cánticos contra Boca porque no veía la hora de enfrentar a sus primos. En el medio había que seguir jugando el torneo local donde disputaba la punta justamente contra su clásico rival.
Pero poco importaba eso al corazón millonario, el plato fuerte era otro. No quería volver a sufrir lo sucedido en 2003 cuando los xeneizes ganaron la copa continental e intercontinental y dejaron el torneo en manos de River, que sintió minimizado el valor de su logro.
Fernando Cavenaghi fue el primer jugador riverplatense en salir a hablar de las semifinales coperas que se venían. “Hay que disfrutar sin volverse loco, de a poco”, sostuvo el delantero, tratando de restarle importancia al encuentro y de contener la ansiedad que ya inundaba el mundillo futbolístico argentino.
A estas alturas, ¿qué equipo era el favorito? Como ocurre en toda instancia definitiva de una competencia importante, se empezaron a barajar distintas probabilidades.
En una encuesta sobre 600 hinchas en el diario brasileño la Gazeta Esportiva se afirmó que el 43,9 por ciento creía que la final de la Copa la jugarían Boca y el San Pablo de Brasil, que se enfrentaba al sorprendente Once Caldas colombiano, mientras que el 31,9 opinó que la lucha por el título estaría en manos de River y los brasileños.
En Brasil, que si hay algo en lo que son especialistas es en fútbol, veían con más posibilidades al equipo de la Ribera. En tanto, en Argentina, nadie se animaba a hacer un pronóstico porque se sabía que en una instancia tan decisiva cualquier cosa podía pasar y efectivamente pasó de todo.
Atrás había dejado el complicado Pascual Guerrero de Cali y la presión que significó para el plantel y los hinchas millonarios que los bosteros hayan entrado entre los mejores cuatro del continente un par de días antes.
Cuando el triunfo de River finalmente se concretó comenzó oficialmente la previa del superclásico más increíble de la historia del fútbol argentino y latinoamericano.
Los hinchas ya se lo imaginaban y la ansiedad ya se palpaba en las calles. Los de Boca querían revancha del partido por el Clausura del 16 de mayo, en el que habían caído por 1 a 0 y quedado malheridos.
Los de River también andaban con sed de venganza. Pero en sus mentes había un recuerdo un poco más viejo. El partido de los cuartos de final de la Copa Libertadores 2000, cuando en cancha de Boca perdieron 3 a 0 y Palermo, en casi una pierna, les hizo un gol de película y los eliminó del certamen.
En Hotel Internacional de Cali el plantel de River armó una fiesta llena de cánticos contra Boca porque no veía la hora de enfrentar a sus primos. En el medio había que seguir jugando el torneo local donde disputaba la punta justamente contra su clásico rival.
Pero poco importaba eso al corazón millonario, el plato fuerte era otro. No quería volver a sufrir lo sucedido en 2003 cuando los xeneizes ganaron la copa continental e intercontinental y dejaron el torneo en manos de River, que sintió minimizado el valor de su logro.
Fernando Cavenaghi fue el primer jugador riverplatense en salir a hablar de las semifinales coperas que se venían. “Hay que disfrutar sin volverse loco, de a poco”, sostuvo el delantero, tratando de restarle importancia al encuentro y de contener la ansiedad que ya inundaba el mundillo futbolístico argentino.
A estas alturas, ¿qué equipo era el favorito? Como ocurre en toda instancia definitiva de una competencia importante, se empezaron a barajar distintas probabilidades.
En una encuesta sobre 600 hinchas en el diario brasileño la Gazeta Esportiva se afirmó que el 43,9 por ciento creía que la final de la Copa la jugarían Boca y el San Pablo de Brasil, que se enfrentaba al sorprendente Once Caldas colombiano, mientras que el 31,9 opinó que la lucha por el título estaría en manos de River y los brasileños.
En Brasil, que si hay algo en lo que son especialistas es en fútbol, veían con más posibilidades al equipo de la Ribera. En tanto, en Argentina, nadie se animaba a hacer un pronóstico porque se sabía que en una instancia tan decisiva cualquier cosa podía pasar y efectivamente pasó de todo.
Tres horas antes de morir
Podría dar una serie casi interminable de argumentos para convencerlo que, si se considera amante de fútbol, debe leer las páginas que preceden. Pero simplemente me voy a remitir a sólo dos razones que hablan por si mismas.
Primero: En el mes de abril de 2004, el diario inglés The Observer calificó al superclásico del fútbol argentino entre River Plate y Boca Juniors como el primero de los 25 espectáculos deportivos del mundo que una persona debe ver antes de morir.
El segundo: Si la señal de televisión por cable Fox Sports realizó una película sobre los partidos que River y Boca disputaron en junio de 2004 por las semifinales de la Copa Libertadores de ese año, ¿por qué no puedo escribir sobre el mismo tema?
Sin embargo, cabe aclarar que la historia que estoy a punto de contarle, que es de público conocimiento, no es un libro -eso sería un insulto para los verdaderos escritores- sino una larga crónica periodística en donde se recopila material que abundó las páginas de los diarios de la época y las cadenas de radio y televisión.
Dicho esto, usted ya está preparado para disfrutar, sea hincha de Boca, River o de cualquier otro club, de un relato sobre dos partidos que fueron inolvidables, polémicos, intensos, históricos y, sobre todo, únicos.
Es casi imposible que el fútbol argentino, y el mundial quizás, vuelva a regalar a los hinchas de este fantástico deporte un espectáculo como el que se vivió en aquellas jornadas de un junio otoñal.
Prepárese, despójese de todo prejuicio, y por favor, si es hincha xeneize o millonario, quítese la camiseta, porque está apunto de abordar una historia a la que sólo hay que leer por amor a la pelota.
Primero: En el mes de abril de 2004, el diario inglés The Observer calificó al superclásico del fútbol argentino entre River Plate y Boca Juniors como el primero de los 25 espectáculos deportivos del mundo que una persona debe ver antes de morir.
El segundo: Si la señal de televisión por cable Fox Sports realizó una película sobre los partidos que River y Boca disputaron en junio de 2004 por las semifinales de la Copa Libertadores de ese año, ¿por qué no puedo escribir sobre el mismo tema?
Sin embargo, cabe aclarar que la historia que estoy a punto de contarle, que es de público conocimiento, no es un libro -eso sería un insulto para los verdaderos escritores- sino una larga crónica periodística en donde se recopila material que abundó las páginas de los diarios de la época y las cadenas de radio y televisión.
Dicho esto, usted ya está preparado para disfrutar, sea hincha de Boca, River o de cualquier otro club, de un relato sobre dos partidos que fueron inolvidables, polémicos, intensos, históricos y, sobre todo, únicos.
Es casi imposible que el fútbol argentino, y el mundial quizás, vuelva a regalar a los hinchas de este fantástico deporte un espectáculo como el que se vivió en aquellas jornadas de un junio otoñal.
Prepárese, despójese de todo prejuicio, y por favor, si es hincha xeneize o millonario, quítese la camiseta, porque está apunto de abordar una historia a la que sólo hay que leer por amor a la pelota.
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Otro fiscal y van ...
Las diferencias entre la familia Gullo y el segundo fiscal de la causa llegaron a su momento más tenso en octubre de 2007 cuando el abogado querellante recusó al instructor judicial ante la Justicia de Garantías de Quilmes. Además, pidió el enjuiciamiento del fiscal ante la Procuración Bonaerense y la intervención del fiscal general.
Estos pedidos se basaban en que los peritos forenses oficiales presentaron en agosto de 2007 su informe genético ante el fiscal en el que se cotejó un cabello hallado en el cuerpo de Noelia con el ADN de la sangre de tres hombres investigados por su presunta relación con el crimen. De acuerdo a la querella, el cotejo arrojó que las muestras compartían el mismo haplotipo X, es decir, la rama femenina del perfil genético.
Pero como no había relación de parentesco entre estos hombres y Noelia, la querella quiso que realizara un peritaje de ADN completo con la sangre de la madre de los sospechosos y la de la madre de la víctima, a lo que el fiscal se negó.
La querella también criticó que el fiscal no pidió analizar los correos electrónicos de Galante y que, por otro lado, le entregó el vehículo en el que había estado la víctima por lo que se perdió un esencial medio probatorio.
En febrero de 2008, Juan Gullo y su abogado estuvieron cara a cara con el fiscal, en una audiencia ante la jueza de garantías para sostener los argumentos de la recusación. La discusión fue tan álgida que el padre de Noe se descompensó y decidió retirarse de la oficina de la magistrada que días después rechazó el pedido de recusación, por lo que la querella presente un recurso ante la Cámara de Apelaciones de Quilmes.
Finalmente, los camaristas de la Sala II revirtieron la decisión de la jueza y en mayo de 2008 designaron un nuevo instructor judicial de la causa, el tercero.
La primera medida que automáticamente le pidió la querella fue la detención de Galante, a quien considera “clave” para esclarecer el crimen de Noelia, aunque el joven aún sigue en libertad.... .
AA
Junio 2008
Las diferencias entre la familia Gullo y el segundo fiscal de la causa llegaron a su momento más tenso en octubre de 2007 cuando el abogado querellante recusó al instructor judicial ante la Justicia de Garantías de Quilmes. Además, pidió el enjuiciamiento del fiscal ante la Procuración Bonaerense y la intervención del fiscal general.
Estos pedidos se basaban en que los peritos forenses oficiales presentaron en agosto de 2007 su informe genético ante el fiscal en el que se cotejó un cabello hallado en el cuerpo de Noelia con el ADN de la sangre de tres hombres investigados por su presunta relación con el crimen. De acuerdo a la querella, el cotejo arrojó que las muestras compartían el mismo haplotipo X, es decir, la rama femenina del perfil genético.
Pero como no había relación de parentesco entre estos hombres y Noelia, la querella quiso que realizara un peritaje de ADN completo con la sangre de la madre de los sospechosos y la de la madre de la víctima, a lo que el fiscal se negó.
La querella también criticó que el fiscal no pidió analizar los correos electrónicos de Galante y que, por otro lado, le entregó el vehículo en el que había estado la víctima por lo que se perdió un esencial medio probatorio.
En febrero de 2008, Juan Gullo y su abogado estuvieron cara a cara con el fiscal, en una audiencia ante la jueza de garantías para sostener los argumentos de la recusación. La discusión fue tan álgida que el padre de Noe se descompensó y decidió retirarse de la oficina de la magistrada que días después rechazó el pedido de recusación, por lo que la querella presente un recurso ante la Cámara de Apelaciones de Quilmes.
Finalmente, los camaristas de la Sala II revirtieron la decisión de la jueza y en mayo de 2008 designaron un nuevo instructor judicial de la causa, el tercero.
La primera medida que automáticamente le pidió la querella fue la detención de Galante, a quien considera “clave” para esclarecer el crimen de Noelia, aunque el joven aún sigue en libertad.... .
AA
Junio 2008
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