El último domingo de 2003, Noelia Gullo (16) se vistió con un pantalón de jean, una blusa negra y un par de botas del mismo color ya que unas horas antes su ex compañero de colegio, Natalio Galante (19) le había avisado que la iba a pasar a buscar para ir a cenar juntos.
La chica y Galante se conocían desde hacía varios años cuando iban juntos a la misma escuela del partido bonaerense de Florencio Varela hasta que Noe decidió cambiarse de centro de estudios y se distanciaron. Sin embargo, siempre se mantuvieron en contacto ya que tenían amigos en común.
Dos semanas antes de esa cena del domingo, la adolescente se había peleado con su novio desde 2002 y desde la ruptura Galante la había vuelto a frecuentar y ya habían salido un par de veces.
Sin embrago, para los familiares de la joven, él intentaba cortejarla pero ella no había accedido a sus pedidos y prefería mantener la relación en el plano de la amistad. Es más, dijeron que el sábado anterior habían ido a bailar a un local que Noe no conocía y que no le gustó por el ambiente.
De todos modos, los parientes de la chica admitieron que la noche del domingo había aceptado la invitación de Galante para salir a divertirse y así poder olvidarse de la ruptura con su novio.
Alrededor de las 21.30 la chica tomó su teléfono celular, las llaves y dos pesos y salió de su casa de Bosques, en Florencio Varela. Se subió al Renault 12 verde de Galante y nunca más volvió.
La pareja se alejó de Bosques y en vez de ir a cenar, aparentemente por falta de dinero, fue hasta el Parque Pereyra Iraola, donde el muchacho estacionó el auto en una calle de tierra, a unos 200 metros de distancia de la entrada ubicada sobre el Camino Centenario.
Alrededor de las 2, según denunció el muchacho a la policía poco después, él se encontraba en el asiento trasero con Noe cuando un hombre se acercó caminando hasta el Renault 12, rompió el vidrio de la ventanilla y los obligó a ambos a bajar del mismo.
El propio joven explicó a la policía que el hombre era de uno 30 o 40 años, de contextura física robusta, de un metro ochenta de estatura y tenía barba, bigote y pelo negro largo.
Según Galante, el delincuente revisó uno de los buches del Renault y encontró 30 pesos. Después intentó poner en marcha el auto pero no pudo y lo encerró en el baúl del vehículo.
El muchacho denunció que el atacante finalmente escapó del lugar y se llevó las llaves del auto y a Noelia a punta de pistola.
Galante recién se liberó a la 4 de esa misma madrugada y fue hasta la comisaría tercera de Berazategui, situada a unas pocas cuadras donde había ocurrido el hecho, a alertar a la policía sobre lo ocurrido.
En el automóvil del joven luego hallaron el teléfono celular de Noelia pero no había más rastros de la muchacha.
X
La captura del líder
Los investigadores del robo al banco de El Maitén aún sentía que la satisfacción no era completa ya que, tras el juicio, Anzuelo, el sindicado líder de la banda ya condenada por el cinematográfico asalto seguía prófugo.
Los buscaron por toda la Patagonia argentina y también por Chile, ya que algunas pruebas señalaban que cuatro días después del asalto, el delincuente había escapado al vecino país por un paso ilegal de Villa La Angostura.
A partir de entonces, Anzuelo se había radicado en un pueblo chileno llamado Sol de Oriente, cercano a Puerto Montt, donde compró un almacén llamado “El Volcán".
Mientras era intensamente buscado, Anzuelo tuvo una muy buena inserción con sus vecinos, con quienes jugaba al tenis, fútbol y ping pong; y a los que engañó diciéndoles que se llamaba Gabriel Seles, quien supuestamente se había dio a vivir a Chile porque en Argentina había tenido un problema judicial.
Anzuelo vivió allí con una mujer joven y también estudió abogacía y computación, por lo que ningún habitante del pueblo sospechó que se trataba de un peligroso delincuente.
Sin embargo, los detectives de la Brigada Antinarcóticos de la policía chilena lo detuvieron a principio de mayo de 2007 pero al día siguiente escapó cuando era llevado a declarar a Santiago y antes de que arribara allí el personal de Interpol que iba pedir que lo extraditaran a Argentina.
Tras esa evasión, se investigó la posible connivencia de los Carabineros de Puerto Montt, al tiempo que Anzuelo se ocultó un tiempo en Bolivia, desde donde viajó seguido a Ciudad del Este, en Paraguay, ya que se empezó a dedicar a la compra y venta de equipos de electrónica y computación.
En esos meses, el delincuente utilizó al menos tres identidades falsas y cambió seguido su fisonomía para evitar volver a ser atrapado por la policía.
Pero la suerte del sospechoso se terminó cuando la primera semana de setiembre de 2007 fue localizado en el barrio 400 Viviendas del Alto, en Bariloche, donde había ido para participar como padrino del bautismo del hijo de un amigo.
Los detectives contaban con ese dato y habían montado una guardia encubierta en toda la zona, por lo que apenas Anzuelo llegó a la capilla donde se realizaba la ceremonia, agentes de la Brigada de Investigaciones de la policía rionegrina, que iban en dos vehículos no identificables, le dieron la voz de alto.
Pero el sospechoso que estaba por entrar al templo regresó sobre sus pasos y volvió a subir a su automóvil, en el que había llegado y era conducido por otro hombre que escapó por la ruta 258 en dirección al barrio El Frutillar.
Los policías lo persiguieron hasta la esquina de Neneo y Cacique Prafil, donde Anzuelo se arrojó del auto, continuó con la huida a pie y comenzó a disparar contra los efectivos que repelieron la agresión. El tiroteo terminó cuando el prófugo cayó herido de un balazo en la pierna izquierda y se entregó.
Tres semanas después, Anzuelo fue llevado bajo un fuerte operativo policial a los tribunales de Esquel, donde finalmente quedó preso por el robo en El Maitén.
AA
Octubre 2007.
Los investigadores del robo al banco de El Maitén aún sentía que la satisfacción no era completa ya que, tras el juicio, Anzuelo, el sindicado líder de la banda ya condenada por el cinematográfico asalto seguía prófugo.
Los buscaron por toda la Patagonia argentina y también por Chile, ya que algunas pruebas señalaban que cuatro días después del asalto, el delincuente había escapado al vecino país por un paso ilegal de Villa La Angostura.
A partir de entonces, Anzuelo se había radicado en un pueblo chileno llamado Sol de Oriente, cercano a Puerto Montt, donde compró un almacén llamado “El Volcán".
Mientras era intensamente buscado, Anzuelo tuvo una muy buena inserción con sus vecinos, con quienes jugaba al tenis, fútbol y ping pong; y a los que engañó diciéndoles que se llamaba Gabriel Seles, quien supuestamente se había dio a vivir a Chile porque en Argentina había tenido un problema judicial.
Anzuelo vivió allí con una mujer joven y también estudió abogacía y computación, por lo que ningún habitante del pueblo sospechó que se trataba de un peligroso delincuente.
Sin embargo, los detectives de la Brigada Antinarcóticos de la policía chilena lo detuvieron a principio de mayo de 2007 pero al día siguiente escapó cuando era llevado a declarar a Santiago y antes de que arribara allí el personal de Interpol que iba pedir que lo extraditaran a Argentina.
Tras esa evasión, se investigó la posible connivencia de los Carabineros de Puerto Montt, al tiempo que Anzuelo se ocultó un tiempo en Bolivia, desde donde viajó seguido a Ciudad del Este, en Paraguay, ya que se empezó a dedicar a la compra y venta de equipos de electrónica y computación.
En esos meses, el delincuente utilizó al menos tres identidades falsas y cambió seguido su fisonomía para evitar volver a ser atrapado por la policía.
Pero la suerte del sospechoso se terminó cuando la primera semana de setiembre de 2007 fue localizado en el barrio 400 Viviendas del Alto, en Bariloche, donde había ido para participar como padrino del bautismo del hijo de un amigo.
Los detectives contaban con ese dato y habían montado una guardia encubierta en toda la zona, por lo que apenas Anzuelo llegó a la capilla donde se realizaba la ceremonia, agentes de la Brigada de Investigaciones de la policía rionegrina, que iban en dos vehículos no identificables, le dieron la voz de alto.
Pero el sospechoso que estaba por entrar al templo regresó sobre sus pasos y volvió a subir a su automóvil, en el que había llegado y era conducido por otro hombre que escapó por la ruta 258 en dirección al barrio El Frutillar.
Los policías lo persiguieron hasta la esquina de Neneo y Cacique Prafil, donde Anzuelo se arrojó del auto, continuó con la huida a pie y comenzó a disparar contra los efectivos que repelieron la agresión. El tiroteo terminó cuando el prófugo cayó herido de un balazo en la pierna izquierda y se entregó.
Tres semanas después, Anzuelo fue llevado bajo un fuerte operativo policial a los tribunales de Esquel, donde finalmente quedó preso por el robo en El Maitén.
AA
Octubre 2007.
IX
Las pruebas y las condenas
Luego de la ronda de testigos y las declaraciones de sólo dos de los imputados, el debate pasó a la etapa de alegatos en las que la fiscalía pidió 27 años de prisión para Bonafoi, 15 para Campos, 20 para Soto y 12 para Kamara 12. En tanto, no acusaron a Thieck.
Los fiscales sostuvieron los vehículos utilizados por la banda fueron los dos Volkswagen Gol de la agencia de Soto, quien los había entregado a dos de los imputados en su domicilio.
Ambos autos fueron vistos a las 9 del día del robo pasar por los controles policiales de la ruta de Villegas y hacia Bariloche. En uno de ellos iba Campos junto a Bonafoi y en el otro Anzuelo con un hombre no identificado. Y los dos vehículos, uno color gris y el otro blanco, fueron devueltos el mismo día en la agencia.
Respecto de Bonafoi y Anzuelo, los fiscales señalaron que fueron los dos principales autores materiales del robo. Sobre el primero, señalaron que es joven, atlético y delgado, fisonomía que se comparece con la que describieran siete de las 9 víctimas.
También que tenía un hablar campechano, propio de alguien de poca instrucción. Los testigos señalaron que podría tener una tonada chilena y la fiscalía escuchó hablar a Bonafoi en un medio de comunicación y reconoció esos patrones.
Dentro de la casa, este sospechoso era quien tenía un accionar más movedizo. Tenía un grado alto de toma de decisiones, pero siempre por debajo de Anzuelo.
Para los fiscales, Bonafoi fue durante el robo el ladrón que estuvo vestido de “Hombre Araña” y, en ese sentido, recordaron que Rey dijo que le dio de fumar y que los análisis genéticos de dos colillas de cigarrillos secuestradas en la casa Saguar coincidieron en un 99,9 por ciento con el ADN del imputado.
Sobre Campos, la fiscalía argumentó que, al ser el único sospechoso residente en El Maitén, fue quien se encargó de realizar la inteligencia previa para concretar el asalto. Por eso estudió todos los movimientos de los Saguar y los Rey, y el día anterior al hecho viajó a Bariloche para reunirse con el resto de la banda y, en especial, a buscar uno de los autos de Soto.
Campos era un hombre humilde, que vivía con 20 o 30 pesos por día, por lo que le hubiera resultado económicamente imposible alquilar uno de los vehículos en el que regresó a El Maitén, trayecto en el que, según él mismo aseguró ante la Justicia, se encontró a Bonafoi haciendo “dedo” en la ruta.
La situación de Kamara era relativamente distinta. El acusado sostuvo que a Bonafoi y Anzuelo los conocía desde hacía tiempo y que tres días antes del robo estuvieron en su casa, donde el segundo de ellos regresó después del asalto en un Gol gris, le dejó un bolso y le dijo que se iba a Comodoro Rivadavia.
El hecho de que los delincuentes que actuaron en El Maitén fueron cinco y que antes de llegar a Bariloche en la ruta fueron visto cuatro coincidía con la sospecha de que a Kamara lo dejaron en el camino, justamente en El Bolsón.
Finalmente, Bonafoi, Soto y Campos fueron a condenados a 16, 10 y 9 años de prisión, respectivamente, y Kamara resultó absuelto, por los delitos de privación ilegal de la libertad agravada y robo calificado.
Luego de la ronda de testigos y las declaraciones de sólo dos de los imputados, el debate pasó a la etapa de alegatos en las que la fiscalía pidió 27 años de prisión para Bonafoi, 15 para Campos, 20 para Soto y 12 para Kamara 12. En tanto, no acusaron a Thieck.
Los fiscales sostuvieron los vehículos utilizados por la banda fueron los dos Volkswagen Gol de la agencia de Soto, quien los había entregado a dos de los imputados en su domicilio.
Ambos autos fueron vistos a las 9 del día del robo pasar por los controles policiales de la ruta de Villegas y hacia Bariloche. En uno de ellos iba Campos junto a Bonafoi y en el otro Anzuelo con un hombre no identificado. Y los dos vehículos, uno color gris y el otro blanco, fueron devueltos el mismo día en la agencia.
Respecto de Bonafoi y Anzuelo, los fiscales señalaron que fueron los dos principales autores materiales del robo. Sobre el primero, señalaron que es joven, atlético y delgado, fisonomía que se comparece con la que describieran siete de las 9 víctimas.
También que tenía un hablar campechano, propio de alguien de poca instrucción. Los testigos señalaron que podría tener una tonada chilena y la fiscalía escuchó hablar a Bonafoi en un medio de comunicación y reconoció esos patrones.
Dentro de la casa, este sospechoso era quien tenía un accionar más movedizo. Tenía un grado alto de toma de decisiones, pero siempre por debajo de Anzuelo.
Para los fiscales, Bonafoi fue durante el robo el ladrón que estuvo vestido de “Hombre Araña” y, en ese sentido, recordaron que Rey dijo que le dio de fumar y que los análisis genéticos de dos colillas de cigarrillos secuestradas en la casa Saguar coincidieron en un 99,9 por ciento con el ADN del imputado.
Sobre Campos, la fiscalía argumentó que, al ser el único sospechoso residente en El Maitén, fue quien se encargó de realizar la inteligencia previa para concretar el asalto. Por eso estudió todos los movimientos de los Saguar y los Rey, y el día anterior al hecho viajó a Bariloche para reunirse con el resto de la banda y, en especial, a buscar uno de los autos de Soto.
Campos era un hombre humilde, que vivía con 20 o 30 pesos por día, por lo que le hubiera resultado económicamente imposible alquilar uno de los vehículos en el que regresó a El Maitén, trayecto en el que, según él mismo aseguró ante la Justicia, se encontró a Bonafoi haciendo “dedo” en la ruta.
La situación de Kamara era relativamente distinta. El acusado sostuvo que a Bonafoi y Anzuelo los conocía desde hacía tiempo y que tres días antes del robo estuvieron en su casa, donde el segundo de ellos regresó después del asalto en un Gol gris, le dejó un bolso y le dijo que se iba a Comodoro Rivadavia.
El hecho de que los delincuentes que actuaron en El Maitén fueron cinco y que antes de llegar a Bariloche en la ruta fueron visto cuatro coincidía con la sospecha de que a Kamara lo dejaron en el camino, justamente en El Bolsón.
Finalmente, Bonafoi, Soto y Campos fueron a condenados a 16, 10 y 9 años de prisión, respectivamente, y Kamara resultó absuelto, por los delitos de privación ilegal de la libertad agravada y robo calificado.
VIII
El juicio
Anzuelo logró evadir a la policía y la Justicia durante mucho tiempo, por lo que el juicio oral por el robo en El Maitén comenzó la primera semana de mayo de 2007 a Bonafoi, Campos, Kamara, Thieck y Soto, en el Casino de Suboficiales de la Policía de Esquel.
El primero en declarar fue Kamara, quien aseguró que él viajó desde El Bolsón a Bariloche al mismo tiempo que terminó el robo al banco, por lo que no pudo haber participado del mismo. También sostuvo que no le pertenecía la mochila con la ropa y las armas que la policía secuestró en su panadería cuando lo apresaron.
Por su parte, los fiscales de juicio le imputaron en esa primera audiencia del debate los delitos de privación ilegal de la libertad coactiva agravada por resultar víctimas una mujer embarazada, otra mayor de setenta años, dos menores y por la participación de más de tres personas y la utilización de armas de fuego.
También le atribuyeron dos robos calificados –el del banco y el auto de la víctima- por haber sido cometido mediante la utilización de armas de fuego en lugar poblado y en banda, dos hechos y el delito de asociación ilícita.
El otro de los imputados que accedió a declarar fue Campos, quien también aseguró ser inocente y que sólo admitió que el mismo día del hecho viajó de El Maitén a Bariloche –recorrido que hicieron los delincuentes-, y que en el caminó accedió a llevar a una pareja
El debate atrajo a mucho público y periodistas ya que se revivió un asalto de características poco comunes y que tuvo momentos de mucha tensión. Esto quedó bastante claro cuando declaró la madre de Saguar, quien al recordar entre lágrimas las horas que estuvo cautiva, dada su condición de hipertensa y diabética, se descompensó y debió ser internada en un hospital.
En tanto, la estrategia de los defensores fue la de tratar de responsabilizar a Saguar al sostener que no avisó a ninguna autoridad del banco cuando fue a buscar el dinero y regresó a su casa donde los tres delincuentes encapuchados mantenían de rehén a su familia.
El otro punto central de las defensas fue destacar que las víctimas no aportaron datos sobre las características faciales de los ladrones que estuvieron dentro de la casa.
La víctima que más datos aportó al tribunal sobre los delincuentes fue Rey, quien recordó las características de las zapatillas y contextura física del más robusto de los dos hombres de menor estatura, de quien dijo que “caminaba diferente”.
Esto último complicó a Kamara, ya que el acusado había sufrido años atrás un accidente en el que sufrió fractura de pelvis y que le dejó con dificultades para permanecer sentado y caminar.
Anzuelo logró evadir a la policía y la Justicia durante mucho tiempo, por lo que el juicio oral por el robo en El Maitén comenzó la primera semana de mayo de 2007 a Bonafoi, Campos, Kamara, Thieck y Soto, en el Casino de Suboficiales de la Policía de Esquel.
El primero en declarar fue Kamara, quien aseguró que él viajó desde El Bolsón a Bariloche al mismo tiempo que terminó el robo al banco, por lo que no pudo haber participado del mismo. También sostuvo que no le pertenecía la mochila con la ropa y las armas que la policía secuestró en su panadería cuando lo apresaron.
Por su parte, los fiscales de juicio le imputaron en esa primera audiencia del debate los delitos de privación ilegal de la libertad coactiva agravada por resultar víctimas una mujer embarazada, otra mayor de setenta años, dos menores y por la participación de más de tres personas y la utilización de armas de fuego.
También le atribuyeron dos robos calificados –el del banco y el auto de la víctima- por haber sido cometido mediante la utilización de armas de fuego en lugar poblado y en banda, dos hechos y el delito de asociación ilícita.
El otro de los imputados que accedió a declarar fue Campos, quien también aseguró ser inocente y que sólo admitió que el mismo día del hecho viajó de El Maitén a Bariloche –recorrido que hicieron los delincuentes-, y que en el caminó accedió a llevar a una pareja
El debate atrajo a mucho público y periodistas ya que se revivió un asalto de características poco comunes y que tuvo momentos de mucha tensión. Esto quedó bastante claro cuando declaró la madre de Saguar, quien al recordar entre lágrimas las horas que estuvo cautiva, dada su condición de hipertensa y diabética, se descompensó y debió ser internada en un hospital.
En tanto, la estrategia de los defensores fue la de tratar de responsabilizar a Saguar al sostener que no avisó a ninguna autoridad del banco cuando fue a buscar el dinero y regresó a su casa donde los tres delincuentes encapuchados mantenían de rehén a su familia.
El otro punto central de las defensas fue destacar que las víctimas no aportaron datos sobre las características faciales de los ladrones que estuvieron dentro de la casa.
La víctima que más datos aportó al tribunal sobre los delincuentes fue Rey, quien recordó las características de las zapatillas y contextura física del más robusto de los dos hombres de menor estatura, de quien dijo que “caminaba diferente”.
Esto último complicó a Kamara, ya que el acusado había sufrido años atrás un accidente en el que sufrió fractura de pelvis y que le dejó con dificultades para permanecer sentado y caminar.
VII
Las detenciones
A partir de la pista de “la banda de los Bonafoi”, los detectives policiales del Chubut, en estrecha colaboración con sus pares de Río Negro, no tardaron en apresar al sospechoso Soto, dueño de una agencia de autos de alquiler en Bariloche y que fue acusado de encubrir el asalto de El Maitén.
A fines de mayo, los investigadores recibían una fuerte presión para esclarecer el hecho ya que todos los medios de comunicación nacionales estaban detrás de esa noticia. En ese clima de máxima tensión Soto finalmente se quebró y dio los nombres de Juan Bonafoi y un tal Campos.
Para los investigadores, Soto fue quien les alquiló los autos a los otros dos sospechosos para que cometieran el asalto. En ese sentido, el agenciero, si bien admitió que Bonafoi y Campos habían sido clientes suyos, aseguró no conocerlos y no saber que hicieron esos hombres con sus vehículos.
Pero en el allanamiento a la agencia y casa de Soto, los policías secuestraron una gran cantidad de dólares que se creían que formaban parte de botín robado del banco, por lo que la situación del agenciero era comprometida.
Una semana después del arresto de Soto, Bonafoi y Campos, un vecino de El Maitén que conocía a las víctimas, fueron detenidos en Bariloche con parte del botín robado.
En el operativo, que fue seguido en vivo y en directo por los canales de noticias locales, se desplegó una enorme cantidad de efectivos y fue encabezado el jefe de la policía de Chubut.
A partir de las detenciones de los tres sospechosos, las pistas apuntaron a que el resto de la banda seguía oculta en El Bolsón y Bariloche, donde finalmente fueron apresados Kamara y Thieck, respectivamente.
A Kamara lo detuvieron en su casa, donde también funcionaba una panadería y la policía le secuestró una mochila con prendas de vestir de similares características a las utilizadas a los asaltantes –entre ellas, una máscara del “Hombre Araña”- dos pistolas 9 milímetros, una de ellas plateada, y dos revólveres 32, uno propiedad de Saguar.
Estos cinco sospechosos fueron imputados del robo junto a un sexto sospechoso, Anzuelo, a quien acusaron de ser el líder de la banda. A éste se le atribuían por entonces otros cinco asaltos cometidos durante 2004 en Bariloche, la mayoría bajo la misma modalidad utilizada en El Maitén.
A partir de la pista de “la banda de los Bonafoi”, los detectives policiales del Chubut, en estrecha colaboración con sus pares de Río Negro, no tardaron en apresar al sospechoso Soto, dueño de una agencia de autos de alquiler en Bariloche y que fue acusado de encubrir el asalto de El Maitén.
A fines de mayo, los investigadores recibían una fuerte presión para esclarecer el hecho ya que todos los medios de comunicación nacionales estaban detrás de esa noticia. En ese clima de máxima tensión Soto finalmente se quebró y dio los nombres de Juan Bonafoi y un tal Campos.
Para los investigadores, Soto fue quien les alquiló los autos a los otros dos sospechosos para que cometieran el asalto. En ese sentido, el agenciero, si bien admitió que Bonafoi y Campos habían sido clientes suyos, aseguró no conocerlos y no saber que hicieron esos hombres con sus vehículos.
Pero en el allanamiento a la agencia y casa de Soto, los policías secuestraron una gran cantidad de dólares que se creían que formaban parte de botín robado del banco, por lo que la situación del agenciero era comprometida.
Una semana después del arresto de Soto, Bonafoi y Campos, un vecino de El Maitén que conocía a las víctimas, fueron detenidos en Bariloche con parte del botín robado.
En el operativo, que fue seguido en vivo y en directo por los canales de noticias locales, se desplegó una enorme cantidad de efectivos y fue encabezado el jefe de la policía de Chubut.
A partir de las detenciones de los tres sospechosos, las pistas apuntaron a que el resto de la banda seguía oculta en El Bolsón y Bariloche, donde finalmente fueron apresados Kamara y Thieck, respectivamente.
A Kamara lo detuvieron en su casa, donde también funcionaba una panadería y la policía le secuestró una mochila con prendas de vestir de similares características a las utilizadas a los asaltantes –entre ellas, una máscara del “Hombre Araña”- dos pistolas 9 milímetros, una de ellas plateada, y dos revólveres 32, uno propiedad de Saguar.
Estos cinco sospechosos fueron imputados del robo junto a un sexto sospechoso, Anzuelo, a quien acusaron de ser el líder de la banda. A éste se le atribuían por entonces otros cinco asaltos cometidos durante 2004 en Bariloche, la mayoría bajo la misma modalidad utilizada en El Maitén.
VI
La investigación
La pista de que la banda que actuó en El Maitén tenía algún integrante miembro de alguna fuerza de seguridad local de la zona no avanzó en los primeros días de la investigación a pesar de que el propio jefe de la Unidad Regional Esquel de la Policía de Chubut, admitió públicamente que días antes del atraco ya contaba con información sobre la posibilidad de que un grupo de delincuentes iba a cometer un asalto a algún blanco del sistema financiero local.
Esa situación llevó a pensar que si en la banda no había ningún policía, por lo menos, contaron con la inoperancia o connivencia de efectivos que no se esforzaron demasiado por detenerlos, pero el jefe policial rechazó esa posibilidad al aclarar que la información con la que contaban les había llegado hacía 20 días pero hablaba de un asalto a un camión de caudales no una instalación fija.
El pesquisa indicó que esa pista había surgido de escuchas telefónicas y entrecruzamiento de datos de bandas delictivas y que a raíz de ello se realizaron seguimientos especiales a los blindados. Incluso se alteraron los días y horarios de salida de los llamados bancos móviles para cambiar la rutina y no convertirse en presas fáciles de los delincuentes.
Las primeras averiguaciones de los investigadores abonaron la hipótesis de que los tres ladrones que tomaron de rehenes a las familias Saguar y Rey no eran de la zona por lo que los detectives se abocaron desde un primer momento a establecer las conexiones de esos asaltantes y quienes les proporcionaron la información y logística necesaria para concretar el golpe.
Uno de los informes policiales indicaba sobre la existencia en Bariloche de un grupo de delincuentes conocida como “La banda de los Bonafoi”, que si bien no era la única de la zona contaba con la mayor preparación para llevar delante un plan tan audaz.
Además, a esta banda se le atribuían asaltos cometidos bajo la misma modalidad, básicamente por la utilización de autos nuevos y rápidos. Uno de esos hechos había sido cometido en 2004 contra la tradicional familia chocolatera “Goye” de Bariloche.
Al continuar con esa pista, un policía rionegrino que investigó a ese caso declaró en la causa de El Maitén y aportó datos claves:
- Dos de los miembros usaban caretas de “El Hombre Araña” y Fredy Kruger.
- Un tercero utilizaba un revólver plateado.
- Uno de los vehículos empleados pertenecía a la agencia de autos del “Gordo Soto” en Bariloche.
La pista de que la banda que actuó en El Maitén tenía algún integrante miembro de alguna fuerza de seguridad local de la zona no avanzó en los primeros días de la investigación a pesar de que el propio jefe de la Unidad Regional Esquel de la Policía de Chubut, admitió públicamente que días antes del atraco ya contaba con información sobre la posibilidad de que un grupo de delincuentes iba a cometer un asalto a algún blanco del sistema financiero local.
Esa situación llevó a pensar que si en la banda no había ningún policía, por lo menos, contaron con la inoperancia o connivencia de efectivos que no se esforzaron demasiado por detenerlos, pero el jefe policial rechazó esa posibilidad al aclarar que la información con la que contaban les había llegado hacía 20 días pero hablaba de un asalto a un camión de caudales no una instalación fija.
El pesquisa indicó que esa pista había surgido de escuchas telefónicas y entrecruzamiento de datos de bandas delictivas y que a raíz de ello se realizaron seguimientos especiales a los blindados. Incluso se alteraron los días y horarios de salida de los llamados bancos móviles para cambiar la rutina y no convertirse en presas fáciles de los delincuentes.
Las primeras averiguaciones de los investigadores abonaron la hipótesis de que los tres ladrones que tomaron de rehenes a las familias Saguar y Rey no eran de la zona por lo que los detectives se abocaron desde un primer momento a establecer las conexiones de esos asaltantes y quienes les proporcionaron la información y logística necesaria para concretar el golpe.
Uno de los informes policiales indicaba sobre la existencia en Bariloche de un grupo de delincuentes conocida como “La banda de los Bonafoi”, que si bien no era la única de la zona contaba con la mayor preparación para llevar delante un plan tan audaz.
Además, a esta banda se le atribuían asaltos cometidos bajo la misma modalidad, básicamente por la utilización de autos nuevos y rápidos. Uno de esos hechos había sido cometido en 2004 contra la tradicional familia chocolatera “Goye” de Bariloche.
Al continuar con esa pista, un policía rionegrino que investigó a ese caso declaró en la causa de El Maitén y aportó datos claves:
- Dos de los miembros usaban caretas de “El Hombre Araña” y Fredy Kruger.
- Un tercero utilizaba un revólver plateado.
- Uno de los vehículos empleados pertenecía a la agencia de autos del “Gordo Soto” en Bariloche.
V
Fuga, liberación y búsqueda
Nos metieron a todos dentro del baño de la habitación y cerraron la puerta. Después escuchamos que sonó el teléfono y al ratito otra vez, y otra vez. No nos animamos a atenderlo porque estábamos en la habitación, no sabíamos si ellos seguían adentro o no. Luego se escuchó que patearon de entrada y la policía ingresó al baño donde estábamos”, relató el hijo de Saguar a la policía sobre los últimos momentos de las casi nueve horas que estuvo como rehén junto a su familia y la del contador Rey.
Por ese entonces, la banda de ladrones ya había abandonado El Maitén a bordo del automóvil del gerente del banco y de dos Volkswagen Gol que fueron utilizados como “apoyo” durante todo el audaz robo.
Uno de esos dos vehículos fue visto con las luces prendidas listo para la huida por el propio Saguar cuando entregó el dinero en su casa donde luego fue encerrado en otra habitación y finalmente liberado por los policías que iban acompañados de algunos empleados del banco, que habían advertido la ausencia de los directivos, y del intendente.
Los efectivos policiales también habían sido alertados de lo ocurrido por los propios delincuentes que en su huida llamaron a la comisaría de El Maitén y luego continuaron su viaje más hacia al sur de la Patagonia.
Tras rescatar a las familias de Saguar y Rey, varias comisiones policiales comenzaron desesperadamente a buscar a los audaces ladrones y apuntaron hacia la ciudad chubutense de Esquel y a las estancias de la cordillera donde los rastros resultaron ser más difíciles de seguir por la nieve que caían en la región y el sinuoso relieve del terreno.
En medio de los bosques blancos, las inclemencias del tiempo y los difíciles accesos, el primer logro de la pesquisa policial fue hallar el automóvil robado a Saguar y que había sido abandonado por los delincuentes en la ruta hacia Esquel, a unos 6 kilómetros de El Maitén.
Debido a las serias complicaciones que implicaba poder escapar de una región traicionera para el que no la conoce, los investigadores comenzaron a sospechar que la banda contaba con la connivencia de algún miembro policial, lo que hacía recodar el asalto a un supermercado en la ciudad rionegrina de El Bolsón cometido en diciembre de 2004 por un grupo de delincuentes que asesinó a balazos y por la espalda a un efectivo que trabajaba como custodio.
Por ese sangriento episodio, tres efectivos de la policía rionegrina fueron detenidos y luego condenados a reclusión perpetua por lo que los investigadores chubutenses compraban la planificación y frialdad con la que actuó la banda de El Maitén con los autores del audaz y mortal atraco al supermercado.
Las sospechas de que se sería esta banda tan peligrosa y violenta como aquella de El Bolsón hicieron que la policía rionegrina reforzara todos los destacamentos del área cordillerana fronteriza con Chubut e instalara controles camineros especiales en la ruta nacional 258, que va desde esa ciudad de la provincia hasta la vecina Bariloche.
Se dispuso el envío de decenas de policías de refuerzo a las unidades de Cuesta del Ternero, Ñorquinco e Ingeniero Jacobacci, las poblaciones más importantes de la región cercana al lugar del robo, mientras que se sumó la colaboración de las policías de las provincias vecinas y de la Gendarmería Nacional.
Hasta la ministra de Gobierno de Chubut se trasladó desde Rawson hasta El Maitén para personalmente seguir de cerca la investigación del caso que inmediatamente llegó a las primeras planas de todos los medios nacionales.
Nos metieron a todos dentro del baño de la habitación y cerraron la puerta. Después escuchamos que sonó el teléfono y al ratito otra vez, y otra vez. No nos animamos a atenderlo porque estábamos en la habitación, no sabíamos si ellos seguían adentro o no. Luego se escuchó que patearon de entrada y la policía ingresó al baño donde estábamos”, relató el hijo de Saguar a la policía sobre los últimos momentos de las casi nueve horas que estuvo como rehén junto a su familia y la del contador Rey.
Por ese entonces, la banda de ladrones ya había abandonado El Maitén a bordo del automóvil del gerente del banco y de dos Volkswagen Gol que fueron utilizados como “apoyo” durante todo el audaz robo.
Uno de esos dos vehículos fue visto con las luces prendidas listo para la huida por el propio Saguar cuando entregó el dinero en su casa donde luego fue encerrado en otra habitación y finalmente liberado por los policías que iban acompañados de algunos empleados del banco, que habían advertido la ausencia de los directivos, y del intendente.
Los efectivos policiales también habían sido alertados de lo ocurrido por los propios delincuentes que en su huida llamaron a la comisaría de El Maitén y luego continuaron su viaje más hacia al sur de la Patagonia.
Tras rescatar a las familias de Saguar y Rey, varias comisiones policiales comenzaron desesperadamente a buscar a los audaces ladrones y apuntaron hacia la ciudad chubutense de Esquel y a las estancias de la cordillera donde los rastros resultaron ser más difíciles de seguir por la nieve que caían en la región y el sinuoso relieve del terreno.
En medio de los bosques blancos, las inclemencias del tiempo y los difíciles accesos, el primer logro de la pesquisa policial fue hallar el automóvil robado a Saguar y que había sido abandonado por los delincuentes en la ruta hacia Esquel, a unos 6 kilómetros de El Maitén.
Debido a las serias complicaciones que implicaba poder escapar de una región traicionera para el que no la conoce, los investigadores comenzaron a sospechar que la banda contaba con la connivencia de algún miembro policial, lo que hacía recodar el asalto a un supermercado en la ciudad rionegrina de El Bolsón cometido en diciembre de 2004 por un grupo de delincuentes que asesinó a balazos y por la espalda a un efectivo que trabajaba como custodio.
Por ese sangriento episodio, tres efectivos de la policía rionegrina fueron detenidos y luego condenados a reclusión perpetua por lo que los investigadores chubutenses compraban la planificación y frialdad con la que actuó la banda de El Maitén con los autores del audaz y mortal atraco al supermercado.
Las sospechas de que se sería esta banda tan peligrosa y violenta como aquella de El Bolsón hicieron que la policía rionegrina reforzara todos los destacamentos del área cordillerana fronteriza con Chubut e instalara controles camineros especiales en la ruta nacional 258, que va desde esa ciudad de la provincia hasta la vecina Bariloche.
Se dispuso el envío de decenas de policías de refuerzo a las unidades de Cuesta del Ternero, Ñorquinco e Ingeniero Jacobacci, las poblaciones más importantes de la región cercana al lugar del robo, mientras que se sumó la colaboración de las policías de las provincias vecinas y de la Gendarmería Nacional.
Hasta la ministra de Gobierno de Chubut se trasladó desde Rawson hasta El Maitén para personalmente seguir de cerca la investigación del caso que inmediatamente llegó a las primeras planas de todos los medios nacionales.
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