La Guerra en la ex Yugoslavia: Bosnia-Herzegovina - Parte XI


Ratko Mladić, ex Comandante del Estado Mayor del Ejército de los Serbios de Bosnia (ESB) fue condenado hoy a prisión perpetua por genocidio, crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos, entre otros graves delitos cometidos durante la guerra de la ex Yugoslavia desde 1992 y 1995.
Así lo resolvió la sala Primera del Tribunal Internacional Penal para la ex Yugoslavia (TIPY), quien le atribuyó al ex líder militar serbio un rol preponderante en la masacre de Srebrenica, perpetrada a fines del conflicto armado en Bosnia y Herzegovina.
También lo condenaron por persecución, exterminio, asesinato, deportación y actos inhumanos contra civiles en Sarajevo y por la toma de rehenes de personal de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para obligar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a detener ataques aéreos contra objetivos serbios de Bosnia.
“Las circunstancias fueron brutales; aquellos que intentaron defender sus hogares se encontraron con una fuerza despiadada. Hubo ejecuciones en masa y algunas víctimas sucumbieron después de ser golpeadas. Muchos de los perpetradores que habían capturado a los musulmanes bosnios mostraban poco o ningún respeto por la vida o la dignidad humana”, afirmó el juez holandés Alphons Orie, presidente del tribunal integrado por Bakone Justice Moloto (Sudáfrica) y Christoph Flügge (Alemania).
Según los jueces, Mladić jugó un papel decisivo en la comisión de estos crímenes y “contribuyó significativamente a la consecución del objetivo común de expulsar permanentemente a musulmanes y croatas del territorio reclamado por los serbios en Bosnia y Herzegovina”.
En un fallo por mayoría, los jueces determinaron que entre mayo de 1992 y noviembre de 1995, Mladić contribuyó significativamente a establecer y llevar a cabo una campaña de francotiradores y bombardeos destinada a difundir el terror entre la población civil de Sarajevo.
Durante este período, sus fuerzas atacaron a diario y deliberadamente a la población civil, a menudo en lugares que tenían poco o ningún valor militar, lo que provocó la muerte y lesiones de miles de ciudadanos.
Para el juez Orie, a los habitantes de Sarajevo “se los obligó a vivir en un estado de constante angustia”  y “cada vez que ellos o sus seres queridos dejaban sus hogares, se preguntaban si serían atacados por francotiradores o fuego de artillería”.
Respecto a la toma de rehenes, entre el 25 de mayo y el 24 de junio de 1995, las fuerzas serbias de Bosnia detuvieron a personal de la ONU y lo trasladaron a diversos sitios de poca importancia militar donde las víctimas fueron encadenadas o esposadas, a veces a punta de pistola.
Previamente, en marzo de ese mismo año, Mladić firmó órdenes para una operación estratégica contra el enclave de Srebrenica con la intención de vaciarlo de su población bosnia musulmana y convertir el territorio serbio.
Las fuerzas serbias finalmente ingresaron a dicho territorio el 11 de julio de 1995, cuando mujeres, niños y musulmanes bosnios fueron sacados a la fuerza de allí y llevados a distintas bases donde los ejecutaron.
La sentencia conocida hoy en la ciudad holandesa de La Haya, puede ser apelada por la defensa del ex líder militar serbio y la cuestión será tratada por Mecanismo Residual Internacional de Tribunales Penales.
El juicio comenzó el 16 de mayo de 2012, casi un año después de la captura del ahora condenado, y se llevaron a cabo 530 audiencias, en las que declararon 592 testigos y se exhibieron 10 mil pruebas que sirvieron para acreditar la comisión de 2 mil hechos adjudicados.
Desde su creación en 1993, el TIPY ha condenado a 155 personas por graves violaciones a los derechos humanos cometidas en la ex Yugoslavia entre 1991 y 2001, y actualmente tiene en curso sendos procedimientos para otros seis acusados.
Por su parte, Mladić nació el 12 de marzo de 1942 en el municipio bosnio de Kalinovik y fue entrenado en la academia militar del Ejército Popular Yugoslavo (EPY) en Belgrado. En 1991, fue nombrado Comandante del Noveno Cuerpo del EPY en Knin, Croacia. Luego, el 12 de mayo de 1992 fue nombrado Comandante del Estado Mayor de la ESB y estuvo a cargo del mismo durante todo el conflicto bélico.
El 24 de julio de 1995, Mladić fue acusado por el TIPY y permaneció prófugo hasta el 26 de mayo de 2011, cuando finalmente lo detuvieron en el norte de Serbia.
Y al igual que a Mladić, el TIPY condenó a otros ex líderes militares serbios por los crímenes cometidos en Bosnia y Herzegovina como Radovan Karadžić, Momčilo Krajisnik y Biljana Plavšić.

Fuente: http://www.icty.org/

Oro y sangre


La Capital del Petróleo o del “Oro Negro” está ubicada a los pies de un cerro de 220 metros de altura y a orillas del océano, en el corazón una la principal zona hidrocarburífera del país, y es la ciudad más poblada de su provincia y la segunda en importancia en la región sur del territorio nacional.
 Fundada a principios del Siglo XX, sus primeros residentes permanentes fueron unos inmigrantes galeses acostumbrados a la vida junto al mar, a los que luego se sumaron italianos, sudafricanos y, obviamente, argentinos.
 Desde un comienzo, este lugar funcionó como una colonia agrícola y ganadera que comerciaba sus productos a través de su propio puerto, el cual construyó el gobierno nacional y que fomentaría la actividad de la pesca.
 En medio de un clima árido y ventoso, la ciudad cambió para siempre en poco tiempo, a partir del  hallazgo de petróleo fluyendo por sus venas subterráneas, lo que provocó un boom económico por más de 70 años en los que también de desarrolló la actividad ferroviaria y militar.
 Pero a medidos de los '90 se desató una crisis total, la cual incluyó hasta un desplazamiento del cerro que dividió la ciudad prácticamente en dos y generó una serie de multitudinarias manifestaciones sociales que retumbaron en toda la nación.
 Recién a mediados del Siglo XXI la ciudad se reactivó pero las secuelas de los males acaecidos previamente siguieron afectando a sus más de 177 mil habitantes, distribuidos en dos zonas: la norte y la sur.
 La primera de esas zonas se caracteriza por su tradición petrolera y ferroviaria -ésta creció de la mano del oro negro- y cuenta con varias localidades que en los '80 intentaron obtener una municipalidad propia pero no lo lograron. En tanto, la sur es la más antigua y allí conviven los barrios comerciales con los más pobres y densamente poblados.

*

Según datos de la justicia local, durante 2016 se consumaron en toda la ciudad un total de 22 homicidios dolosos, lo que arrojó una Tasa de Homicidios (TH) cada 100 mil habitantes de 12,7; más alta que la de la Capital Federal (6) y la provincia de Buenos Aires (8) pero más baja que la de otros distritos importantes del Interior del país como Rosario (20).
 Además de ser la ciudad con más asesinatos en toda su provincia, también registró en el mismo período la mayor cantidad de causas penales por otros delitos graves como el abuso sexual (130 casos) y los robos (1370).
 Mientras que del total de homicidios, trece fueron “simples” -peleas circunstanciales y ajustes de cuentas principalmente-, seis “agravados” -incluyen los cometidos en robos y con armas de fuego- y tres “femicidios”, es decir, por mediar violencia de género, existir una relación de pareja con la víctima y porque ésta se trató de una mujer.
 Uno de dichos femicidios fue cometido en perjuicio de Valeria, una joven de 24 años oriunda de Salta que residía en la Capital del Petróleo desde 2015 junto a su concubino, Mario, también salteño y de profesión albañil.
 Una fría noche de sábado de mediados de agosto pasado, Mario regresó a la pieza que la pareja habitaba en un barrio de la zona sur de la ciudad y comenzó a discutir con la joven, a quien terminó atacando con una de las herramientas con las que trabajaba en la construcción: un martillo.
 Con este pesado instrumento, el hombre, un año mayor que la mujer, golpeó varias veces en la cabeza a la víctima, que comenzó a gritar y sus gritos de auxilio fueron escuchados por el dueño del inquilinato que se acercó de inmediato hasta la habitación y al ver lo que ocurría forcejeó con Mario hasta arrebatarle de sus manos el martillo.
 Sin embargo, en medio de la lucha cuerpo a cuerpo, el albañil extrajo un cuchillo de cocina de entre sus ropas y le aplicó a Valeria al menos 24 cortes en tórax y abdomen, los que le provocaron la muerte en el lugar.
 Finalmente, el dueño del inquilinato logró reducir a Mario hasta que llegó la Policía y lo detuvo en una escena del crimen donde hallaron el cuerpo de Valeria tirado en el suelo, sobre un charco de sangre.
 Tras quedar preso, Mario declaró ante la justicia que él padecía epilepsia y que habitualmente sufría convulsiones, una de las cuales lo atacó en momentos en que se produjo el crimen de Valeria, por lo que debido a esto, según él, no podía recordar nada de lo ocurrido
 “No lo hice queriendo. Estaba todo bien con mi pareja y cuando recuperé el conocimiento ya estaba en prisión. No entiendo por qué hice esto, estoy arrepentido”, indicó el albañil, quien fue sometido a una serie de estudios médicos que concluyeron que, en realidad, se encontraba ubicado en tiempo y espacio, no padecía alucinaciones auditivas o visuales y comprendía la criminalidad de sus actos.
 De esta manera, la justicia lo consideró imputable y lo envió a juicio sin beneficiarlo con la excarcelación ya que entendió que existían riesgos procesales, como entorpecimiento de la investigación y riesgo de fuga.
 Y a la hora de elevar la causa a juicio -cuya fecha de inicio aun no fue fijada- la justicia valoró, entre otras pruebas, el testimonio clave del dueño del inquilinato que, además de presenciar el femicidio, declaró que si bien la pareja parecía “re enamorada” el “problema” era que Mario “se drogaba y bebía alcohol” con frecuencia.
 Por todo ello, Mario será juzgado por el delito de “homicidio doblemente agravado”, por mediar violencia de género y una relación con la víctima, y en caso de ser hallado culpable recibirá la pena de prisión perpetua.

AA
Febrero 2017

Los lados de la montaña (II)

Basado en hechos reales

El jueves 14 de julio se produjo la primera nevada fuerte de la temporada de invierno, lo que mejoró el ánimo de toda la gente que vivía del turismo, comerciantes, hoteleros, gastronómicos, agencias de viajes, empresas de transporte y operadores del cerro donde se practicaban los deportes de nieve.
Ese mismo día, Lucas, de 29 años y oficial ayudante de la policía local, salió uniformado de su casa alrededor de las 13 para presentarse a tomar servicio en la comisaría 42da. con jurisdicción en el humilde barrio 2 de Abril, en la zona del Alto. Sin embargo, sus jefes dijeron que nunca llegó a la seccional.
Por la noche, cerca de las 20, una comisión policial de dicha comisaría se dirigió hasta el domicilio que Lucas alquilaba en la costanera del lago y se entrevistó con la novia de éste, Daniela, quien confirmó que no sabía nada de su pareja desde que había salido a trabajar.
Unas dos horas después, los sargentos Irusta y Morales, allanaron sin orden judicial la habitación de Lucas donde manipularon la computadora portátil del oficial desaparecido, al parecer, en busca de pistas sobre su paradero.
Recién a la mañana siguiente la Justicia intervino en el caso e inició una investigación formal que incluyó como primeras medidas una inspección en la vivienda de Lucas y el sector de la costa más cercano al domicilio, y un rastrillaje en un descampado ubicado detrás del hipermercado del Alto.
Mientras se lo buscaba, los investigadores constataron que el teléfono celular de Lucas estaba apagado o fuera de servicio.
En tanto, los padres y los dos hermanos de Lucas, que residían en la zona centro de la provincia viajaron hasta la ciudad cordillerana donde se entrevistaron con el fiscal de la causa, que ante la falta de noticias sobre el paradero del oficial ayudante comenzó a tomarles declaración a los policías que trabajaban con él.
Pero estos testimonios no arrojaron buenos resultados y la primera pista se obtuvo a la semana siguiente cuando los pesquisas descubrieron que una cámara de seguridad de un comercio del centro comercial de la ciudad captó una imágenes de la parada de colectivos habitualmente utilizada por Lucas y en las que aparentemente se lo vio al oficial ayudante abordar un auto color gris que pasó por el lugar.
Sin embargo, las imágenes analizadas no eran del todo claras, por lo que los investigadores no pudieron identificar el vehículo ni confirmar que se había tratado del policía desaparecido.
A este inconveniente se sumó horas después que la fiscalía recibió un primer informe de los cruces de llamados del celular de Lucas pero el mismo estaba incompleto, al parecer, por problemas técnicos.
Ante la falta de respuesta por parte de los investigadores, la familia del oficial ayudante realizó una primera marcha frente a la Unidad Regional de la Policía, situada en el Centro Cívico de la ciudad, para reclamar por el esclarecimiento del caso.
Así, la desaparición de Lucas se conoció a nivel nacional, por lo que los rastrillajes se intensificaron, especialmente, en la extensísima costa del lago, donde a los policías provinciales y bomberos se sumaron efectivos del Plan del Manejo del Fuego con sus helicópteros.
Por su parte, la familia de Lucas volvió a marchar por el centro de la ciudad y exigió que la policía local fuese apartada de la investigación ya que sospechaba que podía estar involucrada. Luego de este reclamo, el Ministerio de Seguridad provincial resolvió desplazar de sus cargos al jefe de la Unidad Regional, a los dos comisarios de la seccional 42 y a los sargentos Irusta y Morales.
A tono con la gravedad que estaba implicando el caso, el Ministerio Público resolvió crear una comisión de fiscales para investigar lo ocurrido con Lucas y sumar a la pesquisa a tres fueras federales: Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y Gendarmería Nacional (GN) para trabajar en tierra y Prefectura Naval (PN) para los procedimientos en el lago. Sin embargo, esta última medida no implicó el desplazamiento de los policías provinciales, que siguieron formando parte del operativo de búsqueda.
Además, el Gobierno provincial ofreció una recompensa de 250 mil pesos para aquellas personas que aportasen datos para localizar al oficial ayudante desaparecido, tras lo cual, el equipo de fiscales comenzó a recibir distintos mensajes anónimos que apuntaron contra la policía local.
Siguiendo esta pista, los investigadores judiciales ordenaron a las fuerzas federales allanar distintas dependencias policiales de la ciudad y en base a los datos obtenidos en esos operativos el juez Campana abrió un expediente paralelo por encubrimiento e incumplimiento de deberes de funcionario público en el que quedaron imputados los sargentos Irusta y Morales y otro efectivo, Meyreles, que no prestaba servicios en la ciudad pero que quedó acusado de querer adquirir un teléfono celular con un chip a nombre de Lucas y un DNI falso a nombre del desaparecido.
Pero al ser indagados por el magistrado, estos tres policías negaron estar vinculados con la desaparición del oficial ayudante y Meyreles hasta dijo que no conocía a Lucas al tiempo que denunció que había sido otro efectivo, Valenzuela, quien le había aportado el chip y el DNI apócrifo, por lo que éste último también quedó imputado.
La familia de Lucas, desesperada, se reunió con el gobernador que luego del encuentro admitió que “un sector” de la policía provincial estaba “bajo sospecha” y criticó la “pasividad” de la fuerza en la investigación.
En tanto, la búsqueda de Lucas se amplió a otros lagos de la zona con el aporte de un robot subacuático de la PN, pero tampoco hubo resultados positivos. Entonces, la Justicia, que seguía recibiendo llamados anónimos que apuntaban contra la policía local, enfocó los rastrillajes en El Alto, especialmente, en la ruta Circunvalación, que dividía esa zona en dos: norte y sur.
Se trató de un terreno amplio, con muchos descampados con densa vegetación y formaciones rocosas elevadas, lo que demandó mucho tiempo y esfuerzo de parte de los efectivos de las fuerzas de seguridad. Y, sobre todo, conocimiento del lugar, por lo que los policías provinciales fueron parte activa de esos rastrillajes.
El martes 9 de agosto se realizó un primer operativo que abarcó el sector sur de los alrededores de la ruta y el mismo dio negativo. Pero al día siguiente, cuando los efectivos rastrillaron el sector norte finalmente hallaron un cadáver en avanzado estado de descomposición a unos 500 metros de la traza de Circunvalación.
A simple vista, el cuerpo tenía uniforme policial y junto al mismo había una pistola, por lo que todo indicaba que se trataba de Lucas, pero no se pudo identificar a la víctima en el lugar, hasta donde llegaron los hermanos del oficial ayudante acompañados de sus abogados, quienes solicitaron al juez Campana que la fuerza local, que había sido la que encontró el cadáver, abandonara el operativo y que los peritajes estuviesen a cargo de los especialistas de GN.
Luego de casi un día se trabajos en el lugar del hallazgo del cuerpo, este fue trasladado a la Morgue Judicial donde a través de las huellas dactilares se confirmó que se trataba de Lucas y que presentaba un balazo en la cabeza.
Ante estos primeros datos, la familia de Lucas gritó a los cuatro vientos que el cuerpo había sido “plantado” y que se había montado una escena para simular un “suicidio” y también revelaron que ellos contaban con informantes anónimos que afirmaban que el oficial ayudante había sido asesinado en otro lugar, una sede alejada de la Policía Montada ubicada en un camino alternativo que conducía al cerro.
Estas mismas fuentes, que decían temerle a la policía local, dijeron que a Lucas los habían matado sus propios compañeros dela fuerza ya que había descubierto la complicidad de éstos en el crimen de Micaela, la joven madre que en abril había permanecido 15 días desaparecido y luego apareció asesinada al sur de Circunvalación,  a tan sólo un kilómetro del donde se halló el cadáver del oficial ayudante, en lo que se convirtió en el tercer femicidio cometido en la ciudad en lo que iba del año.
Las coincidencias entre ambos hechos resultaron llamativas dado que la mujer había desaparecido cuando se dirigía al barrio 2 de Abril y fue vista abordar un auto desconocido, y su cuerpo fue hallado en una zona que ya había sido rastrillada previamente. Y, al igual que con el caso del oficial ayudante, no había ninguna pista sobre la identidad de el o los autores materiales del crimen. 
Por todo ello, los familiares de ambas víctimas marcharon juntas el jueves 11 de agosto en una movilización que reunió a miles de vecinos que se mostraron conmocionados por la situación que les imprimía un profundo temor porque los que debían cuidarlos y protegerlos estaban siendo investigados como los presuntos responsables de los dos crímenes.
En medio de esa consternación –la cual no era compartida por toda la población ya que ciertos sectores estaban más preocupados porque la temporada había sido buena sólo durante las dos semanas de receso escolar-, los fiscales del caso Lucas, aún sin contar con los resultados finales de la autopsia, afirmaron públicamente que no había “ninguna duda” de que se trataba de un asesinato y descartaron la hipótesis del suicidio.
Los instructores judiciales, respaldados por el fiscal general de la provincia, también reconocieron que los peritajes arrojaban que donde se halló el cuerpo no era la escena del crimen primaria y que las sospechas apuntaban a la sede de la Policía Montada. La principal duda era si, tal como lo denunciaban los informantes anónimos, la víctima había sido asesinada allí o en otro lugar, o si en esa dependencia sólo ocultaron el cuerpo hasta que decidieron tirarlo en el descampado como una especie de mensaje mafioso, ¿destinado a quién?


AA
Agosto 2016

Un paseo por las sierras - Parte III

Uno de los puntos negativos de la villa, establecida a fines de 1920´ con el nombre de “paraje El Sauce” -los de las afueras solían llamarlo “el pueblo de los alemanes” a pesar de que también había austríacos, suizos y eslavos-, fue el tránsito vehicular, el cual aumentaba considerablemente durante las vacaciones y superaba una infraestructura vial prevista para una población de 7.800 habitantes, sin semáforos, lomos de burro ni reducidores de velocidad y con libre estacionamiento y unos pocos inspectores de tránsito, lo que implicaba un riesgo principalmente para los peatones que debían tener cuatro ojos atentos en todas direcciones a la hora de cruzar una calle.
“El principal problema de la Argentina somos los propios argentinos, no los inmigrantes extranjeros. Fijate ´Maciek´, claramente, la mejor persona que hemos conocido en este viaje”, le confesé a Carla, quien a pesar de tener una ideología contrapuesta a la mía coincidió plenamente.
En contraposición, cabe destacar la excelente calidad del servicio y, sobre todo, de la gastronomía, en especial, la de los desayunos de la posada basados en productos artesanales como los crocantes panes de nuez y los “caracoles” de manzana o chocolate, los cuales se podían combinar perfectamente con deliciosos dulces de todo tipo: manzana con arándanos, naranja con almendras y frutilla con ananá, entre tantos otros.
A gusto con estas comodidades, los tres días restantes de nuestra estadía la pasamos entre la posada y el centro de la villa, todo ello enmarcado en una compleja temporada de verano cuyo balance fue dispar entre los propios operadores turísticos locales.
En ese sentido, Ana de Rothe, presidenta de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Calamuchita (AHAB) señaló en declaraciones a un periódico de la villa que ya desde el Oktoberfest se pudo advertir que la temporada iba a ser “muy floja” y que estas malas expectativas se confirmaron en diciembre, cuando, según ella, la cantidad de reservas fue “la peor de los últimos cinco años”.
Para De Rothe, tras el cambio de gobierno y después de las fiestas, la situación fue mejorando aunque en resumen el nivel de ocupación resultó ser “malo”.
Por su parte, Juan Manuel Cáceres, presidente del Centro de Comercio de Villa General Belgrano, reconoció su disconformidad con la temporada y al factor político le sumó el climático como razones de estos resultados insatisfactorios.
“La temporada no es mala pero tampoco de las mejores”, sostuvo Cáceres y opinó que a su criterio “el nivel de ocupación es bueno pero el nivel de gasto es bajo”.
Y con eso último coincidió Maciek, quien a diferencia de otros comerciantes de la villa trató de mantener sus precios para no ahuyentar a los turistas, prefiriendo ganar menos a directamente no ganar, un concepto con el que muchos integrantes de este sector clave de la economía nacional no parecieran estar totalmente de acuerdo. Y para muestra basta un botón: a fines de 2012, tras uno de los peores Oktoberfest de los últimos años y en pleno auge de las restricciones para la compra de divisa extranjera que complicaba los viajes al exterior, algunos hoteleros y gastronómicos locales creyeron que era “el momento de romperles el culo” a los turistas que no podía adquirir dólares fácilmente y debían gastar sus pesos dentro del país para que no fueran absorbidos por la inflación, y el resultado de esta política fue un verano desastroso.
Finalmente, y más allá de los balances ajenos, Carla y yo concluimos en que lo más importante de un destino turístico es que el visitante vuelva y nosotros prometimos volver a la villa, y a la misma posada, algún día no muy lejano en el calendario.


AA
Febrero 2016

Un paseo por las sierras - Parte II

Una de las pocas ocasiones en la que salimos de la villa durante la semana que vacacionamos allí fue al cuarto día para visitar La Cumbrecita, el denominado “pueblo peatonal + reserva natural + pueblo wi fi” ubicado unos 38 kilómetros al oeste. Salimos de la posada poco antes del mediodía y desde la terminal volamos al ras del suelo en un “pájaro blanco” algo destartalado durante casi una hora hasta arribar por una ruta zigzagueante desde la que se podía apreciar el paisaje de las sierras, y pasando de largo por las poblaciones de Athos Pampa, Intiyaco y Villa Berna, hasta la base de la mencionada cumbre, a unos 1450 metros sobre el nivel del mar.
Arrancamos el paseo cruzando el puente de ingreso sobre el Río Medio y cargando en nuestras espaldas una mochila con provisiones de agua y comida para pasar la mayor parte del tiempo en la excursión. Siguiendo los sabios consejos del polaco “Maciek”, quien ya nos había sugerido realizar este paseo por la mañana dado que según él las condiciones climáticas eran las mejores para hacerlo esa misma jornada, caminamos a través del centro comercial del pueblo –con una arquitectura típica de montaña- hasta la Plaza de Ajedrez y desde allí, en vez de tomar el sendero bajo nos dirigimos por el alto, una especie de callejuela de piedra que se abría paso entre los distintos lugares de alojamiento de estilo alpino hasta pasar por una fuente y hasta la Plaza de los Pioneros.
Hasta allí el camino presentaba una leve pendiente ascendente y era sencillo. En cambio, al tomar por el Paseo del Bosque, el terreno dejó de ser de piedra y comenzaron a aparecer los primeros charcos de barro ya que bien temprano, justo antes del amanecer había llovido torrencialmente, lo que justamente había ayudado a bajar la temperatura del aire que nos agobiaba desde el inicio de nuestras vacaciones.
Salimos de las frescas sombras del bosque y arribamos a la Capilla, una pequeña construcción de piedra con techo de madera y tejas a dos aguas y desde allí seguimos unos pocos minutos más hasta toparnos con una bifurcación ante la cual debíamos tomar una decisión: ascender a la Cascada Grande por un camino más largo, sinuoso y difícil o dirigirnos rápidamente y sin mayores complicaciones a la Olla. Resolvimos visitar ambos lugares y primero hacer la parte más dura y luego la accesible.
Así iniciamos el ascenso a la cascada por un sendero angosto que atravesaba el corazón del bosque y que estaba repleto de raíces y rocas, por lo que en muchas ocasiones hubo que trepar casi en cuatro patas. Tardamos unos veinte minutos en llegar a la caída de agua donde varios paseantes aprovechaban el claro para tomar sol y darse un chapuzón reconfortante. Ya antes de llegar a poner un pie en el agua, uno se sentía mojado por las gotas voladoras de la cascada que caía pesadamente convirtiéndose en la única resonancia del lugar.
Tras un breve descanso allí, en el que nos hidratamos y tomamos una serie de fotografías, descendimos por el mismo camino de ida hasta nuevamente la bifurcación, donde paramos a almorzar a la sombra de unos árboles al costado del camino.
Luego continuamos con nuestro plan de visitar la Olla, un recorrido de apenas tres minutos que desembocaba en un espejo de agua calmo repleto de bañistas que realizaban peligrosos clavados desde las rocas. Mojamos nuestros pies cansados en el agua fría y poco después, tras consultar el mapa, decidimos continuar hacia el Este, bordeando el arroyo Almbach hasta el Lago de las Truchas.
Aquí también debimos elegir entre este trayecto u otros más ambiciosos como el de subir al Cerro Wank, ubicado a 1750 metros sobre el nivel del mar; trepar a las Tres Cascadas y/o pasear por el Peñón del Águila. Es que si bien conservábamos energías suficientes para realizar dichos trayectos, éstos demandaban mayor tiempo del que disponíamos ya que queríamos evitar las contingencias de los bruscos cambios de clima y, en ese sentido, quedar atrapados en una posible tormenta a mitad de camino.
En ese marco, la opción del Lago de las Truchas implicó un recorrido sencillo y breve, y también el más tranquilo, ya que el espacio era grande y los paseantes no se topaban unos con otros tan recurrentemente, por lo que pudimos hallar un rinconcito a la sombra junto al agua para descansar un largo rato mientras calculábamos cuántos nos iba a demorar el regreso hasta la base para tomar el colectivo de regreso a la villa. Y la obvia conclusión fue que debíamos haber arribado al inicio de la excursión unas dos horas antes, para no tener que dejar de visitar sitios atractivos de las cumbres, aunque los que sí recorrimos los disfrutamos al máximo.
Finalmente abordamos el mismo “pájaro blanco” destartalado de la ida y a medida que nos alejábamos de La Cumbrecita, que cuenta con apenas 1.000 habitantes permanentes y a la vez recibe la visita de 360.000 turistas al año, un cielo plomizo cubrió toda la zona alrededor de las 17, al igual que las tres tardes anteriores, como si se tratase del mecanismo de un reloj suizo o del “five o´clock tea” de los ingleses, los cuales nunca fallan y se repiten todos los días a la misma hora.


Un paseo por las sierras


El tramo final del viaje de ida comenzó al amanecer, primero con una breve parada para cargar combustible en Río Cuarto desde donde el micro atravesó luego una serie de localidades rurales típicas del sur cordobés hasta llegar a Embalse, donde descendieron los primeros pasajeros. Nunca había estado allí y aquel enorme espejo de agua rodeado de sierras verdes me impresionó por su tamaño y por su belleza ya que al otro lado del dique, ubicado justo debajo de la ruta por la que transitábamos, una cascada que caía desde unos 100 metros de altura, aproximadamente, esparcía su spray sobre nuestras cabezas y nos imprimía una profunda sensación de vértigo, promovida al mismo tiempo por la extrema cercanía del asfalto con el precipicio.
A partir de allí el camino se volvió ondulante, con permanentes subidas y bajadas, y de a poco se fue adentrando en las sierras donde los bosques refugiaban a Villa del Dique y Villa Rumipal, dos pequeños y pintorescos pueblos pintorescos a los que se dirigía la mayoría de los viajantes que nos acompañaban en el colectivo de dos pisos que había partido de la terminal porteña de Retiro y había circulado sigilosamente hasta ese punto en el que las ramas de los frondosos árboles comenzaron a raspar contra los ventanales laterales a medida que el vehículo se abría paso en las calles angostas de estos destinos turísticos que suelen ser difíciles de encontrar en un mapa.
El color esperanza brotaba por todos los rincones de aquel paisaje que se fue develando ante nuestras miradas cegadas por un intenso sol matinal que bañaba con su luz el valle de Calamuchita hasta arribar a Santa Rosa, la siguiente parada. Aquí, la terminal se asemejó más a una terminal y las dimensiones del pueblo crecieron a la par de nuestra ansiedad por llegar finalmente a nuestra meta: Villa General Belgrano.
“Tengo la sensación de que nos vamos a enamorar de este lugar”, le dije a Carla apenas el micro tomó por la ruta de acceso a la villa donde luego nos hospedamos en una posada de campo construida en 1942 y que en sus primeros años también funcionó como una escuela de habla alemana y rigurosa disciplina.
Esta posada tenía el aspecto de un verdadero vergel que incluía un amplio jardín, una pileta de natación y un fresco bosque de acacias, al tiempo que era atendida por el polaco "Maciek", quien estaba casado con una argentina a la que había conocido en Londres.
Nuestro hospedaje se ubicaba a tan solo 200 metros del coqueto centro comercial construido principalmente en madera, ladrillo visto y tejas coloradas, y desde el que se podía acceder fácilmente y a pie a distintos paseos por los arroyos Los Molles, La Loma y El Sauce.
Entre caminata y caminata por la avenida principal Julio A. Roca degustamos platos centroeuropeos y, obviamente, bebimos cerveza artesanal tirada, no envasada, tal como nos recomendaron apenas llegamos los lugareños conocedores del tema. También asistimos en nuestras tres primeras noches a la Plaza José Hernández donde se celebró la denominada “Sommerfest”, una versión veraniega de la Fiesta Nacional de la Cerveza que se realiza en Octubre.
Esta especie de “mini Oktoberfest” ofreció, además de las cervezas artesanales, una variedad de platos típicos como salchichas con chucrut, brochetes con distintas carnes y fondue de quesos, y bailes y desfiles de representantes de las diversas colectividades del lugar que coparon el escenario principal.
De esta manera quedó servido en bandeja un merecido descanso en un destino turístico hermoso, tranquilo, cálido -tanto por su clima como por la gente que nos recibió en la posada junto a dos adorables ovejeros alemanes- y que definitivamente atrapa, al punto que uno no siente deseos de irse de allí.


El triple crimen de General Rodríguez y la denominada "ruta de la efedrina" - Parte II

En noviembre de 2010, la causa por la denominada “mafia de los medicamentos” tuvo como imputado a Pérez Corradi, a quien el juez federal Norberto Oyarbide acusó de “facilitar con habitualidad, cuanto menos en el período que va de abril de 2008 a junio del mismo año, su caja de ahorro XXX en el Banco XXX, para que en la misma se depositaran cheques librados en su mayoría por Multipharma S.A. (propiedad de Carlos Torres, también acusado de integrar la asociación ilícita) y por la Obra Social Bancaria Argentina, entre otras, y a la orden de Droguería San Javier S.A. y endosados a Néstor Lorenzo, presidente de dicha droguería, para posteriormente ser retirados los importes en efectivo desde la entidad bancaria”.
En su declaración indagatoria ante el juez, Pérez Corradi admitió que se dedicaba al cambio de cheques, pero negó conocer que era ilícita la actividad de la droguería del acusado Lorenzo.
Cuando a principios de diciembre de 2010 el magistrado dictó el procesamiento de Pérez Corradi no sólo le imputó “blanquear” activos recaudados ilegalmente por Lorenzo y Juan José Zanola, titular de La Bancaria y sindicado líder de la asociación ilícita, sino también por Forza, en distintos negocios vinculados a medicamentos adulterados.
“Se tiene por acreditado, con el grado de probabilidad positiva que esta etapa del proceso requiere, que Pérez Corradi aplicó mediante la receptación y posterior depósito en su caja de ahorros, los cheques mencionados, cuya sumatoria asciende a la suma de $312.677, fondos estos que tienen su origen en las actividades ilícitas que desarrollaran Néstor Lorenzo y Juan José Zanola (…) con la consecuencia posible de que tales valores o el dinero en efectivo que el encausado entregaba a cambio, adquirieran la apariencia de un origen lícito”, sostuvo Oyarbide.
Para el juez, Pérez Corradi “conocía perfectamente cómo se movía el mercado de comercialización de sustancias medicinales, no solo en sus aspectos lícitos, sino también en aquellos aspectos delictuales relacionados con la venta de medicamentos adulterados, falsificados, vencidos, extraídos de sus canales habituales de distribución por corresponder a programas gratuitos de distribución cuyo fomento venía dado por el Estado en diversas esferas”.
“Tan es así que el justiciable conocía perfectamente las aristas ilícitas del mercado de los medicamentos, que no resta más que reparar que los inicios de la relación que tuvieron el encausado y Sebastián Forza allá por el año 2001 era de compra y venta de medicamentos y se extendió durante varios años”, agregó el magistrado.
Por entonces, Pérez Corradi estaba detenido en el marco del juicio de extradición a cargo de la jueza federal de San Isidro Arroyo Salgado, causa por la que el empresario había sido apresado en octubre de 2008 en el barrio porteño de Palermo ya que había un pedido de captura de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) que lo acusaba de haber enviado a ese país unas 1.500 pastillas de oxicodona.
En los últimos días de 2010, la Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la decisión de la jueza Arroyo Salgado de extraditarlo a los EE.UU y así fue que Pérez Corradi permaneció preso hasta diciembre de 2011, cuando la Sala II de la Cámara Nacional en lo Criminal y Federal revocó su prisión preventiva por considerar que no existían “riesgos procesales”.
Luego, en marzo de 2012, cuando el fiscal del triple crimen, Juan Ignacio Bidone, pidió su captura, las fuerzas de seguridad lo fueron a buscar a su último domicilio conocido, en el partido bonaerense de San Isidro, pero no lo pudieron localizar y desde entonces se desconoce su paradero.
Por su parte, el ex policía y socio de Ferrón, Salerno, también quedó procesado en la causa por la “mafia de los medicamentos” y será sometido a juicio oral por ese caso junto a Zanola, Lorenzo Torres y otros imputados.
Al declarar en el juicio por el triple crimen, antes de ser excarcelado en la causa de Oyarbide, Salerno admitió que a Forza lo conoció en mayo de 2008 “por temas vinculados al rubro farmacéutico” y que “fue dos o tres veces a la oficina de Pilar para ver qué productos” le podía proveer.
“Contaba de su vida privada, era mediático. Un día comíamos con Damián (por Ferrón) y otra persona y aparece Forza; justo en la televisión pasaban lo de Maschwitz (en referencia al laboratorio de drogas sintéticas) y Forza dijo: 'Ése allanamiento pasó porque yo hablé'”, indicó Salerno y agregó: “También dijo que comercializaba efedrina, que tenía no sé qué cantidad y necesitaba un comprador”.
En ese marco, este testigo recordó que él se enteró a través del médico cirujano Gustavo Rischiuto, quien trabajaba con Ferrón, que “Forza había llevado efedrina” a sus oficinas.
“El 25/07 Damián me convocó a la confitería que está atrás del Sheraton de Pilar, estaba Rodrigo Posas Iturbe (absuelto en la causa de Maschwitz), Bina, Damián, yo y otra persona. Se habló del precio de la efedrina, Posas Iturbe y Bina decían que compraban a 200 pesos el kg. y Damián que eran 200 dólares. Se armó una discusión. Después me explicaron que Silvio Salerno (primo del declarante) y Bina habían arreglado una venta de efedrina y Posas Iturbe me quería conocer a mí porque supuestamente era el que traía la efedrina. Forza llegó cuando nos íbamos y refirió temeroso que vio la camioneta dePérez Corradi, color verde militar, camuflada, en el estacionamiento”, dijo y continuó: “Al retirarse el mexicano me presenta a Bina, él me dice que cobraba $17.000 por mes para sacar la droga a Panamá y de allí a México”.
Según Salerno, Pérez Corradi estaba “interesado en comprar efedrina” aunque, aclaró que él “no sabía que Pérez Corradi y Forza se conocían”.
“Pérez Corradi en marzo me pide que vaya aJuan B. Justo y Corrientes, nos reunimos, me preguntó si seguía en el negocio de la efedrina, contestándole que no,siendo su reflexión: 'Damián te está cagando, me están cagando el negocio, los tengo que boletear'. Resalto en esta expresión el uso de plural. En otra reunión Pérez Corradi me dijo que tenía vinculaciones con policías, gente del Gobierno y yo le creo, porque después de esto a mi me llamó una secretaria que un ministro quería hablar conmigo,también de Inteligencia Naval”, declaró.
Salerno afirmó que él “no tenía relación con Tarzia” aunque sabía que “una vez lo fue a buscar a Damián” y que se lo “dijeron después que pasó todo” y concluyó que tenía “una farmacia en Nazca y Juan B. Justo, a cinco o seis cuadras de donde aparece la Vitara” de Ferrón.
Por último, el médico Rischiuto declaró en el debate lo que había manifestado en 2008 en la causa por la efedrina secuestrada en Maschwitz. Y según este testigo, “Salerno y Ferrón hablaban de la efedrina como algo común, como una droga más”.
“Un día que yo estaba en la oficina de Pilar, toca timbre una persona y Ferrón dijo no la puedo hacer subir, acompañame que hablo abajo, era un tal Pablo que le reclamaba U$S 25.000, y Damián le dijo que la habían tenido que usar, porque le habían secuestrado la hija a Salerno, vamos a conseguir efedrina y te vamos a devolver la plata, esto fue más o menos un mes antes de la desaparición de los chicos. Este chico decía que a él lo apuraba el que le dio la plata para traer la efedrina. Después me enteré que se habían gastado la plata, Salerno para la casa y Ferrón para la camioneta, pero como que la iban a reponer, por los negocios con la efedrina”, reseñó.
De acuerdo al médico, “Salerno le vendía efedrina a Pérez Corradi” aunque por el tipo de vida que éste llevaba, consideró el testigo que no era el único proveedor.
“Salerno, Ferrón y Forza retirarían efedrina de un depósito de Barracas, de Riky Martínez, y se la iban a vender a un mexicano, fue un jueves o viernes antes de las vacaciones de invierno. Esperaron todo el día al mexicano que no llegó y Riky Martínez le decía que tenía que cerrar el depósito, que los muchachos se iban. Al otro día yo pasé por la oficina, me iba al norte, estaba Ferrón solo, me contó que se encontraron con el mexicano Rodrigo,en el Open de Pilar, estaba borracho, ellos le querían vender a 2.000 o 3.000 dólares y el mexicano que estaba con otros muchachos querían pagar a valor pesos, el otro muchacho que estaba con el mexicano, después supo por Salerno que era Leopoldo Bina. Como que éste era el nexo entre Rodrigo, Ferrón y Forza”, indicó la sentencia.
En el mismo fallo quedó asentado que “Salerno le comentó el día de esa reunión que vio en el estacionamiento del Open de Pilar, la camioneta de Pérez Corradi, se había asustado, como que los vigilaba, para ver si hacía negocios fuera de él.” y que “el día de la reunión con Posas Iturbe, como éste no aparecía y Riky le decía que tenía que cerrar el depósito, los muchachos se iban y quien iba a cargar los700 kg. Forza se fue y volvió con un canasto de lavadero,con 30 kg. de efedrina”.
“Salerno estuvo en ésa reunión, en un momento se retiró, fue a buscar plata a la casa del primo, porque era plata que el mexicano le había adelantado para conseguirle efedrina, sino aparecía la efedrina tenía quedarle la plata”, declaró el médico.
Rischiuto agregó que Salerno le “dijo que frente a la Comisaría 50,cuando fueron por la aparición de la camioneta de Ferrón, estaba la camioneta de Pérez Corradi” y sentenció: “Salerno me comentó que Pérez Corradi pagó $100.000 para que maten a Forza, esto fue cuando habían desaparecido pero aún no habían aparecido los cadáveres, agregando de su cosecha 'estos tres boludos van ha aparecer tirados en un zanjón en Moreno'”.
“Supongo que Salerno no era el único que le vendía efedrina a Pérez Corradi”, indicó el médico y concluyó: “Creo que Salerno era incapaz de matar a alguien, pero pudo no hacer nada para que no los maten. Salerno le tenía terror a Pérez Corradi”.

AA
Enero 2016