El crimen del militante XVIII

El lunes 12 de noviembre declaró como testigo en el juicio por el crimen de Ferreyra la periodista del canal de noticias C5N, Gabriela Carchak, quien cubrió la manifestación y los incidentes previos al homicidio junto al asistente de cámara Polito, quien anteriormente ya había dado su versión de los hechos ante el tribunal.

La periodista aseguró que se trató de “una agresión” del grupo ferroviario contra los manifestantes, no de un “enfrentamiento” entre ambos grupos.

De acuerdo a la testigo, los manifestantes “no tenían nada, ni piedras, ni armas ni palos. Eran mujeres, gente grande con chicos que ya se retiraban del lugar cuando fueron agredidos”. [1]

La periodista contó cuando los agresores corrían a los tercerizados, un policía de civil se le acercó a ella y su equipo y les dijo que se fueran del lugar porque los “iban a matar a todos”.

Carchak indicó que fue un miembro del grupo de los ferroviarios con cuello ortopédico y otro de pelo largo, rubio y con colita, los que obligaron al camarógrafo a dejar de filmar lo sucedido ante la amenaza: “Te rompo todo”.

Por su parte, Gustavo Frias, también miembro del mismo equipo periodístico, declaró en igual sentido que la testigo y precisó que el grupo agresor lo integraban unas “cincuenta o sesenta personas” y coincidió en que el ataque se produjo cuando los manifestantes se estaban retirando.

Mientras que n la audiencia del día después, el imputado Uño solicitó declarar y le pidió perdón a la madre del militante asesinado.

En su descargo, el acusado admitió haber tirado piedras y perseguido los manifestantes pero aseguró ser inocente del crimen.

“La compadezco y le pido perdón. Yo estuve allí pero no maté a nadie”, dijo Uño en referencia de la madre de la víctima. [2]

Respecto de los incidentes, el picaboletos que prestaba servicios en la estación Claypole, dijo que tras impedir a pedradas que los manifestantes cortaran las vías se originó una persecución por las calles adyacentes al terraplén.

“Quería seguirlos, correrlos para que se vayan lejos”, relató el acusado que se reconoció con buzo negro en la primera fila del grupo de los ferroviarios que inició la persecución aunque aclaró que él no siguió corriendo y que nunca estuvo “delante de Favale”. [3]

Sobre el sindicado tirador, Uño admitió conocerlo ya que ambos son hinchas del club Defensa y Justicia, al tiempo que negó haber sido quien recogió las armas disparadas.

“Estoy acá por gil, por haber tirado una piedra”, afirmó el imputado y luego culpó al testigo protegido Alejandro Benítez de haberlo acusado falsamente.[4]

Por otro lado, en la jornada del jueves 15 de noviembre comenzó una seguidilla de declaraciones testimoniales de efectivos policiales, y entre los primeros estuvieron Rodolfo Alí, Marcos Brousson, Gastón Domec, Carlos Farías y Eduardo Barberán.

En octubre de 2010, Alí era director de la sala de situación de la Dirección General de Operaciones (DGO) de la Policía Federal pero el día del hecho no se encontraba en su puesto. De todos modos, el testigo aseguró que la DGO era responsable la estructuración y dirección del operativo policial sobre la manifestación en favor de los tercerizados.

Por su parte, Brousson, quien se desempeñaba en la Superintendencia de Transporte de la Policía Federal, declaró que él concurrió el día del crimen a Avellaneda por decisión propia ya que no había sido convocado para el operativo de seguridad.

“Los de la Unión Ferroviaria estaban ahí, defendiendo sus puestos de trabajo y su disidencia con el otro grupo”, afirmó el policía. [5]

Y agregó que el avance de los ferroviarios sobre los manifestantes fue “una bravuconada” y que se retiró junto a su compañero Mansilla, en referencia a uno de los policías acusados, ya que no la pareció “un incidente grave” esa primera agresión.

Por último, Brousson se contradijo ya que aseguró que el jefe del operativo era un tal Premuda –ya fallecido- cuando en la etapa de instrucción había dicho que fue su amigo Mansilla.

En tanto, Domec, Farías y Barberán, quienes prestaba servicios en la División Roca, coincidieron en sus respetivas declaraciones al afirmar que ninguno de ellos contaba con “trucking policial” –aparatos cuyos comunicaciones no quedan grabadas- y que todos sus llamados fueron por Nextel. También negaron haber sido el policía de civil que amenazó al equipo periodístico de C5N.


El crimen del militante XVII

Miguel Toretta, delegado de la Lista Verde de la Unión Ferroviara en los talleres de Remedios de Escalada, declaró el martes 6 de noviembre en el juicio por el crimen de Ferreyra como testigo de las defensas.

Respecto del día del homicidio, el ferroviario contó: “A eso de las nueve de la mañana, me crucé con Amuchástegui (Aldo, delegado de la Unión Ferroviaria y quien ya declaró como testigo) que me dijo que había acto de presencia en Avellaneda, porque gente de partidos políticos (sic) quería cortar las vías. Como delegado, agarré una planilla de personal y recorrí el sector, preguntando quiénes querían ir”.[1]

Toretta precisó que salió de los talleres con un grupo de entre 80 y 100 empleados con un objetivo: “Mostrar que los ferroviarios no cortamos las vías”.[2]

Una vez en el lugar de la convocatoria, el testigo dijo que los manifestantes caminaban paralelos a las vías insultándolos, mientras que ellos observaban. Luego, aseguró que “fueron atacados” por ese grupo.

Sobre los hechos violentos finales que terminaron con el crimen del militante del PO, Toretta dijo que él permaneció sobre las vías, mientras los manifestantes ya estaban a dos o tres cuadras de allí, al tiempo que dijo desconocer por qué sus compañeros salieron a correr a ese grupo. “Los que fueron en la corrida me dijeron que como que se armó griterío y fueron todos corriendo. Corrieron 200 o 300 metros y se encontraron con los del Partido Obrero, encapuchados y con palos. Que cuando llegaron, el grupo avanzó. Se pelearon y luego volvieron. Escucharon disparos -que pensaron que eran bengalas ´tres tiros´- y se volvieron”, recordó.[3]

El testigo dijo, por último, que fue empleado tercerizado entre 1996 y 2006, y que pasó a planta permanente gracias al acusado Fernández, en tanto, describió al imputado Díaz como la “cabeza” de su grupo.

A Toretta, le siguieron los testigos Fernanda Chiappara y Jorge Valdez, quiénes declararon que ingresaron a trabajar al ferrocarril gracias al acusado Díaz, con quien dijeron mantener una relación a amistad de años.

Por su parte, Chiappara admitió que conocía al imputado Uño, sobre quien dijo es “un hombre de bien” que “nunca tuvo problemas” con nadie.

Mientras que en la audiencia del viernes 9 de noviembre declararon Gonzalo Fernández, un empleado ferroviario ex tercerizado y que al momento del crimen estaba despedido, Carlos del Papa y Marcelo Polito, asistente de cámara del equipo del canal de noticias C5N que estuvo en el lugar de los hechos.

Polito declaró que la periodista Gabriela Carchak le dijo que tenían que ir a Barracas porque se habían producido “incidentes” y que “había gente golpeada” en el marco de “un conflicto entre gente tercerizada y ferroviarios”.

“Cuando llegamos al lugar, nos encontramos con la señora Elsa Rodríguez y otras personas más”, recordó el asisten de cámara y continuó: “Mientras hacíamos la nota, Mariano Ferreyra estaba al lado mío. En total, serían 50 personas las que había. Estaban golpeados, venían golpeados del lugar donde se produjo una emboscada o algo así, cerca de las vías. No había herido de sangre, pero había gente con machucones en la cara, golpes, palazos”.[4]

“Después de hacer las notas, nos fuimos a tomar imágenes cerca de la esquina. Enfocamos hacia las vías. Todavía no estábamos grabando, pero veíamos a través del display –la pantallita que tiene la cámara- que debajo de las vías había gente con palos, caños… había gente rompiendo baldosas”, indicó Polito.[5]

El testigo señaló que su equipo estaba en la puerta de la empresa Chevallier y los que juntaban piedras, unas setenta personas, a unos 120 metros, por lo que pensó que “la situación estaba medio pesada”.

Entonces, contó que se les acercó un hombre de 1,75 metros de alto, vestido de jean y camisa blanca y que llevaba un Handy, que les dijo que se tenían que retirar del lugar, por lo que supuso que era miembro de alguna “fuerza de seguridad”.

Polito dijo que se negó a irse, a lo que ese hombre le respondió: “Y yo te lo digo porque te van romper todo, la cámara, todo… Váyanse de acá”.[6]

“Había patrulleros y un carro de asalto, un camión azul que se abrió en el momento que viene esta gente desde las vías (…) Cuando veo que vienen, como enajenados y portando palos, retrocedimos unos pasos. Ahí vinieron a agredirnos, nos rodearon para que apaguemos cámaras, nos decían que no les demos cámara a estos negros de mierda, que nosotros estábamos con ellos”, relató.[7]

Y agregó: “Yo les pedía por mi hija que no me hagan nada, que estábamos trabajando… Nos rodearon y nos fueron empujando hacia Chevallier. Gabriela estaba un poquito más alejada, porque estaba despidiéndose de la gente a la que le había hecho la nota. Cuando ella ve que nos querían agredir, que nos están diciendo `apagá la cámara, no mirés, agachá la cabeza´, ella se acerca. Pensó que, siendo mujer y al ver que eran todos hombres, podría mediar. Se puso en el medio para que no nos golpearan, pero también la insultaron a ella. No se frenaron, digamos”.[8]

Polito describió a uno de sus agresores como “una persona de tez trigueña, de rulos y pelo largo, bajito, de 1,65 más o menos, que tenía una campera o ropa medio azul”; a otro como un hombre “canoso, que tenía un cuello ortopédico”; y a un tercero como “una persona alta, mayor, corpulenta, con pelo canoso, que vestía camisa a cuadritos, que estaba constantemente con la mano en la cintura, como queriendo sacar un arma”; lo que coincide con las características de los acusados Pipitó, González y Pérez.

El testigo dijo que en ese momento, los manifestantes estaban a unos 80 o 100 metros, retirándose, de espaldas a las personas que portaban palos y que a su equipo lo dejaron ponerse a resguardo en Chevallier, desde donde luego escuchó “detonaciones, piedras, vidrios, alarmas, gritos, llantos…”.

“Escuché al menos ocho detonaciones, todas distintas, como si fueran de distintas armas. Primero escuché tres juntas, luego otras dos seguidas y las últimas, que sonaron más fuerte, tres también”, precisó.[9]

“Cuando pudimos salir, la gente estaba desesperada. Nunca imaginamos esto. Gritaban ´mataron un pibe, mataron a un pibe´”, agregó Polito, quien dijo que después se acercó a una ambulancia en la que vio a Ferreyra “agonizando”.[10]

“Estaba muy mal, estaba muy blanco. No había manera de revivirlo. También grabamos a los otros heridos. Había una persona que tenía un disparo en la pierna; también estaba Elsa Rodríguez, herida de bala”, dijo el testigo que aseguró que no vio “presencia policial en ningún momento”.[11]

A su turno, el abogado Freeland le preguntó qué portaban los manifestantes. “Yo no vi ni gomeras ni palos ni gente con la cara tapada. Yo vi gente embarazada, criaturas. Era gente que se estaba manifestando”, contestó Polito.[12]

Mientras que el testigo Fernández admitió haber concurrido al lugar de los hechos con el grupo de los tercerizados y que sufrieron una primera agresión apenas cruzaron el puente Bosch, a raíz de los cuál se trasladaron unas dos cuadras y realizaron la asamblea en la que decidieron retirarse del lugar. “Cuando no estábamos retirando, vemos que ellos vienen bajando del terraplén”, contó.[13]

“(…) quedamos enfrentados a 30 metros de distancia más o menos. Ahí empezaron piedrazos de ellos, piedrazos de nosotros y, en ese momento, vemos que de atrás de un auto sale uno tirando. Viene del lado izquierdo hacia el medio de la calle. Era morrudito, de remera azul. No los conté, pero creo que hizo al menos tres o cuatro tiros”, indicó este testigo que señaló que alrededor del tirador se encontraban “todos juntos” los acusados Sánchez, Pipitó, Uño y González.[14]

Y añadió: “Cuando se quedaron sin balas, ellos corrieron hacia el terraplén y nosotros corrimos detrás suyo. Llegamos hasta dos patrulleros que estaban atravesados y no pudimos hacer nada. Les dijimos que nos agarraron a los tiros, que esto, que lo otro, pero no nos dieron una solución, ¿me explico? No había policía cuando se nos vinieron. Estábamos nosotros y ellos, nadie más”.[15]

Por su lado, Del Papa también dijo haber estado en el lugar de los hechos aunque no brindó demasiadas precisiones. Sólo dijo que escuchó “una única detonación” a sus espaldas y realizó una descripción del tirador que no coincidió con ninguna de las otras realizadas por otros testigos presenciales.


El crimen del militante XVI

El martes 23 de octubre declaró como testigo en el juicio por el crimen de Ferreyra el dirigente ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero mientras que el tribunal a cargo del debate prorrogó por seis meses las prisiones preventivas de los acusados del homicidio del militante del PO a los que se les vencían los dos años de plazo para estar detenidos sin sentencia.

“El sindicato es vertical, todas las decisiones las toma Pedraza”, afirmó Sobrero, quien encabezaba la Lista Bordó dentro Unión Ferroviaria, opuesta a la del ex titular del gremio e imputado del asesinato. El testigo también dijo que el sindicato prefería tener tercerizados que sumar nuevos afiliados y que antes del crimen del militante del PO la única vez que Pedraza aceptó incorporar a los mercerizados fue cuando acordó con Claudio Cirigliano, ex concesionario del ferrocarril Sarmiento.[1]

“Me consta la actitud que tuvieron contra los tercerizados, cuando empieza el conflicto en el Roca el gremio gestiona aumentos de salarios para tercerizados que incluso eran de otro gremio, como la UOCRA, pero no el pase a planta permanente, aunque todos cumplían con funciones ferroviarias”, afirmó Sobrero, quien en septiembre de 2011 estuvo detenido tras ser imputado de asociación ilícita por los incendios en el ferrocarril Sarmiento ocurridos en mayo de ese año en Ciudadela y Ramos Mejía aunque el delegado fue liberado días después por la “endeblez” de las pruebas en su contra y finalmente quedó sobreseído. [2]

En la misma jornada declaró Rubén Núñez, un empleado de la empresa de servicios de Seguridad Mapra SRl que hasta enero de 2011 estuvo contratada en el Roca y que el día del crimen trabajó en la estación Avellaneda, desde donde luego siguió al grupo de ferroviarios que se habían concentrado para evitar el corte de vías de los manifestantes.

“Iban con piedras, palos y botellas en las manos, siguiendo a los manifestantes. Ahí me fui. Me la vi venir”, declaró el testigo que agregó que luego de retirarse se enteró por la televisión que se había producido incidentes y que “ya hablaban de un muerto”.[3]

En tanto, en la audiencia del martes 30 de octubre, declaró Aldo Amuchastegui, un delegado de la Unión Ferroviaria que el día del crimen se movilizó junto a las vías del Roca donde, según él, fue agredido por el grupo de Ferreyra.

“Fueron los militante del Partido Obrero los que nos dieron un paliza bastante fuerte”, dijo el testigo que destacó que el acusado Díaz era “un buen delegado”.[4]

Amuchastegui, testigo propuesto por los defensores de los ferroviarios imputados, contó que al llegar al lugar vio a gente del PO “con la cara tapada” y “palos” y que los “agredieron con una lluvia incesante de piedras”.

Por último, este testigo admitió haber escuchado disparos de armas de fuego pero aseguró no haber visto los tiradores.

En similar sentido se expresó Ricardo Arias, del sector pinturería de los talleres de Remedios de Escalada, quien al declarar el jueves 1 de noviembre reconoció haber ido a la movilización junto a las vías donde se manifestaban los tercerizados y los militantes del PO donde admitió haber escuchado “cinco o seis detonaciones” pero que no vio a ningún tirador.

Ese mismo día declaró Verónica Del Anna, empleada de Ferrobaires, que dijo que al acusado Díaz lo encontraba habitualmente en el entrepiso de Constitución, donde funcionan las oficinas del sindicato, pero que tras el crimen de Ferreyra no lo volvió a ver por ese lugar. La testigo también negó la versión de Severo, quien había declarado que ella le contó sobre la reunión en el Museo Ferroviario de Avellaneda antes del homicidio.

Por su parte, la ex funcionaria de la subsecretaría de Transporte Ferroviario, Graciela Cavazza, declaró que el día del crimen se comunicó varias veces con el imputado Fernández a pedido del secretario del área, Juan Pablo Schiavi, sólo para verificar “si estaban dadas las condiciones para la prestación del servicio”.[5]

A su turno, Marcelo Suárez, empleado de los talleres de Remedios de Escalada, declaró que el acusado Díaz fue quien los convocó “para ir a Avellaneda a hacer acto de presencia y evitar corte de vías” el día del crimen pero que no vio nada de lo que sucedió con la víctima.

También declaró otro compañero de Suárez, que admitió haber sido convocado a la movilización de los ferroviarios a Avellaneda. “Cuando habíamos bajado de las vías, se ve que un grupo se amontonaba a dos cuadras, venía hacia nosotros y la multitud se fue hacia ellos. No escuché una orden de ir hacia allá, yo vi que iban y fui. Venían mujeres y chicos corriendo hacia nosotros y, de repente, se abren y había tres barreras de hombres con piedras, bulones y palos que nos querían matar. Me escondí atrás de tacho con cemento de 200 litros. Luego, cuando pude, salí y volví a las vías y a casa”, relató.[6]

El delegado Jorge Dotta declaro luego que el día del crimen él fue y volvió de Avellaneda desde Claypole en auto y junto a Gustavo Amarilla y el imputado Uño, y que recién se enteró de que había un muerto cuando regresaba y lo llamaron su esposa y madre para preguntarle qué había pasado.

Por su lado, el delegado jubilado Jorge Krazcowski declaró sobre la movilización de los ferroviarios: “Como se sabía que iba a haber corte, fuimos a impedirlo”.[7]

Krascowski negó que los mercerizados fuesen ferroviarios y que “los del PO se estaban retirando” cuando los agresores corrieron hacia ellos.

Por último, el testigo admitió que había visto al acusado Favale en septiembre de 2010 cuando se produjo un bloqueo de boleterías también en el marco del conflicto con los mercerizados.


El crimen del militante XV

Doce días después de haber desaparecido por unas 24 horas, Severo finalmente declaró como testigo en el juicio por el crimen de Ferreyra. “Vine acá a decir mi verdad”, dijo el ferroviario apenas se sentó frente al Tribunal vistiendo un chaleco antibalas y protegido por tres gendarmes.[1]

Respecto del homicidio, el testigo declaró que el día anterior al hecho hubo una reunión en el Museo Ferroviario Bonaerense, en Avellaneda, con “gente de Ferrobaires y de la Unión Ferroviaria” pero que nunca supo qué se habló en ese encuentro, aunque aclaró que en ese lugar se hacían reuniones “para generar algo, como si había que salir a manifestar o a un acto político”.[2]

“El 20 sucede algo horrible, mi vivienda es tiroteada, se me acercan ferroviarios a contar lo sucedido y a través de otro, Ricardo Guardo, me entero que Benítez fue convocado para ir a Avellaneda a ´sacar a esos zurdos´", dijo Severo en referencia a Alejandro Benítez, un testigo protegido.[3]

Severo relató que la madrugada posterior al crimen recibió en su casa de Gerli una nota manuscrita con datos sobre quién había sido el autor de los disparos que mataron al joven militante del PO.

También dijo que un empleado que había sido subordinado suyo en las oficinas de la empresa en Constitución, apodado “Muqueño”, guardaba armas supuestamente provistas por “algunas bandas de Ferrobaires” en una precaria casa en los terrenos del ferrocarril, que le había dado como vivienda tras dormir en un vagón.

-¿Qué tiene que decir de José Pedraza? -preguntó el abogado Froment al testigo.

-Tengo que decir que tuvo una responsabilidad o irresponsabilidad después del 90´, de querer ser empresario y eso llevó a ferroviarios a perder puestos, a que se tercerizara, lo sabíamos todos, nos dejó a 50.000 sin trabajo por los arreglos que tenía con Carlos Menem.

-¿Que los ramales se cerraran era responsabilidad de Pedraza o del gobierno de turno? –continuó el letrado hasta que el tribunal le indicó que no avanzara con esa pregunta.

-Me refiero a que no fuimos defendidos, nos entregaron. Él como dirigente gremial tendría que habernos cubierto y no dijo nada.

En la misma jornada declaró Lucas Lescano, quien dijo que le ofrecieron 50 pesos por dos redoblantes y un repique para concurrir al desalojo de los manifestantes que cortaban las vías el día del crimen a favor de los mercerizados.

“Un conocido de un campeonato de fútbol al que le dicen `Chavo` me ofreció esa plata por cada instrumento para tocar como murga. Como yo la necesitaba fui”, dijo el testigo y agregó que lo “levantaron” en un micro que pasó a unas cuadras de su casa en Florencio Varela y que los dejó junto a las vías en Avellaneda.[4]

Lescano declaró que no se unió al grupo de loa ferroviarios aunque, según los pesquisas, en uno de los videos se los ve junto al acusado Favale. Sin embargo, el testigo negó conocerlo aunque admitió que era de su padre un Nextel desde el que se realizaron 32 llamadas al aparato del imputado y 36 desde el de éste al suyo después del crimen.

En tanto, en la audiencia del jueves 18 de octubre, el empleado ferroviario Marcelo González identificó al acusado Favale como el autor del disparo que mató a Ferreyra y también complicó al imputado Díaz al ubicarlo en la escena del crimen dando órdenes y arengando a los trabajadores que habían convocado.

“Yo lo ví al loco de mierda este, disculpe la expresión, pero es un loco de mierda, disparar y al chico agarrándose la panza”, contó el testigo en referencia a Favale, sobre quien dijo que era conocido entre los ferroviarios y que el comentario era que trabajaba como “custodio” del delegado Díaz.[5]

“Yo solo escuché las detonaciones de Favale, porque lo tenía al lado”, afirmó el testigo y añadió que tras los disparos lo escuchó gritar en dirección a Díaz: “¿Viste que le di en la panza?”.[6]

Respecto de Díaz, González contó que cuando se encontraban en Avellaneda, el delegado los trató de “cagones” porque no bajaban de las vías para agredir a los manifestantes. Después, dijo, se produjo la primera serie de hechos violentos y la movilización se trasladó a Barracas donde vio que “de repente llegó un grupo” cuyos integrantes “venían eufóricos”, y entre ellos reconoció a Favale.

González explicó que para ese momento los manifestantes ya estaban a unas tres cuadras de ellos, por lo que “la idea era correrlos para que se asusten”. Además, dijo que él llevaba un ladrillo en una mano pero que lo soltó cuando se produjo una nueva pelea.

“Corrí y mientras retrocedo, lo vi patente, uno de los chicos del PO se agarró la panza y se tiró para atrás, yo después me entero que el chico este era Mariano”, indicó el testigo y agregó que luego se fueron del lugar sin que la policía intentara detener a nadie y que al día siguiente, en el trabajo, “era un silencio total, la gente estaba asustada”.[7]

Otro de los acusados, el “Payaso” Sánchez, también quedó comprometido cuando en la jornada del lunes 22 de octubre, el testigo protegido Diego Cardías describió a uno de los tiradores con características fisonómicas muy similares a las suyas. Este testigo dijo que vio a esta persona disparar cinco veces justo antes de que Ferreyra cayera baleado.

También contó que antes de ir ala convocatoria ferroviaria en Avellaneda, pasó por la estación de Remedios de Escalada donde vio al delegado Díaz organizando a un grupo de trabajadores


El crimen del militante XIV

“Cuando lo subimos a la ambulancia, yo sabía que Mariano estaba muriendo. Una compañera me dijo que no, pero estaba en sus últimos suspiros”, declaró el martes 9 de octubre Nancy Arancibia Jaramillo, una militante del PO que estuvo junto a Ferreyra cuando éste fue baleado en Perdriel y Luján, de Barracas.[1]

La testigo contó que hubo una primera serie de incidentes en la que ella recibió una pedrada en el cráneo. “Cuando me rompen la cabeza aparecen por la orilla de la calle dos policías y se ponen a disparar. Esas sí que eran balas de verdad porque salía fuego, era impresionante como tiraban”, recordó.[2]

Luego, Jaramillo dijo que comenzó a ser entrevistada por unos periodistas que cubrían los hechos y que en ese momento vio bajar del terraplén de las vías a un grupo de ferroviarios. “Bajaban apurados, se tiraban del terraplén, le dije a la periodista por favor no apagues la cámara porque estos nos vienen a matar”, indicó y entre esos ferroviarios la testigo precisó que había un hombre con cuello ortopédico, como tenía el imputado González.[3]

Entonces, la testigo dijo que huyó del lugar y en ese momento vio a Ferreyra: “Veo a Mariano retroceder por el medio de la calle, lo llamo, retrocedía despacito, se agarra contra la pared y va cayendo despacito, pensé que estaba desmayado y pensaba que si lo dejaba lo iban a patear, matar, nunca me imaginé que tenía una bala adentro”.[4]

A su turno, Andrea Noemi Yulis, declaró que miembros de la Unión Ferroviaria guardaban armas dentro de la sede de la empresa en la estación de trenes de Constitución y apuntó a “gente de Pedraza y de Juan Carlos Fernández”.[5]

Según la testigo, las armas eran guardadas “en el sector de encomienda, donde hay un gimnasio” y que en ese lugar vio al acusado “Favale” unas “dos o tres veces un mes antes del hecho”.

También señaló que el ataque a tiros contra la casa de Severo ocurrido un día después del crimen fue cometido por la misma “gente”.

En la siguiente audiencia, desarrollada el jueves 11 de octubre, declaró Jorge Hospital, miembro de la lista Gris de la Unión Ferroviaria, opuesta a la Verde de Pedraza, y aseguró que un compañero de trabajo le contó que al acusado Sánchez lo había visto armado.

“Me dijeron que hacían ostentación de armas en Constitución y más de una vez y un compañero me refirió que a él le apuntó Sánchez con un arma de fuego en forma risueña cuando jugaban al metegol en una sala de guardas y extrajo un arma como chanza”, indicó.[6]

Según Hospital, “Pedraza manejaba el gremio con autoridad ejercida a través de Juan Carlos Fernández del Roca y este a través de delegados como Pablo Díaz” y que se oponía a la incorporación a planta permanente de los trabajadores mercerizados.[7]

En ese sentido, el testigo contó que desde que UGOFE se hizo cargo de las líneas del ferrocarril incorporó “más de 15 empresas tercerizadas de inmediato”.

Por su parte, Karina Benemérito, secretaria de Relaciones Internacionales de la Unión Ferroviaria, ex integrante de la comisión de Reclamos del Roca y boletera de esa línea de trenes, declaró que el día del crimen se encontraba junto a Pedraza y Fernández en un congreso llamado “Latin Rieles" en la sede del gremio, al que también asistió el entonces secretario de Transportes de la Nación, Juan Pablo Schiavi.

La testigo admitió que recibió llamados a su teléfono celular por parte de delegados que estaban en el lugar de los hechos de violencia que terminaron en el crimen del militante del PO. “Tenía llamadas perdidas, una de Daniel González”, dijo la mujer que agregó que se enteró del crimen de Ferreyra por los medios.[8]

También declaró Gustavo Zeni Jaunsarás, quien fue gerente de contratos privados de UGOFE y dijo que “por la extensión del ferrocarril, la directiva era no depender de una sola empresa” tercerizada.

En tanto, Hugo Recalde, ex tercerizado de la firma Aumont, declaró que al momento de participar de la manifestación del 20 de octubre de 2010 se encontraba despedido y reclamaba por su propia reincorporación.

“Fui tercerizado durante 5 años (…). Cuando ingresé, el básico era de $1020. Con los descuentos, me quedaban $900 en la mano. Los ferroviarios de planta, en cambio, ya cobraban $3000. Pasé a planta después del asesinato de Mariano. Hago las mismas tareas que antes pero cobro el triple”, contó el testigo.[9]

Respecto de las primeras agresiones en el puente Bosch, Recalde relató: “Desde arriba del terraplén nos tiraban piedras, y abajo, la policía nos disparaba balas de goma. Éramos atacados por los dos frentes”.[10]

Mientras que en la jornada de lunes 15 de octubre, el testigo Roberto Menón, declaró que la cuñada del imputado Pedraza, “Silvia Coria estaba al frente” de una de las cooperativas contratadas por UGOFE.

Menón dijo que él era contador y había realizado trabajos en oficinas de la esposa de Pedraza, Graciela Coria, donde se llevaba la contabilidad de las cooperativas que supuestamente no dependían del gremio ferroviario.

Otro testigo, Eduardo Pereyra, de la gerencia de UGOFE Roca, también vinculó la cooperativa con Pedraza. “Estaba relacionada con la Unión Ferroviaria”, explicó.[11]


El crimen del militante XIII

Alfonso Severo, un trabajador ferroviario, debía declarar el jueves 4 de octubre como testigo en el juicio por el crimen de Ferreyra pero no se presentó ese día porque la noche anterior “desapareció”.

Severo, de 54 años y empleado de Ferrobaires en el barrio de Constitución, había declarado en la etapa de instrucción de la causa que un día antes del crimen “todo el personal” de la empresa “fue citado por Humberto Martínez”, el delegado de la Unión Ferroviaria, quien les dijo que tenían que ir la mañana siguiente a la estación de Avellaneda para “impedir el corte de vías” de los tercerizados. “El que no viene, que se olvide de todo”, recordó el testigo que les dijo el delegado en aquel entonces.[1]

El testigo dijo que él se negó a ir a la convocatoria y que por ello la noche del crimen fue atacada a tiros su casa de la localidad bonaerense de Gerli, partido de Avellaneda.

También había declarado que se guardaban armas en la sede de Ferrobaires en Constitución y en el Museo Ferroviario de Avellaneda, al tiempo que en los videos grabados en el lugar donde el día del crimen se produjeron los incidentes entre los manifestantes y los ferroviarios, reconoció a los agresores como miembros de dicha empresa y también de Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria de Emergencia (UGOFE) del Roca.

De acuerdo a la familia del testigo, éste desapareció alrededor de las 22.30 del miércoles 3 de octubre, cuando salió de su casa a bordo de su Renault Clío en dirección a la casa de su hijo a la que no llegó.

Ante esa situación, su esposa radicó la denuncia en la comisaría de Gerli cuyo personal dio intervención a los efectivos de la DDI Lomas de Zamora y al fiscal Elbio Laborde, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) descentralizada 3 de Avellaneda.

“No tenemos rastros de él desde anoche. Estaba muy entusiasmado por poder declarar hoy. En ningún momento él se hubiera borrado. Pongo las manos en el fuego por mi padre”, dijo Gastón Severo, hijo del testigo, y agregó que en los días previos habían recibidos llamados sospechosos y amenazas verbales.[2]

Al conocerse públicamente la denuncia de los Severo, el ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, ordenó al personal de la Dirección de Personas Desaparecidas de la Subsecretaría de Justicia, y de las Superintendencias de Investigaciones y de Delitos Complejos de la policía provincial intensificar las tareas de búsqueda para localizar al testigo.

En el mismo sentido, la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, ordenó a las fuerzas federales que dependían de la cartera a su cargo realizar una búsqueda a nivel nacional de Severo, mientras que la procuradora General, Alejandra Gils Carbó, dispuso que también participe de la pesquisa el fiscal José María Campagnoli, de la Unidad Fiscal de Investigación de Delitos con Autores Ignorados.

En tanto, el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Julio Alak, aclaró públicamente que Severo se encontraba fuera del Programa Nacional de Protección de Testigos ya que el propio ferroviario ni la Justicia habían solicitado ser incluido en el mismo.

Por su parte, Gabriel Solano, abogado del PO, en declaraciones a la prensa realizadas en las puertas de los tribunales donde se llevaba una nueva audiencia del juicio consideró que la desaparición de Severo era “un mensaje mafioso” para que otros testigos no se presentaran a declarar.

Mientras la noticia de la desaparición de Severo y las repercusiones políticas que habían comenzado a generarse ocupaban todos los medios periodísticos, el auto del testigo fue encontrado por la policía en una calle cercana a su domicilio, en Gerli.

Por otro lado, dentro de la sala de audiencias, Osvaldo Vázquez, un militante del Movimiento Teresa Rodríguez, declaró haber visto a un hombre disparar con arma de fuego ubicado sobre la calle, hacia los manifestantes “mercerizados” y los militantes de grupos de izquierda que los acompañaban, cuando éstos ya se estaban desconcentrando.

Luego, José Andino, también del Movimiento Teresa Rodríguez, declaró haber visto a dos tiradores, uno con un revólver y otro con una escopeta.

A su turno, Leonardo Franzin, empleado en los talleres de Remedios de Escalada del ex ferrocarril Roca, que antes del crimen de Ferreyra habían convocado a los trabajadores para ir a Avellaneda. “A algunos les decía que iban a un acto, a otros directamente a reprimir una protesta” y que tras el asesinato “los delegados hicieron una reunión en el comedor para que nadie hablara”.[3]

Por su parte, Juan Molina, compañero de trabajo de Franzin, declaró que él si fue a la estación Avellaneda y que cuando los ferroviarios estaban allí se les unió otro grupo que empezó a arengar para ir hacia los manifestantes, por lo que bajaron de las vías donde y comenzaron a avanzar con los recién llegados gritando desde atrás.

En ese momento dijo que escuchó “dos tiros” y que él recibió una pedrada en la espalda. “Mis compañeros dijeron ´hay fierros´ y corrimos de nuevo a las vías”, recordó y agregó que cuando corrían a los manifestantes se toparon con dos patrulleros en la calle. “Pensé que no nos iban a dejar pasar, pero nos dejaron”, concluyó.[4]

Tras una nueva jornada del juicio, y mientras Severo permanecía desaparecido, manifestantes de distintos partidos políticos y organizaciones sociales marcharon a Plaza de Mayo para reclamar por la aparición con vida del testigo. En los que se movilizaron estuvieron miembros y dirigentes del PO, del Partido de los Trabajadores Socialista (PTS), del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), la Izquierda Socialista (IS), del Partido Comunista Revolucionario y el Partido Obrero y de la JP Peronismo Militante, entre otros.

Finalmente, casi un día después de haber desaparecido, Severo apareció “maniatado” y “descalzo” en la esquina de pasaje Clemenceau y Mariano Acosta, en la localidad de Piñeiro, e Avellaneda, donde fue encontrado por un empleado del Diario Popular que vive allí y dijo haberlo visto “mareado” y “confundido”.

Este empleado contó que el testigo le dijo que había estado secuestrado y que sus captores lo acababan de liberar, y le pasó los números de teléfono para que llamara a sus familiares. Éstos llegaron poco después para auxiliarlo y lo llevaron al Hospital Presidente Perón, ex Finocchietto, de Avellaneda, donde, según su hijo Gastón, se lo notó “golpeado” y “shockeado”.

Severo fue asistido y poco después de la medianoche volvió a su casa de Gerli donde dijo a la prensa: “El mensaje no fue para mí; fue para la Presidenta”.

“Se tienen que dar cuenta algún día, alguien. Qué pasó. Hace tres años que no nos da bola nadie. Las bandas siguen actuando, los tipos siguen poniendo plata. ¿Y plata de dónde?”, expresó.[5]

Ese mismo viernes 5 de octubre, Severo declaró durante cinco horas antes el fiscal Laborde y aseguró que sus captores lo amenazaron para que se dejara de “joder con los trenes”.

“Me dijeron que no me meta más con el ferrocarril, que ahí no voy a volver nunca más. Me decían que era un buchón, un vigilante, que piense en mis hijos”, señaló al retirarse de la fiscalía.[6]

El testigo agregó que podía identificar al menos tres voces distintas entre sus secuestradores y realizar el identikit del único de los captores al que alcanzó a ver.


El crimen del militante XII

“El 20 de octubre de 2010 yo estaba trabajando en la estación Avellaneda. Vi a un grupo encabezado por Pablo Díaz haciendo inteligencia en el lugar”, declaró el jueves 20 de septiembre Omar Merino, militante del PO, en referencia al imputado Díaz.[1]

Según el testigo, el día del crimen de Ferreyra, justo antes de que se produjera el homicidio, él había ido a la marcha a favor de los mercerizados junto a una compañera y que ese grupo de los ferroviarios lo amenazaron: “Zurdo, los vamos a matar. ¿Por qué trajeron mujeres y chicos?”.[2]

Merino contó que tras cruzar el puente Bosch observó dos patrulleros que estaban cruzados en la calle pero que luego se colocaron en paralelo y dejaron el paso libre entre ellos.

El declarante recordó que tras la asamblea y cuando comenzaba a desconcentrar se produjeron los hechos más violentos. “Cuando nos íbamos, vemos que se nos viene encima la patota. Formamos un cordón para contenerlos. Nos tiraban palos, piedras, botellas”, precisó y agregó que en ese momento vio “un tirador en medio de la calle” vestido con pantalón de ferroviario.[3]

“Cuando retrocedieron, un grupo de compañeros los corrimos hasta donde estaban los patrulleros. Les recriminamos que no hicieran nada y cuando volvimos, vi en el suelo, al lado de un auto, un cartucho rojo de escopeta. `Nos tiraron con todo` me dice un compañero”, agregó Merino.[4]

En otro tramo, el testigo se refirió a la conducción de la Unión Ferroviaria y, en ese sentido, dijo que Pedraza quería "”preservar su dominio en el gremio, los trabajadores ferroviarios de planta eran 4.500 y los tercerizados 1.500 que no pueden votar”.[5]

“El sindicato explotaba compañeros, los tenía fuera de convenio y por un tercio de sueldo”, indicó.[6]

En la audiencia del martes 25 de septiembre, Marcelo Carlos Beruir Varterian, un joven que participó de la marcha en favor de los mercerizados, declaró que primero fueron atacados a “piedrazos y botellazos” mientras “la policía auxiliaba al grupo agresor”.

Y como consecuencia de ese primer ataque los manifestantes retrocedieron. “Ellos habían logrado lo que querían: que no cortemos las vías; por lo que debimos suspender la actividad propuesta ya que no estaban dadas las condiciones; no queríamos provocar ni responder a las agresiones”, contó.[7]

En ese momento dijo que vio a una persona que “con total impunidad en el medio de la calle disparaba un arma”.[8]

“Primero pensé que eran balas de salva o de fogueo, no creí que fuesen balas de plomo, pero luego me dijeron que lo habían alcanzado a Mariano”, relató el testigo.[9]

Por su parte, un vendedor ambulante de sándwiches identificado como Ulises Rafael de Oliveira, declaró que los militantes del PO “estaban tranquilos, en orden, con sus banderas y en forma pacífica”.

Mientras que Ariel Pintos, quien fue herido de bala en los mismos hechos que terminaron con la muerte del joven militante, declaró el jueves 27 de septiembre como testigo en el juicio y apuntó contra la Unión Ferroviaria entonces conducida por el acusado Pedraza.

“La UF jamás nos acompañó en nuestro reclamo. Gente de la cooperativa del Mercosur (trabajadores tercerizados) eran amenazados por Pablo Díaz y por su gente, que iban armados para que no entren a las reuniones”, dijo el declarante.

Pintos, quien recibió un tiro en una pierna cuando quiso junto a otros manifestantes cortar las vías en la estación Avellaneda, indicó: “Veo que detrás de los árboles y de los autos sale una persona tirando hacia adelante”.[10]

El 2 de octubre, Gerardo Dell Oro, un fotógrafo del diario Clarín que fue enviado a cubrir los incidentes en los que fue asesinado Ferreyra declaró que escuchó festejar el crimen. “Era una voz masculina, dicha en tono normal de uno a otro detrás mío, que decía ´un zurdito menos´”, recordó.[11]

El reportero gráfico aclaró no haber visto al autor de la frase aunque estimó que pudo ser uno de los integrantes del grupo de los ferroviarios ya que solo llegó a fotografiar a esas personas.

Otro testigo, Matías Avellaneda, custodio del playón de la empresa Chevallier, declaró que los manifestantes estaban “con palos, piedras y gomeras” aunque aseguró que no les vio “armas de fuego”.

“No estaban desafiantes y no me produjeron temor pero les decían a los ferroviarios `vengan` con gritos e insultos”, recordó el testigo.[12]