Un conflicto de nunca acabar II

Una Argentina llena de frustración decidió, tras décadas de negociaciones inútiles, tomar las islas por la fuerza. Fue una acción llevada a cabo por un gobierno de facto que ya había estado cerca de una guerra con Chile por el Canal de Beagle y transitaba por una inestable situación económica, por lo que necesitaba urgentemente una victoria en el campo militar para justificar su existencia.

El 15 de diciembre de 1981, el recientemente ascendido al cargo de Comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Juan José Lombardo, fue llamado por su superior, el jefe de la Marina, almirante Jorge Isaac Anaya, y este último le ordenó que preparase un plan de desembarco en las islas Malvinas.

En ese momento, Roberto Eduardo Viola estaba en la Casa Rosada. El presidente estaba enfrentado con un histórico del Proceso, Rafael Massera, quién fue el que le encomendó a Anaya buscar un plan para recuperar las islas como forma de obtener el apoyo popular necesario para llegar al poder.

Por eso Anaya se tomó el caso Malvinas de manera muy personal y, además, creía que las islas podían servir de base naval para controlar el Cabo de Hornos, una zona estratégica con Chile por el conflicto del Canal de Beagle.

De todos modos, Anaya tuvo que esperar a que Viola empezara a tambalear a finales de 1981 para asociarse con el teniente general Leopoldo Galtieri, su sucesor y discípulo de Massera. Cuando Galtieri se convirtió en Presidente, Anaya consiguió la luz verde para llevara cabo el plan que tanto había deseado.

Para Lombardo, el plan podía llevarse a cabo con facilidad ya que los malvinenses nunca esperarían una ocupación. La flota inglesa en las islas era bastante débil ya que contaba con solamente 40 infantes de marina y el viejo navío Endurance.

Galtieri quería recuperar las islas Malvinas para ganarse la popularidad del pueblo argentino. Ése era su gran anhelo. Además, quería realzar la imagen del Ejército ante los ojos de la Marina y la Fuerza Aérea dentro de la interna militar.

El coronel Roberto Menéndez, quién era el enlace entre la Casa Rosada y las fuerzas políticas y sindicales, aseguró que “el triunfo en las Malvinas hubiera justificado históricamente el gobierno de las Fuerzas Armadas”.(2)

A principios de 1982, Anaya le planteó a Galtieri la necesidad de reunirse con el general Osvaldo García, al mando de Cuerpo V en Bahía Blanca para darle forma al plan de desembarco y sugirió que el coronel Mario Benjamín Menéndez debía ser el gobernador de las islas.

El plazo para comenzar a trabajar de lleno en los planes dependía de las negociaciones del 27 y 28 de febrero con Gran Bretaña, en la ONU, con sede en la ciudad norteamericana de Nueva York.

Por su parte, Lombardo, García y otros encargados de la planificación militar del desembarco se reunieron por primera vez y redactaron una Directiva Estratégica Militar (DEMIL) para entregar a sus tres comandantes. Establecieron una fecha tope para la operación: el 9 de julio.

Pero para esa fecha faltaba mucho tiempo, por lo que el 27 de enero se entregó un memorando a Londres para meter presión y acelerar una decisión con miras a las negociaciones de febrero y así adelantar el día “D”. A esta altura, ningún diplomático sabía de los verdaderos planes de los militares argentinos.

Ese memorando reflejaba cuál era la posición argentina pública con respecto al tema y ésta destacaba que el reconocimiento de la soberanía argentina sobre el archipiélago, formado por las islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur, era el “elemento angular” de la disputa. También planteó la necesidad de formar una comisión negociadora que tratara el caso una vez por mes.

Por su parte, Lord Carrington, titular del Foreign Office británico, dio orden de resistir cualquier presión en las negociaciones para trabar el diálogo en Nueva York. Si bien Londres no estaba en pleno desacuerdo con la formación de la comisión negociadora, rechazaba discutir la soberanía porque los kelpers eran totalmente refractarios a que se introdujera la cuestión.

Las negociaciones se llevaron a cabo en un clima cordial pero no se llegó a ninguna resolución. De esta manera los militares argentinos iniciaron la planificación del desembarco. La cuenta regresiva había comenzado.

Tanto Carrington como todos los miembros de la cancillería británica descreían a esa altura de una acción militar argentina. El Parlamento inglés envió sendos mensajes a sus embajadas en EE.UU y Argentina para dejar en claro que estaban dispuestos a encontrar una solución al conflicto pero no en un contexto de amenazas.

Por otro lado, el secretario de Estado adjunto norteamericano, Thomas Enders, llegó al país el 6 de marzo y era intención de los militares confesarle, aunque no todo, el plan para recuperar las Malvinas.

En una cena en la embajada de EE.UU, Costa Méndez le comentó a Enders sobre la cuestión de las islas y aquel le respondió: “Hands Off”. Es decir, neutralidad.

Mientras que el coronel Menéndez ya se había reunido con Galtieri, quien terminó por confirmarle la irreversible decisión de recuperar las islas y que sería el gobernador militar de las Malvinas.


(2) Malvinas: La trama secreta, por O.Cardoso, R.Kirschbaum y E. Van Der Kooy, Julio de 1983.

Un conflicto de nunca acabar I

Las Islas Malvinas habían sido una fuente de permanentes conflictos diplomáticos entre Argentina y Gran Bretaña antes de que en 1982 estallara la guerra del Atlántico Sur. Hasta el descubrimiento de dicho archipiélago tiene varias explicaciones contrapuestas.

Por un lado, está la versión británica que establece que en 1592, el navegante John Davis fue el primero en avistarlas. Sin embargo, otros historiadores sostienen que fue Américo Vespucio quién las había visto por primera vez en 1502. De todos modos, fue un holandés, Sebald de Wert, el primero en hacer una descripción clara de su ubicación en un mapa en 1600 cuando España quién tenía los derechos legales sobre los descubrimientos en esa zona.

En 1690, el capitán de navío inglés, John Strong, de Plymouth, fue el primero en desembarcar en las islas. Strong bautizó el estrecho que separa la Gran Malvina Occidental de la Oriental con el nombre de Falkland, en honor a Lord Falkland, comisionado de almirantazgo. De ahí, que para los ingleses las islas adoptan ese nombre.

El capitán Strong llevó una gran cantidad de franceses que bautizaron el lugar como “Isles Malouines”, que en español quiere decir Islas Malvinas.

Los siguientes setenta años mostraron un gran desinterés por parte de los países europeos por habitar esas islas. Pero a finales del Siglo XVIII, Gran Bretaña, Francia y España se percataron de su importancia y comenzó la disputa.

Entonces se sucedieron la construcción de fortines ingleses y el establecimiento de colonias francesas enteras, los primeros en habitar las islas. Para 1766 ya había unas 250 personas radicadas en todo el territorio del archipiélago.

Sin embargo, fue España el país que se quedó con las islas e izó su bandera en esas tierras, ya que Inglaterra no quería entrar en guerra con los ibéricos, por lo que en 1770, ambos países acordaron firmar una declaración de paz.

Todo se mantuvo en orden hasta que en 1816 surgió la República Argentina y ésta reclamó todos los territorios gobernados por el virrey español en Buenos Aires que se extendían hasta las Islas Malvinas. En 1820, una fragata argentina tomó posesión de las islas, en 1823 se nombró al gobernador y en 1826 se estableció el primer negocio: La pesquería Vernet.

En 1828, Luis Vernet fue nombrado gobernador y la isla vivió un año de caos económico y político, circunstancia que fue aprovechada por los ingleses para volver a apoderarse del territorio.

En 1833, la goleta Clio, bajo el mando de James Onslow, llegó de Inglaterra para reclamar los derechos sobre las islas y las recuperó dado que sus fuerzas superaban a las argentinas. Y así comenzó a flamear la bandera británica en las Malvinas.

Luego, siguieron muchos años de disputas diplomáticas en los que Gran Bretaña se mantuvo firme en su posición, en especial, sobre la soberanía de las islas y los deseos de sus habitantes. Para mediados del Siglo XIX, el archipiélago estaba esencialmente habitado por británicos y su principal actividad era la del criado de ovejas. En 1851 había sólo 1.000 animales pero en 1880 ya había casi medio millón. Esto atrajo a los pastores escoceses y galeses.

Además, el comercio funcionaba gracias a la Islas Falkland Company, que se había establecido en 1841 y que había adquirido gran parte del territorio. Sin embargo, las islas no representaban un gran negocio para Gran Bretaña y apenas alcanzaba para que los isleños vivieran modestamente. Por esto Inglaterra tuvo a las Malvinas en medio del olvido por muchos años.

Argentina, en cambio, comenzó a acumular frustraciones y en 1927 amplió sus reivindicaciones hasta las Islas Georgias y Sándwich del Sur.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando a los ingleses les interesaba el apoyo argentino, hubo un principio de acuerdo en el que Gran Bretaña cedería la soberanía a cambio del arrendamiento temporal de las islas por parte de Argentina. Pero esta solución nunca se materializó.

El argumento argentino comenzó a tener más eco cuando llegó a la ONU. En 1965 este organismo aprobó la resolución 2065 que definía a las Malvinas como un típico caso de colonialismo y la Naciones Unidas se habían propuesto en 1960 y a través de la resolución 1514, “acabar en todas partes el colonialismo bajo cualquier aspecto”(1)

Pero, según la ONU, Gran Bretaña y Argentina debían solucionar este problema de acuerdo a la carta orgánica y a los intereses de la población de dichas islas. Y cuando en 1967 los cancilleres George Brown y Nicanor Costa Méndez se reunieron y el inglés admitió que la soberanía era “negociable”, nadie pensó que 15 años después habría una guerra entre ambos países.


(1) Una cara de la moneda: La guerra de las Malvinas, The Sunday Times Insight Team, Mayo de 1983

Códigos

 Nacho ingresó a la Facultad de Abogacía para seguir los pasos, no todos, de su padre y algún día llegar a trabajar en su estudio. Al comenzar la carrera, el joven tuvo entre sus compañeros de clase a Pedro, un muchacho menos dedicado al estudio y más enfocado en conquistar chicas aprovechando que su bella apariencia.

 Al promediar el primer cuatrimestre, Nacho ya integraba el grupo de Pedro en el que había varias mujeres atractivas, entre ellas, Milagros, una rubia voluptuosa, con las que salían a bailar los fines de semana. Al cabo de unas pocas salidas, la chica logró que Pedro se fijara en ella y tuvieran algunos encuentros íntimos, aunque él no estaba dispuesto a ponerse de novio ya que prefería la libertad de compromiso.

 La pareja tuvo su espacio pero en la mayoría de los casos compartía las salidas con el resto del grupo de compañeros de la Facultad. Pero Milagros no pudo evitar engancharse con Pedro, quien, al notar que la joven empezaba a darle cada vez más seriedad al asunto, se fue apartando hasta romper la relación. Lo hizo en buenos términos para proteger el buen clima grupal.

 De hecho, el grupo siguió saliendo todos los fines de semana, oportunidad en que Pedro y Nacho hacían dúo para conocer nuevas chicas en los boliches, al igual que Milagros, que se unió fuertemente a su compañera Elizabeth, que tenía ojos claros pero no era más bonita que ella, aunque si era más accesible y, por ende, conservaba una larga lista de pretendientes.

 Durante meses, Pedro se acostó con distintas jovencitas que no eran de la Facultad ni conocidas de un conocido/a o compañero/a, Milagros tuvo algún amante golondrina y Elizabeth eligió tener un novio. En tanto, Nacho continuó con su bajo perfil, extrañando a su ex novia que lo había dejado a principios de año. Era tan fuerte el dolor que aún sentía que lo mantenía paralizado ante las demás chicas.

 Por todo esto, la actividad del grupo mermó y prevalecieron las acciones individuales y encuentros cada vez más esporádicos.

 Cuando llegó la primavera, Milagros estaba sola y Elizabeth atravesaba una profunda crisis en su noviazgo producto de las permanentes salidas nocturnas de su chico. Ante esa situación, la joven recurrió a su amiga solitaria para equiparar la balanza.

 Así fue que ambas chicas volvieron las salidas grupales con sus compañeros y en una de ellas, que coincidió con la fiesta de cumpleaños de Nacho, Milagros le confesó a Arturo, el mejor amigo del agasajado, que estaba enganchada con aquel pero que no sabía como abordarlo.

 Arturo, quien ya había visto a Milagros en otras salidas a las que Nacho lo invitaba para que conociera a sus “copados” compañeros de la Facultad, le contó que su amigo seguía algo deprimido por su ruptura con su ex, pero le prometió que iba a hablar con él para tratar de saber que pensaba de ella.

 Cuando Arturo encontró el momento oportuno para charlar con Nacho, varias semanas después de la fiesta, su amigo se mostró sorprendido por el hecho de que una mujer como Milagros estuviera interesada en él. Si bien se sintió halagado, el joven le dijo a su amigo que, más allá de que la chica le resultaba más que atractiva, no creía correcto relacionarse con ella por el pasado que ésta tenía con Pedro, a quien él apreciaba muchísimo.

 Arturo también mantenía una buena relación con Pedro y previendo la postura adoptada por Nacho ya había dialogado con el ex de Milagros para saber si aún sentía algo por ella. Y la respuesta fue clara y concisa: no. Es más, en los últimos días, luego de que Elizabeth rompiera con su novio, Pedro se había acostado con ella.

 Pero por más que Arturo reveló luego esa información clave a Nacho, éste se mantuvo en su posición de que no iba a dejar que pasara absolutamente nada con Milagros.

 Al año siguiente, Pedro se cambió de carrera, Nacho pasó a estudiar en el turno noche para poder trabajar durante el día en el estudio de su padre y Milagros abandonó la Facultad, por lo que el grupo se desarmó.

 Los que si mantuvieron un contacto fluido fueron Pedro y Arturo, quien se convirtió en el copiloto de sus vuelos nocturnos aprovechando que ambos seguían solteros. En cambio, Nacho se reconcilió con su ex novia con la que estuvo seis años más.

 En la séptima temporada del amor, cuando todo parecía encaminarse a la convivencia, ella lo volvió a dejar y esta vez fue definitivo. A Nacho le costó aceptarlo aunque lo entendió rápidamente y se apoyó en sus viejos amigos para volver a salir de cacería. Pero ahora Pedro y Arturo estaban de novios y, lógicamente, con menos disponibilidad para salir de noche.

 De todos modos, Arturo sumó a su compinche al grupo de amigas de su pareja, algunas de las cuáles estaban solteras, como Victoria, que apenas pasaba los 25 años pero se sentía muy sola sin una pareja estable y formal.

 Rápidamente, Victoria entabló una simpática relación con Nacho, a quien Arturo trató durante meses de convencer para que se animara a romper con el círculo platónico que los rodeaba.

 Mientras tanto, Pedro, quien vivía solo, no quiso que su novia fuera a vivir con él, y la relación encontró un final abrupto, por lo que él, sin perder el tiempo, retomó sus salidas con amigos de los fines de semana. Y apenas lo participó a Arturo, éste también le abrió una vacante en el grupo de las amigas de su novia.

 Para Nacho, Pedro y Arturo fue como volver a la Facultad, pero con casi ocho años encima. Los tres jóvenes no tan jóvenes organizaron reuniones en sus respectivas casas y encuentros en bares, ya lejos de las pistas de baile. Y en esos escenarios fue que Pedro posó sus ojos en Victoria, quien con su rostro bonito los provocó desde la primera vez que los vio.

 En una salida en la que Nacho no participó, Pedro se acostó con Victoria y al día siguiente, en la fiesta de cumpleaños de su ex compañero de Facultad, Pedro se lo confesó a éste para que no se enterara a través de un tercero.

 Fue la única vez que Pedro y Victoria estuvieron juntos y Arturo, quien se había enterado del encuentro antes que cualquiera, nunca escuchó un comentario al respecto de boca de Nacho.

 Hoy Pedro y Nacho siguen solteros, pero no se ven casi nunca. Hablan de vez en cuando a través de las redes sociales ya que el abogado se mudó al Interior, donde maneja su propio estudio.

AA
Febrero 2012

Si querés llorar, no llores.

 Juan está sentado en la cocina, con el ventilador de pie ubicado a escasos dos metros suyo y apuntando hacia su rostro. Todavía se pregunta cuándo van a bajar los precios de los acondicionadores de aire. Mira hacia la pantalla y ve una transmisión en vivo desde Casa de Gobierno donde anuncian que los índices de indigencia, pobreza y desempleo han descendido a los valores más bajos de la historia del país, por lo que la crisis económica mundial no nos va a afectar para nada. “¡Guau!”, suelta Juan por lo bajo y luego apoya su mano en el esternón, cerca de la boca del estómago “¿Por qué siento este malestar?”, se pregunta y luego apaga el televisor.

 El joven abandona su departamento bajo el rayo del sol y sube a su auto modelo 98`, que tampoco tiene aire acondicionado. La autopista está cortada por una manifestación de miembros de un movimiento social presuntamente opositor al Gobierno. Entonces arranca hacia la costanera para evitar el caos de tránsito. Al llegar a la ribera, advierte que el lugar está repleto de vecinos de la zona que buscan apaciguar el calor en el río, a pesar de que está expresamente prohibido bañarse por la suciedad que presenta el agua y que la convierte en un peligroso transmisor de diversas enfermedades infecciosas.

 “¡Y eso que son grandes lo carteles que puso la Municipalidad!”, piensa Juan mientras observar a un grupo de niños con el torso desnudo y descalzos jugando a la pelota en el asfalto repleto de pozos del playón de estacionamiento de la ribera. Mientras que en el sector parquizado, más cercano a las escalinatas que descienden hasta el agua marrón oscuro y hedionda está completamente ocupado por las carpas de los bañistas, de los cuáles, los mayores, beben cerveza y escuchan música a todo volumen.

 Juan bordea la ribera a paso de hombre y observa que los únicos espacios libres de pasto están cubiertos por los residuos de los visitantes ya que sólo hay un cesto para la basura por cuadra, de las 30 que tiene de extensión el balneario. "¡La puta madre!", exclama el conductor al ver su reloj y calcular que va a llegar muy tarde a su trabajo. Pero no le queda otra. Al cabo de muchos minutos de demora, alcanza la avenida principal por la que recorre los 20 kilómetros que separan su barrio en el sur metropolitano de la Capital.

 Apenas entra a la principal ciudad del país, nuestro automovilista detiene la marcha en el semáforo y se le acerca un bombero voluntario pidiendo una colaboración a cambio de una calcomanía. “La calco vale dos pesos”, le dice el efectivo vestido con su respectivo uniforme. “No tengo dos pesos”, responde Juan. “No importa, dame lo que puedas”, retruca el bombero, a lo que Juan le alcanza una moneda de 50 centavos, la única que le quedaba en los bolsillos.

 La luz se pone en verde y Juan encara hacia la oficina pero antes de llegar debe volver a detener se en otro semáforo en rojo. Esta vez, hay dos hombres parados en la esquina que se ofrecen a limpiar el parabrisas. Están con una botella plástica a medio llenar de agua turbia con detergente y un secador de goma con mango corto cada uno en sus manos. Como hay dos filas de auto se dividen. Uno de ellos llega hasta el auto de Juan, que está bastante roñoso, y le ofrece limpiar el vidrio. “No, gracias”, señala el automovilista. “Dale pa”, insiste el limpiador. “No. No tengo nada para darte”, agrega Juan, pero el limpiavidrios arroja un chorro de agua sobre el parabrisas y empieza su tarea. “Te dije que no”, indica el conductor, pero el otro sigue en lo suyo.

 Al cabo de unos instantes, justo cuando la luz se estaba por poner verde, el limpiador termina y se acerca a la ventanilla baja del conductor: “¿Me das para comer, pa?”, señala, a lo que Juan responde: “Te dije de entrada que no tenía ni una moneda para darte. Disculpá”. El limpiador se acomoda la gorra, escupe hacia el suelo y luego mira al conductor. “¿Me estás cargando? ¡La concha de tu madre!”, grita y luego arroja un chorro de agua sobre el parabrisas que no seca. “Y no vuelvas a pasar por acá porque te rompo todo el auto”, añade el limpiavidrios, mientras Juan permanece callado y apenas avanza el tránsito abandona la esquina.

 Otra vez le vuelve el malestar en la boca del estómago. “¿Será este calor de mierda?”, se pregunta mientras  baja del auto que deja estacionado quince cuadras de su trabajo para no tener que pagar el costoso garaje. Cuando finalmente entra en su oficina, con la ropa empapada en sudor, el televisor está encendido y en la pantalla repiten la conferencia de prensa en Casa de Gobierno sobre las bondades históricas del modelo económico. A Juan se le cierra la garganta con un nudo. “¡¿Me estás jodiendo?!”, exclama al tiempo que se aguanta las ganas de llorar.

AA
Enero 2012

Un crimen sin asesinos 2* - Parte III -

* Segunda parte del folletín publicado en este blog en agosto de 2009.

 El 4 de agosto, la Sala II de la Cámara de Apelaciones y Garantías de Quilmes confirmó el procesamiento con prisión preventiva de Natalio por entender que si bien no había riesgo de fuga, si lo dejaba en libertad, el acusado iba a reiterar “su comportamiento disvalioso atentando contra la buena marcha del proceso”.

 Es que los camaristas consideraron que si era verdad lo que manifestaba el testigo nuevo acerca de que Natalio hizo una falsa denuncia al dar su versión de los hechos, el imputado puede volver a mentir para desviar la pesquisa estando libre.

 Y si bien la defensa impugnó la validez de ese testimonio, la Cámara sostuvo que esa cuestión debía resolverse durante el juicio oral.

 Por su parte, el propio Natalio desde prisión hizo llegar a la prensa a través de su abogado una carta en la que sostuvo: "El testigo nuevo es totalmente falso porque utiliza el relato que hizo hace años un matrimonio que dijo haber visto en la ruta frente al Parque Pereyra a un joven que le pegaba a una chica que estaba sentada en un auto con las puertas abiertas y al lado, a varios metros, otro auto a varios metros, para acomodarlo en mi contra diciendo que ese joven era yo y que el auto era el mío”.

 A pesar de los intentos de defensa del acusado, éste permaneció detenido hasta la realización del juicio por el crimen de Noelia.

AA
Diciembre 2011

Un crimen sin asesinos 2* - Parte II -

* Segunda parte del folletín publicado en este blog en agosto de 2009.

 
Cuatro días después de la detención de Natalio, su abogado defensor apeló la decisión judicial en una segunda instancia por considerar que no había pruebas suficientes ni riesgos procesales para mantener al joven en prisión hasta la realización del juicio oral por el crimen de Noelia.

 El letrado dejó en claro que durante la investigación, su defendido siempre estuvo a disposición de la Justicia, nunca entorpeció la pesquisa ni intentó fugarse. Y, además, seguía viviendo junto a su familia y trabajando en la remisería de su padre, como siempre.

 La defensa reveló que en enero del mismo año, el fiscal había de la causa había pedido la detención de Natalio pero la jueza rechazó esa solicitud, por lo que el representante del ministerio Público no tuvo otra opción que cerrar la instrucción tres meses después.

 Cuando la jueza corrió vista a las partes, la querella presentó un nuevo testigo de identidad reservada que declaró que vio que “un joven, delgado, más bien narigón, pelo parado, vestido con bermudas por debajo de la rodilla y una remera oscura, sacaba por la fuerza del auto que conducía, un Renault 11 celeste, con otros sujetos, a una chica para colocarla en la parte de atrás de otro auto que estaba en el lugar”.

 Este testigo dijo que ese muchacho al que había visto luego lo reconoció en fotos de diversos diarios como el imputado Natalio.

Un crimen sin asesinos*

*Segunda parte del folletín publicado en este blog en agosto de 2009.

 El 15 de julio de 2011
, Natalio Galante se encontraba en su casa de Florencio Varela cuando llegó una comisión de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Quilmes con un orden para detenerlo: la Justicia quilmeña acababa de procesarlo con prisión preventiva como partícipe primario del crimen de la adolescente Noelia Gullo. Y no sólo eso, también lo enviaba directamente a juicio oral, dando por cerrada la instrucción de la causa.

 ¿Cuáles habían sido las pruebas que daban un giro a la investigación después de tantos años? La primera, un nuevo testigo que declaró haber visto a una chica parecida a la víctima ser pasada por la fuerza desde un Renault 12 muy similar al de Natalio  a otro vehículo ocupado por desconocidos. La otra, un análisis comparativo de la tierra hallada en el baúl del auto del joven con la de la ropa que llevaba puesta al momento del supuesto secuestro de Noelia que estableció que no eran del mismo tipo y no pertenecían a un mismo lugar.

 De esta manera, para la Justicia ahora el muchacho había mentido al sostener que el presunto captor de la víctima lo había encerrado en el baúl de su auto.

 “Fue una larga lucha y por fin dio su resultado. Natalio está preso y se hizo Justicia. Ahora esperamos que hable y diga quiénes mataron a Noelia”, expresó José Gullo en declaraciones a la prensa apenas se conoció la noticia de la detención del sospechoso.

 Ese día, después de siete años y medio, Natalio volvió a quedar alojado en los calabozos de la DDI de Quilmes pero esta vez a la espera de que el Servicio Penitenciario Bonaerense designara su nuevo destino...