El Síndrome de Gourcúff: VI

 La fiesta concluyó con el arribo de los subordinados del Cap. Klinec que iniciaron las actuaciones por “homicidio” y se llevaron detenido a Anëlcka a los calabozos de la seccional 3ra. de Quilmes Oeste. Su compañero Kareem lo acompañó hasta la comisaría y le prometió ayudarlo, testificando que se había tratado de una riña iniciada por Dómenech.

 Al regresar de la seccional, en la casona de la calle Corrientes ya no quedaba nadie, excepto Milos, quien se mostraba animado a pesar de la tragedia que acaba de ocurrir.

 - ¿Estás bien mi amigo?

 - ¡Yes, yes, my пријатељ!- respondió el volante serbio quien había dejado de sufrir del Síndrome de Gourcúff.

 Así que no les importó a nuestros héroes que Dómenech terminó siendo repatriado a Francia donde depositaron su cadáver en una tumba cubierta por cartas, que el MIG-29 nunca apareció, ni que nada más supieron del embarazo del “Gusano” ni del encarcelamiento del “Puma”.

 Por su parte, Kareem volvió a Madrid y Milos a Kiev, para apoyar a su hermano, pero ninguno de los dos regresó a su país natal, aunque cada año van juntos de vacaciones a la Argentina, donde alquilan la casona de la calle Corrientes, pasean por la 9 de Julio y se reúnen a comer y beber en el café de la esquina sur….

AB-AA
Julio 2010

El Síndrome de Gourcúff: V

 Las chicas llegaron temprano y se sentaron alrededor de la mesa principal, en el living comedor que se conectaba con el balcón a través de una puerta ventana de dos hojas. Sobre la estructura de madera de pino estaban desplegados los vasos con fernet-cola, las copas de vino y los platos con los canapés de salmón ahumado, los quesos y los arenques. Anëlcka se convirtió rápidamente en el centro de atención paras el “Gusano” y los “Matambritos”, ansiosas de conocer a este nuevo personaje, por lo que este invitado se sintió bien cómodo, por lo que Milos y Kareem no tuvieron que preocuparse por que descubriera antes de tiempo que Dómenech estaba en una habitación contigua.

 Pasaron los tragos uno tras otro y los platos se vaciaron enseguida, al tiempo que de fondo sonaba la música de la Radio de la Mer. El grupo se trasladó entonces hacia el balcón que daba a la calle Corrientes, excepto por el “Puma” y el “Gusano” que se retiraron al dormitorio principal donde se acostaron.

 Después de tener relaciones sexuales durante más de una hora, Anëlcka y su joven acompañante salieron del dormitorio en momentos en que Dómenech, cansado de estar solo y encerrado, salía de su habitación para sumarse a la fiesta. El encuentro en el pasillo que conectaba las piezas con el living comedor fue tremendo. El “Puma” y el entrenador se quedaron estáticos por unos instantes, sin entender pero sin sacar la mirada el uno del otro, mientras que el “Gusano”, temerosa, se dirigió al balcón donde estaba el resto de sus amigos.

 “¡Traitre!”, gritó el delantero francés, tras lo cuál, empezó a empujar a Dómenech hacia el living comedor, donde se presentaron Milos y Kareem, alertados por el insulto.

 En un primer momento, los anfitriones intercedieron para calmar los ánimos y propusieron un diálogo, a lo que los dos enemistados accedieron, aunque de mala gana. Así fue que todos los hombres se sentaron a la mesa mientras las chicas permanecieron en el balcón, de festejo.

 Una vez sentado, Dómenech sacó su mazo de cartas y las desplegó, por enésima vea en la noche, sobre la mesa para buscar respuesta y soluciones para aquella situación incómoda. Después de tirar los primeros naipes, ante la mirada expectante de Anëlcka, Kareem y Milos, el entrenador, con sus ojos ocultos detrás de sus lentes de armazón grueso y de color negro, le dijo al “Puma” que debía dejar de preocuparse por lo ocurrido en el Mundial ya que ahora tenía una nueva y mayor responsabilidad: hacerse cargo del niño que iba a tener con el “Gusano”, que acaba de quedar embarazada.

 El “Puma”, desencajado, se puso de pie, tomó las cartas de Dómenech y las arrojó por el aire. “¡Va te faire enculer, sale fils de pute!”, insultó el atacante francés a su ex técnico que, asustado, comenzó a retroceder sobre sus pasos hasta quedar parado en el balcón, entre su enemigo y el barandal.

 “¡Excusez moi!”, fue lo último que dijo Dómenech antes de caer al vacío empujado por el "Puma” desenfrenado y delante de todos los participantes de la fiesta…

El Síndrome de Gourcúff: IV

 Al arribar a la casona de la calle Corrientes, Kareem y Anëlcka ya no se encontraban en el lugar. Es que habían ido al supermercado a comprar unos buenos tintos para acompañar los exquisitos quesos que el “Puma” había traído de Francia. También compraron salmón ahumado y arenque para comer durante la fiesta.

 Por su parte, Dómenech se retiró de inmediato a descansar a la habitación que le habían reservado sus anfitriones y donde pudo distenderse del largo viaje “tirando” un rato las cartas sobre la cama, a la espera de la llegada de Kareem, a quien le debía una disculpa por haberlo dejado fuera del Mundial. El entrenador había puesto todas sus fichas en Anëlcka para ocupar la misma posición que el delantero del "merengue" pero el “Puma” lo había defraudado.

 Apenas nuestro amigo francés llegó a la casona se aseguró de que Milos entretuviera a Anëlcka hasta que llegaran las chicas mientras que él fue verlo a Dómenech a la habitación. Allí, encontró a su ex entrenador sentado en un rincón del dormitorio junto a un escritorio donde desplegaba su mazo, lo recogía, mezclaba y volvía a “tirar”. Al ver aquella situación no quiso molestarlo, por lo que lo dejó solo y fue al encuentro del “puma”, Milos y el recién llegado Cap. Klinec, quien estaba ansioso de que llegaran los “Matambritos”…

El Síndrome de Gourcúff: III

 La fría mañana invernal del día de la fiesta, Milos fue a buscar a Dómenech a Ezeiza a bordo del Falcon, mientras que Kareem hizo lo propio con Anëlcka, pero en un auto alquilado. Los dos invitados llegaban de Francia en el mismo vuelo, aunque en el viaje ninguno había advertido la presencia del otro en el avión.

 En el hall de la sala de arribos internacionales, Milos se paró bien lejos de Kareem, aunque los dos amigos llevaban el mismo cartel para ser reconocidos por los recién llegados. “Va te faire enculer, sale fils de pute”, escribieron ambos con fibra negra sobre un rectángulo de cartón corrugado.

 Por suerte para nuestros héroes, había mucho movimiento en el hall ya que la prensa entrevistaba a Pasarela, quien acababa de llegar desde Sudáfrica junto al nuevo arquero millonario. “Vine con Khüne”, expresó sucintamente la máxima autoridad riverplatense, al tiempo que abrazaba al fornido moreno, ya vestido con la ropa para empezar a atajar.

 Así fue que Dómenech y Anëlcka no advirtieron la presencia del otro y emprendieron tranquilamente el viaje desde Ezeiza hacia Quilmes Oeste. Aquel recorrido por la Ricchieri fue interesante el entrenador quien se vio sorprendido por la performance del Falcon, que, conducido por Milos, transitaba a 160 km/h por una autopista atestada de vehículos muchos más modernos.

 El francés y el serbio apenas habían intercambiado unas palabras cuando el primero de ellos tomó del bolsillo de su saco el infaltable mazo de cartas y las “tiró” sobre la cuerina del asiento trasero del auto. El resultado que arrojaron los naipes fue contundente: Si Milos seguía conduciendo a esa velocidad, el motor del vehículo iba a recalentarse.

 Dicho y hecho, a la altura del puente El Trébol, un intenso vapor comenzó a emanara por debajo del capot del Falcon, por lo que el piloto serbio se detuvo en la banquina. Al ver el auto detenido, un grupo de gendarmes apostados en el lugar en tareas de control y prevención se acercaron y les proporcionaron un bidón de agua destilada para que colocaran en el castigado radiador que volvió a secarse cuál pasa de uva dos veces durante el recorrido, aunque, afortunadamente para Milos, la junta no se sopló y pudo llegar a su destino, tarde, pero seguro....

El Síndrome de Gourcúff: II

 El 23-J, Francia quedó eliminada del Mundial en primera ronda y con un jugador menos en su plantel: Anëlcka había sido expulsado dos días antes tras insultar a Dómenech. “Va te faire enculer, sale fils de pute”, le había dicho el delantero al entrenador. Cuando Kareem leyó este incidente en los portales de noticias de Internet se le ocurrió la segunda y más importante parte del plan. Había que invitar al “Puma” a la fiesta para que fuera él quien se encargara de eliminar al tarotista.

 Como los conocía a ambos fue el francés el encargado de enviar las respectivas cartas de invitación a Dómenech y Anëlcka para que fueran a la fiesta que iba a realizarse en el 15-A. Milos, por su parte, fue quien se ocupó de completar la lista de agasajados con el “Gusano” y los “Matambritos”, las amigas que había hecho durante su estadía en Quilmes. En aquellos días, el serbio había adquirido también un Ford Falcon bordó en el que salía a pasear por las noches junto a Kareem y el Cap. Klinec.

 En un momento pensó en invitar a su hermano pero luego decidió no hacerlo ya que el otro mellizo había regresado a Kiev decepcionado por la temprana eliminación de Serbia, también en primera ronda, y que había desatado un escándalo cuando el plantel descubrió que el entrenador Aldana Antic se había hecho pasar por el verdadero Radomir, tras lo cuál, el farsante no tuvo más remedio que dejar su cargo y mudarse de su país. Se rumorea que ahora vive en el barrio Parque Calchaquí…


El Síndrome de Gourcúff: I


 El mellizo Milos llegó a Buenos Aires el 11-J, proveniente de Kiev, donde había estado secretamente ocupando el departamento de su hermano que por entonces estaba en Sudáfrica. No bastó con ello para evadir a sus superiores que finalmente lo enviaron al Fin del Mundo con una misión muy clara: Buscar información sobre la localización de un MIG-29 de la Vazduhoplovstvo perdido a mediados de los 90´. 

Al llegar a Buenos Aires, nuestro héroe serbio se encontró con una ciudad a punto a abandonar el otoño y esperando con ansias la inminente llegada del Mundial. El vuelo había hecho escala en Madrid, donde abordó Kareem, un francés que a diferencia de Milos viajaba a las pampas para pasear y olvidarse de la frustración que le había generado no haber sido convocado a la gran cita mundialista.

A la salida de Ezeiza, el serbio y el francés se encontraron de casualidad y el segundo lo reconoció de inmediato, aunque pensó que era su hermano al que sí había visto antes en un enfrentamiento entre el Real y el Dinamo. Kareem advirtió que su nuevo amigo estaba más confundido que él, por lo que le propuso que lo acompañara al pequeño chalet que había alquilado en la zona sur del conurbano para ver el partido Francia-Uruguay.

El delantero del Real ya estaba acostumbrado a estas latitudes del planeta ya que en enero de 2009 había disputado y ganado la accidentada Copa Montevideo ante el seleccionado local y el de Zambia.

De cara al plasma de 42 pulgadas, Kareem abrió un vino tinto de Toulouse y brindó junto a Milos mientras observaban un aburrido encuentro en el que escaseaban las jugadas de gol frente a ambos arcos. De pronto, en medio del anodino partido, Gourcúff pateó un tiro libre que sacó el arquero charrúa y le sacó la modorra al público. Pero ese remate también sacudió a Milos que empezó a sentir un fuerte dolor de cabeza. En un primer momento pensó que eran los efectos de alcohol pero la molestia se hizo cada vez más y más intensa.

Ante esa situación, Kareem le propuso ir a la Clínica Trinidad de Quilmes, que era la mejor de guardia en la zona, por lo que nuestros amigos partieron hacia allí. Al llegar, Milos, en un enroscado inglés le dijo al jefe de guardia que deseaba practicarse de inmediato una TAC (Tomografía Axial Computada).

Al médico le costaba entender lo que este paciente fuera de lo común intentaba decirle, por lo que Kareem actuó de traductor con un español un poco más fluido.

- ¿Cuáles son sus síntomas?- preguntó el jefe de guardia al francés.

- El pgroblema es que mi amigó sufgre alucinacioné. Todo el tiempo mirra el tigro libgre de Gourcóuff.

El médico creyó que estos dos extranjeros algo alcoholizados le estaban tomando el pelo, por lo que les indicó que sacaran un turno con un neurólogo y que éste, en todo caso, sería el que ordenara la TAC o la intervención de un psiquiatra si es que consideraba que efectivamente existía algún tipo de alucinación visual, típica de cierto grado de esquizofrenia.

Milos no se sentía para nada bien, por lo que su amigo decidió no volver a su chalet y, en cambio, buscar un nuevo lugar para hospedarse cerca de la clínica, por si acaso. Caminaron por la calle Corrientes y enseguida hallaron una casa de dos pisos, con un pequeño patio delantero y un gran balcón que daba al frente, hacia el oeste. Los dos amigos se quedaron parados un largo rato admirando aquella construcción que estaba en venta hasta que pasó por allí el Capitán Klinec, quien acababa de retirarse de la comisaría 3ra. de Quilmes Oeste.

- Caballeros, ¿los puedo ayudar en algo?-inquirió el jefe policial que había advertido la cara de confusión de nuestro héroes y eso lo había llevado a sospechar de que tenían algo entre manos.

- Quegriamos hospedagrnos en este chateau- respondió Kareem, al tiempo que Milos seguía aturdido por su fuerte dolor de cabeza,

- ¿Tiene dinero?

- Clagro que sí ¿Estos euros sirven?- continuó el francés, al tiempo que extraía un grueso fajo de billetes.

El Cap. Klinec de inmediato tomó su teléfono celular y se comunicó con la inmobiliaria que tramitaba la venta de la casa y en pocos minutos arregló todo el asunto, por lo que Kareem y Milos tuvieron libre acceso a la vivienda, siempre y cuando, le permitieran al jefe policial entrar y salir cuando este quisiera.

A la hora de la cena, nuestros amigos ordenaron a una casa de comidas de Bernal unas porciones de mariscos y otra botella de vino tinto y continuaron analizando la primera jornada de la Copa del Mundo.

- Cgreo saber que te ocugré, mi buen amigó. Tus alucinacioné del tigro libgre de Gourcúff son culpa de las cartas de Dómenech. Están cagrgadas de mala enegrgía.

- Don´t konw, my dear пријатељ- respondió el serbio, que entendía bastante de español a pesar de que no podía pronunciar ni una sola palabra en ese idioma.

Kareem entendió que aquel mismo hombre que lo había dejado sin Mundial por su estúpida afición a la astrología y el Tarot era el responsable del síndrome que se había apoderado de su nuevo amigo y lo mantenía confundido. Para el francés había que eliminar esa fuente de energía negativa por lo que planeó realizar una fiesta en la casona de la calle Corrientes como excusa para reconciliarse con Dómenech, con quien había discutido tras su eliminación de la lista de 23. Claro que debía esperar a que el entrenador abandonara Sudáfrica…


Sueños Escritos: III

 El lugar donde me encontraba era oscuro y cavernoso, con distintos ambientes en desnivel separados por arcadas. Desde que aparecí allí no estuve solo ya que acompañaba a varios de mis amigos y compañeros del secundario que estaba de festejo. Dedujo aquella situación porque los vi bien vestidos, incluso uno de ellos llevaba un traje, y reunidos alrededor de una torta.

 Al mismo, en un sector del salón principal, un grupo de policías de civil, encabezado por el comisario, un típico pelado de bigotes, rodeaban a un hombre mayor de edad al que pretendía reducir, por lo que lo tomaban de los brazos.

 Cuando me quise acercar hasta esas personas, el comisario me cruzó a mitad de camino y me contó que ese hombre lo tenían que detener porque había atropellado y matado a un transeúnte, y luego huido sin auxiliar a la víctima. “Un boludo”, opinó el jefe policial.

 Luego, mientras mis amigos y compañeros seguían reunidos a la distancia, el comisario me condujo hacia el sector opuesto del salón, donde había una especie de laboratorio.

 Allí se encontraba Jack Shepard, con su ambo blanco, y al verlo me sorprendí porque no podía entender cuál era su relación con todo lo que estaba sucediendo en ese lugar.

 Ante mi asombro, Jack y el comisario me explicaron que estaban analizando al hombre detenido porque éste tenía un problema cerebral, por lo que me acerqué hasta el sospechoso-paciente en el mismo momento en que los policías que lo sostenían en el aire, boca abajo y con la cabeza hacia mi lado.

 Y en medio de esa maniobra los efectivos abrieron con sus propias manos el cráneo del hombre, como si se tratara de un matambre, y pude ver en el centro de la cabeza un trozo esférico de carne blancuzca, del tamaño de una pelota de tenis.

 Impresionado, di media vuelta y me encontré de frente con Jack que me dijo que quería hacerme unos análisis para saber si yo podía padecer el mismo tumor, por lo que segundos después me desperté con una extraña sensación en la coronilla y con dolor de cabeza.

AA
Febrero 2011.