Uno de los personajes centrales de esta historia es el defensor de Boca Juniors, Rolando Schiavi, quien para los diarios La Nación, Olé y Popular fue la figura del primer clásico de la semifinal de la copa, al otorgarle 8, 9 y 8 puntos respectivamente.
Clarín no lo eligió como figura, sin embargo, lo calificó con 7 puntos –su compañero Vargas fue el mejor con 8- y promedió así entre todos estos medios gráficos un 8. Un punto más que el ya mencionado Vargas y los jugadores de River, Lux y Tuzzio.
Para el ex zaguero de Argentinos Juniors este partido fue un duelo especial, con sabor a desquite. Es que en esa misma cancha, hacía menos de un mes, Schiavi había bailado al ritmo de las gambetas de Maxi López. Un rival que en este partido copero no pudo pasar al defensor xeneize y que se vio forzado a jugar por el lado de la cancha donde estaban Burdisso y Clemente Rodríguez.
La cabeza de Schiavi marcó el único gol del superclásico y significó la segunda conquista del defensor en la copa, ya que había convertido ante Bolívar. Después sólo anotó el primer penal de la serie contra Sao Caetano.
No era la primera vez que Schiavi coqueteaba con las redes de los arcos rivales por partidos de copa. Entre las semifinales y finales de la Libertadores 2003 había convertido tres goles. Dos de ellos al América de Cali. El primero, de cabeza, en el partido de ida que terminó 2-0 y el segundo, de penal, en el encuentro de vuelta que terminó 4-0. Y el tercer gol, quizá el más importante, lo gritó en la segunda final ante el Santos en Brasil, al poner el 3-1 definitivo con un remate desde los doce pasos.
En el duelo con López, Schiavi impuso su rigor físico y obligó al delantero a jugar lejos del arco y de espalda. Así, López fue totalmente inofensivo y el defensor se erigió como el pilar del triunfo.
Todos los medios hablaron más de los incidentes y del resultado final que del juego mismo. Aunque es cierto que hubo poco en es aspecto para resaltar debido a un estado de alteración general evidencia a los 15 minutos cuando ya había cuatro jugadores amonestados. El eje de la cuestión fueron los roces. Mucho se había hablado en la previa y había que ver quién era el más guapo. Evidentemente, habían quedado secuelas del duelo reciente que había ganado River por el Clausura.
Fue un desarrollo de ritmo intenso, marcado por las faltas reiteradas. Hubo una iniciativa de Boca, más ofensivo en los primeros minutos, mientras que River mostró una postura contenida, de estudio. Los millonarios se dedicaron exitosamente a impedirle a su rival la elaboración de jugadas de ataque limpias y claras.
A pesar del dominio territorial y de balón de los locales, la primera jugada de riesgo fue para River. A los 17, López le ganó en el mano a mano a Burdisso, desbordó, amagó una y otra vez, y lanzó el centro atrás, rasante. Pero Cavenaghi y González que llegaban por el centro del área no pudieron conectar el pase y dejaron pasar la oportunidad de anotar.
Como si se hubiera sentido llevado por delante, Boca respondió al minuto. Tiro libre que llegó al área millonaria en forma de centro, cabezazo de Schaivi, rebote en Husain y Lux que finalmente la sacó al córner cuando el balón se metía cerca del ángulo.
Los de Bianchi sacaron ventajas con las pelotas paradas. A los 28 ocurrió una jugada similar a la anterior. Tras un córner, la defensa de River rechazó, pero la pelota le volvió a Barros Schelotto, quien mandó el centro al primer palo, a madia altura. Schiavi zafó de la marca de Amelli con infracción y casi agachándose cabeceó al gol. Fue el 1-0 para Boca que desató la euforia en el estadio.
Después de las peleas vinieron los cambios tácticos. Cuando a los 31 Martin expulsó a Cascini y Gallardo, Vargas pasó a jugar de ocho y Villarreal de cinco. Mientras que Caneo dejó de jugar libre y se recostó sobre la izquierda. Por el lado del equipo de Núñez, el mediocampo quedó conformado por sólo tres jugadores, en línea y sin enganche.
A los 42, a raíz de la expulsión de Garcé, Astrada decidió seguir hasta entrado el segundo tiempo con tres defensores, con Mascherano dando una mano sobre el sector derecho de la defensa.
Boca, entonces, en el tramo final del primer tiempo, le entregó a River el control de la pelota, a ver si de contra encontraba los espacios que no había visto hasta entonces aunque sin pena ni gloria.
En el segundo tiempo, Bianchi mandó a la cancha a Tevez para tratar de hacer prevalecer ese hombre de más. El delantero jugó recostado sobre la izquierda, unos metros retrasado, y Barros Schelotto fue decididamente a la franja derecha, bien de wing.
En Boca aumentó la producción de juego, pero no resolvió el problema de la falta de contundencia. Elaboró más jugadas en la ofensiva pero no llegaba con claridad hasta el arco rival. Se diluía en los últimos metros.
Los hinchas xeneizes pensaron que con el ingreso de Tévez se iban a aprovechar mejor los espacios para definir el resultado, pero “El Apache” sorprendió a propios y extraños porque no abrió la defensa rival, no prevaleció en la individual, no metió pases-gol ni definió como él sabe.
En defensa de Tevez hay que decir que no tuvo socios para jugar. Porque lo encontró a Guillermo —de buen primer tiempo— en su peor momento. Porque Barijho —su reemplazante en el área— no tuvo una buena noche.
Al verse superado numéricamente en defensa, Astrada decidió a los 5 minutos del segundo tiempo hacer ingresar a Juan Fernández para armar la línea de cuatro en el fondo y sacó a González. River quedó con un 4-2-2.
A los 54 se produjo una de las pocas llegadas a fondo de Boca. Barijho quedó mano a mano con Lux tras una habilitación de Villarreal, pero el arquero fue más rápido y ganó el duelo rechazando la pelota.
El temor se apoderó de River y a los 59 ingresó Coudet por Cavenaghi para poner tres en el medio y aguantar el 0-1 con uno sólo delantero allá arriba.
A los 74 Boca llegó otra vez y estuvo muy cerca del 2-0. “El Mellizo” desbordó por la derecha, llegó hasta el fondo y mandó el centro atrás. Calvo conectó el pase y la pelota fue directa a la red ¿Gol? No. El juez de línea Juan Carlos Rebollo cobró un inexistente offside del delantero xeneize.
Bianchi sabía que estaba ante una inmejorable oportunidad de marcar otro gol y así marcar una diferencia más tranquilizadora para el partido revancha. Por eso, a los 80 metió a Cángele por un cansado Barros Schelotto y lo colocó de wing izquierdo, y a Tévez lo pasó al costado derecho.
River siguió con su tarea de aguantar como sea. A los 82, un exhausto Mascherano dejó la cancha en lugar de Sambueza. Así Coudet pasó a la derecha, su lugar natural, y el recién ingresado quedó en la izquierda. La idea de Astrada fue la de tratar que sus dirigidos tuvieran más tiempo la pelota y alejar a Boca del arco de Lux. Pero su plan no le funcionó.
El desarrollo se hizo cada vez más tenso, friccionado. Boca iba como sea y River esperaba, rezando y esperando que el reloj corriera. Llevado de la mano del colombiano Vargas los xeneizes buscaron hasta el final, pero no supieron encontrar los caminos para llegar al gol.
La última jugada del encuentro fue para el infarto. A los 95 hubo tiro libre ejecutado por Tévez en la puerta del área y Coudet detuvo el disparo que iba a al arco con sus brazos. ¿Penal? No. Martín, rubricando su mala noche, ni siquiera atinó a sancionarlo.
Boca justificó la victoria en el segundo tiempo, cuando creó algunas situaciones de gol amén de su ventaja numérica. Pero no sacó muchos réditos ya que cuando tuvo claridad para elaborar, le faltó contundencia para definir.
Después de jugar todo el segundo tiempo con uno menos, River al cabo respiró aliviado porque aguantó el 0-1 hasta el final. Y era un resultado que no le quitaba muchas chances para la revancha en el Monumental.
Con el 1-0 fueron 10 las victorias que Boca sumó sobre River en la Copa Libertadores. De esta manera duplicó en triunfos entre sí a su gran rival.
¿Dónde estaba la violencia?
Se había hablado tanto, pero tanto, de los potenciales incidentes y hechos de violencia entre hinchas rivales que, al final, las autoridades no se dieron cuenta que los violentos estaban dentro del campo de juego.
Al minuto de juego nomás, Villarreal fue amonestado por una fuerte falta a Gallardo. A los 4, López recibió amarilla por reiterados forcejeos con Schiavi; a los 11, Cascini por otro toque a Gallardo y a los 14, Rojas por foul a Barros Schelotto. Sólo cuatro minutos después de ser amonestado, Rojas le metió otro trancazo al “Mellizo” que no llevó sanción. Enseguida, Ameli le metió una patada descalificadora a Vargas. En apenas 20 minutos, los protagonistas del partido dejaron en claro que estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de no darle ventajas a su rival. Inclusive, mostraron la determinación de ir más allá del reglamento para conseguir su cometido.
Habían pasado 31 minutos de un partido jugado al estilo Diego “Cholo” Simeone: con el cuchillo entre los dientes. Mucha tensión, mucha pierna fuerte y, en consecuencia, poco fútbol. De pronto, la locura desenfrenada. Cascini salía de la zona defensiva de su equipo y se acercaba a la mitad del campo de juego, cuando Gallardo le pegó una patada desde atrás. El volante xeneize se paró e increpó al mediocampista de River, quien no dejó ni siquiera que se le acercara y le puso la cabeza para frenarlo.
Inmediatamente, el árbitro Claudio Martín los expulsó. Pero esas tarjetas rojas no hicieron más que volar por los aires los ánimos de los futbolistas. Cascini y Gallardo estaban tan descontrolados que le recriminaban a Martín por su decisión y, al mismo tiempo, intentaban pelearse nuevamente.
Algunos compañeros los separaban y varios quisieron tomarse a golpes con el primer rival que se les cruzó. En un momento, se notó claramente cómo Ameli lo tomaba a Abbondanzieri de la cabeza y hasta le tironeaba del pelo, cuando Gallardo apareció por detrás y le araño la cara del arquero, que recibió tres cortes en su rostro.
Ante esta situación, ingresaron al campo de juego los dos técnicos y sus ayudantes. Bianchi se mantuvo algo alejado del grupo mientras Astrada intentó separar. En la boca del túnel visitante, Hernán Díaz sostenía a Gallardo, totalmente fuera de sí, que quería reingresar a la cancha. "Soltame, soltame", le decía el futbolista.
Los empujones y las amenazas siguieron entre los jugadores. Todo fue un verdadero caos. En medio de toda la confusión, se vio a Gabriel Macaya, el preparador físico de River, tirado en el piso y con las manos se cubría el rostro.
En ese momento no se supo que le había sucedido. Luego, en los días posteriores y con las imágenes de la televisión se pudo ver claramente que Macaya había recibido un puñetazo en el rostro de Guillermo Barros Schelotto.
La gresca duró unos ocho minutos y al reanudarse el partido la pelea le hizo lugar a un juego violento. Sólo cuatro minutos después, Garcé le cometió una descalificadora falta a Vargas y vio la roja.
También hubo más gestos reprochables. Ameli “invitó” a Vargas a que le practicara sexo oral con un gesto mientras le decía "puto", y más tarde el propio defensor ayudó a levantarse a Barijho mientras le apoyaba el botín derecho en los genitales.
Tras el partido, Cascini acusó al “Muñeco” de incitarlo a la violencia: “Gallardo me vino a buscar porque yo estaba tranquilo. Me tiró un cabezazo y yo, como lo vi venir a Martín, retrocedí. Pero el árbitro hizo la más fácil y nos echó a los dos, aunque no supo decir por qué”.
Por su parte, Gallardo no habló sobre el incidente luego del encuentro, pero si lo hizo el entrenador de River, Astrada, quien defendió su dirigido: “Gallardo me dijo que no lo tocó a Cascini. Que solo bajó la cabeza cuando se le vino encima”.
Al minuto de juego nomás, Villarreal fue amonestado por una fuerte falta a Gallardo. A los 4, López recibió amarilla por reiterados forcejeos con Schiavi; a los 11, Cascini por otro toque a Gallardo y a los 14, Rojas por foul a Barros Schelotto. Sólo cuatro minutos después de ser amonestado, Rojas le metió otro trancazo al “Mellizo” que no llevó sanción. Enseguida, Ameli le metió una patada descalificadora a Vargas. En apenas 20 minutos, los protagonistas del partido dejaron en claro que estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de no darle ventajas a su rival. Inclusive, mostraron la determinación de ir más allá del reglamento para conseguir su cometido.
Habían pasado 31 minutos de un partido jugado al estilo Diego “Cholo” Simeone: con el cuchillo entre los dientes. Mucha tensión, mucha pierna fuerte y, en consecuencia, poco fútbol. De pronto, la locura desenfrenada. Cascini salía de la zona defensiva de su equipo y se acercaba a la mitad del campo de juego, cuando Gallardo le pegó una patada desde atrás. El volante xeneize se paró e increpó al mediocampista de River, quien no dejó ni siquiera que se le acercara y le puso la cabeza para frenarlo.
Inmediatamente, el árbitro Claudio Martín los expulsó. Pero esas tarjetas rojas no hicieron más que volar por los aires los ánimos de los futbolistas. Cascini y Gallardo estaban tan descontrolados que le recriminaban a Martín por su decisión y, al mismo tiempo, intentaban pelearse nuevamente.
Algunos compañeros los separaban y varios quisieron tomarse a golpes con el primer rival que se les cruzó. En un momento, se notó claramente cómo Ameli lo tomaba a Abbondanzieri de la cabeza y hasta le tironeaba del pelo, cuando Gallardo apareció por detrás y le araño la cara del arquero, que recibió tres cortes en su rostro.
Ante esta situación, ingresaron al campo de juego los dos técnicos y sus ayudantes. Bianchi se mantuvo algo alejado del grupo mientras Astrada intentó separar. En la boca del túnel visitante, Hernán Díaz sostenía a Gallardo, totalmente fuera de sí, que quería reingresar a la cancha. "Soltame, soltame", le decía el futbolista.
Los empujones y las amenazas siguieron entre los jugadores. Todo fue un verdadero caos. En medio de toda la confusión, se vio a Gabriel Macaya, el preparador físico de River, tirado en el piso y con las manos se cubría el rostro.
En ese momento no se supo que le había sucedido. Luego, en los días posteriores y con las imágenes de la televisión se pudo ver claramente que Macaya había recibido un puñetazo en el rostro de Guillermo Barros Schelotto.
La gresca duró unos ocho minutos y al reanudarse el partido la pelea le hizo lugar a un juego violento. Sólo cuatro minutos después, Garcé le cometió una descalificadora falta a Vargas y vio la roja.
También hubo más gestos reprochables. Ameli “invitó” a Vargas a que le practicara sexo oral con un gesto mientras le decía "puto", y más tarde el propio defensor ayudó a levantarse a Barijho mientras le apoyaba el botín derecho en los genitales.
Tras el partido, Cascini acusó al “Muñeco” de incitarlo a la violencia: “Gallardo me vino a buscar porque yo estaba tranquilo. Me tiró un cabezazo y yo, como lo vi venir a Martín, retrocedí. Pero el árbitro hizo la más fácil y nos echó a los dos, aunque no supo decir por qué”.
Por su parte, Gallardo no habló sobre el incidente luego del encuentro, pero si lo hizo el entrenador de River, Astrada, quien defendió su dirigido: “Gallardo me dijo que no lo tocó a Cascini. Que solo bajó la cabeza cuando se le vino encima”.
Vericuetos judiciales
Un rato antes de que comenzara el partido, la Justicia había rechazado una acción de amparo a favor de los hinchas de River presentada por el abogado Enrique Piragini para que permitiera la presencia de la parcialidad visitante.
El magistrado Raúl García desestimó el pedido por “incompetencia de la Justicia Correccional” y “faltas normales”.
Piragini había sostenido en su escrito que “exigir al ciudadano que siga por radio a televisión el desarrollo de los partidos de fútbol resulta tan agraviante como imponer sexo virtual o cibernético frente al riesgo de contraer enfermedades”.
La oposición a la medida de que se jugara el partido con solo hinchas del equipo local fue tan grande que un grupo de legisladores pidió la renuncia de Javier Castrilli.
Se trató de un grupo de Diputados de la Unión Cívica Radical (UCR) que solicitó el mismo día del partido que el ex árbitro fuera removido de sus funciones en el Prosef.
Este proyecto llevaba la firma de Víctor Zimmermann y era respaldada por los legisladores Nelson Delajonquiere y Roberto Costa.
Zimmermann calificó las medidas de Castrilli como “lamentables” y exigió la renuncia del funcionario. “Si el titular del Prosef no puede hacer nada para garantizar el desenvolvimiento normal de los espectáculos deportivos debe renunciar y permitir la designación de nuevos funcionarios. Pedimos la renuncia del referido funcionario”, remarcó el diputado radical.
El magistrado Raúl García desestimó el pedido por “incompetencia de la Justicia Correccional” y “faltas normales”.
Piragini había sostenido en su escrito que “exigir al ciudadano que siga por radio a televisión el desarrollo de los partidos de fútbol resulta tan agraviante como imponer sexo virtual o cibernético frente al riesgo de contraer enfermedades”.
La oposición a la medida de que se jugara el partido con solo hinchas del equipo local fue tan grande que un grupo de legisladores pidió la renuncia de Javier Castrilli.
Se trató de un grupo de Diputados de la Unión Cívica Radical (UCR) que solicitó el mismo día del partido que el ex árbitro fuera removido de sus funciones en el Prosef.
Este proyecto llevaba la firma de Víctor Zimmermann y era respaldada por los legisladores Nelson Delajonquiere y Roberto Costa.
Zimmermann calificó las medidas de Castrilli como “lamentables” y exigió la renuncia del funcionario. “Si el titular del Prosef no puede hacer nada para garantizar el desenvolvimiento normal de los espectáculos deportivos debe renunciar y permitir la designación de nuevos funcionarios. Pedimos la renuncia del referido funcionario”, remarcó el diputado radical.
El primer chico
Desde el cabezazo de Fernando Cavenaghi que significó el triunfo millonario en la Bombonera el 16 de mayo, había una puñalada clavada en el corazón de Boca, y por eso los xeneizes estaban sedientos de revancha.
Carlos Bianchi, tenía bastante claro cuál era el nivel de juego que venía demostrando su equipo en los últimos partidos disputados. Por eso, ese jueves 10 de junio, horas antes de partir hacia la Bombonera, el “Virrey” arengó a sus muchachos.
"Venimos mal, no estamos jugando bien, pero vamos a salir con la actitud que siempre demostramos. Les dije que a Sao Caetano le íbamos a ganar por un gol de diferencia. Me equivoqué por muy poco, pasamos por penales. Todos los partidos son difíciles y los que vienen también serán muy duros. Seamos prudentes. Tengamos perfil bajo. No hablemos de más. Los quiero ver en la final”, fueron las palabras del entrenador.
Esa mañana no hubo declaraciones polémicas a la prensa de parte de los jugadores xeneizes, es más, algunos prefirieron evitar el contacto con los periodistas.
El hotel Intercontinental, el búnker xeneize, fue testigo del paso de varios de los familiares de los jugadores y hubo algo que llamó la atención y que contó un allegado al plantel: "Hablaban de cualquier cosa, menos del partido".
Como cada día que hay que jugar, Bianchi se levantó temprano, antes que todos, y leyó los diarios. Hubo almuerzo de pastas, siesta, charla técnica y a las 18.51 partieron rumbo a La Bombonera. A las 20.57 saltaron a la cancha.
Por el otro lado, la intimidad de River fue parecida a la de un día normal. Aunque, de seguro, la procesión fue por dentro. La mayoría de los jugadores se levantó casi sobre el mediodía, porque en la noche del miércoles, en la concentración del primer piso del Monumental, las charlas en las habitaciones se extendieron hasta pasadas la 2.
Entre los más madrugadores aparecieron Luis González y Daniel Montenegro, y uno de los más dormilones fue Eduardo Coudet.
A las 12.30 empezó el almuerzo con ensaladas y fiambres; pollo y pastas de plato principal; y después, frutas y ensalada de frutas.
Hubo siesta para algunos, navegación en Internet para otros y cartas para los desvelados. Todo hasta las 17, hora de la merienda. Y después, pasaditas las 18, Astrada dio la charla técnica en la que confirmó el equipo y el banco.
A las 18.37, el micro de la empresa Chevallier con el plantel de River a bordo salió hacia la Bombonera y más de 300 hinchas lo despidieron de espaldas a la platea San Martín. En el micro, Franco Constanzo, Daniel Montenegro, Maximiliano López y Fernando Cavenaghi se encargaron de ponerle música a la batucada riverplatense con bombos y redoblantes.
A las 19.20, el micro llegó a La Boca pero la alegría se excedió y comenzaron los problemas. Desde el mismo ómnibus salió un disparo de pirotecnia y se encendieron bengalas de humo, rojas y blancas.
Como si fuera poco, el plantel de River se bajó tapándose la nariz; lo que provocó la ira de los hinchas xeneizes que estaban en el playón de estacionamiento. La respuesta de estos no se hizo esperar. Les arrojaron algunas piedras al vehículo, mientras que la policía secuestró del ómnibus y una importante cantidad de pirotecnia.
Esta llegada con incidentes era un presagio de lo que sería el desarrollo del partido y una consecuencia directa de todo lo que se había dicho en los días previos al encuentro. El clima estaba muy tenso y este hecho disparó las declaraciones cruzadas de los dirigentes de ambos clubes.
Domingo Díaz, vicepresidente de River Plate, iba dentro del micro que llevaba al plantel y defendió a los suyos argumentando que ellos no incitaron los problemas. “La gente de Boca nos tiró piedras antes de entrar al estadio y se rompieron los vidrios”.
En contraposición, José Beraldi, vicepresidente del fútbol profesional de Boca Juniors declaró que “fueron los propios jugadores de River”, los que provocaron los destrozos.
Pero no se trató de una mera discusión ya que hubo una intervención directa de la Justicia. El fiscal Pavlosky pidió los nombres y número de documentos de todos los ocupantes del ómnibus; además, labró dos actas a los futbolistas: una por provocación y otra por uso indebido de pirotecnia.
"Se secuestraron algunos elementos dentro del ómnibus. Creemos que los jugadores de River incitaron a la violencia. Veremos que sanción merecen. Hablé con el conductor y no me supo decir quien rompió el vidrio. Sí me dijo que fue antes de llegar a la cancha", explicó el fiscal.
Al final, el micro de River fue confiscado por orden judicial y fue a parar a la comisaría 24ta. Por eso, el ómnibus Chevallier 4870 terminó con fajas de clausura y debió ir a la Bombonera el interno 4250 de la misma empresa para recoger a los jugadores de River.
Ya dentro de la tranquilidad del vestuario, los jugadores se encontraron con la prolijidad de siempre de los utileros: la camiseta envolviendo las medias y el pantaloncito; los botines de cada uno, el buzo para transpirar de repuesto para cada arquero, las calzas que siempre reclama Horacio Ameli, las binchas que siempre usan Lux y Garcé, y la remera con la foto del nene de “Lucho” González que el volante siempre se pone debajo la camiseta.
Ya cerca de las 20.56 llegó la orden de salir a la cancha.
Carlos Bianchi, tenía bastante claro cuál era el nivel de juego que venía demostrando su equipo en los últimos partidos disputados. Por eso, ese jueves 10 de junio, horas antes de partir hacia la Bombonera, el “Virrey” arengó a sus muchachos.
"Venimos mal, no estamos jugando bien, pero vamos a salir con la actitud que siempre demostramos. Les dije que a Sao Caetano le íbamos a ganar por un gol de diferencia. Me equivoqué por muy poco, pasamos por penales. Todos los partidos son difíciles y los que vienen también serán muy duros. Seamos prudentes. Tengamos perfil bajo. No hablemos de más. Los quiero ver en la final”, fueron las palabras del entrenador.
Esa mañana no hubo declaraciones polémicas a la prensa de parte de los jugadores xeneizes, es más, algunos prefirieron evitar el contacto con los periodistas.
El hotel Intercontinental, el búnker xeneize, fue testigo del paso de varios de los familiares de los jugadores y hubo algo que llamó la atención y que contó un allegado al plantel: "Hablaban de cualquier cosa, menos del partido".
Como cada día que hay que jugar, Bianchi se levantó temprano, antes que todos, y leyó los diarios. Hubo almuerzo de pastas, siesta, charla técnica y a las 18.51 partieron rumbo a La Bombonera. A las 20.57 saltaron a la cancha.
Por el otro lado, la intimidad de River fue parecida a la de un día normal. Aunque, de seguro, la procesión fue por dentro. La mayoría de los jugadores se levantó casi sobre el mediodía, porque en la noche del miércoles, en la concentración del primer piso del Monumental, las charlas en las habitaciones se extendieron hasta pasadas la 2.
Entre los más madrugadores aparecieron Luis González y Daniel Montenegro, y uno de los más dormilones fue Eduardo Coudet.
A las 12.30 empezó el almuerzo con ensaladas y fiambres; pollo y pastas de plato principal; y después, frutas y ensalada de frutas.
Hubo siesta para algunos, navegación en Internet para otros y cartas para los desvelados. Todo hasta las 17, hora de la merienda. Y después, pasaditas las 18, Astrada dio la charla técnica en la que confirmó el equipo y el banco.
A las 18.37, el micro de la empresa Chevallier con el plantel de River a bordo salió hacia la Bombonera y más de 300 hinchas lo despidieron de espaldas a la platea San Martín. En el micro, Franco Constanzo, Daniel Montenegro, Maximiliano López y Fernando Cavenaghi se encargaron de ponerle música a la batucada riverplatense con bombos y redoblantes.
A las 19.20, el micro llegó a La Boca pero la alegría se excedió y comenzaron los problemas. Desde el mismo ómnibus salió un disparo de pirotecnia y se encendieron bengalas de humo, rojas y blancas.
Como si fuera poco, el plantel de River se bajó tapándose la nariz; lo que provocó la ira de los hinchas xeneizes que estaban en el playón de estacionamiento. La respuesta de estos no se hizo esperar. Les arrojaron algunas piedras al vehículo, mientras que la policía secuestró del ómnibus y una importante cantidad de pirotecnia.
Esta llegada con incidentes era un presagio de lo que sería el desarrollo del partido y una consecuencia directa de todo lo que se había dicho en los días previos al encuentro. El clima estaba muy tenso y este hecho disparó las declaraciones cruzadas de los dirigentes de ambos clubes.
Domingo Díaz, vicepresidente de River Plate, iba dentro del micro que llevaba al plantel y defendió a los suyos argumentando que ellos no incitaron los problemas. “La gente de Boca nos tiró piedras antes de entrar al estadio y se rompieron los vidrios”.
En contraposición, José Beraldi, vicepresidente del fútbol profesional de Boca Juniors declaró que “fueron los propios jugadores de River”, los que provocaron los destrozos.
Pero no se trató de una mera discusión ya que hubo una intervención directa de la Justicia. El fiscal Pavlosky pidió los nombres y número de documentos de todos los ocupantes del ómnibus; además, labró dos actas a los futbolistas: una por provocación y otra por uso indebido de pirotecnia.
"Se secuestraron algunos elementos dentro del ómnibus. Creemos que los jugadores de River incitaron a la violencia. Veremos que sanción merecen. Hablé con el conductor y no me supo decir quien rompió el vidrio. Sí me dijo que fue antes de llegar a la cancha", explicó el fiscal.
Al final, el micro de River fue confiscado por orden judicial y fue a parar a la comisaría 24ta. Por eso, el ómnibus Chevallier 4870 terminó con fajas de clausura y debió ir a la Bombonera el interno 4250 de la misma empresa para recoger a los jugadores de River.
Ya dentro de la tranquilidad del vestuario, los jugadores se encontraron con la prolijidad de siempre de los utileros: la camiseta envolviendo las medias y el pantaloncito; los botines de cada uno, el buzo para transpirar de repuesto para cada arquero, las calzas que siempre reclama Horacio Ameli, las binchas que siempre usan Lux y Garcé, y la remera con la foto del nene de “Lucho” González que el volante siempre se pone debajo la camiseta.
Ya cerca de las 20.56 llegó la orden de salir a la cancha.
Los antecedentes
Los enfrentamientos entre Boca y River por la Copa Libertadores abarcaban por ese entonces 38 años de la historia del fútbol, en los que el equipo de la Ribera se había ido victorioso en nueve de los veinte choques mientras que los millonarios habían triunfado en sólo cinco ocasiones. La tendencia también le era favorable a los xeneizes en el pasada reciente ya que había ganado en tres de los últimos cuatro partidos por torneos internacionales.
Hasta estas semifinales de Copa Libertadores Boca acumulaba 18 participaciones en el certamen más importante de América a nivel clubes (1963, 65, 66, 70, 71, 77, 78, 79, 82, 86, 89, 91, 94, 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004) en las que se había consagrado campeón en 5 de ellas (1977, 1978, 2000, 2001 y 2003) y en las que había llegado a otras 2 finales.
Por su parte, River registraba 25 participaciones (1966, 67, 70, 73, 76, 77, 78, 80, 81, 82, 86, 87, 90, 91, 93, 95, 96, 97, 98, 99, 2000, 01, 02, 03 y 04) en dos de las cuales había alzado el trofeo (1986 y 1996) y en otras dos había sido subcampeón.
El primer superclásico copero se jugó el 12 de febrero de 1966, en el Monumental. En esa copa compartían el Grupo 1 con dos equipos peruanos, Universitario y Alianza, y dos venezolanos, Deportivo Italia y Deportivo Lara.
En el primer enfrentamiento, River ganó 2 a 1 con goles de Juan Carlos Sarnari y Daniel Bayo y de Alfredo Rojas para los visitantes. Pero a la semana, la revancha la ganó Boca 2 a 0 con dos goles de Rojas.
River ganó el Grupo con 17 puntos y Boca fue segundo con 14 por lo que los dos pasaron a semifinales en las que se enfrentaron a Independiente de Avellaneda y Guaraní de Paraguay en otra zona de grupos.
Igualaron 2-2 en Núñez el primer partido y la revancha, el 4 de mayo, el último partido del grupo, Boca, ya sin chances, ganó 1 a 0 con otro gol de Alfredo Rojas y obligó a que River jugara un desempate con Independiente, que finalmente ganó y accedió a la final.
En 1970 otra vez tuvieron que jugar cuatro partidos, dos en la primera fase, que compartieron con Bolívar y Universitario de Bolivia, en los que Boca se impuso 3-1 y 2-1, y dos en segunda ronda a la que se sumó Universitario de Perú.
El 16 de abril, en Núñez, River logró un triunfo por 1-0 con gol de Carlos Chamaco Rodríguez. Después de aquel tanto hubo incidentes entre hinchas en una de las tribunas del Monumental.
Para la revancha hubo un pedido especial de la AFA a los clubes para evitar cualquier tipo de desórdenes. En la definición igualaron 1-1 en la Bombonera y River pasó de ronda.
Boca sacó ventaja en el historial en los triunfos de 1977 y de 1978 cuando conquistó ambas copas. El 17 de octubre del segundo año, Boca se dio el lujo de vencer a River 2-0 con goles de Ernesto Mastrángelo y Carlos Salinas en el Monumental y clasificarse a la final del torneo.
En el certamen de 1982, River eliminó a Boca al empatar 0-0 en la ida y luego derrotarlo 1-0 en la revancha.
En 1986, los de Núñez ganaron su zona tras un 1-1 en Boca y un 1-0 con gol del uruguayo Antonio Alzamendi. Luego River fue campeón de la Libertadores por primera vez en su historia.
La década de los 90´ tuvo a Boca como el más feliz protagonista. El 27 de febrero de 1991, en el arranque de la copa, River ganaba 3-1 a los 33 minutos de juego y enmudecía la Bombonera.
En la segunda etapa, Boca reaccionó y lo dio vuelta con goles de Blas Giunta, Fabián Marchesini y Diego Latorre, a dos minutos del final.
La revancha fue también para Boca. Un 2-0 con dos goles de Gabriel Batistuta, una de las figuras de aquel equipo del “Maestro” Washington Tabárez que llegó hasta las semifinales de ese torneo.
En 2000 hubo tres clásicos en 10 días. River llegaba motivado porque estaba puntero en el torneo, por el que habían empatado 1-1, y se quedó con el primer partido de cuartos de final al ganar 2-1 en el Monumental.
Pero en Boca estaba Carlos Bianchi dispuesto a construir la etapa más triunfal en la historia xeneize. En la Bombonera Marcelo Delgado, Román Riquelme y Palermo, quien volvía al fútbol oficial después de seis meses, convirtieron los goles para sellar un 3-0.
Después de ese triunfo, lo dirigidos por Bianchi se consagraron campeones de América y luego del mundo.
Además de los partidos por la Libertadores, Boca y River tuvieron otro cruce internacional. Fue en 1994, por cuartos de final de la Supercopa. Empataron 0-0 en River y 1-1 en Boca, lo que obligó a una definición por penales.
El penal atajado por Fernando Navarro Montoya al mediocampista Sergio Berti fue determinante. Luego, el defensor xeneize Gamboa cerró la serie a favor de Boca y eliminó a River.
De cara a estos choques de la copa de 2004 hay que destacar dos datos: uno, que nunca hubo un superclásico en instancias de semifinales; y dos, que River nunca pudo vencer a Boca en la Bombonera por partidos de Libertadores, donde sólo habían cosechado cuatro empates en 10 encuentros.
En cuanto a los protagonistas que iban a disputar las semifinales, los únicos jugadores que ya tenían experiencia en superclásicos coperos eran de Boca.
Barros Schelotto y Burdisso estuvieron presentes en los partidos de los cuartos de final de 2000, mientras que Abbondanzieri y Barijho fueron al banco de suplentes en ambas oportunidades.
En River, en cambio, sólo Hernán Díaz, ayudante de campo, y Astrada habían disputado superclásicos coperos. Díaz estuvo en los de 1991 al igual que el técnico, quien además jugó el primero del 2000.
En otro rubro, un total de cinco jugadores habían defendido ambas camisetas en partidos de Copa Libertadores. Hugo Gatti, en 1966, para River; y en 1977 y 1978 para Boca. Alberto Tarantini jugó en 1977 para Boca y en 1982 para River. Julio Jorge Olarticoechea jugó en 1982 para River y en 1986 para Boca. Oscar Ruggeri, en 1982, para Boca y 1986 para River. Jorge Higuaín jugó en 1986 para Boca y en 1991 para River. Rubén Da Silva jugó la Libertadores para River en 1991 y la Supercopa para Boca en 1994.
Hasta estas semifinales de Copa Libertadores Boca acumulaba 18 participaciones en el certamen más importante de América a nivel clubes (1963, 65, 66, 70, 71, 77, 78, 79, 82, 86, 89, 91, 94, 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004) en las que se había consagrado campeón en 5 de ellas (1977, 1978, 2000, 2001 y 2003) y en las que había llegado a otras 2 finales.
Por su parte, River registraba 25 participaciones (1966, 67, 70, 73, 76, 77, 78, 80, 81, 82, 86, 87, 90, 91, 93, 95, 96, 97, 98, 99, 2000, 01, 02, 03 y 04) en dos de las cuales había alzado el trofeo (1986 y 1996) y en otras dos había sido subcampeón.
El primer superclásico copero se jugó el 12 de febrero de 1966, en el Monumental. En esa copa compartían el Grupo 1 con dos equipos peruanos, Universitario y Alianza, y dos venezolanos, Deportivo Italia y Deportivo Lara.
En el primer enfrentamiento, River ganó 2 a 1 con goles de Juan Carlos Sarnari y Daniel Bayo y de Alfredo Rojas para los visitantes. Pero a la semana, la revancha la ganó Boca 2 a 0 con dos goles de Rojas.
River ganó el Grupo con 17 puntos y Boca fue segundo con 14 por lo que los dos pasaron a semifinales en las que se enfrentaron a Independiente de Avellaneda y Guaraní de Paraguay en otra zona de grupos.
Igualaron 2-2 en Núñez el primer partido y la revancha, el 4 de mayo, el último partido del grupo, Boca, ya sin chances, ganó 1 a 0 con otro gol de Alfredo Rojas y obligó a que River jugara un desempate con Independiente, que finalmente ganó y accedió a la final.
En 1970 otra vez tuvieron que jugar cuatro partidos, dos en la primera fase, que compartieron con Bolívar y Universitario de Bolivia, en los que Boca se impuso 3-1 y 2-1, y dos en segunda ronda a la que se sumó Universitario de Perú.
El 16 de abril, en Núñez, River logró un triunfo por 1-0 con gol de Carlos Chamaco Rodríguez. Después de aquel tanto hubo incidentes entre hinchas en una de las tribunas del Monumental.
Para la revancha hubo un pedido especial de la AFA a los clubes para evitar cualquier tipo de desórdenes. En la definición igualaron 1-1 en la Bombonera y River pasó de ronda.
Boca sacó ventaja en el historial en los triunfos de 1977 y de 1978 cuando conquistó ambas copas. El 17 de octubre del segundo año, Boca se dio el lujo de vencer a River 2-0 con goles de Ernesto Mastrángelo y Carlos Salinas en el Monumental y clasificarse a la final del torneo.
En el certamen de 1982, River eliminó a Boca al empatar 0-0 en la ida y luego derrotarlo 1-0 en la revancha.
En 1986, los de Núñez ganaron su zona tras un 1-1 en Boca y un 1-0 con gol del uruguayo Antonio Alzamendi. Luego River fue campeón de la Libertadores por primera vez en su historia.
La década de los 90´ tuvo a Boca como el más feliz protagonista. El 27 de febrero de 1991, en el arranque de la copa, River ganaba 3-1 a los 33 minutos de juego y enmudecía la Bombonera.
En la segunda etapa, Boca reaccionó y lo dio vuelta con goles de Blas Giunta, Fabián Marchesini y Diego Latorre, a dos minutos del final.
La revancha fue también para Boca. Un 2-0 con dos goles de Gabriel Batistuta, una de las figuras de aquel equipo del “Maestro” Washington Tabárez que llegó hasta las semifinales de ese torneo.
En 2000 hubo tres clásicos en 10 días. River llegaba motivado porque estaba puntero en el torneo, por el que habían empatado 1-1, y se quedó con el primer partido de cuartos de final al ganar 2-1 en el Monumental.
Pero en Boca estaba Carlos Bianchi dispuesto a construir la etapa más triunfal en la historia xeneize. En la Bombonera Marcelo Delgado, Román Riquelme y Palermo, quien volvía al fútbol oficial después de seis meses, convirtieron los goles para sellar un 3-0.
Después de ese triunfo, lo dirigidos por Bianchi se consagraron campeones de América y luego del mundo.
Además de los partidos por la Libertadores, Boca y River tuvieron otro cruce internacional. Fue en 1994, por cuartos de final de la Supercopa. Empataron 0-0 en River y 1-1 en Boca, lo que obligó a una definición por penales.
El penal atajado por Fernando Navarro Montoya al mediocampista Sergio Berti fue determinante. Luego, el defensor xeneize Gamboa cerró la serie a favor de Boca y eliminó a River.
De cara a estos choques de la copa de 2004 hay que destacar dos datos: uno, que nunca hubo un superclásico en instancias de semifinales; y dos, que River nunca pudo vencer a Boca en la Bombonera por partidos de Libertadores, donde sólo habían cosechado cuatro empates en 10 encuentros.
En cuanto a los protagonistas que iban a disputar las semifinales, los únicos jugadores que ya tenían experiencia en superclásicos coperos eran de Boca.
Barros Schelotto y Burdisso estuvieron presentes en los partidos de los cuartos de final de 2000, mientras que Abbondanzieri y Barijho fueron al banco de suplentes en ambas oportunidades.
En River, en cambio, sólo Hernán Díaz, ayudante de campo, y Astrada habían disputado superclásicos coperos. Díaz estuvo en los de 1991 al igual que el técnico, quien además jugó el primero del 2000.
En otro rubro, un total de cinco jugadores habían defendido ambas camisetas en partidos de Copa Libertadores. Hugo Gatti, en 1966, para River; y en 1977 y 1978 para Boca. Alberto Tarantini jugó en 1977 para Boca y en 1982 para River. Julio Jorge Olarticoechea jugó en 1982 para River y en 1986 para Boca. Oscar Ruggeri, en 1982, para Boca y 1986 para River. Jorge Higuaín jugó en 1986 para Boca y en 1991 para River. Rubén Da Silva jugó la Libertadores para River en 1991 y la Supercopa para Boca en 1994.
¡Llegó el día!
El jueves 10 de junio en las páginas deportivas de los matutinos argentinos y en las cadenas de radio y televisión no se trataba otro tema que el superclásico. Es más, no se hablaba de otra cosa en ninguna parte del país.
El diario La Nación reunió a dos jugadores que estarían presentes en ambos clásicos y a dos grandes ex futbolistas e ídolos de Boca y River para analizar semejante evento deportivo.
Norberto Alonso, uno de los mejores jugadores de la historia de River, trató de no realizar ningún pronóstico que a posteriori lo dejara en ridículo, aunque sostuvo que su ex equipo estaba en mejor forma.
“En los superclásicos es poco lo que se puede vaticinar, pero hoy lo veo mejor parado a River. La gran diferencia está en la mitad de la cancha. Allí, Boca tiene un problema que no pudo solucionar desde que se quedó sin (Sebastián) Battaglia. Vargas puede jugar de Cagna, pero no de Battaglia. Entonces, le queda un solo volante de contención, que es Cascini”, dijo el “Beto”.
Roberto Mouzo, una gloria xeneize, sorprendió al asegurar también que los millonarios contaban con ventaja. “Un Boca-River siempre es distinto. Con los últimos triunfos, River quedó mejor parado. El que sacó en la Bombonera no sólo fue un resultado favorable, sino también un panorama distinto”, sostuvo el ex defensor.
Mascherano, en tanto, afirmó que su equipo llegaba muy bien al superclásico. “Estamos en un momento importante y logramos buenos resultados. Pero no debemos relajarnos, no podemos cometer ese error. Debemos mantener el equilibrio para no caer en excesos de confianza que puedan resultar perjudiciales".
De todos modos, Mascherano le quitó importancia a que River atravesara un mejor momento que su rival. "Acá no importa qué equipo llega mejor o peor. Nosotros tenemos que entrar en el campo de juego con la misma actitud que mostramos en los últimos partidos, tanto en el campeonato local como en la Copa".
El volante también descartó que haber ganado el super por el campeonato fuera a incidir en el desenlace de las semifinales. "No creo que nuestro triunfo en el clásico por el torneo local tenga influencia ahora. Son dos cosas totalmente distintas. La victoria anterior nos sirvió, pero ya es pasado. Esta es una nueva historia, distinta."
Por el otro lado, Villarreal aseguró que el desarrollo iba a ser muy parejo. "Creo que el encuentro será mucho más cerrado que el que perdimos en el torneo. Ahora, se juegan cosas mucho más importantes y nuestra concentración será mayor. Igualmente, pienso que la diferencia será mínima. Los dos planteles nos conocemos muy bien y el que cometa menos errores triunfará".
Respecto al tema de las entradas, el último día de venta arrojó sorpresas. En Boca sobraron más de 13.000 localidades. Como consecuencia, los dirigentes xeneizes decidieron, gracias al permiso del Prosef, que el expendio continuara de 8 a 17 el mismo día del partido en el predio de Casa Amarilla. El remanente sería sólo para los socios que además podían llevarse una entrada para un invitado.
Como contracara, en River sólo sobraron 7.000 entradas para el segundo partido y la recaudación ya alcanzaba los 450.000 pesos. Precisamente, en el Monumental quedaron solamente 750 plateas San Martín altas, 750 Almirante Brown medias y bajas, 3.500 Belgrano altas y 2.000 generales.
Sobre las alineaciones titulares, no había ninguna novedad. Bianchi no diría la alineación titular hasta un rato antes del partido. Pero estaba muy tranquilo porque Boca llegaba de punto, como más le gustaba y sus jugadores ya le habían demostrado en sobradas ocasiones su eficacia en instancias de ese tipo.
Nicolás Burdisso, pilar de la defensa boquense, sabía bastante del tema de llegar como el menos favorito. "Con el Paysandú (por la Libertadores 2003) y el Milan (final Intercontinental 2003) no llegamos bien y ganamos. Ahí es cuando Boca saca a relucir su identidad. Queremos demostrar por qué nosotros somos campeones del mundo", señaló.
Pero no todo era fútbol. El tema de la seguridad seguía arrojando novedades El mediático abogado Enrique Piragini -el mismo que solicitó en una ocasión que Diego Maradona no saliera del país- presentó un recurso de amparo ante la Justicia civil pidiendo que se permitiera el ingreso de hinchas visitantes en los dos clásicos.
El escrito apuntaba a la presunta comisión de los delitos de "abuso de autoridad y discriminación".
Mientras tanto, se hacía público que esa noche, en la Bombonera, se harían presentes distintas autoridades del Poder Judicial de la Nación para controlar el operativo de seguridad: además de Bergés, se presentarían un juez de turno y los fiscales Daniel Pablovsky, de la Unidad Fiscal Móvil, y el contravencional Martín Lapadú.
Además, policías de civil intentarían capturar a los hinchas que no eran de Boca -calculaban menos de 1.000- algunos ya identificados por el Prosef en el trabajo de inteligencia que se había hecho en las colas de venta.
Anteriormente se explicó como jugaron las presiones económicas en la programación de los partidos. Cabe recordar que fueron los contratos para la televisación los que determinaron que se jugaran de noche y, en consecuencia, sin público visitante.
El partido sería transmitido en directo por Canal 13 para Capital y Gran Buenos Aires y por Fox Sports para el interior y América latina.
El segundo de publicidad costó 1.500 pesos brutos en Canal 13 -lo mismo que se pagaba por pautar en Los Roldán, el programa de más ráting de la televisión argentina- y 500 pesos en Fox.
Con estos valores se estimaba que por facturación publicitaria los dos partidos dejarían 2,2 millones de pesos. Y preveían que el ráting superaría a Boca-Sao Caetano, que tuvo picos de 49,5 y el último Brasil-Argentina, que midió 36,4 puntos con picos de 42.
Al hacer un rápido repaso por estos números queda claro por qué los clubes y los dirigentes se vieron forzados a que se privilegiaran las ganancias por sobre los intereses de las personas que generan dichas ganancias: los hinchas.
El diario La Nación reunió a dos jugadores que estarían presentes en ambos clásicos y a dos grandes ex futbolistas e ídolos de Boca y River para analizar semejante evento deportivo.
Norberto Alonso, uno de los mejores jugadores de la historia de River, trató de no realizar ningún pronóstico que a posteriori lo dejara en ridículo, aunque sostuvo que su ex equipo estaba en mejor forma.
“En los superclásicos es poco lo que se puede vaticinar, pero hoy lo veo mejor parado a River. La gran diferencia está en la mitad de la cancha. Allí, Boca tiene un problema que no pudo solucionar desde que se quedó sin (Sebastián) Battaglia. Vargas puede jugar de Cagna, pero no de Battaglia. Entonces, le queda un solo volante de contención, que es Cascini”, dijo el “Beto”.
Roberto Mouzo, una gloria xeneize, sorprendió al asegurar también que los millonarios contaban con ventaja. “Un Boca-River siempre es distinto. Con los últimos triunfos, River quedó mejor parado. El que sacó en la Bombonera no sólo fue un resultado favorable, sino también un panorama distinto”, sostuvo el ex defensor.
Mascherano, en tanto, afirmó que su equipo llegaba muy bien al superclásico. “Estamos en un momento importante y logramos buenos resultados. Pero no debemos relajarnos, no podemos cometer ese error. Debemos mantener el equilibrio para no caer en excesos de confianza que puedan resultar perjudiciales".
De todos modos, Mascherano le quitó importancia a que River atravesara un mejor momento que su rival. "Acá no importa qué equipo llega mejor o peor. Nosotros tenemos que entrar en el campo de juego con la misma actitud que mostramos en los últimos partidos, tanto en el campeonato local como en la Copa".
El volante también descartó que haber ganado el super por el campeonato fuera a incidir en el desenlace de las semifinales. "No creo que nuestro triunfo en el clásico por el torneo local tenga influencia ahora. Son dos cosas totalmente distintas. La victoria anterior nos sirvió, pero ya es pasado. Esta es una nueva historia, distinta."
Por el otro lado, Villarreal aseguró que el desarrollo iba a ser muy parejo. "Creo que el encuentro será mucho más cerrado que el que perdimos en el torneo. Ahora, se juegan cosas mucho más importantes y nuestra concentración será mayor. Igualmente, pienso que la diferencia será mínima. Los dos planteles nos conocemos muy bien y el que cometa menos errores triunfará".
Respecto al tema de las entradas, el último día de venta arrojó sorpresas. En Boca sobraron más de 13.000 localidades. Como consecuencia, los dirigentes xeneizes decidieron, gracias al permiso del Prosef, que el expendio continuara de 8 a 17 el mismo día del partido en el predio de Casa Amarilla. El remanente sería sólo para los socios que además podían llevarse una entrada para un invitado.
Como contracara, en River sólo sobraron 7.000 entradas para el segundo partido y la recaudación ya alcanzaba los 450.000 pesos. Precisamente, en el Monumental quedaron solamente 750 plateas San Martín altas, 750 Almirante Brown medias y bajas, 3.500 Belgrano altas y 2.000 generales.
Sobre las alineaciones titulares, no había ninguna novedad. Bianchi no diría la alineación titular hasta un rato antes del partido. Pero estaba muy tranquilo porque Boca llegaba de punto, como más le gustaba y sus jugadores ya le habían demostrado en sobradas ocasiones su eficacia en instancias de ese tipo.
Nicolás Burdisso, pilar de la defensa boquense, sabía bastante del tema de llegar como el menos favorito. "Con el Paysandú (por la Libertadores 2003) y el Milan (final Intercontinental 2003) no llegamos bien y ganamos. Ahí es cuando Boca saca a relucir su identidad. Queremos demostrar por qué nosotros somos campeones del mundo", señaló.
Pero no todo era fútbol. El tema de la seguridad seguía arrojando novedades El mediático abogado Enrique Piragini -el mismo que solicitó en una ocasión que Diego Maradona no saliera del país- presentó un recurso de amparo ante la Justicia civil pidiendo que se permitiera el ingreso de hinchas visitantes en los dos clásicos.
El escrito apuntaba a la presunta comisión de los delitos de "abuso de autoridad y discriminación".
Mientras tanto, se hacía público que esa noche, en la Bombonera, se harían presentes distintas autoridades del Poder Judicial de la Nación para controlar el operativo de seguridad: además de Bergés, se presentarían un juez de turno y los fiscales Daniel Pablovsky, de la Unidad Fiscal Móvil, y el contravencional Martín Lapadú.
Además, policías de civil intentarían capturar a los hinchas que no eran de Boca -calculaban menos de 1.000- algunos ya identificados por el Prosef en el trabajo de inteligencia que se había hecho en las colas de venta.
Anteriormente se explicó como jugaron las presiones económicas en la programación de los partidos. Cabe recordar que fueron los contratos para la televisación los que determinaron que se jugaran de noche y, en consecuencia, sin público visitante.
El partido sería transmitido en directo por Canal 13 para Capital y Gran Buenos Aires y por Fox Sports para el interior y América latina.
El segundo de publicidad costó 1.500 pesos brutos en Canal 13 -lo mismo que se pagaba por pautar en Los Roldán, el programa de más ráting de la televisión argentina- y 500 pesos en Fox.
Con estos valores se estimaba que por facturación publicitaria los dos partidos dejarían 2,2 millones de pesos. Y preveían que el ráting superaría a Boca-Sao Caetano, que tuvo picos de 49,5 y el último Brasil-Argentina, que midió 36,4 puntos con picos de 42.
Al hacer un rápido repaso por estos números queda claro por qué los clubes y los dirigentes se vieron forzados a que se privilegiaran las ganancias por sobre los intereses de las personas que generan dichas ganancias: los hinchas.
Infiltrados
Más allá de las opiniones, lo cierto es que apenas se conocieron las medidas de seguridad, sin precedentes, para los partidos, los hinchas de uno y otro equipo empezaron a idear la manera de “colarse” en los estadios de sus archirivales.
A través de los medios de comunicación empezó un interminable desfile de hinchas comunes y corrientes que explicaban todo tipo de estrategia para poder conseguir una entrada. No quedaban dudas de que fuera como fuere, iba a haber, tanto en la Bombonera como en el Monumental, hinchas del equipo visitante. Entonces, ¿qué era más peligroso? ¿Ordenar a una parcialidad numerosa a la hora de entrar y salir de la tribuna? ¿O rogar que un puñado de audaces no se enfrente con decenas de miles de hinchas rivales en lo que podía convertirse en una tragedia?
A un día del primero de los choques se arribó a esta situación sin una salida coherente y posible, y las autoridades demostraban que ya no tenían argumentos para respaldar sus medidas.
"Es imposible determinar a los infiltrados y prohibirle la entrada, pero estamos preparados para afrontar pequeños focos de conflictos. Pero no puede haber más de 100 colados", aseguraron desde el Prosef.
Lamentablemente, a estas alturas no había forma de evitar irregularidades ya que el sistema de venta de entradas no distinguía el color de la camiseta que se llevaba dentro del corazón. Bastaba llevar a la vista una credencial de socio para obtener el ingreso. En Boca, se vendía un adicional por carnet. Hubo gente que llegó con varios en la mano y se llevó las localidades correspondientes. Y en River cada afiliado podía conseguir dos entradas, una para él y otra para un invitado.
¿Quién estaba en condiciones de asegurar que aquella persona con más de una entrada no entregaría alguna a un hincha del equipo rival amigo suyo?
El lunes 7 de junio fue el último día de inscripción para socios de Boca y se afiliaron 420 personas. Entre ellas, se detectaron famosos revendedores que fueron rechazados. A River llegaron muchos hinchas portando carnets falsos.
Hubo también pedidos insólitos: para la revancha: se reclamaron 8 mil entradas desde distintas agencias de turismo, una solicitud que fue descartada por los dirigentes de River.
"No te creas que estaremos tan solos; algún infiltrado habrá en la Boca", confesó Cavenaghi a un periodista, después del entrenamiento del martes 8.
Más claro; imposible.
A través de los medios de comunicación empezó un interminable desfile de hinchas comunes y corrientes que explicaban todo tipo de estrategia para poder conseguir una entrada. No quedaban dudas de que fuera como fuere, iba a haber, tanto en la Bombonera como en el Monumental, hinchas del equipo visitante. Entonces, ¿qué era más peligroso? ¿Ordenar a una parcialidad numerosa a la hora de entrar y salir de la tribuna? ¿O rogar que un puñado de audaces no se enfrente con decenas de miles de hinchas rivales en lo que podía convertirse en una tragedia?
A un día del primero de los choques se arribó a esta situación sin una salida coherente y posible, y las autoridades demostraban que ya no tenían argumentos para respaldar sus medidas.
"Es imposible determinar a los infiltrados y prohibirle la entrada, pero estamos preparados para afrontar pequeños focos de conflictos. Pero no puede haber más de 100 colados", aseguraron desde el Prosef.
Lamentablemente, a estas alturas no había forma de evitar irregularidades ya que el sistema de venta de entradas no distinguía el color de la camiseta que se llevaba dentro del corazón. Bastaba llevar a la vista una credencial de socio para obtener el ingreso. En Boca, se vendía un adicional por carnet. Hubo gente que llegó con varios en la mano y se llevó las localidades correspondientes. Y en River cada afiliado podía conseguir dos entradas, una para él y otra para un invitado.
¿Quién estaba en condiciones de asegurar que aquella persona con más de una entrada no entregaría alguna a un hincha del equipo rival amigo suyo?
El lunes 7 de junio fue el último día de inscripción para socios de Boca y se afiliaron 420 personas. Entre ellas, se detectaron famosos revendedores que fueron rechazados. A River llegaron muchos hinchas portando carnets falsos.
Hubo también pedidos insólitos: para la revancha: se reclamaron 8 mil entradas desde distintas agencias de turismo, una solicitud que fue descartada por los dirigentes de River.
"No te creas que estaremos tan solos; algún infiltrado habrá en la Boca", confesó Cavenaghi a un periodista, después del entrenamiento del martes 8.
Más claro; imposible.
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