El “Mellizo” Guillermo Barros Schelotto, llegaba al gran desafío de su carrera con 31 años y siendo ídolo máximo del club de la Ribera gracias a sus nueve títulos por entonces conseguidos: Apertura 1998, 2000 y 2003, Clausura 1999, Copa Libertadores 2000, 2001 y 2003, y Copa Europeo-Sudamericana 2000 y 2003. El delantero tenía otras dos consagraciones: La Copa Centenario 1994, con Gimnasia y Esgrima de La Plata y los Juegos Panamericanos Mar del Plata 1995, con la Selección Argentina Sub 23.
Para el atacante, las semifinales frente a River eran una “final anticipada” e hizo hincapié en la importancia de salir victorioso en el partido de ida en la Bombonera ya que los dos equipos estaban muy parejos.
"El que gane va a llegar con un gran envión anímico al desquite. Pero estoy tranquilo. Igualmente, el partido va a ser de vida o muerte, va a ser terrible. La diferencia será mínima; el que haga el primer gol llegará a la final”.
Barros Schelotto siempre se caracterizó por ser muy frontal y defender sus colores a muerte, por eso se convirtió en ídolo xeneize rápidamente. Entonces, cuando 24 horas antes del superclásico el mundillo del fútbol decía que River llegaba como favorito y que el ciclo de Boca estaba terminado, el delantero se molestó.
“Ya se hablaba de un recambio cuando se fueron Palermo y Riquelme, y superamos todas las ausencias. Nunca dijimos nos falta tal o cual para ganar. El equipo siempre apareció y no hizo falta esa figura que se fue para ser campeón nuevamente. Siempre se habló de proyecto terminado o que se venía la sequía. Mientras cada jugador renueve las expectativas y tenga ganas de ser campeón, Boca va a pelear siempre”, sostuvo el “Mellizo”.
El Muñeco
Marcelo Daniel Gallardo nació el 18 de enero de 1976 y después de muchos meses en los que había sufrido una serie de lesiones que parecía interminable, volvió a su nivel habitual y hasta fue una de las figuras en el Boca-River del 16 de mayo.
“El Muñeco”, como le dicen, demostraba que estaba jugando realmente bien a través de las estadísticas. Levaba 922 minutos en cancha, el 39,40 por cuento de lo disputado por su equipo en 17 partidos. En los cuales marcó 4 goles, tres en el Clausura y uno en la Libertadores
Gallardo era para River uno de los referentes, sino el más importante. Su estilo era determinante para el tipo de partidos como estos superclásicos porque tenía la experiencia suficiente para hacerle frente a las terribles presiones que implica jugar ante tanta expectativa.
El volante creativo del equipo de Astrada iba a ser a la postre un figura fundamental en el desarrollo del partido de ida.
Gallardo había estado engripado, sin embargo, a un día del gran duelo se mostraba entero físicamente y muy optimista con miras al rendimiento de su equipo. Para el “10” no había favoritos ya que ambos equipos llegaban en las mismas condiciones, muy parejos. Es más, hasta le restó importancia al hecho que su equipo corriera con ventaja al definir la serie en el Monumental y con solo la hinchada local.
“En estos partidos no hay favoritos. Hablar en esos términos sería un gran error. En el último clásico a nosotros no nos daba nadie como favoritos y ganamos claramente. Será un partido muy diferente del último. Los dos equipos llegan muy parejos. Pienso que el que se levante mejor, el que cometa menos errores, el que tenga más aciertos va a ganar este encuentro de 180 minutos”, opinó Gallardo.
“Los dos estamos en igualdad de condiciones. A nosotros nos toca definir en nuestra cancha, nada más, como no nos tocó definir la etapa anterior como visitantes. River demostró que juega bien como local y visitante”, agregó el volante.
Respecto de cómo pensaba él que se desarrollarían los choques tan esperados, indicó: “Los dos sabemos que nos jugamos muchísimo, así que estos dos partidos van a ser mucho más parejos y cerrados, sobre todo el primero. Después, en el segundo, con el resultado del primer partido puesto, habrá que ver qué pasa”.
“El Muñeco”, como le dicen, demostraba que estaba jugando realmente bien a través de las estadísticas. Levaba 922 minutos en cancha, el 39,40 por cuento de lo disputado por su equipo en 17 partidos. En los cuales marcó 4 goles, tres en el Clausura y uno en la Libertadores
Gallardo era para River uno de los referentes, sino el más importante. Su estilo era determinante para el tipo de partidos como estos superclásicos porque tenía la experiencia suficiente para hacerle frente a las terribles presiones que implica jugar ante tanta expectativa.
El volante creativo del equipo de Astrada iba a ser a la postre un figura fundamental en el desarrollo del partido de ida.
Gallardo había estado engripado, sin embargo, a un día del gran duelo se mostraba entero físicamente y muy optimista con miras al rendimiento de su equipo. Para el “10” no había favoritos ya que ambos equipos llegaban en las mismas condiciones, muy parejos. Es más, hasta le restó importancia al hecho que su equipo corriera con ventaja al definir la serie en el Monumental y con solo la hinchada local.
“En estos partidos no hay favoritos. Hablar en esos términos sería un gran error. En el último clásico a nosotros no nos daba nadie como favoritos y ganamos claramente. Será un partido muy diferente del último. Los dos equipos llegan muy parejos. Pienso que el que se levante mejor, el que cometa menos errores, el que tenga más aciertos va a ganar este encuentro de 180 minutos”, opinó Gallardo.
“Los dos estamos en igualdad de condiciones. A nosotros nos toca definir en nuestra cancha, nada más, como no nos tocó definir la etapa anterior como visitantes. River demostró que juega bien como local y visitante”, agregó el volante.
Respecto de cómo pensaba él que se desarrollarían los choques tan esperados, indicó: “Los dos sabemos que nos jugamos muchísimo, así que estos dos partidos van a ser mucho más parejos y cerrados, sobre todo el primero. Después, en el segundo, con el resultado del primer partido puesto, habrá que ver qué pasa”.
Duelo de promesas
Luego de que la cuestión de cómo, cuándo y dónde se jugarían los dos superclásicos se resolvió, comenzó a palpitarse el duelo desde su aspecto central: el futbolístico. Y en especial desde el punto de vista de los mejores exponentes del mega evento: los jugadores.
Mascherano, de River, y Tevez, de Boca, eran las dos grandes promesas para el gran choque. Ambos, de 20 años y compañeros en las selecciones nacionales Sub-17 y Mayor, llevaban a cuestas todas las esperanzas de sus compañeros, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas para liderar a sus equipos hacia la final.
Así, en los medios de comunicación aparecieron los análisis, comparaciones y opiniones de ex futbolistas y expertos en la materia.
“Tevez es capaz de definir el partido en una sola jugada y Mascherano le puede brindar la personalidad que este River necesita. Los dos, en funciones diferentes, pueden marcar la diferencia", dijo Hugo Tocalli, entrenador de las selecciones nacionales juveniles, quien los conocía muy bien a ambos por haberlos tenido en sus planteles.
En los números, la eficacia de ambos jugadores era altamente positiva y a la vez pareja. Por ejemplo, Tevez había jugado ese año 30 partidos. Ganó 19 de ellos, empató 8 y perdió sólo 3 (con Bolívar y Colo Colo, por la Copa, y con River, por el Clausura)
Mientras que Mascherano había disputado 24 partidos: 18 victorias, 4 empates y 2 derrotas (una con River, contra Santos Laguna, por la Copa, y otra frente Brasil, en la Selección)
En el caso de Tevez, su situación frente a los millonarios era especial. Nunca ante los de Núñez había jugado en buen nivel y ni siquiera les había convertido un gol.
"Eso puede ser una motivación; no me parece que sea una mochila ni que le juegue en contra. Porque Tevez disfruta jugando esta clase de partidos", reflexionó Darío Mendelsohn, psicólogo especialista en fútbol.
Pero Mascherano no corría con muchas ventajas en el rubro anímico. Al igual que todos los demás jugadores riverplatenses el volante sabía que la paternidad de Boca les jugaba en contra en este tipo de instancias.
"Los de Boca saben que pueden y los de River saben que los de Boca saben que pueden”, agregó Mendelsohn.
Mascherano, de River, y Tevez, de Boca, eran las dos grandes promesas para el gran choque. Ambos, de 20 años y compañeros en las selecciones nacionales Sub-17 y Mayor, llevaban a cuestas todas las esperanzas de sus compañeros, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas para liderar a sus equipos hacia la final.
Así, en los medios de comunicación aparecieron los análisis, comparaciones y opiniones de ex futbolistas y expertos en la materia.
“Tevez es capaz de definir el partido en una sola jugada y Mascherano le puede brindar la personalidad que este River necesita. Los dos, en funciones diferentes, pueden marcar la diferencia", dijo Hugo Tocalli, entrenador de las selecciones nacionales juveniles, quien los conocía muy bien a ambos por haberlos tenido en sus planteles.
En los números, la eficacia de ambos jugadores era altamente positiva y a la vez pareja. Por ejemplo, Tevez había jugado ese año 30 partidos. Ganó 19 de ellos, empató 8 y perdió sólo 3 (con Bolívar y Colo Colo, por la Copa, y con River, por el Clausura)
Mientras que Mascherano había disputado 24 partidos: 18 victorias, 4 empates y 2 derrotas (una con River, contra Santos Laguna, por la Copa, y otra frente Brasil, en la Selección)
En el caso de Tevez, su situación frente a los millonarios era especial. Nunca ante los de Núñez había jugado en buen nivel y ni siquiera les había convertido un gol.
"Eso puede ser una motivación; no me parece que sea una mochila ni que le juegue en contra. Porque Tevez disfruta jugando esta clase de partidos", reflexionó Darío Mendelsohn, psicólogo especialista en fútbol.
Pero Mascherano no corría con muchas ventajas en el rubro anímico. Al igual que todos los demás jugadores riverplatenses el volante sabía que la paternidad de Boca les jugaba en contra en este tipo de instancias.
"Los de Boca saben que pueden y los de River saben que los de Boca saben que pueden”, agregó Mendelsohn.
Entradas y medidas de (in)seguridad: Parte II
El Comité de Seguridad informó el lunes 7 que en el primer clásico copero iba a haber 800 efectivos policiales en el operativo de control y vigilancia, unos 200 menos que en el último superclásico disputado en la Bombonera. Parecía una broma de mal gusto que después de tanto que se había hablado de las medidas seguridad dispusieran menos personal que en el antecedente más cercano.
Pero claro, de alguna manera los dirigentes y las autoridades del área tenían que justificar la insólita ausencia de los hinchas visitantes y, al mismo tiempo, querían demostrar que se trataba de un partido de “alto riesgo”. O sea que fuimos víctimas de nuestra propia creación.
Ese mismo día comenzó el expendio de localidades en Boca. De 8 a 18, en Casa Amarilla y sólo se iban a vender adicionales a 7 pesos para que los asociados puedan ingresar en las tribunas populares. En aquella jornada se vendieron 15.304 localidades. Mientras que las 2700 plateas que había disponibles fueron reservadas para los invitados vinculados al club. Estas últimas eran las entradas de protocolo y “de favor”, como se las conoce comúnmente.
Por su parte, en River decidieron instalar tres pantallas gigantes y los socios iban a poder acceder al estadio gratis para ver el partido.
Pero claro, de alguna manera los dirigentes y las autoridades del área tenían que justificar la insólita ausencia de los hinchas visitantes y, al mismo tiempo, querían demostrar que se trataba de un partido de “alto riesgo”. O sea que fuimos víctimas de nuestra propia creación.
Ese mismo día comenzó el expendio de localidades en Boca. De 8 a 18, en Casa Amarilla y sólo se iban a vender adicionales a 7 pesos para que los asociados puedan ingresar en las tribunas populares. En aquella jornada se vendieron 15.304 localidades. Mientras que las 2700 plateas que había disponibles fueron reservadas para los invitados vinculados al club. Estas últimas eran las entradas de protocolo y “de favor”, como se las conoce comúnmente.
Por su parte, en River decidieron instalar tres pantallas gigantes y los socios iban a poder acceder al estadio gratis para ver el partido.
Cara y ceca
Alejado de las controvertidas decisiones sobre las medidas de seguridad, Boca permanecía inmerso en sus problemas internos. Schiavi y Ledesma no se entrenaron con el plantel en la práctica del miércoles 2 ya que ambos seguían engripados. Y para complicar un poco más el panorama, el defensor, además, sufría de una molestia muscular en el abductor derecho.
Lo de Ledesma era también una serie preocupación para Bianchi ya que era el volante que iba a ocupar la franja derecha del medio en lugar de Donet y ahora estaba en duda.
Pero las buenas noticias llegaron de la mano de los números. Ese mismo miércoles, Boca se ubicó primero en el ranking mensual de clubes de la Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol (Iffhs), con sede en Alemania. Detrás del equipo de la Ribera es encontraban el Milan de Italia, el San Pablo, el Celtic de Escocia, el Santos de Brasil, el Valencia de España y el Porto de Portugal. Mientras que River recién aparecía en la 14ta. ubicación.
En Núñez, en cambio, a pesar del ranking de la Iffhs, el clima era el mejor. Los entrenamientos en Ezeiza mostraban el buen nivel del plantel. Por ejemplo, en la práctica matutina del viernes 3, los titulares ganaron por 3 a 1.
Astrada buscó en aquel ensayo presionar bien arriba para que el rival casi no pasara el medio campo. Los goles los hicieron Maximiliano López (2) y Claudio Husain después de empujar una pelota que el mismo Maxi había armado.
Los titulares formaron con: Lux; Lobo, Garcé, Rojas, Juan Fernández; Coudet, Husain, Lima; Montenegro; Cavenaghi y Maxi López. No estuvieron Horacio Ameli —no se entrenó por precaución—; Eduardo Tuzzio —practicó aparte porque recién estaba recuperado de una gripe—; Marcelo Gallardo —seguía engripado—; además de Javier Mascherano y Luis González —con la Selección Argentina—.
Pero los números también favorecían a River, especialmente, desde el triunfo de River en la Bombonera el 16 de mayo ya que desde ese éxito, el equipo disputó cuatro partidos, de los cuales ganó tres y empató el restante, con una efectividad del 71,79.
De todos modos, lo más saliente era el alza en la producción como visitante: antes de jugar con Boca en la Bombonera era del 66,66 por ciento y luego pasó 74,35, tras los triunfos ante los xeneizes, Deportivo Cali y Racing fuera del Monumental.
Por su parte, después del traspié con River, Boca no sólo perdió el invicto y la punta del Clausura, sino que ganó uno de los cuatro partidos que jugó. Su efectividad, teniendo en cuenta su actuación en la temporada, disminuyó del 77,77 al 69,23. Cayó con Quilmes 0-2, empató dos partidos con Sao Caetano, 0-0 y 1-1, y le ganó a Arsenal por 3-0.
El lunes 7, el plantel de Boca comenzó a recuperar cierta tranquilidad cuando regresaron a los entrenamientos, y sin problemas físicos, Nicolás Burdisso, Carlos Tevez y Roberto Abbondanzieri tras sus participaciones en el seleccionado argentino. Además, los colombianos Luis Perea y Fabián Vargas se unieron al día siguiente también en perfectas condiciones.
Sin embargo, la alineación titular de los xeneizes seguía siendo una verdadera incógnita. El delantero Antonio Barijho estaba en un buen nivel y Bianchi barajaba la posibilidad de incluirlo en lugar de Tevez, que sumaba menos horas de descanso. El único que poseía un lugar asegurado en la delantera era, por entonces, Guillermo Barros Schelotto.
El resto del equipo se suponía que iba a formar con Abbondanzieri; la defensa con Calvo, Schiavi, Burdisso y Clemente Rodríguez; en el medio campo Villarreal, Cascini, Vargas y Caneo.
Respecto del banco del banco de suplentes, las posibilidades apuntaban al arquero Wilfredo Caballero, los defensores Pablo Jerez y Diego Crosa, Ledesma y el delantero Franco Cángele, quienes habían concentrado en el Hotel Intercontinental.
“Estamos enchufados para poder sacar a River de la Copa Libertadores. Estamos muy tranquilos, y si me toca entrar, ojala pueda responderle al técnico. Yo tengo un sueño: eliminar a River y salir campeón de la Copa. Es lo que quiere todo hincha de Boca", expresó Barijho, desde la concentración.
Los regresos esperados también se produjeron en River, con la reaparición de “Lucho” González, Mascherano y el arquero Germán Lux -quien también había estado con el seleccionado-.
Los dos primeros, que habían disputado los dos cotejos para Argentina, sólo trotaron en los alrededores del complejo; mientras que el arquero participó normalmente de los trabajos.
Gallardo se mostró recuperado de a fuerte gripe que lo había aquejado y, en ese sentido, el médico del plantel, Luis Seveso, comentó que sólo había perdido medio kilo.
Mientras que Marcelo Salas apareció en la práctica a primera hora de la tarde proveniente de Chile, donde había asistido al empate de su selección con su Par de Brasil.
Lo de Ledesma era también una serie preocupación para Bianchi ya que era el volante que iba a ocupar la franja derecha del medio en lugar de Donet y ahora estaba en duda.
Pero las buenas noticias llegaron de la mano de los números. Ese mismo miércoles, Boca se ubicó primero en el ranking mensual de clubes de la Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol (Iffhs), con sede en Alemania. Detrás del equipo de la Ribera es encontraban el Milan de Italia, el San Pablo, el Celtic de Escocia, el Santos de Brasil, el Valencia de España y el Porto de Portugal. Mientras que River recién aparecía en la 14ta. ubicación.
En Núñez, en cambio, a pesar del ranking de la Iffhs, el clima era el mejor. Los entrenamientos en Ezeiza mostraban el buen nivel del plantel. Por ejemplo, en la práctica matutina del viernes 3, los titulares ganaron por 3 a 1.
Astrada buscó en aquel ensayo presionar bien arriba para que el rival casi no pasara el medio campo. Los goles los hicieron Maximiliano López (2) y Claudio Husain después de empujar una pelota que el mismo Maxi había armado.
Los titulares formaron con: Lux; Lobo, Garcé, Rojas, Juan Fernández; Coudet, Husain, Lima; Montenegro; Cavenaghi y Maxi López. No estuvieron Horacio Ameli —no se entrenó por precaución—; Eduardo Tuzzio —practicó aparte porque recién estaba recuperado de una gripe—; Marcelo Gallardo —seguía engripado—; además de Javier Mascherano y Luis González —con la Selección Argentina—.
Pero los números también favorecían a River, especialmente, desde el triunfo de River en la Bombonera el 16 de mayo ya que desde ese éxito, el equipo disputó cuatro partidos, de los cuales ganó tres y empató el restante, con una efectividad del 71,79.
De todos modos, lo más saliente era el alza en la producción como visitante: antes de jugar con Boca en la Bombonera era del 66,66 por ciento y luego pasó 74,35, tras los triunfos ante los xeneizes, Deportivo Cali y Racing fuera del Monumental.
Por su parte, después del traspié con River, Boca no sólo perdió el invicto y la punta del Clausura, sino que ganó uno de los cuatro partidos que jugó. Su efectividad, teniendo en cuenta su actuación en la temporada, disminuyó del 77,77 al 69,23. Cayó con Quilmes 0-2, empató dos partidos con Sao Caetano, 0-0 y 1-1, y le ganó a Arsenal por 3-0.
El lunes 7, el plantel de Boca comenzó a recuperar cierta tranquilidad cuando regresaron a los entrenamientos, y sin problemas físicos, Nicolás Burdisso, Carlos Tevez y Roberto Abbondanzieri tras sus participaciones en el seleccionado argentino. Además, los colombianos Luis Perea y Fabián Vargas se unieron al día siguiente también en perfectas condiciones.
Sin embargo, la alineación titular de los xeneizes seguía siendo una verdadera incógnita. El delantero Antonio Barijho estaba en un buen nivel y Bianchi barajaba la posibilidad de incluirlo en lugar de Tevez, que sumaba menos horas de descanso. El único que poseía un lugar asegurado en la delantera era, por entonces, Guillermo Barros Schelotto.
El resto del equipo se suponía que iba a formar con Abbondanzieri; la defensa con Calvo, Schiavi, Burdisso y Clemente Rodríguez; en el medio campo Villarreal, Cascini, Vargas y Caneo.
Respecto del banco del banco de suplentes, las posibilidades apuntaban al arquero Wilfredo Caballero, los defensores Pablo Jerez y Diego Crosa, Ledesma y el delantero Franco Cángele, quienes habían concentrado en el Hotel Intercontinental.
“Estamos enchufados para poder sacar a River de la Copa Libertadores. Estamos muy tranquilos, y si me toca entrar, ojala pueda responderle al técnico. Yo tengo un sueño: eliminar a River y salir campeón de la Copa. Es lo que quiere todo hincha de Boca", expresó Barijho, desde la concentración.
Los regresos esperados también se produjeron en River, con la reaparición de “Lucho” González, Mascherano y el arquero Germán Lux -quien también había estado con el seleccionado-.
Los dos primeros, que habían disputado los dos cotejos para Argentina, sólo trotaron en los alrededores del complejo; mientras que el arquero participó normalmente de los trabajos.
Gallardo se mostró recuperado de a fuerte gripe que lo había aquejado y, en ese sentido, el médico del plantel, Luis Seveso, comentó que sólo había perdido medio kilo.
Mientras que Marcelo Salas apareció en la práctica a primera hora de la tarde proveniente de Chile, donde había asistido al empate de su selección con su Par de Brasil.
Inédita resolución
El 2 de junio el Comité de Seguridad Deportiva resolvió que los partidos entre Boca y River por la Copa se iban a disputar a las 15.30 del 10, en la Bombonera, y a las 15 del 17, en el Monumental. Con la presencia de los representantes de los cuatro miembros (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Deporte de la Nación, Policía Federal y Programa de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos), el organismo ratificó su decisión de no permitir que los encuentros fueran de noche ya que eran “alto riesgo”.
Esta medida generó una fuerte oposición de las emisoras de televisión que iban a perder mucho dinero con el ráting de la tarde y de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) que envió una carta al Comité apoyando que los partidos fueran de noche,
“Tienen que jugar en horario nocturno por exigencias de la televisión. Hay mercados muy importantes, como la costa oeste de los Estados Unidos y México, donde es imposible que los partidos vayan de tarde”, confirmó Eduardo Deluca, secretario de la Conmebol o CSF.
Ante semejantes rechazos, se abrió otra alternativa que si permitía los partidos de noche pero sin público visitante para garantizar mayor seguridad en los estadios.
Sin embargo, la última palabra oficial la iban a tener los dirigentes de Boca y River ante la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que según el reglamento, sólo ellos podían avalar una de esas dos medidas.
Macri aprovechó la ocasión para enviar un mensaje político que excedía el ambiente del fútbol. “No poder programarse en Buenos Aires un partido nocturno sería enviarle un mal mensaje al mundo. Como que en la Argentina la dirigencia deportiva no es capaz de organizarlos. Cuando, en realidad, el mensaje que debemos pasar es que en la Argentina se está combatiendo la inseguridad y que entre funcionarios y dirigentes la estamos desterrando”.
Finalmente, la tarde del viernes 3, los dirigentes de ambos clubes le enviaron la nota al Comité de Seguridad, condición que había puesto el Prosef en la que coincidieron en que los encuentros se jugaran de noche y sin público visitante.
Esta medida generó una fuerte oposición de las emisoras de televisión que iban a perder mucho dinero con el ráting de la tarde y de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) que envió una carta al Comité apoyando que los partidos fueran de noche,
“Tienen que jugar en horario nocturno por exigencias de la televisión. Hay mercados muy importantes, como la costa oeste de los Estados Unidos y México, donde es imposible que los partidos vayan de tarde”, confirmó Eduardo Deluca, secretario de la Conmebol o CSF.
Ante semejantes rechazos, se abrió otra alternativa que si permitía los partidos de noche pero sin público visitante para garantizar mayor seguridad en los estadios.
Sin embargo, la última palabra oficial la iban a tener los dirigentes de Boca y River ante la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que según el reglamento, sólo ellos podían avalar una de esas dos medidas.
Macri aprovechó la ocasión para enviar un mensaje político que excedía el ambiente del fútbol. “No poder programarse en Buenos Aires un partido nocturno sería enviarle un mal mensaje al mundo. Como que en la Argentina la dirigencia deportiva no es capaz de organizarlos. Cuando, en realidad, el mensaje que debemos pasar es que en la Argentina se está combatiendo la inseguridad y que entre funcionarios y dirigentes la estamos desterrando”.
Finalmente, la tarde del viernes 3, los dirigentes de ambos clubes le enviaron la nota al Comité de Seguridad, condición que había puesto el Prosef en la que coincidieron en que los encuentros se jugaran de noche y sin público visitante.
Los preparativos
Los preparativos meramente futbolísticos encontraron a un River tranquilo y optimista más allá de algunos inconvenientes físicos en varios de sus jugadores, que resultaron ser leves. En el entrenamiento del martes 1 de junio estuve ausente el volante Marcelo Gallardo, quien se había quedado en cama con 40 de fiebre por unas anginas, igual que el delantero Nelson Cuevas, el defensor Juan Fernández y el mediocampista Rubens Sambueza, todos engripados.
Pero el jugador que más importaba a los hinchas millonarios todavía no estaba recuperado. El delantero chileno Marcelo Salas no había superado un desgarro, pero su evolución era satisfactoria y calculaban que iba a llegar al partido de ida sin problemas.
El doctor Luis Seveso y el preparador físico Gabriel Macaya tenían la confianza y el tiempo suficiente para trabajar en el aspecto físico del plantel. "Este parate (la selección Argentina disputaba una fecha por las eliminatorias) hasta el jueves 10 nos viene bien a todo el cuerpo técnico, sobre todo para recuperar jugadores y equilibrar el desgaste que veníamos sufriendo en las últimas semanas. En estos días, el doctor se ocupará más de lo virósico y yo, específicamente, de rehabilitar desde lo físico a algunos jugadores y de trabajar personal y específicamente sobre varios de ellos", explicó el preparador físico.
En cambio, en el plantel de Boca la lista de lesionados era encabezada por Cagna y, tras el partido frente a Arsenal, lo siguieron los volantes Matías Donnet –un titular indiscutido para Bianchi- y Neri Cardozo, un suplente que siempre entraba y cumplía.
El mundo boquense esperaba que no fueran lesiones graves, pero ese martes el doctor José María Veiga confirmó que los dos ya estaban descartados hasta para la revancha.
“Rotura parcial del ligamento lateral interno del tobillo derecho” fue el diagnóstico sobre Donnet, quien había llegado a la práctica con la zona aún más inflamada. Es más, Veiga sostuvo que el volante no jugaría hasta el próximo torneo.
Sobre Cardozo, que había llegado a la Bombonera con dolor, el médico dijo que se trataba de un desgarro chico en el bíceps femoral izquierdo. Neri estaría ausente durante tres semanas.
De pronto, a Bianchi se le presentó un dilema para armar el mediocampo de su equipo. No podía contar con Donnet, que iba a ser el "8" como siempre, y con Cagna, quien iba a ocupar la franja izquierda. Encima, estaba descartado Cardozo, el reemplazante natural del capitán.
Pero las malas noticias siguieron. El defensor Rolando Schiavi y el arquero suplente Wilfredo Caballero fueron a entrenarse, pero enseguida los mandaron de vuelta a sus hogares por sendos estados gripales.
Faltaron al entrenamiento, además, los cinco jugadores que estaban con sus respectivas selecciones: El delantero Carlos Tevez, el defensor Nicolás Burdisso y Abbondanzieri (Argentina), y el defensor Luis Perea y el mediocampista Fabián Vargas (Colombia)
Antes de los problemas de esa práctica había en la cabeza de Bianchi dos juveniles con posibilidades de ingresar al equipo titular. Uno era Miguel Caneo, mediocampista izquierdo, quien había sido titular en cinco partidos de la primera fase de la Libertadores y acumulaba 404 minutos coperos y un gol, ante el Bolívar, en La Paz.
El otro era Pablo Ledesma, volante derecho, quien no registraba minutos jugados en la copa y que sólo había sido suplente en las visitas a Sporting Cristal y Sao Caetano.
Pero el jugador que más importaba a los hinchas millonarios todavía no estaba recuperado. El delantero chileno Marcelo Salas no había superado un desgarro, pero su evolución era satisfactoria y calculaban que iba a llegar al partido de ida sin problemas.
El doctor Luis Seveso y el preparador físico Gabriel Macaya tenían la confianza y el tiempo suficiente para trabajar en el aspecto físico del plantel. "Este parate (la selección Argentina disputaba una fecha por las eliminatorias) hasta el jueves 10 nos viene bien a todo el cuerpo técnico, sobre todo para recuperar jugadores y equilibrar el desgaste que veníamos sufriendo en las últimas semanas. En estos días, el doctor se ocupará más de lo virósico y yo, específicamente, de rehabilitar desde lo físico a algunos jugadores y de trabajar personal y específicamente sobre varios de ellos", explicó el preparador físico.
En cambio, en el plantel de Boca la lista de lesionados era encabezada por Cagna y, tras el partido frente a Arsenal, lo siguieron los volantes Matías Donnet –un titular indiscutido para Bianchi- y Neri Cardozo, un suplente que siempre entraba y cumplía.
El mundo boquense esperaba que no fueran lesiones graves, pero ese martes el doctor José María Veiga confirmó que los dos ya estaban descartados hasta para la revancha.
“Rotura parcial del ligamento lateral interno del tobillo derecho” fue el diagnóstico sobre Donnet, quien había llegado a la práctica con la zona aún más inflamada. Es más, Veiga sostuvo que el volante no jugaría hasta el próximo torneo.
Sobre Cardozo, que había llegado a la Bombonera con dolor, el médico dijo que se trataba de un desgarro chico en el bíceps femoral izquierdo. Neri estaría ausente durante tres semanas.
De pronto, a Bianchi se le presentó un dilema para armar el mediocampo de su equipo. No podía contar con Donnet, que iba a ser el "8" como siempre, y con Cagna, quien iba a ocupar la franja izquierda. Encima, estaba descartado Cardozo, el reemplazante natural del capitán.
Pero las malas noticias siguieron. El defensor Rolando Schiavi y el arquero suplente Wilfredo Caballero fueron a entrenarse, pero enseguida los mandaron de vuelta a sus hogares por sendos estados gripales.
Faltaron al entrenamiento, además, los cinco jugadores que estaban con sus respectivas selecciones: El delantero Carlos Tevez, el defensor Nicolás Burdisso y Abbondanzieri (Argentina), y el defensor Luis Perea y el mediocampista Fabián Vargas (Colombia)
Antes de los problemas de esa práctica había en la cabeza de Bianchi dos juveniles con posibilidades de ingresar al equipo titular. Uno era Miguel Caneo, mediocampista izquierdo, quien había sido titular en cinco partidos de la primera fase de la Libertadores y acumulaba 404 minutos coperos y un gol, ante el Bolívar, en La Paz.
El otro era Pablo Ledesma, volante derecho, quien no registraba minutos jugados en la copa y que sólo había sido suplente en las visitas a Sporting Cristal y Sao Caetano.
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