Luego de que la cuestión de cómo, cuándo y dónde se jugarían los dos superclásicos se resolvió, comenzó a palpitarse el duelo desde su aspecto central: el futbolístico. Y en especial desde el punto de vista de los mejores exponentes del mega evento: los jugadores.
Mascherano, de River, y Tevez, de Boca, eran las dos grandes promesas para el gran choque. Ambos, de 20 años y compañeros en las selecciones nacionales Sub-17 y Mayor, llevaban a cuestas todas las esperanzas de sus compañeros, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas para liderar a sus equipos hacia la final.
Así, en los medios de comunicación aparecieron los análisis, comparaciones y opiniones de ex futbolistas y expertos en la materia.
“Tevez es capaz de definir el partido en una sola jugada y Mascherano le puede brindar la personalidad que este River necesita. Los dos, en funciones diferentes, pueden marcar la diferencia", dijo Hugo Tocalli, entrenador de las selecciones nacionales juveniles, quien los conocía muy bien a ambos por haberlos tenido en sus planteles.
En los números, la eficacia de ambos jugadores era altamente positiva y a la vez pareja. Por ejemplo, Tevez había jugado ese año 30 partidos. Ganó 19 de ellos, empató 8 y perdió sólo 3 (con Bolívar y Colo Colo, por la Copa, y con River, por el Clausura)
Mientras que Mascherano había disputado 24 partidos: 18 victorias, 4 empates y 2 derrotas (una con River, contra Santos Laguna, por la Copa, y otra frente Brasil, en la Selección)
En el caso de Tevez, su situación frente a los millonarios era especial. Nunca ante los de Núñez había jugado en buen nivel y ni siquiera les había convertido un gol.
"Eso puede ser una motivación; no me parece que sea una mochila ni que le juegue en contra. Porque Tevez disfruta jugando esta clase de partidos", reflexionó Darío Mendelsohn, psicólogo especialista en fútbol.
Pero Mascherano no corría con muchas ventajas en el rubro anímico. Al igual que todos los demás jugadores riverplatenses el volante sabía que la paternidad de Boca les jugaba en contra en este tipo de instancias.
"Los de Boca saben que pueden y los de River saben que los de Boca saben que pueden”, agregó Mendelsohn.
Entradas y medidas de (in)seguridad: Parte II
El Comité de Seguridad informó el lunes 7 que en el primer clásico copero iba a haber 800 efectivos policiales en el operativo de control y vigilancia, unos 200 menos que en el último superclásico disputado en la Bombonera. Parecía una broma de mal gusto que después de tanto que se había hablado de las medidas seguridad dispusieran menos personal que en el antecedente más cercano.
Pero claro, de alguna manera los dirigentes y las autoridades del área tenían que justificar la insólita ausencia de los hinchas visitantes y, al mismo tiempo, querían demostrar que se trataba de un partido de “alto riesgo”. O sea que fuimos víctimas de nuestra propia creación.
Ese mismo día comenzó el expendio de localidades en Boca. De 8 a 18, en Casa Amarilla y sólo se iban a vender adicionales a 7 pesos para que los asociados puedan ingresar en las tribunas populares. En aquella jornada se vendieron 15.304 localidades. Mientras que las 2700 plateas que había disponibles fueron reservadas para los invitados vinculados al club. Estas últimas eran las entradas de protocolo y “de favor”, como se las conoce comúnmente.
Por su parte, en River decidieron instalar tres pantallas gigantes y los socios iban a poder acceder al estadio gratis para ver el partido.
Pero claro, de alguna manera los dirigentes y las autoridades del área tenían que justificar la insólita ausencia de los hinchas visitantes y, al mismo tiempo, querían demostrar que se trataba de un partido de “alto riesgo”. O sea que fuimos víctimas de nuestra propia creación.
Ese mismo día comenzó el expendio de localidades en Boca. De 8 a 18, en Casa Amarilla y sólo se iban a vender adicionales a 7 pesos para que los asociados puedan ingresar en las tribunas populares. En aquella jornada se vendieron 15.304 localidades. Mientras que las 2700 plateas que había disponibles fueron reservadas para los invitados vinculados al club. Estas últimas eran las entradas de protocolo y “de favor”, como se las conoce comúnmente.
Por su parte, en River decidieron instalar tres pantallas gigantes y los socios iban a poder acceder al estadio gratis para ver el partido.
Cara y ceca
Alejado de las controvertidas decisiones sobre las medidas de seguridad, Boca permanecía inmerso en sus problemas internos. Schiavi y Ledesma no se entrenaron con el plantel en la práctica del miércoles 2 ya que ambos seguían engripados. Y para complicar un poco más el panorama, el defensor, además, sufría de una molestia muscular en el abductor derecho.
Lo de Ledesma era también una serie preocupación para Bianchi ya que era el volante que iba a ocupar la franja derecha del medio en lugar de Donet y ahora estaba en duda.
Pero las buenas noticias llegaron de la mano de los números. Ese mismo miércoles, Boca se ubicó primero en el ranking mensual de clubes de la Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol (Iffhs), con sede en Alemania. Detrás del equipo de la Ribera es encontraban el Milan de Italia, el San Pablo, el Celtic de Escocia, el Santos de Brasil, el Valencia de España y el Porto de Portugal. Mientras que River recién aparecía en la 14ta. ubicación.
En Núñez, en cambio, a pesar del ranking de la Iffhs, el clima era el mejor. Los entrenamientos en Ezeiza mostraban el buen nivel del plantel. Por ejemplo, en la práctica matutina del viernes 3, los titulares ganaron por 3 a 1.
Astrada buscó en aquel ensayo presionar bien arriba para que el rival casi no pasara el medio campo. Los goles los hicieron Maximiliano López (2) y Claudio Husain después de empujar una pelota que el mismo Maxi había armado.
Los titulares formaron con: Lux; Lobo, Garcé, Rojas, Juan Fernández; Coudet, Husain, Lima; Montenegro; Cavenaghi y Maxi López. No estuvieron Horacio Ameli —no se entrenó por precaución—; Eduardo Tuzzio —practicó aparte porque recién estaba recuperado de una gripe—; Marcelo Gallardo —seguía engripado—; además de Javier Mascherano y Luis González —con la Selección Argentina—.
Pero los números también favorecían a River, especialmente, desde el triunfo de River en la Bombonera el 16 de mayo ya que desde ese éxito, el equipo disputó cuatro partidos, de los cuales ganó tres y empató el restante, con una efectividad del 71,79.
De todos modos, lo más saliente era el alza en la producción como visitante: antes de jugar con Boca en la Bombonera era del 66,66 por ciento y luego pasó 74,35, tras los triunfos ante los xeneizes, Deportivo Cali y Racing fuera del Monumental.
Por su parte, después del traspié con River, Boca no sólo perdió el invicto y la punta del Clausura, sino que ganó uno de los cuatro partidos que jugó. Su efectividad, teniendo en cuenta su actuación en la temporada, disminuyó del 77,77 al 69,23. Cayó con Quilmes 0-2, empató dos partidos con Sao Caetano, 0-0 y 1-1, y le ganó a Arsenal por 3-0.
El lunes 7, el plantel de Boca comenzó a recuperar cierta tranquilidad cuando regresaron a los entrenamientos, y sin problemas físicos, Nicolás Burdisso, Carlos Tevez y Roberto Abbondanzieri tras sus participaciones en el seleccionado argentino. Además, los colombianos Luis Perea y Fabián Vargas se unieron al día siguiente también en perfectas condiciones.
Sin embargo, la alineación titular de los xeneizes seguía siendo una verdadera incógnita. El delantero Antonio Barijho estaba en un buen nivel y Bianchi barajaba la posibilidad de incluirlo en lugar de Tevez, que sumaba menos horas de descanso. El único que poseía un lugar asegurado en la delantera era, por entonces, Guillermo Barros Schelotto.
El resto del equipo se suponía que iba a formar con Abbondanzieri; la defensa con Calvo, Schiavi, Burdisso y Clemente Rodríguez; en el medio campo Villarreal, Cascini, Vargas y Caneo.
Respecto del banco del banco de suplentes, las posibilidades apuntaban al arquero Wilfredo Caballero, los defensores Pablo Jerez y Diego Crosa, Ledesma y el delantero Franco Cángele, quienes habían concentrado en el Hotel Intercontinental.
“Estamos enchufados para poder sacar a River de la Copa Libertadores. Estamos muy tranquilos, y si me toca entrar, ojala pueda responderle al técnico. Yo tengo un sueño: eliminar a River y salir campeón de la Copa. Es lo que quiere todo hincha de Boca", expresó Barijho, desde la concentración.
Los regresos esperados también se produjeron en River, con la reaparición de “Lucho” González, Mascherano y el arquero Germán Lux -quien también había estado con el seleccionado-.
Los dos primeros, que habían disputado los dos cotejos para Argentina, sólo trotaron en los alrededores del complejo; mientras que el arquero participó normalmente de los trabajos.
Gallardo se mostró recuperado de a fuerte gripe que lo había aquejado y, en ese sentido, el médico del plantel, Luis Seveso, comentó que sólo había perdido medio kilo.
Mientras que Marcelo Salas apareció en la práctica a primera hora de la tarde proveniente de Chile, donde había asistido al empate de su selección con su Par de Brasil.
Lo de Ledesma era también una serie preocupación para Bianchi ya que era el volante que iba a ocupar la franja derecha del medio en lugar de Donet y ahora estaba en duda.
Pero las buenas noticias llegaron de la mano de los números. Ese mismo miércoles, Boca se ubicó primero en el ranking mensual de clubes de la Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol (Iffhs), con sede en Alemania. Detrás del equipo de la Ribera es encontraban el Milan de Italia, el San Pablo, el Celtic de Escocia, el Santos de Brasil, el Valencia de España y el Porto de Portugal. Mientras que River recién aparecía en la 14ta. ubicación.
En Núñez, en cambio, a pesar del ranking de la Iffhs, el clima era el mejor. Los entrenamientos en Ezeiza mostraban el buen nivel del plantel. Por ejemplo, en la práctica matutina del viernes 3, los titulares ganaron por 3 a 1.
Astrada buscó en aquel ensayo presionar bien arriba para que el rival casi no pasara el medio campo. Los goles los hicieron Maximiliano López (2) y Claudio Husain después de empujar una pelota que el mismo Maxi había armado.
Los titulares formaron con: Lux; Lobo, Garcé, Rojas, Juan Fernández; Coudet, Husain, Lima; Montenegro; Cavenaghi y Maxi López. No estuvieron Horacio Ameli —no se entrenó por precaución—; Eduardo Tuzzio —practicó aparte porque recién estaba recuperado de una gripe—; Marcelo Gallardo —seguía engripado—; además de Javier Mascherano y Luis González —con la Selección Argentina—.
Pero los números también favorecían a River, especialmente, desde el triunfo de River en la Bombonera el 16 de mayo ya que desde ese éxito, el equipo disputó cuatro partidos, de los cuales ganó tres y empató el restante, con una efectividad del 71,79.
De todos modos, lo más saliente era el alza en la producción como visitante: antes de jugar con Boca en la Bombonera era del 66,66 por ciento y luego pasó 74,35, tras los triunfos ante los xeneizes, Deportivo Cali y Racing fuera del Monumental.
Por su parte, después del traspié con River, Boca no sólo perdió el invicto y la punta del Clausura, sino que ganó uno de los cuatro partidos que jugó. Su efectividad, teniendo en cuenta su actuación en la temporada, disminuyó del 77,77 al 69,23. Cayó con Quilmes 0-2, empató dos partidos con Sao Caetano, 0-0 y 1-1, y le ganó a Arsenal por 3-0.
El lunes 7, el plantel de Boca comenzó a recuperar cierta tranquilidad cuando regresaron a los entrenamientos, y sin problemas físicos, Nicolás Burdisso, Carlos Tevez y Roberto Abbondanzieri tras sus participaciones en el seleccionado argentino. Además, los colombianos Luis Perea y Fabián Vargas se unieron al día siguiente también en perfectas condiciones.
Sin embargo, la alineación titular de los xeneizes seguía siendo una verdadera incógnita. El delantero Antonio Barijho estaba en un buen nivel y Bianchi barajaba la posibilidad de incluirlo en lugar de Tevez, que sumaba menos horas de descanso. El único que poseía un lugar asegurado en la delantera era, por entonces, Guillermo Barros Schelotto.
El resto del equipo se suponía que iba a formar con Abbondanzieri; la defensa con Calvo, Schiavi, Burdisso y Clemente Rodríguez; en el medio campo Villarreal, Cascini, Vargas y Caneo.
Respecto del banco del banco de suplentes, las posibilidades apuntaban al arquero Wilfredo Caballero, los defensores Pablo Jerez y Diego Crosa, Ledesma y el delantero Franco Cángele, quienes habían concentrado en el Hotel Intercontinental.
“Estamos enchufados para poder sacar a River de la Copa Libertadores. Estamos muy tranquilos, y si me toca entrar, ojala pueda responderle al técnico. Yo tengo un sueño: eliminar a River y salir campeón de la Copa. Es lo que quiere todo hincha de Boca", expresó Barijho, desde la concentración.
Los regresos esperados también se produjeron en River, con la reaparición de “Lucho” González, Mascherano y el arquero Germán Lux -quien también había estado con el seleccionado-.
Los dos primeros, que habían disputado los dos cotejos para Argentina, sólo trotaron en los alrededores del complejo; mientras que el arquero participó normalmente de los trabajos.
Gallardo se mostró recuperado de a fuerte gripe que lo había aquejado y, en ese sentido, el médico del plantel, Luis Seveso, comentó que sólo había perdido medio kilo.
Mientras que Marcelo Salas apareció en la práctica a primera hora de la tarde proveniente de Chile, donde había asistido al empate de su selección con su Par de Brasil.
Inédita resolución
El 2 de junio el Comité de Seguridad Deportiva resolvió que los partidos entre Boca y River por la Copa se iban a disputar a las 15.30 del 10, en la Bombonera, y a las 15 del 17, en el Monumental. Con la presencia de los representantes de los cuatro miembros (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Deporte de la Nación, Policía Federal y Programa de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos), el organismo ratificó su decisión de no permitir que los encuentros fueran de noche ya que eran “alto riesgo”.
Esta medida generó una fuerte oposición de las emisoras de televisión que iban a perder mucho dinero con el ráting de la tarde y de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) que envió una carta al Comité apoyando que los partidos fueran de noche,
“Tienen que jugar en horario nocturno por exigencias de la televisión. Hay mercados muy importantes, como la costa oeste de los Estados Unidos y México, donde es imposible que los partidos vayan de tarde”, confirmó Eduardo Deluca, secretario de la Conmebol o CSF.
Ante semejantes rechazos, se abrió otra alternativa que si permitía los partidos de noche pero sin público visitante para garantizar mayor seguridad en los estadios.
Sin embargo, la última palabra oficial la iban a tener los dirigentes de Boca y River ante la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que según el reglamento, sólo ellos podían avalar una de esas dos medidas.
Macri aprovechó la ocasión para enviar un mensaje político que excedía el ambiente del fútbol. “No poder programarse en Buenos Aires un partido nocturno sería enviarle un mal mensaje al mundo. Como que en la Argentina la dirigencia deportiva no es capaz de organizarlos. Cuando, en realidad, el mensaje que debemos pasar es que en la Argentina se está combatiendo la inseguridad y que entre funcionarios y dirigentes la estamos desterrando”.
Finalmente, la tarde del viernes 3, los dirigentes de ambos clubes le enviaron la nota al Comité de Seguridad, condición que había puesto el Prosef en la que coincidieron en que los encuentros se jugaran de noche y sin público visitante.
Esta medida generó una fuerte oposición de las emisoras de televisión que iban a perder mucho dinero con el ráting de la tarde y de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) que envió una carta al Comité apoyando que los partidos fueran de noche,
“Tienen que jugar en horario nocturno por exigencias de la televisión. Hay mercados muy importantes, como la costa oeste de los Estados Unidos y México, donde es imposible que los partidos vayan de tarde”, confirmó Eduardo Deluca, secretario de la Conmebol o CSF.
Ante semejantes rechazos, se abrió otra alternativa que si permitía los partidos de noche pero sin público visitante para garantizar mayor seguridad en los estadios.
Sin embargo, la última palabra oficial la iban a tener los dirigentes de Boca y River ante la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que según el reglamento, sólo ellos podían avalar una de esas dos medidas.
Macri aprovechó la ocasión para enviar un mensaje político que excedía el ambiente del fútbol. “No poder programarse en Buenos Aires un partido nocturno sería enviarle un mal mensaje al mundo. Como que en la Argentina la dirigencia deportiva no es capaz de organizarlos. Cuando, en realidad, el mensaje que debemos pasar es que en la Argentina se está combatiendo la inseguridad y que entre funcionarios y dirigentes la estamos desterrando”.
Finalmente, la tarde del viernes 3, los dirigentes de ambos clubes le enviaron la nota al Comité de Seguridad, condición que había puesto el Prosef en la que coincidieron en que los encuentros se jugaran de noche y sin público visitante.
Los preparativos
Los preparativos meramente futbolísticos encontraron a un River tranquilo y optimista más allá de algunos inconvenientes físicos en varios de sus jugadores, que resultaron ser leves. En el entrenamiento del martes 1 de junio estuve ausente el volante Marcelo Gallardo, quien se había quedado en cama con 40 de fiebre por unas anginas, igual que el delantero Nelson Cuevas, el defensor Juan Fernández y el mediocampista Rubens Sambueza, todos engripados.
Pero el jugador que más importaba a los hinchas millonarios todavía no estaba recuperado. El delantero chileno Marcelo Salas no había superado un desgarro, pero su evolución era satisfactoria y calculaban que iba a llegar al partido de ida sin problemas.
El doctor Luis Seveso y el preparador físico Gabriel Macaya tenían la confianza y el tiempo suficiente para trabajar en el aspecto físico del plantel. "Este parate (la selección Argentina disputaba una fecha por las eliminatorias) hasta el jueves 10 nos viene bien a todo el cuerpo técnico, sobre todo para recuperar jugadores y equilibrar el desgaste que veníamos sufriendo en las últimas semanas. En estos días, el doctor se ocupará más de lo virósico y yo, específicamente, de rehabilitar desde lo físico a algunos jugadores y de trabajar personal y específicamente sobre varios de ellos", explicó el preparador físico.
En cambio, en el plantel de Boca la lista de lesionados era encabezada por Cagna y, tras el partido frente a Arsenal, lo siguieron los volantes Matías Donnet –un titular indiscutido para Bianchi- y Neri Cardozo, un suplente que siempre entraba y cumplía.
El mundo boquense esperaba que no fueran lesiones graves, pero ese martes el doctor José María Veiga confirmó que los dos ya estaban descartados hasta para la revancha.
“Rotura parcial del ligamento lateral interno del tobillo derecho” fue el diagnóstico sobre Donnet, quien había llegado a la práctica con la zona aún más inflamada. Es más, Veiga sostuvo que el volante no jugaría hasta el próximo torneo.
Sobre Cardozo, que había llegado a la Bombonera con dolor, el médico dijo que se trataba de un desgarro chico en el bíceps femoral izquierdo. Neri estaría ausente durante tres semanas.
De pronto, a Bianchi se le presentó un dilema para armar el mediocampo de su equipo. No podía contar con Donnet, que iba a ser el "8" como siempre, y con Cagna, quien iba a ocupar la franja izquierda. Encima, estaba descartado Cardozo, el reemplazante natural del capitán.
Pero las malas noticias siguieron. El defensor Rolando Schiavi y el arquero suplente Wilfredo Caballero fueron a entrenarse, pero enseguida los mandaron de vuelta a sus hogares por sendos estados gripales.
Faltaron al entrenamiento, además, los cinco jugadores que estaban con sus respectivas selecciones: El delantero Carlos Tevez, el defensor Nicolás Burdisso y Abbondanzieri (Argentina), y el defensor Luis Perea y el mediocampista Fabián Vargas (Colombia)
Antes de los problemas de esa práctica había en la cabeza de Bianchi dos juveniles con posibilidades de ingresar al equipo titular. Uno era Miguel Caneo, mediocampista izquierdo, quien había sido titular en cinco partidos de la primera fase de la Libertadores y acumulaba 404 minutos coperos y un gol, ante el Bolívar, en La Paz.
El otro era Pablo Ledesma, volante derecho, quien no registraba minutos jugados en la copa y que sólo había sido suplente en las visitas a Sporting Cristal y Sao Caetano.
Pero el jugador que más importaba a los hinchas millonarios todavía no estaba recuperado. El delantero chileno Marcelo Salas no había superado un desgarro, pero su evolución era satisfactoria y calculaban que iba a llegar al partido de ida sin problemas.
El doctor Luis Seveso y el preparador físico Gabriel Macaya tenían la confianza y el tiempo suficiente para trabajar en el aspecto físico del plantel. "Este parate (la selección Argentina disputaba una fecha por las eliminatorias) hasta el jueves 10 nos viene bien a todo el cuerpo técnico, sobre todo para recuperar jugadores y equilibrar el desgaste que veníamos sufriendo en las últimas semanas. En estos días, el doctor se ocupará más de lo virósico y yo, específicamente, de rehabilitar desde lo físico a algunos jugadores y de trabajar personal y específicamente sobre varios de ellos", explicó el preparador físico.
En cambio, en el plantel de Boca la lista de lesionados era encabezada por Cagna y, tras el partido frente a Arsenal, lo siguieron los volantes Matías Donnet –un titular indiscutido para Bianchi- y Neri Cardozo, un suplente que siempre entraba y cumplía.
El mundo boquense esperaba que no fueran lesiones graves, pero ese martes el doctor José María Veiga confirmó que los dos ya estaban descartados hasta para la revancha.
“Rotura parcial del ligamento lateral interno del tobillo derecho” fue el diagnóstico sobre Donnet, quien había llegado a la práctica con la zona aún más inflamada. Es más, Veiga sostuvo que el volante no jugaría hasta el próximo torneo.
Sobre Cardozo, que había llegado a la Bombonera con dolor, el médico dijo que se trataba de un desgarro chico en el bíceps femoral izquierdo. Neri estaría ausente durante tres semanas.
De pronto, a Bianchi se le presentó un dilema para armar el mediocampo de su equipo. No podía contar con Donnet, que iba a ser el "8" como siempre, y con Cagna, quien iba a ocupar la franja izquierda. Encima, estaba descartado Cardozo, el reemplazante natural del capitán.
Pero las malas noticias siguieron. El defensor Rolando Schiavi y el arquero suplente Wilfredo Caballero fueron a entrenarse, pero enseguida los mandaron de vuelta a sus hogares por sendos estados gripales.
Faltaron al entrenamiento, además, los cinco jugadores que estaban con sus respectivas selecciones: El delantero Carlos Tevez, el defensor Nicolás Burdisso y Abbondanzieri (Argentina), y el defensor Luis Perea y el mediocampista Fabián Vargas (Colombia)
Antes de los problemas de esa práctica había en la cabeza de Bianchi dos juveniles con posibilidades de ingresar al equipo titular. Uno era Miguel Caneo, mediocampista izquierdo, quien había sido titular en cinco partidos de la primera fase de la Libertadores y acumulaba 404 minutos coperos y un gol, ante el Bolívar, en La Paz.
El otro era Pablo Ledesma, volante derecho, quien no registraba minutos jugados en la copa y que sólo había sido suplente en las visitas a Sporting Cristal y Sao Caetano.
Entradas y medidas de (in)seguridad
Los elementos que convirtieron a este choque en un evento único fueron, sin duda, los extra futbolísticos, aunque éstos no influyeron de manera directa en el desarrollo del juego de ambos partidos. A 11 días del primer encuentro había un revuelo bárbaro: los dirigentes se peleaban por la cantidad de entradas y el Comité de Seguridad Deportiva seguía con a idea de jugarlo de día, para mayor seguridad, propuesta que despertaba la ira de los canales de televisión que perdían millones en materia de publicidad ya que la tarde cotiza menos que la franja central que es la nocturna.
Sobre las entradas el tema no era nuevo. Para el clásico del 16 de mayo Boca ya había anunciado que era la última vez que entregaba sus dos bandejas al equipo visitante porque eso implicaba que una gran cantidad de sus socios se quedaba afuera.
Mauricio Macri, presidente de Boca, dijo el domingo 30 en declaraciones radiales: “Hace tiempo que tenemos un problema grave de espacio y no poseemos una cancha tan amplia como el Monumental. La idea de Boca es darle una sola bandeja a los hinchas de River. Lo hablé con José (por Aguilar) y espero que lo entienda. Nosotros tenemos que resolver el problema interno nuestro. Si después River nos da pocas entradas para la revancha en Núñez, no me preocupa. No tengo problemas que ellos hagan lo mismo. No me meto en la política de River. Si él quiere hacer una cuestión equitativa...".
Aguilar salió inmediatamente a responderle a Macri: "Si Boca nos da menos entradas, River hará lo mismo. Nosotros también tenemos un problema con los socios. Es un juego de reciprocidades. La actitud de Boca, de darnos sólo 5000 entradas, no la comparto, pero la puedo entender. Si la gente de seguridad nos dice que sólo se juega con hinchas locales, batallaremos, pero la prioridad será la seguridad".
Pero ninguno de los dirigentes tenía la última palabra, por lo que todas las miradas estaban puestas en el miércoles 2 de junio cuando el Comité de Seguridad se iba a reunir para definir los horarios en que se iban a disputar los partidos y el operativo policial que se iba a implementar.
De todos modos, ya se vaticinaba cual sería su veredicto con respecto a las medidas a tomar. Tanto la Policía Federal como las autoridades del Gobierno porteño ya habían hecho pública su intención de que los partidos se jugaran de día ya que eran considerados de “alto riesgo”.
Lo cierto es que el Comité ya había cambiado las fechas de los partidos. En un principio se iban a disputar el 9 y el 16 de junio, pero se pasaron al 10 y 17 del mismo mes. Esto demostraba que no iban a dudar en cambiar los horarios también.
Macri se oponía claramente a que esto sucediera: "El Gobierno no puede bajar el mensaje de que, si no puede garantizar la seguridad, cierra los restaurantes. No creo que la gente ligada a la televisión acepte que se juegue de tarde".
Lo cierto es que el tema de la seguridad fue un elemento central desde mucho antes que se disputaran los superclásicos coperos y especialmente con Boca y su estadio.
Luego de que los xeneizes perdieran el partido por el campeonato frente a River el 16 de mayo, la Bombonera fue vetada tras una serie de irregularidades. Eso motivó que el equipo de la ribera disputara su encuentro frente al Sao Caetano en la cancha de Racing, de Avellaneda.
Pero el veto fue levantado unos días después y Boca volvió a utilizar su estadio frente a Arsenal por el Clausura. Allí se dispuso un operativo especial para controlar a la hinchada local y todo transcurrió normalmente.
Por su parte, el entonces juez de Instrucción porteño, Mariano Bergés, quien llevaba varias causas contra el líder de la hinchada boquense, Rafael Di Zeo, y otros miembros “La 12”, opinaba que no había inconvenientes para que el partido se disputara a las 21.
"Yo no soy un especialista en seguridad, pero creo que no hay ningún problema para que se juegue de noche”, sostuvo a partir de la conformidad que le había generado el operativo realizado en Boca-Arsenal.
“Quedó claro que si la Policía y los dirigentes quieren y trabajan de acuerdo, los barrabravas desaparecen sin problemas. Y si lo pudieron hacer la otra noche contra Arsenal, lo pueden hacer también contra River”, señaló Bergés.
En tanto, Javier Castrilli, titular del Programa de Seguridad de Espectáculos Futbolísticos (Prosef), que dependía por entonces del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, había anticipado que su intención era que los partidos entre Boca y River por la copa se jugaran de día. "Para mí, los dos encuentros tienen que terminar con luz diurna por una cuestión de seguridad", sostuvo el ex árbitro.
En Boca, la Comisión Directiva se reunió el lunes 31 de mayo y decidió que a River le iban a dar una sola bandeja y el codo: es decir, 5.000 entradas. "Ellos podrán hacer lo mismo cuando juguemos en el Monumental", dijo el vicepresidente del club xeneize, Pedro Pompilio, al salir de la reunión.
A estas alturas ya se especulaba en como sería el operativo de seguridad para el primer partido. El comisario Vicente Cayetano Grecco, de la comisaría 24ª, con jurisdicción en la Bombonera, comenzó a trazar un bosquejo preliminar del despliegue policial que tendría entre 1.000 y 1.200 efectivos.
Sobre las entradas el tema no era nuevo. Para el clásico del 16 de mayo Boca ya había anunciado que era la última vez que entregaba sus dos bandejas al equipo visitante porque eso implicaba que una gran cantidad de sus socios se quedaba afuera.
Mauricio Macri, presidente de Boca, dijo el domingo 30 en declaraciones radiales: “Hace tiempo que tenemos un problema grave de espacio y no poseemos una cancha tan amplia como el Monumental. La idea de Boca es darle una sola bandeja a los hinchas de River. Lo hablé con José (por Aguilar) y espero que lo entienda. Nosotros tenemos que resolver el problema interno nuestro. Si después River nos da pocas entradas para la revancha en Núñez, no me preocupa. No tengo problemas que ellos hagan lo mismo. No me meto en la política de River. Si él quiere hacer una cuestión equitativa...".
Aguilar salió inmediatamente a responderle a Macri: "Si Boca nos da menos entradas, River hará lo mismo. Nosotros también tenemos un problema con los socios. Es un juego de reciprocidades. La actitud de Boca, de darnos sólo 5000 entradas, no la comparto, pero la puedo entender. Si la gente de seguridad nos dice que sólo se juega con hinchas locales, batallaremos, pero la prioridad será la seguridad".
Pero ninguno de los dirigentes tenía la última palabra, por lo que todas las miradas estaban puestas en el miércoles 2 de junio cuando el Comité de Seguridad se iba a reunir para definir los horarios en que se iban a disputar los partidos y el operativo policial que se iba a implementar.
De todos modos, ya se vaticinaba cual sería su veredicto con respecto a las medidas a tomar. Tanto la Policía Federal como las autoridades del Gobierno porteño ya habían hecho pública su intención de que los partidos se jugaran de día ya que eran considerados de “alto riesgo”.
Lo cierto es que el Comité ya había cambiado las fechas de los partidos. En un principio se iban a disputar el 9 y el 16 de junio, pero se pasaron al 10 y 17 del mismo mes. Esto demostraba que no iban a dudar en cambiar los horarios también.
Macri se oponía claramente a que esto sucediera: "El Gobierno no puede bajar el mensaje de que, si no puede garantizar la seguridad, cierra los restaurantes. No creo que la gente ligada a la televisión acepte que se juegue de tarde".
Lo cierto es que el tema de la seguridad fue un elemento central desde mucho antes que se disputaran los superclásicos coperos y especialmente con Boca y su estadio.
Luego de que los xeneizes perdieran el partido por el campeonato frente a River el 16 de mayo, la Bombonera fue vetada tras una serie de irregularidades. Eso motivó que el equipo de la ribera disputara su encuentro frente al Sao Caetano en la cancha de Racing, de Avellaneda.
Pero el veto fue levantado unos días después y Boca volvió a utilizar su estadio frente a Arsenal por el Clausura. Allí se dispuso un operativo especial para controlar a la hinchada local y todo transcurrió normalmente.
Por su parte, el entonces juez de Instrucción porteño, Mariano Bergés, quien llevaba varias causas contra el líder de la hinchada boquense, Rafael Di Zeo, y otros miembros “La 12”, opinaba que no había inconvenientes para que el partido se disputara a las 21.
"Yo no soy un especialista en seguridad, pero creo que no hay ningún problema para que se juegue de noche”, sostuvo a partir de la conformidad que le había generado el operativo realizado en Boca-Arsenal.
“Quedó claro que si la Policía y los dirigentes quieren y trabajan de acuerdo, los barrabravas desaparecen sin problemas. Y si lo pudieron hacer la otra noche contra Arsenal, lo pueden hacer también contra River”, señaló Bergés.
En tanto, Javier Castrilli, titular del Programa de Seguridad de Espectáculos Futbolísticos (Prosef), que dependía por entonces del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, había anticipado que su intención era que los partidos entre Boca y River por la copa se jugaran de día. "Para mí, los dos encuentros tienen que terminar con luz diurna por una cuestión de seguridad", sostuvo el ex árbitro.
En Boca, la Comisión Directiva se reunió el lunes 31 de mayo y decidió que a River le iban a dar una sola bandeja y el codo: es decir, 5.000 entradas. "Ellos podrán hacer lo mismo cuando juguemos en el Monumental", dijo el vicepresidente del club xeneize, Pedro Pompilio, al salir de la reunión.
A estas alturas ya se especulaba en como sería el operativo de seguridad para el primer partido. El comisario Vicente Cayetano Grecco, de la comisaría 24ª, con jurisdicción en la Bombonera, comenzó a trazar un bosquejo preliminar del despliegue policial que tendría entre 1.000 y 1.200 efectivos.
Deseos millonarios
El entrenador de River, Leonardo Asorda, fue quien desde un principio dejó en claro cuál era la postura de su equipo ante el inminente choque con Boca. Sin rodeos y de manera contundente, el técnico expresó que el objetivo era ganar la copa pero también el torneo local.
“Hoy no firmo perder el campeonato local a cambio de ganar la Libertadores como no lo hubiera firmado cuando me hice cargo del equipo. Siempre tuve mucha confianza en el plantel y sabía que podíamos pelear las dos cosas como lo estamos haciendo", expresó luego de la práctica del viernes 29.
Astrada sabía que si bien River llegaba en un mejor nivel futbolístico, Boca venía de ganar todo con Bianchi y eso era para respetar, aunque el propio entrenador xeneize había dicho en los días previos que su equipo llegaba de punto a los partidos por las semifinales.
El presidente de River, José María Aguilar, era consciente de que su plantel estaba frente a una oportunidad única. Contaban con las chances de ganar ambas cosas y así superar los logros del Boca de Bianchi versión 2003 que había obtenido la triple corona pero no el torneo local y la copa en el mismo semestre.
Aguilar no podía ocultar su ánimo cargado de ansiedad, nervios y tensión, propio de cuando se está frente a un momento histórico. "Estamos a ocho partidos de ser un gran emperador de Roma o de ser el último de los mohicanos”, dijo.
En la mente de los hinchas millonarios estaba la imagen de uno de los ciclos más exitosos de la historia del club: el de Ramón Díaz. El riojano había ganado en 1997 el Apertura y la Supercopa en cuestión de días. Desde entonces, ningún equipo había logrado repetir semejante hazaña. Ni siquiera el Boca de Bianchi.
River estaba motivado porque en la recta final del torneo Clausura estaba puntero con 36 unidades mientras que Boca lo escoltaba a dos unidades. No era mucha la diferencia pero a tres fechas del final podía ser determinante.
En el camino hacia aquella potencial consagración, River debía enfrentar a Lanús en el Monumental, a Talleres en Córdoba y a Atlético Rafaela en Núñez. Boca, en tanto, debía visitar a Olimpo en Bahía Blanca, luego recibir a Colón y en la última fecha enfrentar de visitante a San Lorenzo.
El equipo de Bianchi necesitaba ganar los tres partidos y esperar que el de Astrada perdiera al menos uno para soñar con el bicampeonato. Algo que antes de los supeclásicos coperos era fácil de imaginar pero casi imposible de conseguir.
“Hoy no firmo perder el campeonato local a cambio de ganar la Libertadores como no lo hubiera firmado cuando me hice cargo del equipo. Siempre tuve mucha confianza en el plantel y sabía que podíamos pelear las dos cosas como lo estamos haciendo", expresó luego de la práctica del viernes 29.
Astrada sabía que si bien River llegaba en un mejor nivel futbolístico, Boca venía de ganar todo con Bianchi y eso era para respetar, aunque el propio entrenador xeneize había dicho en los días previos que su equipo llegaba de punto a los partidos por las semifinales.
El presidente de River, José María Aguilar, era consciente de que su plantel estaba frente a una oportunidad única. Contaban con las chances de ganar ambas cosas y así superar los logros del Boca de Bianchi versión 2003 que había obtenido la triple corona pero no el torneo local y la copa en el mismo semestre.
Aguilar no podía ocultar su ánimo cargado de ansiedad, nervios y tensión, propio de cuando se está frente a un momento histórico. "Estamos a ocho partidos de ser un gran emperador de Roma o de ser el último de los mohicanos”, dijo.
En la mente de los hinchas millonarios estaba la imagen de uno de los ciclos más exitosos de la historia del club: el de Ramón Díaz. El riojano había ganado en 1997 el Apertura y la Supercopa en cuestión de días. Desde entonces, ningún equipo había logrado repetir semejante hazaña. Ni siquiera el Boca de Bianchi.
River estaba motivado porque en la recta final del torneo Clausura estaba puntero con 36 unidades mientras que Boca lo escoltaba a dos unidades. No era mucha la diferencia pero a tres fechas del final podía ser determinante.
En el camino hacia aquella potencial consagración, River debía enfrentar a Lanús en el Monumental, a Talleres en Córdoba y a Atlético Rafaela en Núñez. Boca, en tanto, debía visitar a Olimpo en Bahía Blanca, luego recibir a Colón y en la última fecha enfrentar de visitante a San Lorenzo.
El equipo de Bianchi necesitaba ganar los tres partidos y esperar que el de Astrada perdiera al menos uno para soñar con el bicampeonato. Algo que antes de los supeclásicos coperos era fácil de imaginar pero casi imposible de conseguir.
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