VI

Contra las cuerdas
Julio trabajaba al momento del crimen de Marcos en una remisería situada sobre avenida Del Libertador y cuando se sentó frente al tribunal dejó a Cozza contra las cuerdas ya que el testigo aseguró que vio cuando desde una camioneta baleaban el auto en el que viajaba la víctima y cómo ambos vehículos chocaron tras los disparos. El hombre señaló la marca, el modelo, el color y hasta el tipo de llantas de la 4x4 a la que luego reconoció en fotografías.
Luego, el primer policía de la comisaría de Béccar en acudir al lugar del hecho declaró que escuchó a las víctimas sobrevivientes del ataque mencionar como sospechoso al “dueño de Dallas” y que las dos jóvenes le dijeron que lo habían reconocido como el conductor de la 4x4. El efectivo dijo también que Gisella tenía “mucho miedo de declarar, porque estaba su hermano de por medio y temía que perdiera el trabajo”.
Pero los golpes a Cozza no sólo fueron efectuados por testigos pedidos por la querella o la fiscalía de juicio sino por los propios solicitados por la defensa del imputado como otro oficial de la policía bonaerense que fue el encargado de las inspeccionar el local gastronómico del acusado.
Según los abogados del imputado, el policía había declarado durante la instrucción que la noche del crimen fue a cenar con amigos a Dallas y vio a Cozza en otra mesa con un grupo de gente y que estaba acompañado por una mujer de pelo rubio –no castaña como Paula- mientras que al momento de declarar ante el tribunal dijo que no recordaba haber estado en el restorán por lo que la defensa pidió el procesamiento del testigo por falso testimonio.
Una de las jugadas que le quedaba a la defensa era la de declarar ilegal el allanamiento que la policía realizó en la casa de los Cozza y donde se secuestró el arma con la que asesinaron a Marcos. Sin embargo, un civil y dos policías de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de San Isidro declararon ante el tribunal y afirmaron que el procedimiento fue realizado sin cometer ninguna irregularidad.
En la audiencia siguiente, dos peritos balísticos de la policía ratificaron ante el tribunal que las balas extraídas del remise en el que viajaba la víctima y su chofer fueron disparadas por el arma secuestrada en la casa de Cozza.
A pesar de la contundencia del testimonio de los peritos balísticos, la defensa denunció que se habían cometido irregularidades con el proyectil extraído al remisero al cuestionar que esa bala no fue debidamente preservada y custodiada porque el sobre donde fue colocada no fue lacrado, sino pegado con un adhesivo que tarda en secarse, por lo que permite despegarlo. Sin embargo, varios testigos declararon luego que todo el procedimiento había sido realizado correctamente.

V

Más complicado
Todas hieren, la última mata. En ese sentido se podría decir que la declaración de “Roby” derribó la coartada de Cozza y las que le siguieron la enterraron definitivamente. Entre esas posteriores testimóniales que fueron claves en el juicio por el crimen de Marcos, estuvo la de una mesera de Dallas.
La testigo relató cómo la noche del homicidio el acusado decidió echar del restaurante a un grupo de jóvenes: “Mientras miraba hacia la barra, donde había una pareja besándose, Cozza comenzó a gritar `¡Sáquenlos! ¡Sáquenlos!´. Estaba enfurecido, como si quisiera atacar a alguien. La supervisora intentaba contenerlo y les dijo a los chicos que se retiraran del local. Cuando el muchacho bajaba las escaleras se dio vuelta y le vi la cara. Al día siguiente, su foto apareció en los noticieros: era Marcos”.
La joven dijo que minutos después escuchó a la mano derecha de Cozza indicarle por handy al encargado del estacionamiento del local que preparara la camioneta del dueño porque iba a salir.
Por último, al ser consultada sobre la personalidad de los hermanos gastronómicos, la mesera de Dallas fue muy clara: “Con Cozza, o sos como él quiere o fuiste. Te mata”.
Finalmente, la tercera audiencia del juicio culminó con las declaraciones de la mano derecha del imputado y de la supervisora mencionados por la mesera. Ambos dijeron haber presenciado el momento en el que el acusado pidió que echaran del local a Marcos y sus acompañantes.
Sin embargo, los dichos del gerente fueron muy dudosos y dejaron abierta la sospecha de un posible encubrimiento a favor de Cozza, por lo que la fiscal de juicio pidió que lo procesaran al testigo por falso testimonio.
En la cuarta jornada del debate oral, otras tres empeladas de Dallas declararon que vieron al acusado abordar su camioneta momentos antes de cometido el crimen y perseguir a remise en el que viajaba Marcos.
Ante estos testimonios, la estrategia de los abogados del acusado se basó únicamente en tratar e demostrar que su cliente era inimputable ya que en el debate se había comprobado hasta ese entonces que Cozza estuvo en el lugar y al momento del asesinato de Marcos, y que, sobre todo, tenía un el móvil y la oportunidad.
Entonces, ante la irrefutabilidad de la prueba, la defensa del imputado sólo preguntó a las tres testigos sobre la supuesta compra de 100 palomas realizada por su ex jefe con el objetivo de exponer un libro sobre Cristo.
Para la fiscal de juicio, esa maniobra buscaba “embarrar la cancha” ya que los peritos psiquiátricos ya habían determinado que Cozza era un verdadero psicópata e imputable.

IV

Chau coartada
La coartada de la defensa de Cozza para evitar una casi segura condena por el crimen de Marcos comenzó a derrumbarse durante la tercera jornada del juicio cuando su ex amigo “Roby” cambió los dichos que había vertido durante la instrucción de la causa y favorecido al imputado.
Este testigo, un hombre de 46 años, flaco, alto y de bigotes, contó que la noche del crimen estuvo en Dallas unas cuatro horas antes de que asesinaran a Marcos y que Cozza llegó al restorán una hora después de que él a bordo de su 4X4, habló con unos amigos y que se fue a la una de la madrugada.
Antes, “Roby” había declarado que el acusado estuvo en Dallas hasta las cuatro y que desde allí se fueron juntos a su casa a tomar un café ya que tenían que viajar temprano hasta Pinamar.
Cuando la fiscal de juicio le preguntó al testigo por qué cambió su declaración, el hombre respondió que su “amistad se transformó en temor” y que, en un principio, no había sabido “cómo manejar la situación”.
“Cambié mi testimonio y decidí decir la verdad porque me secuestraron un hijo y porque recibí amenazas. La última vez que vi a Cozza fue en Mar del Plata, en un bar situado frente a la plaza Colón. Me dijo que le habían alquilado un departamento para poder refugiarse”, sostuvo el testigo.
Cuando le preguntaron por qué había declarado a favor del imputado durante la etapa de instrucción, el arrepentido dijo que el primer abogado de los hermanos Cozza le había dicho que así lo hiciera porque todo se trataba de un complot de las autoridades municipales de San Isidro.
El testigo dejó en claro que ya no era amigo de Cozza, a quien había conocido en la escuela secundaria y para quien luego manejó las RR.PP de Dallas. Según los dichos de “Roby”, por ese trabajo no percibió a cambio ningún sueldo sino, un automóvil marca BMW y un teléfono celular.
Seguro de lo que decía, el testigo luego relató como al día siguiente de cometido el asesinato de Marcos recibió un llamado a su celular de la mano derecha de los Cozza. “Me pidió que me reuniera urgente con ellos Hugo porque debían irse a Pinamar después de haber tenido un problema”, indicó.
El testigo agregó que antes de ir a buscar a Cozza pasó primero por el restaurante donde le entregaron 3.000 dólares para cubrir los gastos del viaje que debía realizar. Sin embargo, el plan iba a cambiar radicalmente.
“En el camino Cozza me exigió que lo llevara a Mar del Plata. Después se durmió y despertó en Lezama. Allí entró a un locutorio”, contó el testigo, quien dijo que al llegar a La Feliz se alojaron en el Hotel Cariló.
“En un momento quise encender la tele pero Cozza no me dejó. Se enojó y se fue a caminar. Pregunté qué era lo que pasaba y me reiteró que le querían hacer la cama”, explicó “Roby”, quien finalizó que volvió a Buenos Aires y ahí se encontró con el hermano del acusado y su abogado.
Casi un mes después del viaje a Mar del Plata, uno de los hijos del testigo arrepentido fue secuestrado en un confuso episodio que el hombre no relacionó con un hecho de inseguridad sino con los últimos acontecimientos ocurridos con los Cozza. “Lo tomé como un elemento de presión”, contó durante el juicio.
Pero las presiones no iban a ceder allí. En una ocasión, otro ex abogado del acusado, le pidió a “Roby” que presentara ante la Justicia un pedido de eximición de prisión porque lo iban a acusar de haber estado a bordo de la camioneta de Cozza durante el crimen de Marcos.
Según el testigo, una semana antes de declarar ante el tribunal, recibió un mensaje de una voz anónima en su teléfono celular que le decía que tenga cuidado con lo que iba a declarar. Al mismo tiempo, una casa abandonada situada al lado de la de “Roby”, en Vicente López, fue incendiada en dos oportunidades.
Tras estos hechos, el testigo fue a ver a la fiscal de juicio para rectificar su declaración y pedir protección. Según el hombre, la fiscal se la negó y le dijo que lo que tenía que decir que lo haga en el juicio. Y así fue.

III

Testigos pagados y con miedo
La segunda audiencia del juicio por el crimen de Marcos deparó varias sorpresas para todas las partes involucradas en el proceso a partir de los testimonios de Gustavo, el amigo de la víctima que estaba con ella al momento del hecho, y el remisero que conducía el vehículo atacado a tiros.
Por su parte, el imputado Cozza no estuvo presente en la sala ya que, sus abogados defensores argumentaron que todo el proceso generaba en su cliente un grado de ansiedad que lo perjudicaba.
En primer lugar, Gustavo contó que iba sentado detrás del asiento del conductor y que al momento del hecho escuchó a Marcos y a Paula decir que el que manejaba la camioneta desde donde provinieron los disparos era “El dueño de Dallas”.
Sin embargo, el testigo dijo que no pudo reconocer al hombre que los atacó a balazos porque al escuchar las detonaciones se agachó y cuando el automóvil detuvo su marcha vio a Marcos inclinado hacia delante ya muerto.
El amigo de la víctima también aportó un dato muy importante al confirmar que cuando se efectuaron los disparos hubo un choque entre la 4x4 y el remise lo que coincidió con lo acreditado durante la instrucción del caso en la que comprobó que la camioneta de Cozza había sido reparada después de aquella madrugada.
A su turno, el remisero contó que no pudo reconocer al hombre que desde una 4x4 atacó a balazos su auto de alquiler. “La camioneta emparejó la marcha, pero una voz interior me dijo que no mirara y no miré, para no involucrarme”, declaró.
A raíz del ataque, el remisero recibió un impacto de bala en el glúteo y debió ser intervenido quirúrgicamente para que le removieran el proyectil. Sin embargo, esa operación fue el eje de su declaración cuando el testigo afirmó que le ofrecieron 32.000 dólares para someterse a la misma.
“Una noche vi al hermano de Cozza en un programa de televisión en el que pedía que entregara la bala para poder probar la inocencia de su hermano. Como yo quería que me la sacaran, hablé con mi abogado para que se comunicara con Cozza y me pagara una operación. La intervención representaba cierto riesgo para mi vida y la quería hacer con médicos de confianza”, contó el hombre.
El testigo señaló que el dinero lo recibió su abogado y que 12.000 dólares fueron utilizados para pagar la operación que se llevó a cabo en un sanatorio privado de la Capital Federal, mientras que el resto de la plata quedó en su poder.
El remisero indicó que le extrajeron un proyectil de un glúteo y otro, por cuestiones de riesgo, no se lo sacaron. También dijo que había un tercero –que lo encontró en los pliegues de su panza- que se lo entregó el día del hecho a una persona en el hospital.
Ese proyectil extraído fue el que se sometió a peritajes balísticos que demostraron que coincidía con los hallados en la escena del crimen y en el arma incautada a Cozza. Por lo tanto, el acusado terminó pagando 32.000 dólares por una bala que finalmente lo incriminó aún más.
Antes de descender del estrado, el testigo dijo ante el tribunal que nunca decidió iniciar una demanda civil contra los Cozza porque se consideraba una persona católica cuyo deber era perdonar. Después se comparó con el papa Juan Pablo II, que perdonó a su atacante Ali Agca, y finalizó: “A mí lo que me importa es que estoy vivo, voy a la cancha y tengo a mi hija viva, luego de pasar por una operación de cáncer”.
Al escuchar esas palabras, Nelsa, presente en la sala de audiencias, le dijo: “Vos decís eso porque no te pasó lo mismo que a mí” . De inmediato, la madre de Marcos se descompuso y debió abandonar los tribunales para ser asistida por un médico de un servicio de emergencias.
Por su parte, el yerno del remisero no dudó en mostrar su sorpresa ante el reciente testimonio. “Nunca le dijo a la familia que había cobrado ese dinero. Estoy indignado. Hablé con mi esposa y mi suegra y me dijeron que les pidiera disculpas a los padres de Marcos”, dijo el hombre.
Por la tarde, la audiencia continuó con el testimonio de Leonardo, hermano de Gisella y quien manejaba una carpintería cuyo principales clientes eran los dueños de Dallas.
Este testigo aportó respuestas muy vagas al punto en que no pudo explicar por qué la madrugada del crimen llamó con su teléfono celular a uno de los encargados de seguridad de Dallas y colaborador de Cozza para preguntarle que acababa de sucederle a su hermana ya que la familia de Paula se había comunicado con él para contarle que las chicas habían tenido un accidente.
“Perdóneme, pero no me termina de cerrar su explicación. Ante un accidente de un ser querido se llama a la comisaría o al hospital, no al lugar donde uno trabaja”, le dijo uno de los jueces del tribunal.
Tras esa explicación ilógica, la fiscal de juicio pidió el procesamiento del testigo por falso testimonio y su detención aunque los integrantes del tribunal no hicieron lugar al pedido. Además, la instructora judicial denunció que tres testigos de identidad reservada que habían declarado contra Cozza estaban trabajando en el restaurante del acusado por lo que temía que no iban a querer declarar en el juicio contra su actual empleador.
Por último, la segunda jornada del juicio terminó con un careo entre el remisero y Gisella, en el que el hombre reiteró que escuchó a Marcos decir antes de morir que el conductor de la 4x4 que los perseguía era Cozza y que luego el joven sostuvo: “¿Y si paramos y aclaramos las cosas?”. Pero, según el testigo, las dos chicas dijeron que no.
El remisero precisó que la joven se negó a la sugerencia de la víctima porque no se quería meter en problemas con el trabajo de su hermano, lo que la joven desmintió durante el careo.
El hombre también contradijo a Gisella al sostener que ella también reconoció a Cozza como el conductor de la camioneta mientras que la muchacha volvió a negar haberlo hecho.

II

La otra
Luego de la declaración de Paula, por la tarde fue el turno de Gisella quien contó que la noche del crimen a ella y su grupo la echaron de Dallas por pedido de Cozza, a quien luego vio cuando iban por Libertador y apareció la camioneta, momento en que Marcos dijo que el conductor de ese vehículo era el dueño del restaurante.
Pero la segunda testigo dijo que en ningún momento pudo ver los rasgos fisonómicos del conductor de la camioneta, que sólo sintió los disparos como fuegos artificiales y que luego vio la sangre en la mano donde recibió un tiro.
Por otro lado, el abogado de Gisella presentó unas radiografías en las que aparece un proyectil en la mano izquierda de la joven. Según la testigo, horas después de la balacera un traumatólogo la operó en el hospital de San Isidro y le sacó el proyectil. Pero ni el secuestro de esa bala ni la mencionada operación, ni las radiografías aparecían en la causa hasta entonces.
El hermano de Gisella, Leonardo, era al momento del hecho y sigue siendo empleado de los Cozza para quienes trabaja como carpintero en el restaurante. Por esa razón y ante las vagas respuestas de la testigo, la fiscal le preguntó si él le había sugerido a ella que cambiara su declaración pero la joven respondió que no.
Antes las contradicciones de los testimonios de Paula y Gisella, la fiscal pidió que se llevara a cabo un careo entre ambas jóvenes en el que se mantuvieron en sus dichos aunque la primera de ellas sostuvo que su ex amiga la llamó días antes de comenzar el juicio para que se pusieran de acuerdo sobre sus declaraciones y, por otro lado, que su padre había recibido el sábado anterior una carta amenazante.
Después se supo que el padre de Paula también denunció que el hermano de Cozza le había ofrecido antes del juicio una suma muy importante de dinero en dólares a cambio de que su hija cambiara su declaración.
Durante toda la jornada, Cozza habló mucho con su abogado, gesticuló bastante, se mostró irónico y, en un momento, comenzó a aplaudir y a decir que la fiscal inducía con sus preguntas a una testigo por lo que fue severamente advertido por los jueces.
“No aguanto más; esto es insoportable. Escuchar las barbaridades que dicen estos tipos para defenderse es una locura. Yo a mi hermano lo cuidaba mucho y no puedo explicar lo que siento”, dijo Mariano, hermano de Marcos, presente en la sala.
“Cuando lo vi entrar a Cozza en la sala tenía ganas de pararme y de decirle cualquier barbaridad. A mi hermano lo mató este asesino que no le dio tiempo a nada. Ojalá que se pudra en la cárcel. Tengo una bronca terrible”, expresó el hermano de la víctima al retirarse de los tribunales al cabo de la primera jornada del debate.

Justicia para Marcos

El comienzo del juicio por el crimen de Marcos fue la primera vez que Cozza estuvo frente a frente con los padres de la víctima. Las audiencias comenzaron a mediados de octubre de 2005, en los tribunales de San isidro, ante una gran expectativa del público y de la prensa.
Fuertemente custodiado y esposado, vestido de traje color gris oscuro y camisa blanca, con sus anteojos y el pelo arreglado y más claro, el empresario gastronómico se sentó en el banquillo de los acusados con sus conocidos y constantes cambios en la expresión de su rostro. Por momentos se lo vio tranquilo y relajado como sabiéndose inocente o, por el contrario, consciente de su culpabilidad, y, por otros, con cara de loco.
Esto obedecía a la estrategia de sus abogados defensores, que intentaban demostrar que su cliente se trataba de una persona que supuestamente sufría de problemas psiquiátricos que, en definitiva, lo convertirían en un acusado inimputable.
Primero, el acusado respondió de manera distraída a las preguntas que le hizo el secretario del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 4 para acreditar su identidad.
Luego, las expresiones faciales de Cozza fueron cambiando de forma independiente al desarrollo de casi nueves horas de la primera audiencia del juicio oral en la que se destacaron los testimonios de las dos jóvenes que acompañaban a Marcos a bordo del remis atacado a balazos.
Paula, una mujer alta, vestida de jeans, saco blanco y botas de cuero marrones, relató que la noche del crimen fue la quinta vez que ella y su amiga Gisella habían ido a Dallas.
Contó que en esa ocasión, durante hora y media, Cozza le dio una especie de monólogo poco coherente y que, mientras intentaba seducirla, le ofreció trabajo como su secretaria. En medio de una conversación en la que se reía sin sentido, Paula dijo que el empresario le obsequió una copa de champagne y le contó que estaba escribiendo un libro sobre la vida de Jesús.
Esta última información reforzaba la hipótesis de la defensa respecto de la inimputabilidad del acusado por lo que uno de los jueces del tribunal y la fiscal de juicio, la interrogaron a fondo para romper la timidez con el que la muchacha estaba declarando.
El miedo de Paula era más que evidente y quedó reflejado cuando los jueces del tribunal le pidieron que mirara a Cozza para identificarlo y ella dijo que no se atrevía a hacerlo. Sin embargo, la joven señaló al imputado como el hombre que manejaba la camioneta desde la que los atacaron a balazos y dijo que lo vio cuando la 4x4 estaba detrás del auto en el que ella viajaba.
- Me di vuelta y vi que una camioneta nos perseguía. El que manejaba era el dueño de Dallas. Me lo dijo Marcos y lo vi yo. Luego, cuando llegamos a la parte donde la avenida del Libertador se ensancha, la misma camioneta se puso a la par del remís. Tenía el vidrio de la ventanilla semiabierto. Como es más alta no pude ver quién estaba y si la persona que manejaba tenía un arma. En ese momento escuché disparos.
Pero Paula aclaró que en el momento en que se efectuaron los disparos no vio quién disparaba porque la camioneta —a la que también reconoció a través de fotos que le exhibieron— se había puesto a la par del coche y el conductor quedó fuera de su campo visual.
-No sé cuántos disparos hubo. Fueron muy seguidos. Marcos me agarró del pelo para cubrirme. Cuando las detonaciones terminaron, tenía dos balazos en el pie y me faltaban varios mechones de pelo. Todavía sentía la mano fuerte de Marcos. Cuando logré incorporarme, Marcos estaba muerto, tenía tres balazos. Entonces, bajé del remise, miré a Gisella y le pregunté: ¿Lo viste? Era el dueño de Dallas, me respondió.
Finalmente Paula declaró: “Me peleé con Gisella porque en la comisaría no dijo lo que esa vez me dijo a mí”, refiriéndose al momento después del crimen de Marcos cuando las dos jóvenes estaban heridas en la vereda y entre ellas dijeron que el agresor era Cozza.
Respecto de la relación con el empresario gastronómico, Paula contó que ella y Gisella habían conocido al imputado algunas semanas antes de cometido el asesinato en Dallas, donde, a su vez, también vieron por primera vez a Marcos.
La joven indicó que mantuvo con la víctima una corta relación del tipo “amigovios” y no dudó en señalar que ése fue el móvil del crimen.
-¿Por qué cree que mataron a Marcos?- preguntó la fiscal.
-Porque lo vieron besándose conmigo.

VIII

Manotazos de ahogado
A mediados del mayo, la defensa de Cozza se jugó una de sus últimas cartas para tratar de demostrar públicamente que el empresario era inocente del crimen de Marcos. La jugada fue realizar un nuevo peritaje balístico en base a los dos plomos extraídos del cuerpo del remisero que trasladaba a la víctima y también resultó baleado en el mismo hecho.
Para los investigadores esos dos proyectiles correspondían a la pistola de Cozza que fue secuestrada poco después del crimen mientras que para la defensa del empresario no.
Al día siguiente de la intervención quirúrgica a la que sometieron al remisero, y sin conocer los resultados de las pericias balísticas, Cozza recibió un nuevo revés judicial cuando la Cámara de Apelaciones de San Isidro rechazó un pedido suyo de eximición de prisión.
Cozza, por su cuenta y sin decir nada a sus abogados, le envió una carta la Justicia de Garantías en la que insistió en su inocencia y que debía estar libre.
Ante esa situación, la Justicia entendió que el acusado estaba solicitando su liberación y se abrió un incidente para analizar el pedido que excarcelación que finalmente fue rechazado.
Cuando Cozza se notificó de la resolución, advirtió que ésta había sido "injusta" y por ello el trámite siguió su curso en la Cámara de Apelaciones donde ratificaron la decisión de Garantías.
Diez días después, el imputado fue trasladado al penal de Campana y a fines de mayo quedó a las puertas del juicio oral cuando los camaristas rechazaron un pedido el pedido de nulidad del allanamiento y captura del sospechoso presentado por una defensora oficial de San Isidro.
Por su parte, los peritos de la Dirección General de Policía Científica de la policía bonaerense determinaron finalmente que la bala extraída al remisero había sido disparada por la misma arma que mató a Marcos.
A pesar de que el hermano de Cozza dijo que toda la investigación era un fraude, el peritaje balístico duró más de ocho horas, fue presenciado por abogados y peritos de parte y resultó ser contundente en su resultado.
Pero la defensa siguió dando lucha en el terreno judicial y pidió la nulidad de los peritajes balísticos y de los estudios realizados en la camioneta del acusado.
Una vez más, la justicia de San Isidro, esta vez de la Garantías, rechazó a fines de julio esa solicitud por considerarla “improcedente”.
Las chicanas estaban a la orden del día, por eso, nadie se sorprendió cuando en la fiscalía que llevaba la causa llegó una nota anónima que señalaba que el dueño de Dallas sobornó a un camarista, a la policía, al remisero, a una de las amigas de Marcos y a un perito.
Se trató de la tercera denuncia contra Cozza que investigó la Justicia de San Isidro ya que primero surgió un incidente a partir de escuchas telefónicas en las que integrantes del entorno del imputado aparentemente planeaban hacer declarar a testigos falsos, y luego una testigo denunció presiones por parte del empresario para cambiar su declaración judicial.
En diciembre, la Cámara de Apelaciones de San Isidro confirmó el procesamiento con prisión preventiva de Cozza aunque también resolvió remitir parte de la causa a un fiscal de ese Departamento Judicial para que investigue si registraron irregularidades en los peritajes balísticos y en el levantamiento de proyectiles de la escena del crimen.
Para los camaristas, “los elementos de convicción escogidos y esgrimidos por el juez -introducidos por la pretensión fiscal- para alcanzar esta etapa del proceso aparecen suficientes para sostener, prima facie, que el imputado fue el autor”.
También dieron por probada la existencia, previa al homicidio, de un altercado entre Cozza y Marcos en Dallas y valoró testimonios que dieron cuenta de la posterior persecución en la camioneta, lo que posibilitó que las víctimas tuvieran una "sospecha razonable" de que el autor de los disparos pudo haber sido el dueño de Dallas.

Noviembre 2005
AA