III

El climax de inseguridad llegó dos días antes del encuentro. En Internet ya rebalsaban las amenazas de barrabravas argentinos que anunciaban que se acercaba “La batalla final” y en Saint Etienne, los hooligans hacían de las suyas.
Cientos de fanáticos ingleses se juntaron en la plaza Jean Jaurés a tomar cerveza y a ver los partidos Alemania–México y Holanda–Yugoslavia. Al finalizar jugaron un picadito de fútbol en la plaza y la policía tuvo que cortar el tránsito. Luego, los ingleses quisieron conseguir más alcohol y no pudieron, por lo que estallaron los incidentes. Primero fueron provocados por inmigrantes norafricanos y luego se enfrentaron con los efectivos policiales.
Las peleas fueron protagonizadas por más de 300 personas, de las cuáles, sólo treinta fueron aprehendidas, en una muestra de la ineficacia del sistema de seguridad francés. Aunque hay que tomar en consideración que para la policía local los hinchas descontrolados y violentos eran un fenómeno totalmente nuevo para ellos, que no sabían como enfrentarlo ya que los simpatizantes en Francia se caracterizan por ser menos apasionados y para nada violentos.
Mientras tanto, Buenos Aires y Londres quedaron paralizadas. Los ingleses querían “revancha” del Mundial 86 y no ocultaban la herida que significó el gol con “La mano de Dios”. Si bien el entrenador inglés Hoddle aseguró no querer tomarse “venganza” de ese gol, los jugadores no opinaban lo mismo. “Si tengo que hacer un gol con la mano para pasar a la próxima ronda lo haré”, dijo Scholes, el volante ofensivo del Manchester United.
El partido despertó mucha expectativa porque el que perdía se volvía a su país y nadie estaba dispuesto a esa humillación. “Sabemos que el que pierde se va. Nos quedan cuatro finales en donde nos jugamos la vida”, dijo el volante argentino Juan Verón.
Inglaterra formó de la siguiente manera: Seaman; Neville, Adams, Campbell y Le Saux; Anderton, Ince, Beckham y Scholes; Owen y Shearer.
El técnico argentino, Daniel Passarella, eligió a estos once: Roa; Ayala, Vivas y Chamot; Zanetti, Almeyda, Simeone, Verón y Ortega; Batistuta y López.

II

A pesar de los enormes esfuerzos por brindar mayor seguridad, el 14 de junio de 1998, los incidentes se adueñaron del escenario del Mundial. Ocurrió en Marsella, donde los hooligans ingleses, al no poder conseguir entradas para el partido de Inglaterra frente a Túnez del día siguiente, se trenzaran a golpes con la policía e hinchas tunecinos.
El saldo fue un inglés herido gravemente en el cuello, 20 personas con lesiones y 70 detenidos. Pero no acabó allí, porque luego del partido, 200 hooligans borrachos provocaron más peleas que arrojaron 63 heridos y 81 detenciones más, a pesar de un operativo de seguridad que contó con 1.600 policías, 400 gendarmes y 75 efectivos del grupo especial de elite.
Mientras tanto, los barrabravas argentinos no se quedaron atrás. El 26 de junio, en Burdeos, tres hinchas, Mario Bermúdez, Edmundo Gagliardi y Miguel Angel Fernández, fueron detenidos por asaltar a un revendedor de entradas. A uno de ellos le dieron un mes de prisión y 4.000 francos de multa, mientras que los otros dos recibieron la pena de dos meses de prisión y una multa de 5.000 francos.
Ese mismo día, en el mismo lugar pero después del partido ante Croacia, hubo una pelea entre 50 personas de nacionalidad argentina y del equipo rival. Dos hinchas de Argentina fueron detenidos por golpear a dos simpatizantes croatas. La policía francesa los identificó como Lucas Quintás y Federico Sassone, quienes fueron acusados de cortar en el cuello a Boran Kaich, que tuvo que se operado, y de golpear en diferentes partes del cuerpo a Urban Varjac.
Las autoridades argentinas enviaron a Francia a tres jefes policiales para custodiar a los hinchas: Francisco Loban, comisario inspector de la Policía Federal, Juan José Defagot, de la División de Análisis de Eventos Deportivos y Públicos, y Alejandro Cano, titular de la seccional 44ta.. Ellos trabajaron junto a Mario Berboute, de Interpol Argentina y elaboraron una lista de 1.000 barrabravas, de los cuáles sólo 30 fueron ubicados.
En su mayoría eran de Boca, River, Chacarita, y Defensores de Belgrano. Sin embargo, estos no protagonizaron ningún incidente durante todo el torneo.
Pero a medida que se acercaba el partido entre Argentina e Inglaterra el temor por un posible choque de hinchadas creció. El alcalde de Saint Etienne, donde se disputó el encuentro, dispuso el 28 de junio una serie de medidas anti disturbio. Decidió colocar 1.500 policías en el estadio y sus alrededores. No prohibió el alcohol, pero ordenó a los bares y restaurantes de la ciudad y otras 8 localidades aledañas cerrar antes de las 23 del día antes y el mismo día del partido. Y también decidió no transmitir el partido en pantalla gigante en las plazas Jean Jaurés y Marengo, en pleno centro de la ciudad.
Evidentemente, al no establecer una ley seca las otras medidas eran estériles. Todos estaban paranoicos, menos las autoridades de Saint Etienne. “No podemos prohibirle a la gente que tome alcohol y se divierta. No tenemos miedo”, dijo el alcalde Michel Thriolliere.
Los grandes problemas con respecto a la seguridad siguieron siendo la reventa de entradas que hacía que las hinchadas se mezclarán dentro del estadio, y el consumo de alcohol. Los hooligans compraban las bebidas en el ferry, en ciudades aledañas o las traían de su casa.
Mientras tanto, las autoridades de Inglaterra informaban que 30 mil hinchas habían viajado a Francia para ver el partido contra los argentinos, de los cuáles sólo 2.000 tenían entradas.

El partido del miedo

El enfrentamiento entre argentinos e ingleses en el Mundial de Francia de 1998 estuvo cargado de incidentes, excesos y polémicas ya que se vivió con mucha emoción y adrenalina desde ambos lados, a tal punto, que hubo una sensación de miedo, antes durante y después del partido.
Por un lado estaba Inglaterra, que retornaban a una Copa del Mundo después de ocho años, tras no haber clasificado para Estados Unidos 94´. El conjunto europeo llegaba con muchas ganas de hacer un buen papel y, aunque sabían que no se encontraban entre los mejores, quería olvidar los tragos amargos de la eliminación de la Eurocopa de 1996, jugada en casa y a manos de otro clásico rival: Alemania.
Mientras tanto, Argentina llegaba con un equipo joven, en el que la mayoría de sus jugadores debutaban en un Mundial pero, al mismo tiempo, transmitían una imagen sólida. No era el gran candidato como lo sería luego en el 2002, pero sus chances eran buenas porque le había tocado un grupo clasificatorio bastante accesible.
Los argentinos no tuvieron problemas para pasar a los octavos de final con tres victorias seguidas y sin recibir goles en contra. Debutaron ante Japón el 14 de junio en Toulouse y ganaron 1 a 0 con gol de Batistuta. Luego, el 21, en Paris, golearon a Jamaica 5 a 0 con tres anotaciones del Batigol y dos de Ortega. Finalmente, el 26, en Burdeos, derrotaron a Croacia por 1 a 0 con gol de Pineda.
En cambio, a los británicos todo se les hizo muy difícil. El equipo dirigido por Glen Hoddle debutó el 15 de junio, en Marsella, ganándole 2 a 0 a Túnez con goles de Shearer y Scholes. Luego, el 22, en Touluose, cayó 1 a 2 ante Rumania sobre el final. Pero se recuperó 4 días después, en París, donde derrotó a Colombia 2 a 0, con goles de Anderton y Beckham.
Sin embargo, la característica de toda la primera ronda clasificatoria del Mundial fueron los incidentes que produjeron los hinchas, en especial, los hooligans ingleses, a quienes se les sumaron los barrabravas argentinos.
Como si esto fuera poco, en toda Francia había un fuerte sentimiento de inseguridad debido a la gran cantidad de amenazas de atentados terroristas. Por esto, los galos desarrollaron un fuerte operativo de custodia durante todo el torneo.
“El riesgo cero no existe”, sostuvo Dominique Spinosi, director de del Comité de Seguridad del Mundial. El número de los miembros de las fuerzas de seguridad fueron un hecho sin precedentes en una Copa del Mundo, que solamente fue superado en el certamen de Corea y Japón del 2002.
Las autoridades francesas designaron la presencia de 12.000 voluntarios, que son los que se encuentran al costado de la cancha de frente a las tribunas. Además había 8.000 policías, 3.000 socorristas, otros 8.000 gendarmes y 4.000 militares, que incluyeron grupos especiales antiterrorismo.
Así, en cada partido disputado hubo 1 voluntario cada 100 espectadores, 1 socorrista cada 1.000, 600 policías uniformados, y entre 200 y 250 oficiales vestidos de civil. También estaban presentes 6 efectivos del grupo especial antibombas y un juez, para arrestar a cualquier individuo ante el menor incidente. Todo esto estaba vigilado desde el aire con helicópteros militares de avanzada.

III

El sábado 25 de mayo de 1991 el estadio de Wembley fue escenario, una vez más, del clásico Argentina-Inglaterra. Esta vez refereado por el yugoslavo Zoran Petrovic y con pocos hinchas en las tribunas.
Argentina formó con: Goycochea; Basualdo, Vázquez, Ruggeri y Enrique; Simeone, Gamboa, Franco y Martellotto; García y Boldrini.
Por su parte, Inglaterra alineó a los siguientes jugadores: Seaman; Dixon, Walker, Wright y Pearce; Batty, Platt y Thomas; Barnes, Smith y Lineker. Sólo faltaba, nada más y nada menos, que Paul Gascoigne, una de las figuras, que estaba lesionado.
A pesar de todas las precauciones que tomó Basile, Inglaterra tuvo un gran primer tiempo. Argentina no hizo nada de lo que tenía que hacer para contrarrestar el juego de los ingleses. A los 15 minutos los locales ya estaban en ventaja gracias a un gol de su eterno anotador, Gary Lineker, cuando no, de cabeza.
El delantero, goleador del Mundial de México, conectó a la red un centro de Pearce que ejecutó un tiro libre desde la mitad de la cancha y confundió a toda la defensa argentina, que se quedó paralizada, sin reacción. Fue 1 a 0 para Inglaterra y otra vez anotó Lineker, como en 1986.
La superioridad inglesa siguió hasta que el delantero Barnes, figura del partido, dejó la cancha por lesión a los 8 minutos del complemento y fue reemplazado por Clough. Pero un minuto antes, Inglaterra ya se había puesto 2 a 0 con otro gol de cabeza. Esta vez fue el turno de David Platt.
Pero sin Barnes en la cancha y con el 2 a 0 a favor, Inglaterra sacó el pie del acelerador y Argentina creció de golpe. A los 20 minutos del complemento llegó el 1-2. Fue tras un corner ejecutado por Antonio Mohamed que Claudio García, libre de marcas, cabeceó al primer palo y venció a Seaman.
Inglaterra casi no tuvo tiempo de asimilar el golpe, que Argentina volvió a sorprenderlo con otra jugada sacada del repertorio inglés del juego aéreo. Siete minutos después del gol de García, tras otro corner de Mohamed, Darío Franco, desde el punto del penal, selló el empate de cabeza al ganarle en el salto a los centrales Walker y Wright, y ante el estéril esfuerzo de Pearce, que se encontraba en el primer palo. La pelota se clavó en el ángulo y los ingleses se miraban entre sí sin entender nada.
Llegó el final del partido y el 2 a 2 pasó a la historia. Los jugadores argentinos revolearon sus remeras al viento ante una lluvia de insultos, como si hubieran ganado. Mientras que los ingleses se retiraron con la cabeza gacha pero con la Stanley Rous Challenge Cup en sus manos, al menos un consuelo.
“El empate en Wembley tiene una pizca de hazaña” comentó la revista deportiva argentina El Gráfico el 26 de mayo. “Con sabor a milagro”, tituló una de las notas mientras en la tapa se podía ver a los jugadores argentinos festejando. “Se disfruta como un triunfo”, tituló La Nación al día siguiente del histórico empate que hizo recordar lo sucedido en el 2-2 del amistoso de 1974.
Por su parte, la prensa británica resaltó el viejo temepramento de los argentinos. A su vez, Taylor se lamentó por el empate: “Desperdiciamos el triunfo por distracciones defensivas en dos corners, algo inusual en Inglaterra”. Sin embargo, el entrenador dijo estar conforme con el rendimiento de su equipo, que según él, había sido “el mejor” desde que asumió como entrenador de la selección nacional inglesa.

AA
Junio 2003

II

El equipo argentino llegó a Gran Bretaña el martes 21 de mayo cuando pisó el suelo de Manchester. Ese mismo día, la Challenge Cup había comenzado con un claro triunfo de Inglaterra sobre los soviéticos por 3 a 1, en Wembley y ante casi 24.000 espectadores, una cantidad que dejó bastante que desear a los organizadores.
Argentina debía enfrentar en dos días a la Unión Soviética y había viajado nada más ni nada menos que 20 horas ¿El motivo? Las autoridades de la AFA, con la intención de ahorrar 18 mil dólares, había planificado un maratónico viaje.
Primero, los jugadores y el cuerpo técnico se subieron a un avión en San Francisco, donde habían jugado con los norteamericanos. Abordaron el Northwest 1231 con destino a Milwaukee. Allí tomaron el Northwest 1208 rumbo a la ciudad canadiense de Toronto, donde a bordo del British 0092 llegaron hasta la ciudad capital de Londres.
Pero la odisea no terminó allí. Luego de arribar a la capital británica, los argentinos debieron subirse a al avión 4432 de Brtitsh Airlines y viajar hasta la ciudad sureña de Manchester.
Lo cierto es que a pesar del cansancio del equipo argentino, la selección obtuvo un empate 1 a 1 ante los soviéticos. Y no era un mal resultado si se tienen en cuenta las horas del viaje y que, salvo Oscar Ruggeri y Sergio Goycochea, todos los demás jugadores habían debutado en el equipo nacional en febrero ante Hungría. O sea que tenían apenas cuatro partidos de experiencia.
Como si esto fuera poco, el delantero Claudio Paul Caniggia, figura argentina en Italia 90, informó el 22 de mayo por la noche, que no iba a poder jugar ya que no contaba con el permiso de su club, el Atalanta italiano, ya que estaba recuperándose de una supuesta lesión.
Sin embargo, el jueves 23 de mayo Argentina mostró un juego interesante ante la URSS, en especial durante la etapa inicial, donde se puso en ventaja con un gol del capitán Ruggeri de cabeza, una señal de lo que sería el encuentro ante los ingleses.
Pero el cansancio se hizo presente en el segundo tiempo y los soviéticos llegaron al empate y casi lo ganan, si no hubiera sido por las manos salvadoras del arquero Goycochea, que le detuvo un penal al mediocampista Igor Drobowolski.
Con este resultado, Argentina tenía que ganarle a los ingleses si quería llevarse la copa. Pero para eso había que volver a subirse al avión para llegar a Londres, por lo que el equipo siguió desgastándose producto de la desorganización de la AFA.
Mientras tanto, Basile sabía que era muy difícil vencer a Inglaterra, en su propia casa y ante su público. Por eso, al llegar a Londres el Coco buscó el asesoramiento de Osvaldo Ardiles, director técnico del Tottenham inglés y gran conocedor del fútbol de las islas británicas.
Ardiles le advirtió al entrenador argentino que tomara precauciones para evitar que Inglaterra explotara su juego aéreo, una especialidad a lo largo de toda su historia. Le aconsejó que el equipo debía jugar con pases cortos, esconder la pelota y así frenar el ritmo vertiginoso que le gusta imponer a los británicos.
Entonces, Basile modificó el equipo titular que había empatado contra los soviéticos. Sacó al volante central de River Plate, Leonardo Astrada, y colocó un defensor, Fernando Gamboa, de Newell´s. La idea era tener más marca en el medio y mejorar el juego aéreo.
Por su parte, los ingleses, confiados, esperaban el partido pero sin mucho entusiasmo. Tal como había ocurrido en el debut ante la URSS, en el mítico estadio de Wembley no hubo espacio para grandes festejos y demostraciones emotivas por parte de los hinchas.
Sólo se vendieron 44.000 entradas, es decir que el estadio estaba un poco menos del 50 por ciento vacío. Algo poco común para un partido que históricamente despierta el fanatismo de los ingleses.

De cabeza a la hazaña

Recién en mayo de 1991, los ingleses tuvieron su oportunidad de vengarse de la derrota ante los argentinos en México 86´ y tratar de hacer olvidar a sus hinchas los dos goles de Maradona, en especial, el que convirtió con “la mano de Dios”.
En aquel momento, las selecciones de Argentina e Inglaterra estaban en pleno proceso de cambio. Los sudamericanos venían de obtener el subcampeonato en Mundial de Italia en 1990 luego de perder en la final ante Alemania Federal mientras que los británicos habían finalizado cuartos, al caer derrotados en el partido por el tercer puesto ante el equipo local.
Ese Mundial significó el fin de los ciclos del director técnico argentino, Carlos Bilardo, y de su par inglés Robby Robson, quienes habían estado al frente de sus selecciones desde México 86´.
Pero los cambios no sólo fueron de entrenadores. En Argentina hubo un importante recambio de jugadores, producto del perfil que impuso el nuevo director técnico Alfio Basile. Y lo que era más importante, el mejor futbolista del mundo estaba suspendido por un caso doping positivo que le habían registrado ese mismo año en un partido que había jugado para el Nápoli de Italia.
Este incidente llevó a que la FIFA sancionara a Maradona duramente por lo que estuvo fuera de las canchas por más de un año y medio.
En cambio, en Inglaterra, Graham Taylor, el nuevo coach, mantuvo prácticamente a los mismos jugadores que habían disputado el Mundial un año antes. Y esta decisión le había dado buenos resultados ya que el equipo estaba invicto en seis presentaciones.
No era poca cosa, ya que había cuatro de esos seis encuentros, correspondieron a las eliminatorias de la Eurocopa a disputarse en 1992 en Suecia. De todos modos, la serie exitosa había comenzado el 12 de septiembre de 1990, en Wembley, con un triunfo por 1 a 0 en un partido amistoso ante Hungría.
Luego vinieron el triunfo ante Polonia por la Eurocopa por 1 a 0 en casa y el empate 0 a 0 ante la República de Irlanda, también por la clasificación al torneo continental, el 14 de noviembre en Dublín. Así pasó un año muy exitoso en cuanto a los resultados para el fútbol inglés.
La temporada 1991 también estuvo a tono con su antecesora. Comenzó con un triunfo amistoso en Wembley ante Camerún por 1 a 0, un empate por 1 a 1 ante la República de Irlanda, el 27 de marzo, en Wembley, y un resonante triunfo por 1 a 0 ante Turquía, el 1 de mayo, en Izmir, en el marco de las eliminatorias para la Eurocopa.
Si bien el equipo inglés no brillaba en cada presentación, entusiasmaba a sus hinchas ya que era una maquinita de sacar buenos resultados. Era tal el optimismo entre los británicos que organizaron la Stanley Rous Challenge Cup en mayo de 1991.
La realización de este torneo tenía el objetivo de recordar y honrar la muerte de una de las figuras más importantes del fútbol inglés: Sir Stanley Rous. Un dirigente que estuvo a cargo de la Football Association y presidió la mismísima FIFA.
¿Los participantes? Nada más ni nada menos que la Argentina y la Unión Soviética, una selección que había hecho un mal papel en Italia 90 y que en esa ocasión había caído ante los argentinos por 2 a 0 por la primera ronda clasificatoria.
Argentina también venía invicta. Su serie de éxitos había comenzado, al igual que Inglaterra, ante el seleccionado de Hungría con un triunfo 2 a 0 el 19 de febrero, en el Gigante de Arroyito, de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.
Luego vinieron los empates ante México (0 a 0) y Brasil (3 a 3) en el mes de marzo y finalmente la gira que comenzó en los Estados Unidos con un triunfo por 1 a 0 y terminó en Inglaterra.

III

La previa del clásico se centró en la figura de Maradona. Hasta ese momento Diego había sido el mejor jugador del torneo y ya había anotado un golazo ante Italia. Pero ante Inglaterra, el astro argentino iba a asegurar ante los ojos del mundo que era la máxima figura del planeta.
Argentina formó con: Pumpido; Brown, Ciciuffo y Ruggeri; Giusti, Batista, Olarticoechea y Enrique; Burruchaga y Maradona; y Valdano.
Inglaterra tuvo a los siguientes once titulares: Shilton; Stevens, Butcher, Fenwick y Sansom; Steve, Hoddle, Hodge y Reid; Beardsley y Lineker.
El partido fue ampliamente favorable al equipo argentino que, si bien no pudo marcar las diferencias en el primer tiempo, tuvo el dominio absoluto del desarrollo de las acciones del juego. Sin embargo, lo mejor llegaría recién en el complemento.
A los 6 minutos del segundo tiempo llegó el primer gol de Maradona. Este encaró y tocó para Valdano, que quiso devolverle el pase pero Fenwick se interpuso. El rebote salió hacia atrás y el Diez fue a buscarlo. Saltó con Shilton a la altura del punto de penal y con su puño izquierdo metió la pelota en el arco ¿Gol?, si, ya que el árbitro tunecino All Bennaceur no vio la infracción y corrió hacia la mitad de la cancha mientras los ingleses protestaban.
Para los argentinos fue un gol de “vivo”, una “picardía”. Después del partido, hasta el propio Maradona sostuvo que se trató de un gol marcado por “la mano de Dios”. Mientras que los ingleses lo vivieron como un insulto y hasta el día de hoy lo ven como un puñal en la espalda.
“Todavía odio a Maradona”, dijo el arquero Shilton en el Mundial de Francia 98´, tres años después de que el argentino se disculpara públicamente en una conferencia que dio en la Universidad de Oxford. “Aquello era para ponerse malo; corrió a celebrar el gol dando a entender que lo había marcado de manera legal cuando el sabía que había golpeado el balón con la mano”, agregó el guardavalla llenó de rabia.
Ese gol fue un triunfo en sí mismo para los argentinos. Fue como burlarse de los ingleses, a quiénes injustamente culpaban de una guerra sin sentido. “El primer gol fue como robarle la cartera a un inglés”, sostuvo Maradona.
Luego, cuatro minutos después vino otro gol que todos recordarán por siempre. Maradona corrió 53,5 metros en 10,6 segundos con la pelota pegada a su pie izquierdo. En el camino eludió a cinco rivales, incluido al arquero y marcó el 2 a 0.
Así lo vivió su autor: “Yo arranqué atrás de la mitad de la cancha, sobre la derecha, la pisé, giré y pasé entre Beardsley y Reid. Ahí me puse el arco entre ceja y ceja. Con un enganche hacia adentro lo pasé a Butcher y a partir de ahí me empezó a ayudar Valdano. Porque Fenwick, que era el último, no me salía; lo esperaba a él, esperaba la descarga hacia adentro, que era lo lógico. Si Fenwick me salía yo se la daba a Valdano y el quedaba solo contra Shilton. Pero Fenwick no me salía, yo lo encaré, amagué para adentro y me fui por afuera, hacia la derecha.
Yo sigo y ya lo tenía a Shilton de frente; estaba en el mismo lugar que en aquella jugada en Wembley. Iba a definir de la misma manera pero Dios me ayudó, me hizo acordar. Hice así, tic y Shilton se comió la gallina. Entonces llegué al fondo y le hice tac, adentro. Al mismo tiempo Butcher, el grandote rubio, que me había alcanzado de nuevo ¡me pegó un patadón! Pero no me importaba nada, nada de nada. Había hecho el gol de mi vida”.
Para Maradona fue el “gol soñado”, aquel que imaginó de chico en los potreros de Villa Fiorito. Mientras que para los periodistas, hinchas y rivales, fue una verdadera “obra de arte”, la más brillante maniobra individual que se haya visto en una cancha de fútbol. De hecho, la FIFA lo eligió como el mejor gol de la historia de los mundiales.
Inglaterra se repuso del 2-0 gracias al aporte del ingresado John Barnes y emparejó las acciones. El moreno delantero desbordó por izquierda siempre y en uno de sus centros Lineker descontó. Sobre el final Inglaterra casi lo empata pero Brown la rechazó el balón en la línea del arco y la mandó al córner.
Finalmente Argentina se alzó con la victoria y pasó a semifinales, donde venció a Bélgica 2 a 0 con otras dos obras maestras de Maradona. Luego vino la final y el 3-2 sobre Alemania Federal para que los argentinos festejaran el segundo título mundial.
Mientras tanto, los ingleses se fueron del Mundial con una sensación mezcla de bronca, resignación y tranquilidad. Robson aseguró estar “totalmente satisfecho” por lo hecho por su equipo. También criticó al árbitro por el primer gol de Maradona pero no busco excusas y prefirió elogiar el segundo tanto: “Fue sencillamente un milagro”.

AA
Junio 2003