IV

Al finalizar el partido, Maradona aún se lamentaba por ese gol que no pudo ser y que hubiera sido magnífico. Cuando llegó a la concentración su hermano menor, El Turco, lo llamó por teléfono:
-¡Boludo!, no tendrías que haber tocado, le hubieras amagado, si ya estaba tirado el arquero- le dijo.
-¡Hijo de puta!, vos porque lo estabas mirando por televisión- respondió Maradona.
- No Pelu, si vos le amagabas, enganchabas para afuera y definías con derecha ¿Entendés?- replicó el más pequeño de los Maradona, que apenas tenía siete años pero que llevaba el fútbol en la sangre, como su ídolo Diego.
A pesar de la derrota, la prensa local demostró el día después que había quedado más que conforme con la actuación del equipo. “Argentina no fue mezquina. El fútbol de la selección es de alta escuela”, publicó Clarín. Con respecto a Maradona sobraron los elogios. “Hizo cosas espléndidas con su calidad sin par”, sostuvo el diario La Nación.
La magia de Maradona cautivó a todos los ingleses inclusive. “Fue un supershow a cargo de Maradona, pues deleitó a los espectadores con sus ingeniosas maniobras”, escribió The Evening Star, que llamó al argentino como “The wonder boy” (El chico maravilla).
La prensa británica coincidió en que Argentina no mereció perder y que el equipo inglés también sintió que se llevó demasiado. “La diferencia estuvo en que aprovechamos todas nuestras oportunidades y Argentina no”, dijo Greenwood, quién finalmente admitió la grandeza de Maradona. “Es una superestrella”, señaló.
Mientras Inglaterra disfrutó al mantener la paternidad sobre Argentina en Wembley, el equipo de Menotti siguió de gira por Europa sin dramatizar y conformes con lo realizado. Primero partieron a Dublin donde dos días más tarde derrotaron a la selección de Irlanda por 1 a 0 y luego fueron a Viena, donde golearon a Austria por 5 a 1 y Maradona brilló con tres goles.

AA
Junio 2003

III

Argentina formó de la siguiente manera: Fillol; Olguín, Passarella, Van Tuyne y Tarantini; Barbas, Gallego y Maradona; Santamaría, Luque y Valencia.
Mientras que Greenwood dispuso a estos once titulares: Clemence; Neal, Sansom, Watson y Thompson; Coppel, Kennedy, Wilkins y Keegan; Johnson y Woodcock.
El encuentro comenzó a las 12 ante una multitud que colmó las tribunas de un Empire Stadium expectante y ansioso, que miraba con recelo al árbitro escocés Brian Robert McGinlay.
Los hinchas se comportaron de maravilla, tanto los argentinos como los ingleses. La Royal Artillery Band tocó los himnos de ambos países y, por primera vez desde el Mundial del 66´, las canciones patrias no fueron silbadas ni abucheadas. Fue una fiesta.
Apenas comenzó el partido ya estaba claro que Maradona iba a ser la gran figura del encuentro. A los 3 minutos de juego ya había rematado al arco y su tiro había sido detenido por Sansom. Y al minuto 17 tuvo otra gran chance pero otra vez fue neutralizada por un defensor rival.
Era un partido de ida y vuelta. Inglaterra estaba explotando muy bien el juego de sus laterales para crear peligro. Así, a los 42 minutos, Coppel se escapó por derecha, mandó el centro y Johnson, que estaba detrás de Passarella, cabeceó y puso el 1 a 0.
Argentina se fue al vestuario en desventaja de manera inmerecida. En el complemento salió a buscar el gol con todo pero a los 5 minutos ya estaba 2 a 0 abajo. Gallego había dado un mal pase que fue interceptado por Kennedy; éste mando otro centro que rebotó en Fillol y otra vez Jonhson marcó el gol para el conjunto local.
Pero Maradona estaba dispuesto a dejar todo en la cancha para llevarse un buen resultado. Estaba imparable. A los 53 minutos se fue por derecha y Sansom no tuvo más remedio que derribarlo con infracción. Penal y gol de Passarella. Así Argentina quedaba 1 a 2.
El estadio enmudeció durante los siguientes 11 minutos, hasta que Maradona dibujó con su pincel zurdo una jugada para el recuerdo.
La estrella tomó la pelota cerca de la mitad de la cancha, sobre el costado derecho y arrancó. Primero eludió a Coppel y Kennedy, y encaró hacia el área rival. Allí dejó en el camino a Thompson y a Watson, y cuando salió a taparlo Clemence, le pegó con la parte externa de su botín zurdo. Parecía que iba a ser un golazo, pero la pelota se fue muy cerca del palo derecho y se perdió detrás de la línea de fondo.
Fue una jugada espectacular, muy parecida a la que 6 años más tarde, en otra cancha pero contra el mismo rival iba a tener un desenlace positivo e iba a pasar a la inmortalidad. Fue un ensayo de lo sería el mejor gol de la historia de los mundiales.
Argentina desperdició su chance de empatar pero Inglaterra no perdonó. Faltando 12 minutos, Johnson envió un centro que lo capturó Copel, quien cedió a Keegan y éste remató al gol. Fue el 3 a 1 definitivo.

II

El entrenador Greenwood tenía motivos para no preocuparse por Maradona. Primero, porque su equipo estaba en un gran nivel en la Copa Europea de Naciones y segundo, porque debía pensar como iba a alinear a su equipo ya que tenía muchos lesionados.
Por un lado, Inglaterra venía de obtener tres triunfos como local por la copa ante Dinamarca, Bulgaria e Irlanda del Norte, sin haber recibido goles en contra. Además, había cosechado dos victorias como visitante, una ante los irlandeses en Belfast y la otra ante España, en un amistoso jugado en Barcelona.
La gran figura de su equipo era Kevin Keegan, ex delantero del Liverpool, que en esos años había sido vendido al Hamburgo de Alemania por 680.000 dólares. Pero este atacante sufría de una lesión en su rodilla derecha por lo que su participación estuvo en duda hasta el último minuto.
Además, el delantero del Birmmingahm, Trevor Francis, socio de ataque de Keegan, estaba descartado también por una lesión. La idea de Greenwood era la de colocar a Laurie Cunningahm, del Real Madrid, pero los españoles no lo autorizaron para que viaje y juegue.
Finalmente, el entrenador inglés tuvo que resolver el problema convocando a Tolly Woodcock del Colonia de Alemania, que llegó pocas horas antes del partido porque los dirigentes germanos tardaron en dejarlo ir a reunirse con su selección.
Argentina esperaba confiada en la concentración del Royal Garden Hotel ya que en los entrenamientos del campo de deportes del Banco de Inglaterra no había habido ningún contratiempo. “No vinimos a robar un resultado” dijo el entrenador argentino, César Luis Menotti y aseguró que sentía mucho respeto por los ingleses, que se trataba de “rival muy difícil” pero que ambos equipos tenían “paridad de chances”.
La idea de Menotti era de salir a ganar y dar un buen espectáculo. Confiaba en que el desempeño de Maradona iba a ser “el factor sorpresa” ya que iba a marcar las diferencias en zonas de la cancha donde los ingleses no se lo esperaban.
También contaba con que, como manda la historia de Wembley, Inglaterra iba a salir a ganar, gustar y festejar, y que si no lo lograba con el correr de los minutos, se iba a poner nerviosa. Como dijo Napoleón: “Al enemigo hay que mostrarle enseguida lo que más teme”. Y lo que los ingleses más temen de los futbolistas argentinos es su habilidad de potrero.
Pero el cuerpo técnico argentino relativizó que los jugadores ingleses estaban pasando por un gran momento. Cinco de los once titulares que enfrentarían a Argentina pertenecían al Liverpool, que en ese momento era el bicampeón de Europa, nada más y nada menos.

El ensayo de México 86´

El clásico argentino inglés disputado el 13 de mayo de 1980 en Wembley fue catalogado por la crítica especializada como uno de los mejores partidos de fútbol a nivel mundial debido a la calidad de juego exhibida por sus protagonistas.
Salió un partido bárbaro que se convertiría con el correr de los años en un ensayo de lo que ocurriría en la Copa del Mundo de México 86´. También fue, y esto no es menos importante, el último Argentina–Inglaterra previo a la Guerra de Malvinas de 1982.
Las hostilidades provocadas después del clásico del 66´ ya parecían haber sido superadas pero faltaba poco tiempo para que nacieran nuevas razones para que volvieran a odiarse.
La selección Argentina llegó a este encuentro amistoso como la campeona del mundo ya que se había adjudicado el torneo de 1978 disputado en su tierra. En el equipo todavía estaban los jugadores que habían participado en esa gesta deportiva histórica con el capitán Daniel Passarella a la cabeza.
A esta experiencia se le habían sumado la calidad de jugadores jóvenes que en 1979 se habían coronado campeones en el Mundial Sub 20 de Japón. Entre estos pichones de crack se encontraba Diego Maradona a quien acompañaban Juan Barbas y Ramón Díaz.
Así, Argentina llegaba como favorita para romper con la racha adversa en enfrentamientos contra ingleses en el estadio de Wembley. El equipo pisó suelo inglés el 11 de mayo proveniente de Buenos Aires, donde el 30 de abril había derrotado a la República de Irlanda por 1 a 0 con una anotación de Maradona, su máxima figura.
El Diego tenía sólo 19 años, jugaba en Argentinos Juniors y por ese entonces ya se hablaba de un posible pase al Barcelona de España en 6 millones de dólares, una cifra increíble para la época. Los argentinos le decían “El Pibe de Oro” y ya lo calificaban como el mejor jugador del mundo.
Con esta chapa a cuestas llegó a Gran Bretaña, donde todos los ojos se posaron en él. “¿El primer Maradona o el segundo Pelé?”, tituló el matutino londinense The Sunday Telegraph en una entrevista al jugador argentino. “Yo sólo quiero ganarle a Inglaterra”, fue una de las respuestas del futbolista al periodista inglés. Los elogios no le importaban.
Sin embargo, el director técnico inglés, Ron Greenwood, no se mostró muy preocupado por la estrella de Maradona pero si resaltó la calidad del encuentro. “Para Inglaterra es muy beneficioso jugar con un rival de jerarquía como Argentina, en especial en esta etapa en que nos preparamos para las finales de la Copa Europea de Naciones”, dijo.
“Sólo después de que juegue en Wembley se podrá decir que es el mejor jugador del mundo”, agregó el entrenador.

IV

“Un cotejo que no alcanzó el nivel técnico esperado”, publicó Clarín al día siguiente. Y comentó: “Sólo hubo dos emociones que matizaron un partido discreto”. Mientras que La Nación tituló: “Fútbol opaco y multitud decepcionada”.
Para la crítica especializada, a la Argentina le faltó “dinámica” e imponer el ritmo de juego que quería sin dejarse llevar por el rival. Reclamaron que el equipo no tuvo “identidad propia”. Además, todos reprocharon la expulsión de Bertoni, que fue “justa” y que se trató de una “actitud reprobable”, de un puñetazo “descalificador” que “no admite justificaciones y que anula cualquier reconocimiento”.
Bertoni, luego del partido dio las explicaciones del caso: “No sé, el me venía pegando, me siguió todo el partido, pero yo reaccioné muy mal. Fue un momento en el que no pensé. Me di vuelta y ... . Yo les quiero pedir perdón a todos, estoy muy arrepentido”.
Mientras tanto, la prensa británica criticó duramente la actitud de los jugadores argentinos. “Por la noche Inglaterra no sabía si celebrar su empate o protestar por lo ocurrido en el campo de juego”, publicó el Daily Mirror, mientras que The Guardian habló de que el equipo inglés estuvo rodeado de un clima de “constante hostilidad”.
Revie, conforme con el resultado, fue contundente al referirse a los incidentes: “Fue una mala actitud del muchacho argentino. A veces hay que soportar la marca a presión o recibir algún foul fuerte, pero no es para reaccionar así. Es una lástima porque es uno de los mejores delanteros”.
Pasó un clásico más ante Inglaterra y Argentina siguió con su racha de tres partidos sin poder vencer a los ingleses. “El resultado importa poco”, dijo Menotti y agregó: “Estamos trabajando con la mente puesta en 1978”.
Estas declaraciones reflejaban claramente cuál era la línea de pensamiento que sostenía el seleccionador argentino. Pero fuera de la esfera pública, y hablando de los deseos de todo el pueblo de Argentina, todos y cada una de las personas que habitaban este país se habían quedado con una espina clavada al no poder haber derrotado a un rival al que no podían vencer desde 1964.
Por suerte para él, y todos los argentinos, ese trabajo dio sus frutos ya que Argentina obtuvo su primera Copa del Mundo, a la que los británicos no pudieron ni clasificar. “Espero volver aquí en 1978”, había dicho Revie antes de dejar Buenos Aires. Se quedó con las ganas.

AA
Junio 2003

III

El equipo argentino jugó con los siguientes titulares: Baley; Killer, Passarella, Pernía y Tarantini; Ardiles, Gallego y Bochini; Bertoni, Luque y Ortíz.
Por su parte, Inglaterra puso a estos once: Clemence; Neal, Hughes, Watson y Cherry; Greenhoff, Talbot y Keegan; Wilkins, Pearson y Channon.
Al salir los equipos al campo de juego la Banda del Regimiento de Granaderos a Caballo tocó la marcha de San Lorenzo y los himnos de ambos países. Allí comenzaron las hostilidades. Los argentinos silbaron e insultaron la canción inglesa, lo que presagiaba un partido de pierna fuerte y a cara de perro.
Poco había pasado desde que el árbitro uruguayo pitó el inicio del partido, cuando Talbot se escapó por la derecha y envió un centro. En el medio del área, Pearsons, completamente solo, cabeceó y puso el 1 a 0. Iban sólo dos minutos.
Argentina reaccionó enseguida, atacó y a los 16 minutos tuvo su premio. Bertoni, tras una gran maniobra individual por la banda derecha, fue derribado por Watson en la puerta del área. Ardiles se paró para patear el tiro libre pero amagó y pasó por arriba de la pelota; detrás suyo apareció la calidad de Bertoni, que con un chanfle perfecto, clavó la pelota en el ángulo derecho de Clemence.
El primer tiempo terminó con una Argentina que atropellaba a Inglaterra y que le creaba peligro, pero el segundo tiempo fue muy distinto.
El partido se hizo muy friccionado. Era constantemente interrumpido por las infracciones de ambos equipos. Y finalmente llegó el exceso, la violencia innecesaria. Iban 37 minutos del complemento y el lateral izquierdo inglés Trevor Cherry, que ya estaba amonestado por faltas reiteradas contra Bertoni, volvió a tumbar al delantero argentino.
Este esperó que la pelota saliera jugada para otro lado para luego aplicarle un golpe de puño al inglés en medio de la cara. Enseguida se armó un tumulto en torno al jugador caído y hubo empujones, mientras Ruíz iba a consultar sobre lo que había sucedido con el juez de línea de ese sector.
Tras esa charla, el árbitro le mostró la roja a Bertoni y la segunda amarilla a Cherry, quién además de perder dos dientes, tuvo que retirarse de la cancha protegido por dos auxiliares ingleses que utilizaron sus sacos para cubrirlo de los proyectiles que provenían de las tribunas.
Luego, Argentina tuvo una chance muy clara para ganar cuando el partido se moría, pero la fiesta ya se había empañado con el juego brusco y los golpes.

II

Argentina estuvo concentrada desde el 8 de junio en el complejo del Sindicato del Seguro en Moreno, en al zona oeste del Gran Buenos Aires. Pero hubo un gran ausente: Hugo Gatti. El arquero de Boca había lesionado contra Alemania y debía ser operado. A esto se le sumaron las lesiones de Julio Villa, quién quedó descartado, y la de Luis Crrascosa, que estuvo en duda para el partido hasta último momento.
El 10 de junio el equipo inglés llegó a la Argentina pero sin su director técnico ¿El motivo? Don Revie todavía no había llegado de Finlandia, adonde había ido a ver el amistoso entre el local e Italia, rival con quién definía la clasificación al Mundial el 16 de noviembre siguiente.
Los ojos argentinos se posaron sobre un chiquitín inglés llamado Kevin Keegan, que en esos momentos deslumbraba en las filas del Liverpool. Era, para muchos, el rey del fútbol inglés. “No es para tanto; yo sólo trato de cumplir con mi equipo. El resto lo determina la gente, aunque creo que no soy un rey”, sostuvo Keegan en la conferencia de prensa realizada en Ezeiza.
Unas horas más tarde, llegó al aeropuerto internacional, Don Revie, en el vuelo 661 de Britsh Caledonian y se mostró bastante preocupado por el momento que atravesaba su selección. “Estamos probando nuevas tácticas pero hasta ahora no se nos dan los resultados”, dijo el ingles, a quién los números no le cerraban porque Italia había ganado 3 a 0.
De todos modos, el entrenador inglés confiaba en su equipo. Sabía que eran un grupo muy joven pero de buen nivel. También conocía muy bien al seleccionado argentino ya que admiraba su fútbol y, además, todos sus jugadores estaban en óptimas condiciones físicas.
Los argentinos, por su parte, y a pesar de las lesiones, creían que Inglaterra no era más rival que Alemania y que la victoria era posible. “Se les puede ganar con movilidad”, aseguró Luque.
El partido se disputó el 12 de junio en la Bombonera. Las entradas ya se habían agotado dos días antes por lo que en las tribunas no cabía ni un alfiler. La recaudación había alcanzado los 33.080.000 pesos, poco más que los 33.059.000 que se habían recaudado frente a Alemania Federal y mucho más que los 31.750.000 del partido frente a los polacos.
Al mismo tiempo, el diario La Nación publicaba que ese mismo día daba comienzo “La semana Británica en Harrods”, un hecho curioso. El evento implicaba que en la famosa tienda porteña, ubicada en Florida y Paraguay, iba a haber una muestra de réplicas de la corona británica y que sería decorada al estilo del Picadilly Circus londinense. Mientras tanto, los jugadores se sacaron chispas.